17 marzo, 2017

Cine gay: Reflejos de lucha

Puede parecer que la temática LGBT ya está agotada por cierta repetición de los estereotipos que se vienen mostrando en la televisión y el cine en torno a ella. Pero en los últimos meses hemos asistido a un resurgir del que es un género en sí mismo gracias a películas y series que nos presentan realidades, si no diferentes a lo que ya conocíamos, sí al menos cada vez más presentes  en una sociedad que, lejos de acometer sus errores pasados, parece vivir una regresión motivada en parte por el aumento de la presencia de sectores radicales en los órganos de decisión. 2016 tuvo una cifra récord de denuncias por agresiones homófobas en España, 213 frente a las 32 de 2015, debidas en parte a la mayor visibilidad de la realidad homosexual. Pero lo peor es que 8 de cada 10 víctimas de agresiones homófonas no denuncian, según datos que publicaba la Asociación madrileña Arcópoli el año pasado, por lo que las cifras de denuncias no reflejan la verdadera entidad de las agresiones contra gays , lesbianas y transexuales. La reciente polémica en torno a los autobuses tránsfobos que se han fletado impunemente por las calles de Madrid es una muestra de que el recorrido hacia la normalización aún tiene mucho camino por delante. 

El mapa de la homofobia a nivel internacional también es un ejemplo de que, aunque en muchos países, incluidos los reticentes Estados Unidos, se han logrado avances importantes en la normalización del matrimonio homosexual, la realidad LGBT en muchos países sigue siendo de persecución, ilegalidad y pena de muerte. 


Los últimos estrenos cinematográficos y televisivos se centran precisamente en la intolerancia y la reivindicación de la lucha por los derechos LGBT. La repercusión de películas como Moonlight (Barry Jones, 2016), que ponen de manifiesto la dificultad de salir de ese ostracismo personal hacia el que deriva la vida de muchos jóvenes homosexuales, y el estreno reciente de la serie de televisión When we rise (ABC, 2016) invitan a un repaso por algunas de las producciones destacables en esta visión de la homosexualidad. 

Gaycation (2015-)
Ian Daniel y Elaine Page para Viceland

Ya hemos hablado en alguna otra ocasión de este serie documental en la que la actriz Elaine Page y el artista Ian Daniel recorren diversos países del mundo para mostrar la realidad homosexual que vive el colectivo en cada uno de ellos. En las dos temporadas estrenadas han pasado por países como Japón, Brasil, Jamaica, India, Ucrania, Francia y en varios episodios por diferentes zonas de los Estados Unidos para demostrarnos que la dureza de la vida como homosexual no solo es contundente en aquellos lugares en los que no se acepta la condición gay por sí misma, sino también en aquellos en los que aparentemente ha habido avances en la desaparición de la intolerancia, como los propios Estados Unidos, donde el resurgir de las actitudes de intolerancia frente al colectivo resulta más que preocupante. La serie documental, aunque profundiza menos de lo que sería deseable, en parte debido a la escasa duración de sus capítulos, sí resulta por lo menos significativa en cuanto a la representación de la invisibilidad del colectivo LGBT en determinados países, y aunque en los últimos episodios de la segunda temporada se nota la ausencia de la actriz Elaine Page, que muestra siempre una actitud muy personal frente a lo que nos está presentando, se trata de una propuesta interesante como acercamiento a ciertas realidades que a veces se nos podrían pasar por alto. 

When we rise (2017)
Dustin Lance Black para ABC

El proyecto más ambicioso del guionista Dustin Lance Black, ganador del Oscar por el guión de Milk (Gus Van Sant, 2008) y el productor Gus Van Sant trata de acercarnos a lo largo de ocho episodios que finalmente fueron presentados por la cadena ABC en cuatro días, buena parte de la lucha por los derechos del colectivo LGBT a lo largo de las últimas décadas. Se trata de un fresco ambicioso en torno a las diferentes etapas que ha venido viviendo el activismo de gays y lesbianas, desde la reivindicación de la libertad sexual en los años 70, la irrupción del sida en los 80 y 90 y la lucha por la igualdad en el matrimonio homosexual a lo largo del 2000. En ese sentido, es una serie que, en estos momentos, resulta necesaria. Otra cosa es que narrativa y visualmente sea una producción interesante, porque el dibujo de los personajes acaba siendo estereotipado y demasiado complaciente, con varias historias cruzadas que funcionan de forma irregular, desde el interés hasta la más absoluta inanición. Lamentablemente es, como muchos otros intentos de llevar a la pantalla la lucha por la identidad sexual, un acercamiento irregular que parece más una serie de los noventa que una producción actual. En este sentido, en cuanto a la visión política del estigma del sida, aún sigue resultando mucho más contundente la espléndida serie Angels in America (HBO, 2003).

Deep water (2016-)
Miranda Dear y Darren Dale para SBS

Australia se ha visto enfrentada en los últimos meses al resurgir de unos hechos que todavía hoy en día aparecen como una muestra radical de la intolerancia contra el colectivo homosexual. En 2016 la policía de Sidney decidió reabrir la investigación en torno a 88 desapariciones y muertes producidas en los años ochenta en zonas de cruising gay para esclarecer si se trataron de crímenes homófobos. Todo ello después de varios intentos por parte de los familiares de muchos de los fallecidos para que se volvieran a investigar casos que en la mayor parte de las ocasiones fueron clasificados por la policía como suicidios, sin llegar a realizar ningún tipo de investigación. 

Deep water: The real story (2016)
Amanda Blue

Este es el tema principal que se presenta en dos producciones de la cadena pública australiana SBS: por un lado una serie policíaca planteada como una investigación que lleva a dos detectives a desenterrar las muertes de varios homosexuales décadas atrás, y por otro lado un documental que nos acerca, de forma precisa y emocional, a los familiares de algunas de esas víctimas que la propia homofobia del departamento policial acabó sepultando sin el derecho a una investigación sobre los hechos. Aunque algunos de los atacantes, la mayoría adolescentes que tenían como hobbie dar palizas a homosexuales, fueron encarcelados después de muchos intentos, muchos casos quedaron sin resolverse, y solo una carta de arrepentimiento de uno de los condenados, publicada en marzo de 2016, consiguió volver a abrir las heridas. La serie es una espléndida muestra de policíaco que funciona gracias a unos personajes complejos, pero sobre todo resulta interesante el documental Deep water: The real story (Amanda Blue, 2016) que, al contrario de otros documentales producidos por las televisiones para complementar sus series, funciona por sí mismo como un trabajo contundente y realmente emotivo. 

Spa night (2016)
Andrew Ahn

Como se puede apreciar en el mapa de la homofobia que reproducimos arriba, la intolerancia hacia el colectivo LGBT está aún presente en muchos países, algunos de los cuales directamente persiguen y condenan a muerte a quienes muestren de forma pública su homosexualidad. Esto conlleva también la  autorepresión de jóvenes que, aunque viven en una realidad social diferente, viven confundidos frente a su propia personalidad. El debutante Andrew Ahn lo muestra con talento en una de las películas más destacadas del panorama independiente de los últimos meses. En Spa night (Andrew Ahn, 2016) el protagonista, un joven coreano que vive en Estados Unidos con su familia, descubre la sensualidad prohibida que desprenden las saunas masculinas, mientras trata de enfrentarse a sus propios sentimientos homosexuales. La película nos presenta la realidad de un adolescente confundido entre dos culturas diferentes que enfocan la homosexualidad de forma contradictoria. Y el director lo hace con una elegancia que le sitúa a la altura de otros realizadores como Ang Lee o Wong Kar-Wai en Happy together (1997), apostando por la sensualidad más que por las imágenes explícitas. Esta descripción de la autorepresión es una inteligente muestra de la dificultad de encontrar un camino seguro para muchos adolescentes que todavía viven la homosexualidad como una condena. 

I am Michael (2015)
Justin Kelly

Esta película con un reparto destacado encabezado por James Franco y Zachary Quinto ha tenido una trayectoria comercial difícil, y a pesar de haberse estrenado en los festivales de Sundance y Berlín en 2015, hasta finales del pasado mes de enero no se estrenó en los Estados Unidos. Producida por Gus Van Sant, está basada en un artículo periodístico que contaba la historia de un activista gay que finalmente acabó abrazando la religión y fundó una congregación que ahora trata de demostrar la perversión de la homosexualidad. A pesar de la interesante propuesta, la película no termina de establecer una coherente narrativa que nos ayude a entender el cambio vital que tiene el protagonista, y tampoco ayuda ese cierto aire de tvmovie que tiene el filme. En este sentido, la posición del director y guionista, Justin Kelly, que intenta no mostrar juicios de valor en torno a la actitud del protagonista (el propio Michael Gletzer dio su visto bueno a la película y asistió a su proyección en el Festival de Sundance), parece contribuir a esa cierta indefinición que encontramos en la historia, y que no juega a favor de la misma. Tanto en When we rise (ABC, 2017) como en esta película sobrevuela uno de los momentos de inflexión de la lucha contra los crímenes de odio: el asesinato de Matthew Shepard, un joven de 21 años torturado y asesinado en 1998 en la localidad de Laramie, cuya muerte impactó de tal forma que removió las conciencias de miles de norteamericanos.

Jonathan (2016)
Piotr J. Lewandowski

Esa no-aceptación también está presente en el debut del joven director polaco Piotr J. Lewandowski, que presentó en la sección Panorama del Festival de Berlín un acercamiento singular a la homosexualidad. Porque, al margen de los movimientos reivindicativos presentes en las otras referencias que traemos, existe una realidad que se hace presente desde la clandestinidad que supone ocultar los verdaderos sentimientos. Aquí se trata de un joven que descubre la relación homosexual que ha mantenido su padre durante muchos años, y que fue la razón de su separación. Esa no-aceptación es en Jonathan (Piotr J. Lewandowski, 2016) la del hijo por ese padre que, enfrentado a una grave enfermedad, prefiere pasar sus últimos días junto al hombre con el que compartió parte de su vida, y que acaba convirtiendo ese remanso de paz que supone para el hijo la granja en la que ha vivido siempre, en una especie de cárcel vital de la que no puede escapar. Cárcel en el sentido de espacio cerrado imbuido por ese sentimiento de rechazo hacia el desconocido que visita a su padre, y que el director describe con una tonalidad más oscura que los hermosos destellos luminosos con los que vemos al protagonista al principio de la historia. Si el guión tiene algunas lagunas narrativas, el trabajo de dirección es notable por su capacidad para mostrarnos el interior de los personajes, sin obviar cierto homoerotismo presente a lo largo de una película que resulta un juego sensual entre la vida y la muerte. 

Verfehlung (2015)
Gerd Schneider

Uno de los esfuerzos más importantes del activismo LGBT radica en eliminar la estigmatización de la homosexualidad. En este sentido, la denuncia de los abusos sexuales en el sector eclesiástico, amparada por la complicidad del Vaticano, es fundamental. Una de las últimas películas en abordar el tema es Verfehlung (Gerd Schneider, 2015), también conocida con el título internacional de The culpable. La propuesta tiene como elemento de interés el hecho de estar contada, no desde el punto de vista de las víctimas, como suele ser habitual, sino desde dentro de la propia comunidad eclesiástica, cuando un sacerdote es acusado de abusar sexualmente de un joven y uno de sus mejores amigos, también cura, decide investigar si se trata de una acusación falsa o no, descubriendo secretos que nunca hubiera imaginado. La principal virtud de la película radica en el dibujo de unos personajes complejos, especialmente el protagonista, enfrentado a realidades inimaginables en torno a dos de sus mejores amigos, uno acusado de abusos y el otro más interesado en salvaguardar el secretismo de la acusación que en averiguar la verdad de los hechos. En este sentido, el director y guionista consigue trazar una historia de perfiles psicológicos que resulta impactante y nos propone un acercamiento especialmente interesante gracias a un buen discurso narrativo. 

Te prometo anarquía (2016)
Julio Hernández Cordón

El año pasado el presidente mexicano Peña Nieto propuso una iniciativa a nivel nacional de "matrimonio sin discriminación", que permitiría el matrimonio homosexual en todos los Estados, frente a las diferentes posiciones que cada uno de ellos adopta en este sentido. La propuesta finalmente no fue aprobada por la comisión parlamentaria, que votó en contra. Esta realidad nos permite fijarnos en una de las películas más interesantes del panorama cinematográfico latinoamericano del pasado año. Te prometo anarquía (Julio Hernández Cordón, 2016), que se pudo ver en los festivales de Locarno, San Sebastián y Toronto, nos acerca a dos jóvenes de la calle que mantienen una relación homosexual oculta, mientras tratan de sobrevivir vendiendo su sangre a las mafias. El trabajo de dirección del guatemalteco Julio Hernández Cordón es soberbio, con su habitual gusto por los largos planos secuencia que en algunos momentos adquieren grado de maestría. Utilizando actores amateurs que seleccionó a través de las redes sociales, el director nos propone en su quinta película una historia centrada sobre todo en la relación de los dos protagonistas, compleja y llena de altibajos, y al mismo tiempo ofrece un retrato duro e incisivo en torno a la realidad mexicana, no solo en cuanto a su actitud frente a la homosexualidad (de tolerancia basada en la negación) sino también en cuanto al control de las mafias y el tráfico de sangre. 



When we rise se puede ver en HBO España