27 julio, 2011

Sesión doble de verano: 1. Venganza 2. Asesinato

En nuestra sesión doble de esta semana nos acercamos a dos historias donde, una vez más, la desesperación provoca brotes de violencia: Confessions, del japonés Tetsuya Nakashima y Yellow sea, del coreano Hong-jin Na.

¿Es posible mantener el ritmo durante una hora y media cuando se comienza una película con los 20 minutos más febriles que se han visto en mucho tiempo? La respuesta que nos ofrece el director Tetsuya Nakashima en su última película parece positiva. Kokuhaku (Confessions) (2010) es un thriller psicológico de rotunda fuerza visual que construye la venganza de una profesora sobre dos de sus alumnos, responsables de la muerte de su hija, en base a una serie de confesiones que llevan a cabo cada uno de los protagonistas de la historia.

Confessions es una película relativamente inédita en España, ya que a pesar de no haber sido estrenada en cines, Mediatres la acaba de lanzar en DVD. La apuesta de esta joven distribuidora por las producciones más destacadas del cine oriental ha permitido que podamos ver en nuestro país títulos como Mother, Encontré al diablo o Space battleship Yamato, la adaptación al cine de la famosa serie nipona, éxito absoluto en la taquilla japonesa. 


Tetsuya Nakashima es conocido principalmente por sus películas Kamikaze girls (2004) y Memories of Matsuko (2006), ambas dotadas de una concepción visual trepidante e imaginativa (para algunos con cierta tendencia al concepto de videoclip), que se pone de manifiesto en todo su esplendor en Confessions, lo que le aporta una contundencia y un ritmo que hacen que la historia se desarrolle casi en un suspiro. En la película volvemos a la idea del asesinato “porque sí”, sin razones de peso, las que parecen mover a los dos adolescentes que cometen el crimen, pero también al resto de alumnos de la clase que, tras el anuncio hecho por su profesora, prefieren continuar su vida como si nada hubiera pasado (ese retrato de la adolescencia apática es uno de los más duros que se han hecho últimamente). Hay que reconocer que la trama puede resultar algo rocambolesca, un pelín retorcida y con cierta tendencia al exceso, pero también hay que mostrar la admiración que nos provoca el trabajo de un director que no se limita a contar la historia con los resortes clásicos.

Desde Corea nos llega la última película de Na Hong-jin, el debutante realizador de uno de los thrillers más impactantes de los últimos años, The chaser (2008), que nos ofrecía un duelo interpretativo inmejorable entre Yoon-suk Kim y Ha Jung-woo, dos de los actores más populares del cine coreano, rostros habituales en las producciones más internacionales del país. La cinta de la que hablamos es Hwanghae (2010), cuyo estreno internacional tiene doble título, The murderer (El asesino) y The yellow sea (El mar amarillo, que es como se denomina a la franja marítima que separa la China oriental y Corea del Sur. Bien recibida en la Sección Un Certain Regard del pasado Festival de Cannes, The yellow sea tiene nuevo como protagonistas a los mismos actores, en otro duelo en el que, ahora, intercambian los papeles de protagonista y antagonista. El primero es un taxista con problemas económicos que trata de saldar una cuantiosa deuda cometiendo un asesinato que le encarga el segundo, un mafioso callejero.

Con una duración que sobrepasa con creces las dos horas y media (en Cannes se presentó una versión recortada en unos 20 minutos) The yellow sea contiene todos los elementos que hicieron de The chaser un hito en el cine de género oriental (mundial, porque el mejor cine de género de los últimos tiempos nos está llegando de la cinematografía coreana), pero le falta perfilar mejor a los personajes, especialmente algunos secundarios, y resulta algo confusa en determinados momentos. No obstante, Na Hong-jin vuelve a demostrar su pulso envidiable en la construcción de escenas de persecución que son ya marca de la casa. Si The chaser tenía una persecución a pie insuperable, The yellow sea contiene dos momentos de auténtica magia que reflejan bien la personalidad de un cineasta que sabe extraer los mejores recursos de una historia complicada.