04 noviembre, 2016

Despertar sexual: matices sobre el amor adolescente

En una de las escenas de la película Cuando tienes 17 años (André Téchiné, 2016), el protagonista, Tom, lee un pasaje sobre la diferencia entre deseo y necesidad: "La necesidad la dicta la naturaleza; necesaria, vital. El deseo no es de origen natural; es artificial, secundario, superfluo." Esa confrontación entre necesidad y deseo es la que circula constantemente durante el desarrollo de esta relación llena de contradicciones entre los dos adolescentes protagonistas de la última película del veterano director francés. También es, y en esto el guión consigue sus mejores aciertos, la constante pugna en la que se debate el despertar sexual adolescente. André Techiné regresa con su última película a ese retrato teenager que ya describió en Los juncos salvajes (1994), aunque en esta ocasión no consigue del todo esa pulsión romántica y erótica que transmite en aquella. 

La historia que nos cuenta Cuando tienes 17 años, esa pulsión de deseo que reflejan de diferente forma los dos protagonistas (a través de la violencia y de la confrontación, uno, y desde la sexualidad y la pasión amorosa, otro), tiene como base argumental la tvmovie New Wave (Arte, 2008), dirigida por el actor Gäel Morel, protagonista de Los juncos salvajes, que se centraba asimismo en el despertar sexual de dos jóvenes de estratos sociales contrapuestos y distinta, también, forma de enfrentarse a su deseo. Es, precisamente, esa desorientación que experimenta el adolescente cuando se enfrenta a sus primeros sentimientos sexuales la que alimenta en muchas ocasiones el desenlace de historias que no encuentran acomodo, aún más si se trata de un deseo homosexual, en el idílico mundo en el que han vivido. 

Y es a ese deseo al que regresa ahora André Téchiné, a sus 70 años, quizás con un irregular desarrollo de los personajes, pero con el acierto de transmitir, solo a través de las miradas, ese volcán interior que se despierta en los protagonistas. En parte gracias a la colaboración en el guión de Céline Sciamma, autora y directora de algunas interesantes incursiones en la explosión vital juvenil como Tomboy (2011), en torno a la transexualidad de una niña, o Girlhood (2014), sobre la complicada incorporación de una adolescente a la vida en la calle. 


Uno de los protagonistas de Cuando tienes 17 años, Kacey Mottet Klein, es también el actor principal de Keeper (Guillaume Senez, 2015), otro drama que aborda la confrontación de la adolescencia contra una sociedad castradora. Aquí se nos describe a través de una pareja de jóvenes que se enfrentan a un embarazo no deseado, y que deben también enfrentarse al rechazo de sus propios padres cuando deciden tener el hijo. Si Cuando tienes 17 años habla de la ausencia como catalizador de la pasión amorosa, aquí el tema principal es la renuncia a seguir los parámetros de una sociedad que pretende marcar las reglas de cada una de sus vidas. La relación de la pareja adolescente se convierte en el principal instrumento de su convicción plena de que afrontar la nueva situación que ha roto sus esquemas de vida es la mejor solución para reivindicar su condición humana. De nuevo, por cierto, el joven actor mantiene sobre sus hombros buena parte del peso de la película, y lo hace con envidiable soltura y naturalidad. 

En la película de André Téchiné está presente el rechazo (en esta ocasión protagonizado por quien también siente el deseo), al igual que lo presenta la que está llamada a ser una de las sorpresas del año, Moonlight (Barry Jenkins, 2016), una historia triangular, contada en diferentes épocas de la vida de un joven homosexual de raza negra que, en su adolescencia, debe enfrentarse al rechazo, en este caso generalizado y concretado en humillaciones escolares. Se trata de una valiente incursión en la relación entre dos jóvenes que transmiten su pasión sexual de forma contradictoria, incluso más allá de la propia adolescencia, cuando llegan a una edad adulta en la que la aceptación se da de bruces con la negación. 

Moonlight ha sorprendido tanto en su recorrido en taquilla como en las unánimes críticas positivas que ha suscitado, colocándola en una posición envidiable de cara a las nominaciones de los Oscar, incluso por encima de la que parecía ser la gran acaparadora de premios de la comunidad afroamericana este año, El nacimiento de una nación (Net Parker, 2016). Destaca sobre todo la sensibilidad y cierto aire poético con el que está contada esta historia que describe, a lo largo de los años, el crecimiento como homosexual y como ser humano del protagonista. Pero, como en todo amor adolescente, la pulsión sexual se confunde con esa necesidad sentimental, y el escarceo amoroso se convierte en una anécdota vital que sin embargo está marcada a fuego en su experiencia existencial.   


Si en la película de André Téchiné el contacto con la naturaleza es parte intrínseca de la personalidad de uno de los protagonistas, forjando ese carácter independiente y salvaje de sus decisiones y acciones, en la película islandesa Hjartasteinn (Guđmundur Arnar Guđmundsson, 2016) el entorno natural es fundamental como elemento principal de la vida en una aldea de pescadores en Islandia, donde los sentimientos, por contar con ese entorno local y cerrado, pueden llegar a ser un auténtico problema. El director ya hablaba de la adolescencia en sus premiados cortometrajes Ártún (2014) y Hvalfjörđur (2013), por lo que su debut en el largo es una continuación lógica de esa temática que ya había explorado. Aquí, la historia se centra en un grupo de jóvenes que se enfrentan a la pubertad en mitad de un entorno prácticamente asalvajado, pero también a una comunidad en la que el sentimiento homosexual (el que vive uno de los jóvenes amigos) debe permanecer oculto frente a la homofobia de su familia. Ganadora del Premio Queer Lion a la mejor película gay del Festival de Venecia, la historia no plantea realmente grandes hallazgos en el cine del despertar sexual adolescente, pero las imágenes tienen gran contundencia (ese violento comienzo) y el trabajo de los dos principales protagonistas construye una relación de aristas emocionales intensa. 

El secreto también forma parte de la serie Eyewitness (USA Network, 2016-), cuya trama de thriller policíaco se perfila alrededor de dos jóvenes testigos de varios asesinatos que sin embargo deben ocultar su presencia en el lugar del crimen para mantener oculta también su relación homosexual. Aquí, el sentimiento es, en cierto modo, unidireccional (como en Hjartasteinn), porque aunque existe entre los dos protagonistas, uno de ellos decide mantener las distancias para impedir que le relacionen con el otro una vez que la investigación policial avanza. La versión notrteamericana que llega ahora a Canal 13 es un remake de la miniserie de la televisión pública noruega Øyevitne (NRK, 2014), que fue todo un éxito en su país. En este caso, aunque la trama sentimental funciona básicamente como elemento secundario que mantiene la historia policial a flote, especialmente la producción noruega consigue construir personajes sólidos que, una vez más, se enfrentan a la incomprensión, la ocultación y la impotencia. 

En Cuando tienes 17 años, André Téchiné elige una estructura cuadrangular a través de las estaciones del año para contarnos la historia. También el anime japonés Doukyuusei (Shoko Nakajima, 2016) desarrolla la relación entre los dos adolescentes protagonistas siguiendo las diferentes etapas del curso escolar, desde el final del verano hasta el regreso de las vacaciones. La película adapta el manga En la misma clase (Ediciones Tomodomo, 2014), de la escritora Nakamura Asumiko, que ha sido una de las publicaciones más exitosas del género yaoi (romances homosexuales con un público principalmente femenino) en los últimos años. Lo que hace excepcional esta adaptación frente a otras películas planteadas básicamente para el consumo en video, es que se trata de una historia contada con singular sensibilidad, lejos de los habituales histrionismos de otras propuestas. Tan es así, que se trata de la primera película del género yaoi estrenada en salas de cine. La historia nos cuenta la relación de amor entre dos jóvenes estudiantes, Sajô y Kusakabe, a lo largo de sus últimos años en el instituto. Como en Cuando tienes 17 años, son dos jóvenes de actitud y escala social diferentes (aquí la extroversión frente a la timidez), pero que acaban sintiendo ese cosquilleo que a veces resulta difícil de reconocer y que, siendo ambos del mismo sexo, también les resulta confuso. 

Doukyuusei está contada con grandes dosis de poesía y sentido del humor, y ofrece un interesante planteamiento en torno a cómo el final de la época estudiantil, ese paraíso despreocupado de la adolescencia, provoca también el paso a la edad adulta y, posiblemente, el final de una relación que se alimenta con los encuentros esporádicos fuera de clase. Ese es el gran gozo pero también la gran tragedia del primer amor, aquel que se va forjando con las primeras caricias, los primeros besos y las primeras miradas de complicidad pero que, en la mayor parte de los casos, el paso del tiempo y la entrada en la "madurez", acaban convirtiendo en borrosos retazos de la memoria. 



Cuando tienes 17 años se estrenó el 21 de octubre
Eyewitness se estrenó el 8 de noviembre en Calle 13