14 enero, 2012

Miradas oblicuas sobre Nueva York

La "gran manzana" es constante referencia o protagonista de numerosas películas. Nueva York se eleva sobre el arte como paradigma de la ciudad cosmopolita y cultural. Pero también hay mierda debajo de las alfombras. Y habitantes singulares que la miran de un modo diferente. Estos son tres ejemplos de documentales que nos revelan aspectos diferentes de la vida en Nueva York. 

Client 9. The rise and fall of Elliot Spitzer (2010). Dirigido por Alex Gibney, el cineasta que nos mostró la demencia financiera de Wall Street en Enron: the smartest guys in the room (2005), la sórdida cultura de la tortura de las tropas estadounidenses en Taxi to the other side (2007), la tortuosa existencia del periodista Hunter S. Thompson en Gonzo: The life and death of Hunter S. Thompson (2008) o las vicisitudes estafadoras del republicano Jack Abramoff en Casino Jack and the United States of Money (2010). Su prolífica disección del lado oscuro de la sociedad norteamericana se detiene ahora en la caída del que fuera fiscal y después gobernador de Nueva York, tras el descubrimiento de sus flirteos con la prostitución de alto standing. Nada nuevo bajo el sol (ya sabemos que quienes mantienen el negocio de la prostitución son en buena medida los mismos que vociferan en contra de ella desde sus púlpitos). Y desde luego, vemos en la caída de este prometedor político, al que le traicionó su propia bragueta, uno de esos característicos retratos de la hipocresía del poder (mientras fue fiscal ordenó no pocas redadas contra clubs de prostitución). Pero lo más terrorífico es ver los rostros de esos maquiávelicos poderosos seniles (los amos de Nueva York) a los que se enfrentó Spitzer y que al final acabaron cavando su sepultura política a base de chantajes, falsos testimonios y chismorreos. O lo que es lo mismo, da miedo comprobar en manos de qué clase de psicópatas está el poder económico de la Gran Manzana. 

Page one: Inside the New York Times (2011). Rastrear los entresijos de uno de los rotativos más prestigiosos del mundo resulta fascinante. Más que por descubrirnos aspectos más o menos desconocidos, por introducirnos en el mainstream del periodismo que se cuece en Nueva York. Decía la crítica de la revista Empire que, curiosamente, lo que no tiene este documental es rigor periodístico. Y puede que sea cierto, dado que al director Andrew Rossi le falta cierto distanciamiento en el retrato que hace del que, no lo olvidemos, es también uno de los periódicos más controvertidos (algún ejemplo del periodismo sucio que suele practicar esta publicación se muestra en el documental). Lo interesante, al margen de haber sabido escoger a personajes de poderoso magnetismo y de construir un relato de ritmo frenético, es la reflexión que plantea en torno a la desaparición del periodismo tradicional. Y no solo de los periódicos de papel, sino de la forma en que se difunden las noticias y la entrada de nuevos actores en el mundo de la información (blogueros, Wikileaks, Gawker...). En un momento en el que el periodismo en general (también en España) vive un momento de crisis profunda, éste es un documental revelador.

Bill Cunningham New York (2011). En su intento por adaptarse a las nuevas formas audiovisuales, The New York Times ha abierto su campo de acción y se ha convertido en productora de cine. Aunque solo sea para homenajear en este esperanzador documental a uno de sus artistas más relevantes. Si algún día caminas por Nueva York y un señor en bicicleta te hace una fotografía, compra el New York Times, porque quizás salgas en él. Bill Cunningham es uno de esos artistas de la fotografía que desde hace más de 30 años se ha dedicado a recorrer las calles de Nueva York en su bicicleta capturando la vida de la ciudad, y sobre todo capturando la esencia de la moda real. Fotógrafo de pasarelas, en realidad se le ve disfrutar más en la calle que en las grandes citas de la moda. Pero es su personalidad la que nos acaba enamorando: austero y modesto, ha consagrado su vida al trabajo (literalmente, no se le conoce más relación sentimental que la que mantiene con su cámara) que, además, es lo que más le gusta. Y se nota que aún tiene, después de tantos años, esa mirada casi infantil cuando descubre algo que le atrapa y que puede atrapar con su cámara. 


Quizás la mejor definición de esa ciudad alejada de la mirada turística la hace Bill Cunningham cuando habla de su trabajo: "Sólo intento hacer lo correcto. Y eso en Nueva York es casi imposible. Ser honesto e íntegro en Nueva York... es como Don Quijote luchando contra los molinos de viento". 

07 enero, 2012

ASECAN 2012. PREMIOS DEL CINE ANDALUZ

La Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía ha dado a conocer los Premios ASECAN 2012, que se entregarán el próximo 4 de febrero en la Filmoteca de Andalucía. Enhorabuena a los ganadores.

 

PREMIOS ASECAN 2012


Premio ASECAN Largometraje andaluz
La voz dormida (Benito Zambrano, para Maestranza Films)

Premio ASECAN Dirección
Benito Zambrano, por La voz dormida

Premio ASECAN Guión
Manuel Martín Cuenca, como co-autor del guión original de La mitad de Óscar

Premio ASECAN ‘Antoñita Colomé’ Interpretación femenina
Inma Cuesta y María León, por La voz dormida

Premio ASECAN ‘Antoñita Colomé’ Interpretación masculina
Antonio de la Torre, por Balada triste de trompeta

Premio ASECAN ‘Teo Escamilla’ Contribución técnico-artística
Tote Trenas, por la fotografía de Ispansi (Españoles)

Premio ASECAN Música original
Julio de la Rosa, por Primos

Premio ASECAN Difusión del Cine en Andalucía
Semana Internacional del Cortometraje de San Roque

Premio ASECAN Programa de Televisión
‘Al Sur’
, (Servicios informativos de Canal Sur, para RTVA)

Premio ASECAN Labor informativa sobre Cine
‘Cortocircuito’
(producción televisiva de La Claqueta PC, para Giralda TV)

Premio ASECAN Cortometraje
Reflexiones de un picaporte (Carlos Crespo, para Azhar Media y MundoFicción)

Premio ASECAN Documental
Los amores difíciles (Lucina Gil, para Doxa Producciones)

Premio ASECAN Libro de Cine
Los españoles del western (Juan Gabriel García, en Ed. Círculo Rojo)

Premio ASECAN Película española (no andaluza)
No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, para LaZona Films, Telecinco Cinema y Manto Films)

Premio ASECAN Película extranjera
Nader y Simin, una separación (Asghar Farhadi, para Asghar Farhadi Prod.)

Premio ASECAN de Honor, en reconocimiento a su carrera
Carmen Sevilla, actriz

Premio ASECAN de Honor, en reconocimiento a su carrera
Pancho Bautista, guionista y director

31 diciembre, 2011

Lo mejor y lo peor de 2011 en televisión (y 2)

Nuestra primera entrega estaba dedicada a las series que más nos han impactado en 2011. Pero también ha habido notables decepciones. Hacemos un repaso de algunas de ellas. 

Lo peor: 

Camelot (Starz). Michael Hirst (Los Tudor) nos ha dado este año una de cal y otra de arena. Por un lado, como productor, la magnífica Los Borgia, que ya comentamos en nuestro post anterior. Por otro, como creador, esta penosa revisión de las aventuras artúricas. Decepcionante es poco para esta producción en la que el rey Arturo es un niñato imberbe al que nunca nos creemos, y el mago Merlín es un Joseph Fiennes al que no se le ha quitado la cara de disgusto cuando Flashforward se fue al garete. Tan solo Eva Green parecía disfrutar incorporando a la malvada Morgana.


Person of interest (CBS). Lo tenía todo para convertirse en una buena historia. Jonathan Nolan, hermano de Cristopher y co-guionista de las dos entregas de Batman; JJ Abrams como productor; el inmenso Michael Emerson (Perdidos) como co-protagonista... Pero al final la trama ha acabado siendo una insulsa revisitación de lugares comunes que a nosotros no nos ha cautivado. Eso sí, CBS ha obtenido buenos resultados y, al igual que el otro thriller que ha estrenado este año, Unforgettable, la ha renovado por una segunda temporada.

  
Fringe (Fox). Aunque JJ Abrams ya se desligó en cierto modo de la serie, continúa como productor. Fringe es uno de esos casos en los que, o te acabas enganchado y tragándote todo lo que te echen, o terminas cansado de tanta tontería. Como thriller de ciencia-ficción funcionaba bien las primeras temporadas. A partir de la tercera, con el cambio de enfoque, a nosotros nos ha resultado un coñazo, incluidos capítulos de vergüenza ajena. La cuarta temporada sigue por el mismo camino, pero ya nos hemos bajado del tren. 


Terra Nova (Fox). La serie producida por Steven Spielberg prometía devolvernos la magia de los dinosaurios de Parque Jurásico. Craso error. El episodio piloto ya marcaba lo que iba a ser: una historia familiar de aventuras, ñoña, con efectos visuales de barraca de feria, que ha ido bajando de audiencia a pesar de algunos aficionados incombustibles. Ha sido el gran fiasco de la temporada y Fox ha pospuesto hasta enero la decisión de renovarla por una nueva temporada.


Hell on wheels (AMC). La nueva apuesta de la cadena especialista en series de calidad como Breaking bad o Mad men ha sido esta producción ambientada en el Oeste. Ciertamente es un poco arriesgado incluirla en esta lista, porque tiene auténticos incondicionales. Personalmente, sin embargo, preferimos Justified como representación de un auténtico western, porque Hell on wheels quiere ser tan alternativa que acaba resultando aburrida. 


Dexter (Showtime). Nunca hubiéramos podido imaginar que la serie más impactante de los últimos años pudiera acabar ofreciendo una temporada tan insulsa como la que hemos visto este año. Personajes nuevos que no llegaban a ninguna parte, antagonistas de risa, subtramas imposibles (Debra Morgan yendo al psicoanalista) y desperdicio absoluto de personajes antológicos (Masuka, Batista, LaGuerta). Miedo nos dan las dos próximas temporadas ya anunciadas, aunque el hecho de que, en teoría, sean las últimas, puede dar a los guionistas una oportunidad de recuperar una serie que parece haber tocado fondo.


Misfits (E4/Channel Four). Quizás sea una de las series más gamberras que hemos visto en mucho tiempo. La capacidad del humor británico por retorcer los argumentos más previsibles  ha dado lugar a películas y series antológicas (ahí está la divertida Attack the block). Y dar superpoderes a una pandilla de inadaptados adolescentes tenía su gracia. Pero ya en la segunda entrega, cuando comenzaron a incorporar regresos al futuro y otras chorradas daba la impresión de perder fuelle. La tercera temporada ha intentado recuperar el espíritu de la primera, pero la desaparición de Nathan (auténtico destroyer verbal), por mucho que lo hayan querido sustituir por un personaje semejante (pero con menos encanto), ha terminado de rematar la faena. 


The Playboy Club (NBC). Mad men ha sentado precedentes y este año hemos visto dos series que parecían seguir su estela. Por un lado, Pan Am que, a pesar de conseguir transmitir cierto "enjoy of life" a través de sus azafatas de vuelo, tenía un aire de Vacaciones en el mar que al final ha acabado sepultándola a una única temporada. Lo mismo ha pasado con The Playboy Club, pero en el peor sentido. Cuando no se puede, no se puede. Y si se es incapaz de generar una historia medianamente solvente, es mejor abandonar cuanto antes. Cutre hasta decir basta, la serie ha obtenido las peores críticas de la temporada.


Free agents (NBC). Este no ha sido el año de la cadena, desde luego. Anunciada como una comedia elegante, esta serie protagonizada por Hank Azaria y basada en una producción británica se ha convertido en otro de los fracasos del año, sin renovación posible. La sosería de sus episodios no ha podido contrarrestar el empeño de sus protagonistas. Tan es así que tan solo se han llegado a emitir cuatro de los seis producidos. 


Cheers (Telecinco). No es por hacer leña del árbol caído, pero a Antonio Resines le pudo su ego y proclamó a los cuatro vientos que la adaptación española de la mítica Cheers iba a ser todo un éxito. Resultado: cancelación ipso facto después de los bajos índices de audiencia de los siete primeros capítulos (los otros seis rodados están guardados en un cajón). Aparte de la productora y Antonio Resines pocos creíamos que tuviera algún sentido adaptar una serie clásica de la televisión norteamericana a la España cañí de Los Serrano. La crítica la destrozó y la respuesta del actor y productor fue estúpida. No sabemos qué hay sobre el papel de determinadas producciones para que nadie se dé cuenta de que se trata de un despropósito.



¿Decepciones futuras?

Luck (HBO). Ni más ni menos que una serie dirigida por Michael Mann (episodio piloto) y protagonizada por Dustin Hoffman y Nick Nolte. Ambientada en el mundo de las carreras de caballos, la cadena filtró el piloto para empezar a ambientar a la audiencia. Sin duda, es difícil calificar una serie por el primer episodio, y más cuando estamos ante un cadnal que tiene como estandartes a producciones como The wire o Boardwalk Empire que, si fuera por sus primeros capítulos, no habríamos imaginado que acabarían sido obras maestras. Pero lo que hemos visto de Luck nos ha parecido más insípido de lo que esperábamos.


Alcatraz (Fox). Si osado resulta dar una opinión tomando como referencia un episodio, aún lo es más hacerlo basándose en el trailer. Pero, ¿no parece el avance de la nueva serie de JJ Abrams una nueva Fringe? Quizás pensábamos que iba por otro lado, pero lo cierto es que esto de investigar desapariciones misteriosas del pasado está más que visto. Como volvamos otra vez a los mundos paralelos, vamos a renunciar definitivamente a todo lo que lleve la firma de JJ Abrams. La respuesta: el 16 de enero.

29 diciembre, 2011

Lo mejor y lo peor de 2011 en televisión (1)

Ya hemos hecho nuestra lista de las bandas sonoras que más nos han gustado. Ahora presentamos lo mejor y lo peor que hemos visto en televisión durante este año 2011 (entiéndase, series principalmente americanas, qué le vamos a hacer). Se aceptan sugerencias. 

Lo Mejor:

Juego de tronos (HBO). La temporada comenzó con algunos estrenos muy esperados, aunque pocos han terminado convenciéndonos. Entre ellos, esta ambiciosa producción de HBO que nos devolvió al reino de la fantasía con cierto aire a El señor de los anillos. Buena factura, efectos visuales bastante aceptables y sobre todo un buen guión y unos personajes que nos iban atrapando conforme se desarrollaban los capítulos.

  

Los Borgia (Showtime). Dirigida por Neil Jordan, esta serie no parecía tener posibilidades de alcanzar la calidad de otras producciones históricas como Los Tudor, pero tras el episodio piloto nos dimos cuenta que íbamos a acabar fascinados por Jeremy Irons y su composición del Papa Rodrigo Borgia (Alejandro VI). La excelente música de Trevor Morris, ya habituado a este tipo de encargos, y una ambientación de diez han acabado por convencernos de que estamos ante uno de los hallazgos del año. 


Boss (Starz). ¿La cadena de televisión responsable de productos infumables como Spartacus produciendo una buena serie? Aunque parezca increíble, así es. Boss es, con diferencia, uno de los mejores estrenos de la temporada, con un Kelsey Gramer recuperado como excelente actor dramático, y un argumento que podría estar sacado de Ricardo III o cualquiera de esos poderosos dramas sobre el poder. 


Crematorio (Canal +). También en torno al poder y al dinero giraba la serie que Canal + estrenaba hace unos meses y que ha logrado el Premio Ondas este año. Como en Boss o Los Borgia, la calidad de esta producción se sostiene en un protagonista de peso incorporado por un actor inspirado. Rubén Bertomeu es y no puede ser otro que José Sancho, pero tampoco hay que dejar atrás el trabajo de Vicente Romero y de Alicia Borrachero.


Homeland (Showtime). Otra de las sorpresas de la temporada ha sido esta serie basada en una producción israelí, confirmando el buen caldo de cultivo que hay en Israel para series de calidad (In treatment también era una adaptación que provenía de ese país). Su aire de intriga y espionaje, la ambigüedad de sus personajes principales (magníficos Claire Danes y Damien Lewis), y una inteligente dosificación del suspense la han convertido en uno de los platos fuertes de la temporada. El problema es si la serie da para una segunda temporada.


Wilfred (FX). Basada en una producción australiana, y con el mismo protagonista haciendo de perro (Jason Gann), esta locura desternillante es la comedia del año. No podíamos imaginarnos que Elijah Wood consiguiera encajar y tener química con el magnífico trabajo de Jason Gann. Pero vaya si lo consigue. Se nos hacían cortos cada uno de los episodios de esta serie. 


American Horror Story (FX). Curiosa y arriesgada incursión de Ryan Murphy (Glee) en el bizarre terrorífico cercano a la paranoia de David Lynch. Esta historia de fantasmas que conviven con personas vivas (pero mucho más enloquecidas que los muertos) ha conseguido mantenerse, dentro de su irregularidad, con interés. Ya decíamos que a veces tienes la sensación de no enterarte de nada, pero lo cierto es que al final de cada episodio tenías ganas de seguir viendo cuál sería el tortuoso camino por el que iba a discurrir la historia. 


The killing (AMC). Sin duda, lo mejor del año, por encima de su predecesora (la versión nórdica). Tras una primera temporada tensa y sorprendente, la cuestión ahora es saber si la segunda entrega acabará siendo tan embarullada y repetitiva como fue la última parte de la serie original. Y si se empeñarán en alargar la trama hasta hacerla imposible. Lo mejor, la atmósfera oscura que nos ha hecho recordar el shock que nos provocaron los primeros episodios de Twin Peaks. 


El hombre de tu vida (Telefé). La comedia romántica de Juan José Campanella rompió las audiencias en Argentina y confirmó al director y guionista como uno de los cineastas más inteligentes de su generación. Con las dosis adecuadas de sensiblería, romanticismo y humor, El hombre de tu vida consigue hacer entrañables a sus personajes, gracias por supuesto al buen trabajo de Guillermo Francella (dentro de su histrionismo), Mercedes Morán y Luis Brandoni. Estamos deseando ver la segunda temporada. 


Justified (FX). Justified ha sido, en su segunda entrega, un auténtico western moderno con una maravillosa Margo Martindale (merecido Premio Emmy) fuera de su habitual perfil cómico, y un irreconocible Jeremy Davies (Perdidos). Como siga así, Justified va camino de convertirse en una de las producciones para televisión más prestigiosas, dando pasos lentos (no es que tenga una audiencia especialmente amplia) pero cada vez más firmes.


Boardwalk Empire (HBO). Boardwalk Empire se ha convertido, en esta segunda temporada, en un auténtico drama shakesperiano, mucho más violenta y potente que la primera. Y con un final a la altura de las circunstancias. Si la primera temporada languidecía a veces, esta segunda no tiene desperdicio en prácticamente ninguno de los episodios. La bajada a los infiernos de Nucky Thompson ha sido uno de los momentos más fascinantes del año. 


Breaking bad (AMC). Entre tiras y aflojas del creador de la serie con la cadena AMC por cuestiones presupuestarias, la cuarta temporada de esta magnífica serie acabó dando lo que se esperaba de ella, a pesar de un comienzo irregular. Pero la última parte de la temporada se ha puesto a la altura de la maestría de las anteriores, y ya esperamos ansiosos la quinta y última entrega para 2012.


Downton Abbey (ITV). Una de las series de mayor éxito de la televisión británica es también una de las más atractivas. La primera temporada pasará ya a la historia como un auténtico clásico, y aunque a la segunda (recién estrenada en Antena 3) le sobra algo de melodrama de folletín, lo cierto es que tiene algunos de los momentos más emotivos que hemos visto este año. El episodio especial de Navidad ha sido para muchos el perfecto colofón a esta etapa bélica. Confirmada ya una tercera temporada que transcurrirá a principios de los años veinte, Downton Abbey parece tener cuerda para rato.


Life's too short (BBC2). Sólo a Ricky Gervais y Stephen Merchant se les podía ocurrir hacer una sitcom en torno a las vicisitudes de un "enano en el mundo del show business", como la define el primero. Pero el auténtico alma mater y hallazgo de la serie es el actor Warwick Davis (Willow), creador de la idea y capaz de reirse de todos los tópicos sobre el enanismo y de sí mismo y su "popularidad". Vale que la serie parece un refrito de The office y Extras, pero funciona y tiene momentos muy divertidos.


Tremé (HBO). Sabemos que la serie tiene seguidores y detractores, o al menos, espectadores que no la soportan. Nosotros estamos entre los primeros. Nos gusta su música, sus historias, sus personajes y esa visión realista y durísima de la vida en Nueva Orleans después del paso de dos grandes catástrofes: el Katrina y George Bush. La segunda temporada nos ha dado una nueva forma maestra de desarrollar tramas que enganchan por su honestidad.


Mildred Pierce (HBO). Basada en la novela de James M. Cain que también dio lugar a la película Perdición (1945), de Michael Curtis, esta versión en forma de miniserie dirigida por Todd Haynes es sin duda la mejor del año. Y no solo porque Kate Winslet esté magnífica (como suele estar casi siempre) en este papel de ama de casa que logra valerse por sí misma, sino porque tiene momentos de auténtica emoción. Post Mildred Pierce: La multinominada.


22 diciembre, 2011

Nuestras bandas sonoras de 2011

En primera Fila hemos elaborado una Playlist para compartir las bandas sonoras que más nos han gustado en 2011. No nos atrevemos a llamarlas las "mejores bandas sonoras". Son, simplemente, las que más hemos disfrutado este año. 

A lo largo de 2011 hemos escuchado mucha música en nuestro programa. Entre todas ellas, hemos seleccionado algunas de las más que nos han gustado para elaborar una Playlist que queremos compartir con vosotros. Lamentablemente, hay algunas ausencias notables. Pero no es culpa nuestra, es culpa de Spotify. Faltan entre otros los magníficos trabajos de Alberto Iglesias para La piel que habito, Larry Groupé para Straw dogs o Cliff Martínez para Drive.

Tampoco hemos querido hacer una lista de las 10 o las 20 bandas sonoras del año. Hemos seleccionado estos trabajos sin tener en cuenta la cantidad, sino la calidad. Y, por supuesto, la variedad. Hay música electrónica y sinfónica, excelentes composiciones vocales, y bandas sonoras de cine, televisión y videojuegos. Y también hay novedades que nos han impactado en las últimas semanas y que iremos descubriendo y escuchando con detenimiento en nuestro programa.


Rango - Hans Zimmer
Brighton Rock - Martin Phipps
La invención de Hugo - Howard Shore
La fuente de las mujeres - Armand Amar
Tu seras mon fils - Armand Amar
Jane Eyre - Dario Marianelli
Super 8 - Michael Giacchino
Los idus de marzo - Alexandre Desplat
La fille du puisatier - Alexandre Desplat
El topo - Alberto Iglesias
The artist - Ludovic Bource
Silencio de amor - L'Arpegiatta, Christina Pluhar
Bellflower - Jonathan Keevil
The woman - Sean Spillane
Submarine - Alex Turner
Sucker Punch - Emiliana Torrini
Assassin's creed. Brotherhood - Woodkid
Nino Rota The Godfather - Richard Galliano
Immortals - Trevor Morris
La legión del águila - Atli Örvarsson
Batman: Arkham City - Nick Arundel
El planeta de los simios - Patrick Doyle
La conspiración - Mark Isham
The help - Thomas Newman
Shame - Harry Escott
Hanna - The Chemical Brothers
Rubber - Mr. Oizo, Gaspard Augé
Los hombres que no amaban a las mujeres - Trent Reznor, Atticus Ross
Piratas del Caribe: En mareas misteriosas - Hans Zimmer
Sherlock Holmes: Juego de sombras - Hans Zimmer
Los Borgia - Trevor Morris
Juego de tronos - Ramin Djawadi
Balada triste de trompeta - Roque Baños
X-Men: Primera clase - Henry Jackman
Contagio - Cliff Martínez
Las aventuras de Tintín - John Williams

18 diciembre, 2011

"The artist": Una mirada frívola al pasado

The artist está llamada a convertirse en uno de los éxitos comerciales más inesperados de los últimos años. Pero, desde el comienzo se hace patente la naturaleza real del simulacro, que resulta artificial y artificioso. 

La sorpresa del pasado Festival de Cannes también va camino de ser la sorpresa del año, incluidas sus más que probables nominaciones al Oscar (insólito para una producción que, aunque homenajea a los inicios del cine en Hollywood, es de origen francés). The artist está llamada a convertirse en uno de los éxitos comerciales más inesperados de los últimos años. Porque, el hecho de que, en medio de toda la parafernalia artificial del 3D, consiga llegar al público una propuesta de cine “mudo” en blanco y negro, tiene verdadero mérito.

Se establece así un curioso paralelismo entre la realidad y la ficción que nos cuenta el director y guionista Michel Hazanavicius: el de un momento de crisis fundamental en la forma de ver el cine. Aquí es el desembarco de los formatos (y las formas) digitales, allí es el paso del cine sin palabras al “estruendo” del sonoro. Y quizás en ese paralelismo podamos encontrar uno de los valores esenciales de esta producción, y también su verdadera razón de ser.

Cuenta Michel Hazanavicius que llevaba tiempo queriendo realizar una película muda. Se nota, desde luego, que el director, tiene una tendencia a la reconversión de fórmulas clásicas (sus anteriores títulos, las dos entregas de OSS 117, éxitos en Francia e intrascendentes a nivel internacional, eran parodias del género de espías). The artist es, pues, una mirada que se nos antoja algo superficial hacia el cine clásico que sentó las bases de lo que ahora vemos en la pantalla.

Lo que no terminamos de creernos es que el director, como afirma, tratara de acercarse estilísticamente a la forma de hacer cine a la que homenajea. Porque, aunque tiene el indudable mérito de conseguir que resulte entretenida una historia sin palabras, la planificación y la construcción visual tienen más que ver con cualquier película actual que con las que se hacían en los años veinte. Y ahí encontramos el principal problema de The artist: se nos vende como un tributo a las silent movies pero en realidad acaba homenajeando a producciones posteriores. Y esas referencias anacrónicas a títulos como Ciudadano Kane (1941), de Orson Welles o Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock, son la representación más clara de esta imitación caprichosa.

También hay que reconocer que el director nos avisa desde la secuencia inicial de cuáles son sus intenciones, cuando vemos la película (muda) representada en la pantalla de un cine cuyos aplausos y risas (mudos) se mezclan con la música (diegética) que interpreta la orquesta. Desde el comienzo se hace patente la naturaleza real del simulacro, que resulta artificial y artificioso (tanto como el envoltorio digital contra el que, aparentemente, compite en inferioridad de condiciones). En este sentido, resulta mucho más emocionante el otro homenaje a los orígenes del cine que veremos este año, el que hace Martin Scorsese en su película Hugo, con la presencia de un Georges Méliès mágico.

No obstante, al margen de esta condición de ejercicio de estilo algo frívolo, y de la poca consistencia del folletín melodramático que se nos cuenta, hay que reconocer que las referencias cinéfilas están bien integradas en la historia, y el resultado final acaba siendo tan aparente como atractivo. Y a ello contribuyen sin duda el trabajo de Jean Dujardin (con su aire a lo Douglas Fairbanks), ganador de una merecida Palma de Oro en Cannes, y Bérénice Bejo, arropados por un plantel de secundarios de lujo. Y también la acertada música compuesta por el desconocido Ludovic Bource (colaborador habitual del director), aunque de nuevo nos encontramos ante un planteamiento anacrónico, que bebe más de las fuentes de la música de cine de los años cuarenta y cincuenta que de la época que se referencia. 

Desde que fuera adquirida por Harvey Weinstein, uno de los productores con más olfato y menos escrúpulos del cine actual, ya intuíamos que The artist iba a ser una de las sorpresas del año. Si Weinstein logró lanzar hasta los Oscar El discurso del rey en la pasada edición, ¿cómo no iba a lograr hacerlo con un homenaje al propio Hollywood? Las nominaciones a los Globos de Oro y los premios de la crítica estadounidense lo han dejado claro. La fórmula, dentro de su artificiosidad, funciona.