18 mayo, 2008

Vergüenza y bocazas

Lo que está aconteciendo desde el Festival de Sevilla en los últimos días es bastante vergonzoso. Dimes y diretes, que me voy-que no me voy, filtraciones... y todo para que aparezcan los gurús de siempre hablando de lo que no tienen ni idea.

La elegancia es una virtud que en ocasiones viene bien. Decíamos en nuestro anterior artículo que tras las buenas palabras se escondían cuchillos listos para ser lanzados. Efectivamente, los protagonistas del episodio surrealista de las dimisiones del Festival (Manuel Grosso, Carlos Rosado, Maribel Montaño) se han enzarzado en una trifulca estúpida, indigna de personas metidas en la gestión pública, que ha destapado la verdadera razón por la que se produjo la dimisión del director artístico esta semana. Grosso y Rosado no se soportan.

Que si uno ha filtrado no sé qué a no sé qué periódico, que si empresas privadas en las que participaban cargos del festival se llevaron contratos millonarios... Es curioso que desde el Ayuntamiento no se explique por qué un acontecimiento cultural sufragado por el Consistorio debe echar mano de empresas privadas que tienen que adelantar (y arriesgar) su capital para poner en marcha esa actividad. Estamos hablando de miles de euros. Simplemente, el Ayuntamiento es incapaz de mantener una gestión económica lo suficientemente ágil como para organizar estos encuentros. Da igual que se llame ICAS u Oficina de Promoción Exterior de Sevilla. El Ayuntamiento de Sevilla es un moroso compulsivo en el que, sin embargo, necesitan confiar las empresas privadas culturales. ¿Por qué no se dedica Maribel Montaño a tratar de mejorar la gestión económica cultural del Ayuntamiento en vez de entrar al trapo de acusaciones que, por otro lado, caen sobre su propio mandato?

Lo malo de estas trifulcas de gamberrillos es que siempre acaban apareciendo esos gurús de la cultura sevillana que hablan de todo sin tener ni idea de nada. En el Diario de Sevilla, lanzan estos días una serie de gilipolleces sobre propuestas estúpidas para el Festival de Sevilla. Resulta que gastarse más de 1 millón de euros en un festival de cine no tiene sentido. Curiosamente, desde la anterior dirección artística se defendía que hacía falta más presupuesto. El Festival de Sevilla es, con diferencia, uno de los festivales de cierta envergadura con menor presupuesto de los que se celebran en España. Málaga, San Sebastián, Gijón... cuentan con más dinero para ofrecer una programación y una lista de invitados de altura. Desde el Diario de Sevilla se ha acusado siempre al festival de no traer a representantes de las películas que se proyectan, pero ahora resulta que el presupuesto es demasiado abultado. ¿Es gratis traer a directores y actores para que presenten sus películas?

Se apuesta por un festival que mire al futuro gracias a las nuevas tecnologías. Lo que muchos no saben es que, hoy por hoy, las nuevas tecnologías son más caras que las tradicionales. Proyectar digitalmente en una sala de cine, que habitualmente no está adaptada para ello, resulta caro. Incluso proyectar un DVD en vez de una película de 35 mm. resulta más caro, ya que las salas de proyección no cuentan con soportes para ello. Y si hablamos de proyección digital, solo hay que preguntarle a los responsables de Cinesur cuánto tiempo y cuánto dinero deben recaudar para amortizar la millonaria inversión en sus dos salas digitales.

Lo que sí ha quedado claro con todo este barullo estúpido alrededor de un Festival que, a falta de menos de seis meses aún no se ha empezado a trabajar en serio para su próxima edición (¿Alianza de Civilizaciones? ¿Ya estamos haciendo concesiones políticas?), es que el modelo del ICAS es un desastre. No ha servido para nada. Todo sigue igual que cuando no existía. Lástima haber perdido una oportunidad para mejorar las cosas. Pero Juan Carlos Marset, el delegado de cultura de los grandes bluffs, anda ahora metido en otras historias. Uno caga y los que quedan atrás recogen la mierda.