07 septiembre, 2006

Alatriste, malos propósitos

El cine español se atreve a poner en marcha una gran producción que encima pretende convertirse en un éxito sin precedentes. El millón de espectadores que ha conseguido en su primer fin de semana, lejanas aún las recaudaciones (4,5 millones de euros) de los 24 millones de euros que ha costado, al menos parece haber logrado parte de sus objetivos.


Ahí está, precisamente, una de las incógnitas de Alatriste, producción que difícilmente resultará rentable aunque logre una taquilla sobresaliente en el único país en el que realmente parece tener posibilidad de interesar: España. Porque no estamos, como pudiera ocurrir con otras grandes producciones de países no muy dados a ellas como Polonia o Hungría, ante una historia fácilmente exportable (qué duda cabe que el éxito de sus precedentes literarios ha contribuido notablemente a la presencia de lectores-espectadores en los cines). En todo caso, al menos se demuestra que con la promoción adecuada, una producción española puede llenar las salas sin necesidad de pasar por festivales o ganar el Oscar, aunque esté producida (paradojas del actual sistema de producción) por dos multinacionales norteamericanas: 20th Century Fox y Universal.

En todo caso, lo mínimo que se le podría pedir a una película pretendidamente pomposa (el trasfondo de la época de Quevedo y el Conde Duque de Olivares) que se sostenga sobre una escritura de guión que sepa moldear historias de diversa procedencia (las varias novelas escritas por Arturo Pérez Reverte) para encontrar el equilibrio adecuado entre una historia de la España más oscura y cierta dosis de espectacularidad. Arduo trabajo que realmente no consigue su propósito, por mucho que se esfuerce Díaz-Yanes en tratar de introducir la máxima información posible. Mucha, desde luego, y muchas veces nada diáfana.

Pero Alatriste no pasaría de ser otro intento fallido de adaptación al cine desde la literatura, sin caer en el despropósito si no hubiera tal cúmulo de errores, de fallos de cásting, de cutres intentos vanos de hacer espectacular lo que solo se queda en pobre, de incapacidad para concretar el ritmo adecuado que no nos introduzca en el sopor... Y ahí surgen preguntas con difícil respuesta: ¿A quién se le ocurrió y por qué dar el papel de Bocanegra a la actruz Blanca Portillo? ¿Por qué algunas de nuestras supuestas estrellas, entiéndase Eduardo Noriega, Unax Ugalde... son tan pésimos actores si no están dirigidos con talento? ¿A qué se debe el empeño de tratar de otorgar espectacularidad a escenas de acción que no tienen acción? (en este sentido, habría que repasar una película tan certera como "A cock and bull story", de Michael Winterbottom, que precisamente incluye una discusión en un rodaje en el que se plantea si merece la pena o no rodar una batalla. Indispensable).

Tras numerosos descartes (Ennio Morricone, Howard Shore...) el importante trabajo musical de la película recayó en el compositor comodín de nuestro país. Como con José Nieto hace años, ahora parece que no hay otro músico en España que no sea Roque Baños para este tipo de proyectos. Escuchado al margen de la película, la música es acertada, hermosa, romántica, utiliza elementos sacados de su trabajo para Salomé, de Carlos Saura, que adapta con soltura a los pasajes de acción. En la película, la música molesta pero, sobre todo, está mal utilizada (ya ha denunciado Roque Baños públicamente que no se le permitió estar presente en las mezclas finales). Craso error, porque Díaz Yanes debe ser tan inútil (no creo que José Salcedo, excelente montador, tenga tan mal oido) como para desaprovechar una excelente partitura. El ejemplo más claro está en la escena del galeón, despropósito absoluto en el que la música aparece y desaparece sin ningún sentido. Y da la impresión de que Roque Baños, cuando la compuso, pensaba que las escenas de acción iban a ser más espectaculares de lo que son (si compones como para una batalla de El señor de los anillos y al final salen cuatro gatos dándose espadazos, la cosa se sale de tiesto).

Lástima la penosa impresión que nos ha dado esta película, porque si el cine histórico español está marcado por títulos como éste, mejor nos seguimos dedicando a las películas de Torrente. Solo destacar, porque hay que reconocerlo, el magnífico trabajo de fotografía de Paco Femenía al que, como a Roque Baños, se ha desbordado de talento para acabar desbordando un producto tibio).