26 agosto, 2007

A vueltas con la Ley del Cine

Se presenta un otoño calentito, no ya en cuanto a estrenos, sino de cara a la guerra abierta entre exhibidores, productores y gobierno en torno a la nueva Ley del Cine.

Los exhibidores ya han puesto en marcha una campaña para “informar” a los espectadores de la nefasta influencia que la Ley del Cine tendrá en sus negocios, según ellos, debido a unas imposiciones que no responden a sus intereses. Por su parte, los productores españoles están satisfechos con una Ley que, todo hay que decirlo, es especialmente proteccionista con ellos. Mientras, la artífice de esta Ley, Carmen Calvo, ya no tiene la responsabilidad de enfrentarse a un desastre que pone en entredicho aún más, si cabe, su penosa gestión al frente del Ministerio de Cultura, y debe estar disfrutando de unas no se sabe si merecidas vacaciones.

Los exhibidores han distribuido, al más puro estilo sindicalista (lo cual no deja de ser irónico), octavillas que muestran en 10 puntos su posición frente a la Ley del Cine:

“El Gobierno impone a las salas de cine una cuota de pantalla de cine español y europeo sin atender a los gustos e intereses del público. Esta medida restringe la libertad de elección de las salas de cine y de los espectadores en beneficio de los productores y directores de cine que viven de las subvenciones públicas”.

Sin duda un tema polémico, ya que la cuota de pantalla es una medida proteccionista que ayuda a dar una segunda oportunidad a películas que los exhibidores sacarían de cartel de una patada a los tres días de su estreno. ¿Es necesaria? Creemos que sí, pero quizás de forma más consensuada.

“Al mismo tiempo, el Gobierno no quiere intervenir para regular el abuso de las grandes productoras y distribuidoras de Hollywood sobre las salas españolas, incluso después de que el Tribunal de Defensa de la Competencia español señalara esta grave alteración en mayo de 2006”.

Esto es grave. ¿Tenemos un gobierno que se somete a los intereses de las multinacionales y les permite “vender paquetes de películas” junto a sus grandes éxitos? No proteger a los exhibidores en este terreno supone no ejercer su responsabilidad.

“Finalmente, el Gobierno no protege a las salas dotándolas de un tiempo mínimo de explotación de las películas en exclusividad, con lo que continúa beneficiando a las grandes productoras de Hollywood y debilitando, al mismo tiempo, al cine español”.

Sin duda, existen lagunas importantes en la Ley de Carmen Calvo que no se han sabido solventar, dejando a un importante sector de la industria cinematográfica en paños menores frente a unas medidas intervencionistas que sólo benefician a los productores. ¿Tendrá algo que ver que el perfil de los productores españoles tenga una ideología política más cercana a la izquierda que la de los exhibidores?

También se incluyen en esta octavilla frases como: “Las salas de cine llevan más de 65 años apoyando y subvencionando el cine español”, que no dejan de resultar jocosas, teniendo en cuenta que si por los exhibidores hubiera sido, buena parte de las películas mejor tratadas por la crítica no habrían sobrevivido en las salas.

En todo caso, se presenta un otoño calentito que dará mucho que hablar. Cada uno que se posicione en el lado que más se acerque a sus intereses. El resto, miraremos con estupor una guerra abierta que tendrá consecuencias imprevisibles.

16 agosto, 2007

Animación en zozobra

En España, la animación tiene otro elemento controvertido: el doblaje. Hace unos años, un nutrido grupo de dobladores profesionales se manifestó en contra de la elección de famosos para doblar las películas, pero la protesta dio pobres resultados.


El estreno de Locos por el surf, una original y creativa película de animación que dista mucho de la ya demasiado convencional pauta de la compañía Pixar (Ratatouille es quizás uno de los productos menos solventes de su director, Brad Bird) nos devuelve un cine de animación que tiene en la forma y el fondo suficientes atractivos como para recomendarse. No obstante, la tendencia en la taquilla norteamericana hace temer que la gallina de los huevos de oro comienza a dar muestras de titubeo. O lo que es lo mismo, que ha sido tal la profusión de productos cortados por el mismo patrón, con la incorporación de nuevas divisiones de animación (Sony, Fox) unidas a las ya consolidadas Dreamworks y Pixar, que ha acabado por saturar el mercado, y el público comienza a cansarse de ver muñequitos (pixelados o no) en las pantallas de los cines.

Si a eso unimos que la originalidad da muestras de agotamiento allá donde antes destacaba el talento (con las demasiado convencionales Ratatouille y Shrek tercero), el descalabro puede ser mayúsculo para las producciones que están por llegar. Demasiado exprimir para resultados tan escasos.

En España, la animación tiene otro elemento controvertido: el doblaje. Imitando las versiones originales, se buscan voces de famosos (muchos de ellos televisivos) para interpretar los principales personajes, ninguneando el talento de los dobladores profesionales, y sometiendo a veces a las películas a errores de modulación, vocalización e interpretación. No en vano actores como Antonio Banderas o Penélope Cruz se han dado cuenta de que son incapaces de imitarse a sí mismos (aunque Banderas sigue doblando al gato con botas de la serie Shrek, que él mismo dobla en el original).

Si bien es cierto que anunciar las voces de Cruz y Raya, Paco León, Fernando Tejero, Carmen Machi o Florentino Fernández en los carteles de las películas puede atraer público (tampoco está demostrado), lo que también está claro es que su calidad como actores no les hacen acreedores de su calidad como dobladores y en algunos casos su trabajo espanta a cualquiera. Más si hablamos de profesionales que no son ni siquiera actores como Mercedes Milá, Ana Rosa Quintana o Daniel Martín. Hace unos años, un nutrido grupo de dobladores profesionales se manifestó en contra de esta práctica, pero la protesta dio pobres resultados.

En todo caso, lo que se les debería pedir a las multinacionales es que escojan en base no solo a la popularidad, sino a la calidad. Por ejemplo, José Luis Gil (conocido por las series Aquí no hay quien viva y La que se avecina) es un excelente doblador, y hasta Alexis Valdés (a pesar de sus detractores) tiene soltura, aunque ya está uno un poco harto de que los personajes graciosos de las películas de animación sean todos cubanos en nuestro país. Son dos actores presentes en el doblaje de Locos por el surf, acompañados por Carmen Machi (mejor actriz que dobladora) y Manolo Lama (que como intervención episódica es aceptable).

Afortunadamente, los personajes principales de esta película se han dejado a dobladores profesionales, aunque es difícil conseguir superar esa química especial que hay en la versión original entre Jeff Bridges y el chico de moda, Shia LaBeouf, ambos fantásticos. La Disney casi ha abandonado esta práctica y en las recientes producciones Pixar (Cars y Ratatouille) la aparición de famosos es episódica. Esperemos que la cordura siga dando sus frutos.

05 agosto, 2007

Películas que dan miedo y películas que producen terror

Planet terror es una estupidez con algunos hallazgos divertidos pero poco sentido. Más honestas son las dos películas que conforman la sesión doble de Manga Films. Para bodrio, la aportación mexicana al género, Km. 31. Pero más terrorífico tuvo que ser descubrir que Robert Rodríguez estaba engañando a su esposa con la protagonista de su película. Mejo resultado consiguen Vacancy, del director de Kontroll, y Disturbia.



El estreno de Grindhouse: Planet terror nos devuelve el interés por las películas de terror-ciencia-ficción de bajo presupuesto que ahora “homenajean” Robert Rodríguez y Quentin Tarantino. Operación, por otro lado, que ya elaboraron con Abierto hasta el amanecer, a la que une más de una referencia en Planet terror. Claro que en aquella no existía la justificación del “tributo” para que fuera tan mala. En realidad, Rodríguez tiene una filmografía de bodrios impresentables (ahí están Desperado, The faculty, Spy kids y sus secuelas, superadas todas por The adventures of Sharkboy and Lavagirl-3D) y por ejercicios de estilo pedantes y por tanto más impresentables aún (Sin City). Desde luego, que destacara hace años con una película tontorrona pero salvada por su merchandising de bajo presupuesto como fue El mariachi no sirve de excusa.

Grindhouse se estrena como dos películas independientes en el mercado internacional, decisión exclusiva de los hermanos Weinstein (productores) que podría parecer necia si no fuera porque el mal resultado en taquilla en Estados Unidos (el único país en el que se estrenaron como sesión doble) ha acabado por darles la razón. Sí, quizás será mejor separar a Quentin Tarantino y Robert Rodríguez, para que cada uno convoque a sus fans.

Personalmente, me hace poca gracia Planet terror. Es una estupidez con algunos hallazgos divertidos pero poco sentido, cuya razón de ser además es injustificable: ¿qué gracia tiene que una película con presupuesto medio “homenajee” a las películas de bajo presupuesto que se realizaron en un entorno social que nada tienen que ver con el actual? Para eso, hay un mercado lo suficientemente amplio de producciones “gore” divertidas que tienen más sentido del humor que el que desprende Planet terror. Me lo pasé mejor con el trailer de Machete (el trailer fake que aparece, aquí, al principio de la película, también dirigido por Robert Rodríguez), que con la tontería que le sigue. Claro que, si es verdad que las películas cuyos trailers aparecen en Grindhouse se van a convertir en realidad y que Robert Rodríguez ya prepara la película Machete, entonces esta gente tiene más morro del que yo pensaba.

Para una tomadura de pelo como Planet terror prefiero, por ejemplo, las dos películas que conforman la doble sesión que se ha sacado de la “manga” (nunca mejor dicho) la distribuidora Manga Films: Desmembrados y Ovejas asesinas. Por lo menos son honestas, sí que juegan con poco presupuesto, tienen algo de imaginación y, aunque resultan productos que no acaban de sacar partido de sus propuestas (es mucho más divertida Desmembrados, por ejemplo, porque al final las ovejas zombies acaban decepcionando) al menos son lo que son, y hacen sus particulares “homenajes” sin aspavientos ni grandilocuencias.

Claro que siempre será mejor esto que apuntarse a la moda del cine de terror oriental en plan cine comercial yanqui, como hace la coproducción hispano-mexicana Km. 31, de Rigoberto Castañeda. Coproducida por Filmax (de ahí la incomprensible presencia de un Adriá Collado que está penoso), se trata de una de las pocas muestras de cine de terror realizadas en México. Menos mal, porque si las muestras del género pasan, como ésta, por copiar a las películas norteamericanas que copian a las películas orientales, entonces mejor que sigan haciendo dramas urbanos. A pesar de su éxito de taquilla en México (a España llegará en octubre), Km. 31 es, una vez más, un ejercicio psicológico que solo sirve de excusa para que el director-guionista haga lo que le dé la gana, juegue con efectos visuales más o menos decorosos, y acabe en un batiburrillo de referencias que dan miedo, pero de lo cutres que resultan.

Por cierto, que la visita de Robert Rodríguez y Rose McGowan a España ha estado rodeada de cierto morbo por eso de ver cómo se comportaban frente a los medios. Ya se sabe que hace un año Robert Rodríguez dejó a su mujer, con la que llevaba dieciséis años casado, y hace unos meses se confirmó (aunque ellos no lo han hecho público), que la razón de esta ruptura fue la relación “tórrida” que mantienen el director y la protagonista de Planet terror. De hecho, algunos miembros del equipo del rodaje lanzaron frases poco amables como: “Rose pensó que el equipo debía tratarla de forma especial, y se comportaba de esa forma. Bueno, ¿qué se puede esperar si te estás tirando al director?”. Y fuentes tan solventes como Variety explicaron que el parón que sufrió la producción de la película durante un mes tuvo que ver directamente con el momento en el que la mujer de Rodríguez se dio cuenta de la cornamenta que llevaba puesta. Eso sí que debe resultar terrorífico.

Para terminar, dos recomendaciones que rememoran al mago del suspense con resultados interesantes: Vacancy (que en España se titulará Habitación sin salida), una suerte de revisitación de Psicosis que se centra en un motel algo especial, en el que los clientes acaban siendo ensartados cual salchichas de barbacoa. Allí van a parar Kate Beckinsale y Luke Wilson, y su estancia se convierte en una pesadilla que logra buenas dosis de tensión sin echar mano de la sangría gratuita. No en vano el director, el húngaro Nimród Antal, ya consiguió elaborar muy buen cine con su internacionalmente aclamada Kontroll, que situaba en el metro de Budapest una trama de misterio. Y Disturbia, que tiene algo de La ventana indiscreta, pero solo en su planteamiento. No se trata de una versión teen (como se ha dicho) de la película de Hitchcock, sino que tiene en común el “voyeurismo” llevado hasta las últimas consecuencias. Es muy entretenida, consigue buenas dosis de suspense y hasta el tan de moda últimamente Shia LaBeouf está mucho más centrado que en Transformers.