06 agosto, 2010

Natali, Vincenzo

Hay directores que, a pesar de no conseguir resultados completos en sus películas, resulta admirable su capacidad para elaborar propuestas originales que nos atrapan desde el principio. Es el caso, por ejemplo, del cineasta estadounidense Vincenzo Natali. 

En realidad, Natali es un director canadiense, porque su familia se trasladó a Toronto cuando él solo tenía un año, y allí es donde creció y desarrolló su vida personal y profesional. Que un joven realizador consiga que su primera película se convierta en objeto de culto es algo más que un logro, y demuestra la capacidad de Vincenzo Natali para sorprender. Cube (1997) es un ejemplo de cine hecho con pocos medios y una puesta en escena minimalista, pero tiene una inteligente forma de construir escenas de suspense que acaban enganchándonos. Y de camino demostró que aún era posible plantear cine de ciencia-ficción sin recurrir a efectos visuales que ahoguen la película. Algo así como lo que ha ocurrido recientemente con Moon (2009), de Duncan Jones, con la que le unen varias similitudes. El éxito, eso sí, provocó también la continuación innecesaria en dos films más, en los que no participó Natali: la secuela Cube 2: Hypercube (2002) y la precuela Cube zero (2004).

Pero conseguir una película que alcance tal impacto cinéfilo puede convertirse en un arma de doble filo, dadas las expectativas que alimenta. Y quizás si Cypher (2002) hubiera sido el debut de Vincenzo Natali, habría sido tratada con mayor interés. Es cierto que esta nueva historia de suspense futurista, realizada con más medios que la anterior, no termina de acoplar con acierto sus múltiples elementos, pero los que la defendemos, incluso como una propuesta que en algunos momentos está por encima de su predecesora, encontramos un thriller bien construido, bien dosificado y dirigido con una capacidad para las escenas de acción que parecía difícil de encontrar en un director como Natali. 

Inédita en España, Nothing (2003) es la película más absurda que ha realizado el director. Para mí, tiene la media hora de arranque más impresionante que he visto en mucho tiempo, sobre todo si se ve desde la ignorancia de cualquier elemento sobre la trama que vamos a ver a continuación. Divertida, sorprendente, ingeniosa... Nothing sin embargo comienza a desinflarse en el segundo acto y acaba haciéndose cansina, pero ese final surrealista la confirman como una propuesta inusual y diferente. 

En 2005, Vincenzo Natali dirigió, con producción de Jeremy Thomas, un documental sobre Terry Gilliam titulado Getting Gilliam, que se rodó cuando éste se encontraba dirigiendo su irregular Tideland. Sin haber tenido oportunidad de verlo, parece que las críticas lo valoraron como un espléndido trabajo de personificación de un realizador singular. Lo que, unido al certero documental Lost in La Mancha (2002), nos lleva a la conclusión de que son mejores las películas sobre Terry Gilliam que las películas de Terry Gilliam.

Tras algunos años de ausencia, Vincenzo Natali regresa al género de ciencia-ficción con Splice, que aquí la distribuidora ha subtitulado como Experimento mortal, quizás tratando de subrayar cierto carácter terrorífico que el trailer también enfatiza. Pero Splice es una película de Vincenzo Natali, no lo olvidemos, y aunque al comienzo pueda parecer una historia de terror, poco a poco nos vamos dando cuenta que se trata de una película sobre las relaciones humanas. Al fin y al cabo, un tema que está presente en toda su filmografía. Splice es una propuesta arriesgada, y en algunos momentos (sobre todo al final) zozobra cerca del ridículo, pero contiene momentos de magnífico pulso narrativo, principalmente cuando los protagonistas se encuentran en el laboratorio. Y, como suele ocurrir en el cine de Natali, cuando nos creemos que se trata de una más de las advertencias sobre el uso del ADN, nos acabamos encontrando con una reflexión sobre la familia y sobre la relación de dependencia (a veces obsesiva, a veces malsana) que se establece entre sus miembros.  

Splice se desenvuelve bien entre el cine comercial y la propuesta personal de un cineasta que siempre nos sorprende, y que esperamos que nos siga ofreciendo nuevas lecturas insólitas de un género que parece atrofiado.