19 febrero, 2008

Berlín-Río de Janeiro

Llegó el Festival de Berlín a su recta final con la entrega de premios, y dejándonos con la sensación de que, o el panorama cinematográfico reciente no brilla por sus logros, o es que los programadores de la Berlinale, con su director a la cabeza, han perdido cierto sentido del gusto.

Eso quizás se pueda comprobar en la próxima cita destacada: Cannes. Porque si el nivel sigue siendo tan mediocre como el que se ha visto en Berlín, debemos preocuparnos. Que casi todo el mundo coincida en la floja calidad de la Sección Oficial de un festival debe hacer reflexionar a sus responsables. Quizás habrá que ir dejando a un lado tanto compromiso social e ir ajustando mejor el objetivo.

En todo caso, el jurado de Berlín, presidido por el siempre comprometido (aunque no siempre acertado) Costa Gravas, premió con el Oso de Oro a una película que contiene todos esos elementos de cine reivindicativo-social que tanto gustan por la Berlinale. Tropa de élite, del brasileño Jose Padilha, sin embargo, tiene la virtud de arremeter contra todo y todos los que de alguna manera (por acción u omisión) son responsables de que en una ciudad como Río de Janeiro las favelas mantengan su status de microciudades armadas hasta los dientes. Aunque algunos han visto en esta película una especie de continuación de Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles, y de su continuación (secuela de la famosa serie televisiva a la que dio lugar) Ciudad de los hombres, de Paulo Morelli, y si bien es cierto que mantiene con éstas cierta tendencia al montaje efectista y la realización nerviosa, lo que propone Tropa de élite es una sacudida contra todos los estamentos policiales y sociales que sirven como soporte a una sociedad anclada en la violencia. Afortunadamente, la película ya había sido adquirida para su distribución en España por Alta Films, que tiene previsto su estreno para el mes de mayo, y con el lanzamiento en DVD en septiembre de la mano de la compañía independiente Cameo.

El protagonista de Tropa de élite es un policía hijo de puta, tan hijo de puta como cualquiera de los narcotraficantes que mantienen en raya sus propios barrios-chiringuitos de venta de drogas, tan hijo de puta como cualquiera de los policías corruptos que se benefician de la situación a base de “impuestos” especiales, tan hijo de puta como los jóvenes de clase media que trapichean con las drogas que consiguen de los narcos a los que critican luego en debates supuestamente “cool”, y tan hijo de puta como los activistas sociales que utilizan las ONG para encontrar una vía fácil de consumo, mientras organizan manifestaciones por la paz. En fin, que no se libra nadie en esta visión pesimista (el final dilapida cualquier atisbo de esperanza) de la sociedad brasileña y el chantaje de la violencia.

Curiosamente, Tropa de élite se convirtió en uno de los mayores éxitos de su país (Brasil, ahí es nada) cuando circularon copias pirata de la película antes de su estreno. Se estima que, antes de que llegara a las pantallas comerciales, 11 millones y medio de personas vieron la película. A pesar de ello, se ha convertido en la el film más taquillero del reciente cine brasileño, ha sido adquirida por los hermanos Weinstein (los mismos que compraron Ciudad de Dios) para distribuirla en Estados Unidos y ha conseguido el Oso de Oro en un Festival de Berlín en el que ha brillado como lo más decente de la sección oficial.