03 julio, 2011

Claire Denis: la mujer que vino de África

Claire Denis estrena por primera vez en España, a pesar de tener tras sí una amplia filmografía de sólido cine emocional. La distribución en España tiene estas cosas.

El cine de Claire Denis está marcado en buena medida por su adolescencia vivida en una antigua colonia francesa en África. De ahí que Una mujer en África pueda considerarse como una de sus películas más personales. La historia de su protagonista, empeñada en sacar adelante una plantación de café a pesar de estar rodeada de una auténtica guerra entre militares y rebeldes, muestra con una vehemencia que pocas veces hemos visto en el cine, esa casi psicótica mirada colonialista que no era capaz de ver la opresión ejercida contra los africanos. Esa condescendencia cínica frente a quienes son pisoteados tiene algo de la esquizofrenia que acaba invadiendo a uno de los protagonistas. Y la visión de la directora, siempre claramente crítica frente a los aires de superioridad de los occidentales, se muestra de manera rotunda en esta película.

Que la filmografía de una directora como Claire Denis permanezca inédita en España da bastantes señales del tipo de distribución que tenemos en nuestro país. Tras una carrera que comenzó a finales de los ochenta, solo algunos ciclos aislados en festivales o salas cinéfilas nos han ido descubriendo el trabajo de una de las cineastas más interesantes de Francia.

Una mujer en África (2009) se puede ver como un reverso de la anterior película de Claire Denis, 35 rhums (35 chupitos de ron) (2008), por supuesto inédita en España. Mientras que en la primera asistimos a la resistencia nada heróica de una mujer blanca ("white material") en el país africano, en la segunda nos introducimos en la vida, sencilla y poco destacable, de unos emigrantes en París. Y así la directora construye una especie de díptico que no tiene por qué ser del todo compatible, pero que nos permite calibrar los dos reflejos de un colonialismo insensato.

En ambas películas sin embargo el discurso es el mismo, crítico, políticamente comprometido, quizás no novedoso, pero no por repetitivo menos cierto: "La deuda es una forma de dominación de los países del Sur.  ¿De qué deudan hablan? Los países del Sur siempre deben a los del Norte. ¿Por qué no se ha pedido una indemnización por el comercio de esclavos?", comenta un grupo de estudiantes en una escena de 35 rhums. "Gente como usted es la que mantiene la corrupción en este país", le espeta un soldado a la protagonista de Una mujer en África. Es curioso, discursos como estos se podrían fundamentar últimamente en Grecia. Las mismas recetas para descabezar la soberanía de países abocados a estar endeudados eternamente. Europa se parece cada vez más a África.

En realidad, el continente africano siempre ha estado presente en el cine de Claire Denis, a veces de una forma más clara y en ocasiones de manera menos palpable. Desde la descripción de una relación de respeto y odio entre dos militares en Beau travail (1999) hasta la exposición precisa de su infancia en el África colonial y su traslado a París cuando era adolescente, en la película para televisión US go home (1994). Pero en esta última etapa del cine de la realizadora francesa hay como una especie de regreso a los orígenes. Su primera película, Chocolat (1988) giraba en torno a una mujer que recuerda su vida durante el colonialismo. La siguiente, S'en fout la mort (1990), mostraba a dos hombres africanos intentando sobrevivir en París dedicándose a las peleas de gallos. De nuevo el reverso de la moneda, de esa mirada nada complaciente.

En Una mujer en África Isabelle Huppert vuelve a componer uno de esos personajes complejos, a veces incomprensibles en sus acciones. Nadie mejor que esta actriz experimentada en exprimir los sentimientos más contradictorios de sus personajes, para describir el empecinamiento de una mujer de mentalidad colonial, construido desde la experiencia vital de la directora. Sólo con esa imagen de la protagonista en la plantación de un café que no quieren ni los propios africanos, sobrevolada por un helicóptero desde el que le gritan que debe marcharse, se construye un discurso político anticolonial mucho más efectivo que el de muchas películas.