08 marzo, 2021

Zinegoak 2021 - Parte 1: Reivindicando la diversidad

El 18º Festival Internacional de Cine y Artes Escénicas Gaylesbitrans de Bilbao, más conocido como Zinegoak, es uno de los referentes del espacio de festivales LGTBI+ en el País Vasco, pero también en el resto de España. Este año se enfrenta por primera vez a la necesidad de alternar una edición presencial, que incluso amplía salas, con una versión digital a través de la plataforma Filmin. Del 1 al 14 de marzo el festival propone una programación que este año está dedicada a la diversidad sexual, a la construcción de la identidad de género que protagoniza una generación con más referencias y menos límites. Es además la última edición que dirige Pau G. Guillén, un alicantino afincado en Bilbao que ha estado al frente del festival durante los últimos diez años, al margen de realizar algunos trabajos como director de producción en películas como Ander (Roberto Castón, 2009), A escondidas (Mikel Rueda, 2014) o Los tontos y los estúpidos (Roberto Castón, 2014). 

En esta edición de Zinegoak se entrega el Premio Honorífico al director francés Sébastien Lifshitz, del que se proyecta una pequeña muestra de su filmografía. Se trata de uno de los realizadores que mejor ha explorado el tema de la diversidad sexual en sus películas, desde sus primeros títulos de ficción como Wild side (2004), que estaba protagonizado por un triángulo amoroso formado por una mujer transgénero y dos amantes masculinos, o Plein sud (2009), una road movie con destino España que llevaban a cabo cuatro jóvenes cuyas relaciones eran complejas y marcadas, en el caso del personaje principal, por un pasado que en realidad es una herida  sin cicatrizar. Esta mirada al pasado como un espacio traumático es una constante del cine de Sébastien Lifshitz, incluso en sus reconocidos documentales, género que ha ido visitando cada vez más asiduamente en los últimos años, como Los invisibles (2012) sobre el recuerdo de la dificultad de vivir una homsoexualidad libre hace décadas, a través de entrevistas a personas de edad avanzada, o sus producciones siguientes, que parecen episodios separados de aquel espléndido documental: Bambi (2013), una hipnótica entrevista a Marie-Pierre Pruvot, a través de su experiencia como travesti en Le Carrousel de Paris en los años cincuenta y sesenta, y Les vies de Thérèse (2016), una aproximación a la veterana activista Thérèse Clerc. La mirada del director se ha enfocado en sus dos últimas producciones en la adolescencia y la niñez con sus dos películas Adolescentes (2019), nominada este año a seis premios César, y Petite fille (2020). 

La estructura del festival Zinegoak está formada por tres secciones competitivas, además de una sección dedicada a producciones con un enfoque más juvenil, y este año también con un pequeña ciclo de películas llamado Brasil Transversal que quiere llamar la atención sobre la realidad trans en ese país, en el que se comete el mayor número de asesinatos a personas transexuales en el mundo. Tres producciones recientes brasileñas que tratan el tema de la transexualidad forman parte de esta retrospectiva dentro de la programación de Zinegoak: Bixa travesty (Claudia Priscilla, Kiko Goifman, 2018), Indianara (Aude Chevalier-Beaumel, Marcelo Barbosa, 2019) y Valentina (Cássio Pereira dos Santos, 2020). 

Seis títulos forman parte de la Sección KRAK, entre los que hay que destacar Enfant terrible (Oskar Roehler, 2020), que lleva el sello de la selección del cancelado Festival de Cannes de 2020. Es un biopic del director alemán Rainer Werner Fassbinder, que coincidió con el 75 aniversario de su nacimiento. Curiosamente, se trata de un director que no está suficientemente apreciado en Alemania, y posiblemente parte de su cine ha envejecido mal, pero se trata de una de las figuras más relevantes del cine de la posguerra, atrevido, visceral y provocativo. El director Oskar Roehler adopta una puesta en escena teatral, con decorados que no intenta disimular, pero esta opción visual conecta bien con el universo de Rainer Werner Fassbinder, creando una especie de ensoñación que tiene algo de artificial, como su propio cine. La película sin embargo se detiene más en la persona que en sus creaciones, y nos muestra a un personaje (espléndidamente interpretado por Oliver Masucci, al que hemos visto en series como Dark (Netflix, 2017) y Tribus de Europa (Netflix, 2021))) que es iracundo, maleducado y déspota. Pero este foco principal en su personalidad hace que la película acabe siendo repetitiva, y que realmente no se muestre la relevancia de su obra como artista (solo hay algunas apariciones de personajes como Andy Warhol y Freddie Mercury que de alguna forma intentan mostrar su proyección internacional), ni aspectos relevantes como su relación con el universo femenino.


Presentada en la pasada Mostra de Venecia y en el Festival de Sitges, Saint-Narcisse (Bruce LaBruce, 2020) es la última película del director canadiense que ya ha sido objeto de una retrospectiva en Zinegoak. En un festival dedicado a la diversidad, sin duda se trata de una película que refleja ésta de forma evidente, sobre todo en esa escena en la que suena el tema "Family affair" de Sly Stone, que es una muestra provocativa y exuberante del poliamor. De alguna manera Bruce LaBruce consigue con esta relectura del mito de Narciso, un joven tan hermoso como engreído que sufrió el castigo de Némesis por su soberbia, enamorándose de su propio reflejo y sucumbiendo al desamor, una de sus películas más elaboradas, más precisas en la construcción de los personajes. La historia se sitúa en el año 1972 y tiene ecos del cine de terror francés de la época, pero comienza con la firma característica del director, una escena erótica en una lavandería que recuerda al famoso spot de Levis 501 de 1984. 

Las referencias son constantes en la película, y también ese sentido del humor que con los años se ha hecho más soterrado, pero que es una de las principales virtudes del director. El protagonista encuentra unas cartas enviadas por su madre, a la que no conocía, y decide ir a buscarla. Pero en su viaje descubre también un monasterio donde habita un joven que es exactamente igual que él. Bruce LaBruce no deja escapar la ocasión para utilizar toda la iconografía homoerótica religiosa, desde jóvenes novicios que se bañan desnudos en un lago, hasta el abuso sexual por parte del hermano mayor, obsesionado por la figura de San Sebastián, mártir cristiano convertido en icono gay gracias a Oscar Wilde, entre otros autores. El protagonista es un joven que se hace selfies con una Polaroid, que se solaza en la visión de su propia imagen, que no tiene pudor en desnudarse delante de una desconocida, y que acaba obsesionado por ese joven que parece un reflejo suyo. 


Hay un desarrollo irregular en la historia, con algunos momentos, especialmente los que muestran la relación entre el protagonista y la pareja de su madre, que tienen diálogos poco consistentes, pero la película resulta más atractiva en todo lo que tiene que ver con el monasterio y esa mezcla de erotismo con cierto aire terrorífico. Al director no le interesa tanto la solidez de la trama como el impacto de las imágenes. Y es en esas escenas en las que Bruce LaBruce despliega ese estilo travieso, maquillado de cierto humor, que caracteriza a buena parte de sus películas. Y también es apropiado y provocativo un final que utiliza una versión muy sui generis de la alegre familia cristiana para volar en pedazos todo su contenido simbólico y convertirla en un puñetazo visual que tiene una carga muy divertida.   

En la sección FIK encontramos una mayor presencia de películas que abordan historias protagonizadas por mujeres. El Estatus de Protección Temporal (TPS) es una permanencia temporal que se otorga en los Estados Unidos a ciudadanos de países afectados por conflictos armados o por desastres naturales. La lista de países cambia según la administración que gobierne en la Casa Blanca, pero habitualmente está formada por una decena de países, entre los cuales se encuentran algunos de Latinoamérica como El Salvador, Honduras o Nicaragua. El presidente Donald Trump trató de reducir el número de las zonas beneficiadas por este estatus, y esta incertidumbre que vivieron muchos ciudadanos a los que se les denomina dreamers (los buscadores del sueño americano) es el eje principal de la película La leyenda negra (Patricia Vidal Delgado, 2020), a través de la historia de una estudiante salvadoreña que se encuentra pendiente de una beca para asistir a la Universidad de Los Angeles (UCLA). 

La directora portuguesa presentó esta película en Sundance 2020 y luego ha pasado por diversas muestras cinematográficas. Rodada en blanco y negro, cuenta una historia sencilla sobre la amistad de dos chicas que en algún momento se mezcla con un enamoramiento, pero sobre todo se centra en el personaje principal, una joven combativa que tiene que hacer frente a numerosas barreras que no están del todo superadas: su identidad como lesbiana, su origen salvadoreño y la negación de esa reescritura de la conquista de América que se ha llevado a cabo durante muchos años, y que también afecta a su condición de refugiada a la espera de alcanzar el "sueño americano". Pero también es una joven que encaja mal en un entorno superficial y apático, donde no se cuestiona nada, donde no hay rebeldía y se asume la vida con condescendencia. La fotografía en blanco y negro es sinónimo de este sentimiento, de esta negación de ver la vida como el efecto y su contrario, sino absorbiendola con sus matices. 


La película trata estos temas sin caer en los diálogos explicativos, pero también es cierto que esta búsqueda de la narración no explícita tiene un resultado irregular, porque nos evita encontrar nexos de unión con la protagonista, y acaba siendo un relato demasiado impreciso. A la directora se le va la mano en la sutileza de las escenas, y en muchos casos esperaríamos de los personajes (la mayor parte jóvenes no profesionales) una exposición más clara de sus sentimientos. Esto se muestra también en un final que es es devastador, pero que no se refleja como tal. 

La película chilena La nave del olvido (Nicol Ruiz Benavides, 2020) consiguió el Premio a la Mejor Directora en el pasado Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Su historia habla de la liberación del amor en la madurez, de aquellas mujeres ya mayores que tuvieron que dejar a un lado sus sentimientos para ocupar el lugar que supuestamente les correspondía, el de esposas y madres, en una sociedad obtusa. Claudina, que se ha quedado viuda recientemente, conoce a Elsa, casada pero cuyo marido está ausente casi todo el tiempo. Elsa se convertirá en la plataforma del descubrimiento de una nueva sexualidad para Claudina, no una sexualidad desconocida para ella, sino aletargada por la posición que ha tenido que ocupar durante toda su vida. Pero también en la actualidad, en el entorno de un pequeño pueblo chileno que es capaz de asumir con normalidad la aparición de extrañas luces de objetos no identificados en el cielo, pero se envuelve en cuchicheos y murmullos en torno a la relación entre Claudina y Elsa.


Ellas se convierten en las auténticas extraterrestres, en el objeto de miradas extrañadas que les obligan a demostrar su amor únicamente en una discoteca de ambiente homosexual subterránea. En La nave del olvido, una película pequeña rodada en tan solo 16 días, la directora despliega una historia de sentimientos que está muy bien interpretada por Rosa Ramírez y Romana Satt, aunque en el terreno de la dirección se dispersa a veces en una intención autoral que lastra algunos de los logros de la historia. Hay elementos que consiguen una conexión con el espectador, pero al mismo tiempo termina cayendo en un final que resulta decepcionante, como una cierta incapacidad para concluir la historia. 

La sección DOK muestra una selección de seis documentales que abundan en la construcción de una sociedad que necesita aceptar la diversidad de género. No es el caso de Hungría, donde la permanencia en el poder de un partido de extrema derecha ha provocado una asfixia cada vez más radical hacia la comunidad homosexual. En este entorno se mueven las protagonistas de Her mothers (Asia Dér, Sara Haragonics, 2020), una pareja lesbiana que toma la decisión de adoptar a una niña. En su país no está permitido el matrimonio homosexual y la adopción homoparental se equipara con la pedofilia, pero sí está permitida que una madre soltera adopte, por lo que cada una de ellas decide solicitar la adopción por separado. Este viaje complicado está narrado por las dos directoras de una forma íntima, posibilitada por el hecho de ser un proyecto inicial de ellas dos únicamente, una con la cámara y otra con el sonido. Aunque más tarde consiguieron ayudas del Sundance Institute, fue adquirida por HBO Europe y se presentó en festivales destacados como Hot Docs. 

La cercanía de las directoras con las dos protagonistas consigue momentos de sorprendente intimidad. Y mientras la primera parte está dedicada a mostrar el difícil y lento proceso de adopción, salpicada por declaraciones homófobas de políticos húngaros, la segunda parte es más interesante porque deja a un lado el plano político y activista y se enfoca más en el cambio que supone para la pareja la llegada de su hija, una niña de dos años de origen gitano. Esta maternidad supone un desafío para la pareja, e incluso plantea en algún momento dudas sobre cómo la niña afronta el hecho de tener dos madres, sobre todo cuando es evidente que muestra una cierta inclinación hacia una de ellas. En este sentido, resulta un documental que afronta con valentía reflexiones que habitualmente quedan en segundo plano.


El hecho de que una pareja homosexual sienta la necesidad de trasladarse a otro país debido a la represión, quizás no tan física como en Chechenia o Rusia, por ejemplo, pero sí de una forma intelectual y educativa, es algo que sorprende que se permita en Europa. Hay un momento en el que una de las protagonistas comparte una pesadilla en la que ha imaginado cómo un grupo de neonazis ataca su casa. Es el terror de las sociedades opresivas, las que niegan las libertades y los derechos de las personas. 

La producción argentina Canela (Cecilia del Valle, 2020) es otro ejemplo de esos documentales que logran una conexión inmediata entre la directora y la protagonista, y por extensión consiguen también transmitir una empatía con el espectador. Canela es una mujer trans que tomó la decisión de mostrarse como mujer a una edad madura, sometiéndose a tratamientos con hormonas. Madre de tres hijos, dueña de una empresa de construcción, su realidad se transformó completamente, con la pérdida de clientes y una inestabilidad vital que se vio acrecentada por la crisis económica. Pero Canela ha sabido mantener a flote su empresa y da clases de arquitectura en la Universidad. El documental la muestra, a sus 62 años, en una encrucijada nueva en torno a la decisión de operarse para la reasignación de sexo. 


Quizás este planteamiento es el menos atractivo del documental, pero es sobre el que gira buena parte de la historia. El enfoque hacia la genitalidad de las personas transexuales resulta algo arcaico, como una mirada superficial desde el punto de vista una directora cis. Y el hecho de que la película se centre tanto en el tema, en las dudas de Canela sobre el efecto que esta operación tendrá sobre ella a una edad madura, lastra parte del interés del documental. Porque el personaje es lo suficientemente atractivo, inteligente y expresivo como para no necesitar incidir en la genitalidad. Por ejemplo, solo conocemos datos de su pasado cuando habla con la psicóloga, e intuimos que ha sido un proceso complicado llegar a asumir su identidad a una edad avanzada, al contrario de lo que se nos suele mostrar en otros documentales, protagonizados generalmente por personas jóvenes. Nos interesa conocer a Canela como profesional, como madre, como abuela. Nos interesa saber más sobre ese amor del pasado que ahora vuelve a cruzarse en su camino. Pero la directora parece más interesada en su genitalidad.  



Zinegoak se puede ver en salas de Bilbao y Filmin hasta el 14 de marzo. 



07 marzo, 2021

Lo mejor y lo peor de la Gala de los Goya

La celebración de los Premios Goya de este año, dirigida y presentada por Antonio Banderas y María Casado, en un Teatro Soho de Málaga con las butacas vacías ha sido una representación simbólica de la situación que se ha vivido en el sector cultural (en muchos sectores económicos) durante este año de pandemia. Las cifras son claras: en 2020 se perdió un 72% de la recaudación en taquilla respecto a 2019, que fue un año de crecimiento. Aunque también es verdad que esta caída no se compara con el aumento del visionado de películas en las plataformas digitales, de lo que no hay cifras claras debido a la opacidad de estas plataformas. Con lo que realmente no sabemos de qué forma el aumento del consumo en casa ha podido equilibrar la falta de espectadores en las salas de cine. En todo caso, la ceremonia de los Goya se convirtió en una reivindicación de las actividades presenciales pero, al mismo tiempo, precisamente por esa no presencia acabó siendo una de las más cortas de la historia. Esto es lo mejor y lo peor que vimos en la 35ª Gala de los Goya. 

© Ana Belén Fernández

LO MEJOR: La agilidad. Con una duración de apenas dos horas y media, ésta ha sido la entrega de premios más corta que hemos visto en España. La entrega de los galardones en pequeños grupos de cineastas aportó una rapidez, especialmente en la primera parte, que solo era frenada por los habituales discursos del presidente de la Academia, Mariano Barroso, o el Premio Honorífico a Ángela Molina. Pero sin duda fue una buena idea agrupar las categorías e ir directamente al grano, aunque ciertamente le quitó algo de esa frivolidad que tanto gusta en estas ceremonias. 

LO PEOR: La sobriedad. Antonio Banderas había anunciado una ceremonia sobria, pero le salió una ceremonia triste. Es cierto que el cine en particular y el sector cultural en general están pasando un mal momento (no peor que el de otras actividades económicas), pero la ceremonia transmitió una sensación de acto fúnebre que está en contraposición con la esencia de una entrega de premios. Este tipo de ceremonias se organizan para celebrar el cine, para reconocer el trabajo de los profesionales y las películas que más han gustado a los miembros de la Academia de Cine durante los últimos meses. Convertirla en una gala melancólica es un error, sobre todo cuando los mensajes que se dan están en contra de esa idea. "El cine cura", se llegó a decir. Pero el cine cura porque consigue que los espectadores se evadan de la realidad. 

LO MEJOR: La naturalidad de los premiados. Mientras en el Teatro Soho parecían a punto de llorar todo el tiempo (excepto la maravillosa Najwa Nimri, a la que le importa todo un moco), la posibilidad de dar a conocer los premios a unos ganadores que estaban en sus casa o en habitaciones de hotel rodeados de familiares aportó la realidad de lo que debe ser una ceremonia de estas características: una celebración, una fiesta del reconocimiento al trabajo. La naturalidad en la mayor parte de los premiados fue contagiosa, incluída alguna curiosidad (ese "Ven aquí hostias", las notificaciones de un whatsapp mientras el premiado daba un discurso, el perro de Mabel Lozano...). Y esta naturalidad fue la que realmente transmite la esencia de una entrega de premios. 

LO PEOR: El no reconocimiento a la taquilla. Se puede entender que películas como Padre no hay que uno 2: La llegada de la suegra (Santiago Segura, 2020) o Hasta que la boda nos separe (Dani de la Orden, 2020) no son precisamente carne de nominaciones a los Premios Goya. De hecho, la única de las cinco películas más taquilleras del año pasado que consiguió nominaciones fue Adú (Salvador Calvo, 2020). Pero lo que no se entiende es su absoluta ausencia de una ceremonia que se supone que debe celebrar el éxito del cine español. Cuesta muy poco introducir un montaje en el que sí estén presentes las películas que sí han recibido la atención de los espectadores, porque esas películas (nos gusten más o menos) sí han sido el auténtico motor del cine español en un año complicado. Y está muy bien reconocer el trabajo de las/os enfermeras/os, pero habitualmente se olvida invitar a aquellos que han sido responsables de los grandes éxitos de taquilla a entregar premios, aunque ellos no estén nominados. 

LO MEJOR: El homenaje a Luis García Berlanga. El 12 de junio de 1921 nació uno de los grandes genios de nuestro cine, y por eso la ceremonia de los Premios Goya del próximo año se celebrará en Valencia. ¿Por qué no este año, que es cuando toca? En la ceremonia se le rindió un homenaje de esos que tanto nos gustan (y tanto escasean últimamente) en el que pudimos recordar algunas de sus películas inolvidables, que en un año de conmemoración como éste es una buena excusa para rescatar. Muy hermosa, aunque algo melancólica, cuando se trata de una canción alegre, la versión que hizo Diana Navarro de la "Coplilla de las divisas", que se conoce más como "Americanos", una canción escrita por Juan Solano, pero parece que también con aportaciones del propio Berlanga, Juan Antonio Bardem y Miguel Mihura, que cantaba Lolita Sevilla en ¡Bienvenido Mr. Marshall! (Luis García Berlanga, 1953). 

© Ana Belén Fernández

LO PEOR. Yo apoio al cine espanol. Muy berlanguiana fue la aparición de diversas estrellas de Hollywood y otras figuras del cine internacional para "apoyar" al cine español. Antonio Banderas tiró de agenda (y de ex-parejas) para conseguir una buena lista de figuras reconocidas del cine. Pero se sentía demasiado forzada. La idea puede ser más o menos acertada, pero debería hacerse con personalidades que realmente sepan de lo que hablan. No tiene sentido incluir a Sylvester Stallone, que posiblemente no ha visto ninguna película española en su vida, o mensajes que parecen hechos por compromiso. Y es bastante hipócrita que aparezca Thierry Frémaux, director del Festival de Cannes, apoyando el cine español cuando desde hace tiempo no incluye ninguna película española en la programación del festival, exceptuando las de Pedro Almodóvar.  

LO MEJOR. 1992. Aunque se trata de una propuesta irregular, que funciona mejor en el plano íntimo en torno a la relación madre-hija que en la representación del conjunto de las protagonistas, Las niñas (Pilar Palomero, 2020) es la película española que más reconocimientos ha conseguido desde que se presentó en el Festival de Berlín hace poco más de un año, incluidos galardones en el Festival de Málaga, los Premios Forqué, los Premios Feroz y los Premios Gaudí. Dejarla sin galardones principales hubiera sido un error, y finalmente consiguió los Goya a Mejor Película, Dirección Novel, Guión Original y Fotografía. Pero también era un error no considerar El año del descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020) como una de las mejores películas, en general, de 2020. Pero al final, al menos, consiguió los Goya a Mejor Documental y Mejor Montaje. Son dos películas que hablan de la fantasía del 1992 como una cortina de humo para esconder la desintegración de España, y que de alguna manera consiguen representar lo que es hoy nuestro país desde una mirada al pasado. 

© Alberto Ortega

LO PEOR. El "justo reconocimiento". No es que tengamos nada en contra de Mario Casas, pero considerar su premio Goya como Mejor Actor Principal por No matarás (David Victori, 2020) como un "justo reconocimiento a su trayectoria" es sorprendente, sobre todo porque su filmografía no se caracteriza precisamente por películas especialmente relevantes, excepto en la taquilla. Y aunque hay que reconocer que ha evolucionado como actor, Mario Casas es uno de esos intérpretes que necesitan de una transformación física para hacer creíbles sus personajes (en el caso de No matarás, llevar gafas y peinarse hacia adelante para dar la imagen de chico apocado). Ahora que ya se ha hecho "justicia" con Mario Casas, ya pueden darle el premio Goya a Alberto Jiménez, Álex Angulo, Javier Rey, Frances Orella, Fernando Cayo y otros grandes actores que no han conseguido un premio Goya a pesar de su extensa carrera. 

LO MEJOR. Las sorpresas. Dos películas pequeñas que no parecían tener muchas posibilidades finalmente consiguieron una presencia notable. Por un lado, Akelarre (Pablo Agüero, 2020), con sus defectos narrativos, es una historia singular y desde su presencia en el Festival de San Sebastián ha ido dando pequeños pasos hasta ser la película con mayor número de premios Goya: Música, Vestuario, Maquillaje, Dirección Artística y Efectos Especiales. Es una de esas películas que la temporada de premios suele impulsar, y su próximos estreno en Netflix será una buena oportunidad para descubrirla. Pero sobre todo Ane (David P. Sañudo, 2020) nos ha parecido la mejor película española de 2020 junto a El año del descubrimiento (Luis López Carrasco, 2020). Tenía pocas nominaciones, pero los premios Goya a sus actrices Patricia López Arnaiz (Actriz Principal) y Jone Laspiur (Actriz Revelación) ha sido una de las mayores alegrías de la gala, junto al premio a Guión Adaptado. 

LO PEOR. Los denostados por la Academia. Es cierto que Juanma Bajo Ulloa, excepto al comienzo de su carrera, ha sido uno de los directores que menos ha recibido el reconocimiento de la Academia, pero su arriesgada película Baby (Juanma Bajo Ulloa, 2020) hubiera merecido una mejor posición en la lista de nominados. Pero lo que no se entiende (véase lo del "justo reconocimiento") es que un compositor como Bingen Mendizábal no hubiera sido nominado al Goya en ninguna ocasión, a pesar de tener grandes trabajos musicales. Este debió ser el año de su "justo reconocimiento", pero se quedó a medio camino. 

LO MEJOR. Lo que está por venir. Ya que Antonio Banderas y María Casado prefirieron la melancolía, tenemos que destacar aquí ese cine español que llegará durante 2021 a pesar de las dificultades en los rodajes y la distribución. Entre los títulos que prometen un buen año de cine se encuentran El buen patrón (Fernando León de Aranoa, 2021), con Javier Bardem; Malnazidos (Javier Ruiz Caldera, Alberto Toro, 2020), película estrenada en Sitges pero cuyo estreno se ha aplazado hasta septiembre; La abuela (Paco Plaza, 2021), el regreso del director especialista en cine de terror; Libertad (Clara Roquet, 2021), debut en la dirección de la co-guionista de Los días que vendrán (Carlos Marqués-Marcet, 2019); Las leyes de la frontera (David Monzón, 2021), adaptación del libro de Javier Cercas; Espíritu sagrado (Chema García Ibarra, 2020), debut en el largometraje de uno de los cortometrajistas españoles más reconocidos; La hija (Manuel Martín Cuenca, 2020), con Javier Gutiérrez y la recién ganadora del Goya Patricia López Arnaiz; Competencia oficial (Mariano Cohn, Gastón Duprat, 2020), con Penélope Cruz y Antonio Banderas; Way down (Jaume Balagueró, 2020), la gran apuesta de Mediaset de este año, con José Coronado y Luis Tosar; o A mil kilómetros de la Navidad (Álvaro Fernández Armero, 2021), comedia navideña que estrenará Netflix. 


Padre no hay más que uno 2: La llegada de la suegra se puede ver en Prime Video. 
Hasta que la boda nos separe y Baby se pueden ver en Movistar+.
Adú se puede ver en Netflix. 
¡Bienvenido Mr. Marshall! se puede ver en HBO y FlixOlé. 

Las niñas se puede alquilar en Filmin. 
No matarás y Ane se pueden alquilar en Movistar+ y Filmin. 
Akelarre se puede alquilar en Movistar+ y Filmin, y se estrena en Netflix el 11 de marzo. 


05 marzo, 2021

Las series (y alguna película) más destacadas de 2021: Enero-Febrero

Nuestra cita mensual con las series y producciones estrenadas en plataformas digitales tiene como protagonistas a algunos de los estrenos más interesantes de este principio de año. También hemos rescatado alguna producción anterior en un mes que se ha decantando por el thriller y los true crime, pero también por la comedia agridulce. Hablamos asimismo de Amazon prime como un reducto sorprendente para los aficionados al cine de Bollywood. 

Homeland (8ª temporada)
Netflix, 10 de febrero
Creada por Alex Gansa, Howard Gordon
Dirigida por Lesli Linka Glatter, Keith Gordon, Seith Mann, Alex Graves, Trucker Gates, Michael Klick, Dan Attias, Michael Offer, Michael Cuesta

Estrenada hace justo un año en Showtime, ahora llega la última temporada de una de las series más emblemáticas de los últimos años a la plataforma Netflix, mientras Amazon descatalogaba el pasado 14 de febrero las siete temporadas anteriores. A lo largo de sus ocho temporadas, Homeland ha sufrido algunos altibajos, especialmente a partir de su separación de la trama original basada en la producción israelí Prisioneros de guerra (2010-2012), a la que hace un homenaje final con el título del último episodio de esta octava temporada. Pero, tras algunos momentos de vacilación, Alex Gansa y Howard Gordon iniciaron la reinvención de la serie centrando la historia en países como Alemania o Sudáfrica, pero siempre con la mirada puesta en la política norteamericana, y hasta podríamos decir que anticiparon la llegada de los populismos. Donald Trump fue elegido presidente de los Estados Unidos durante la producción de la sexta temporada, que mostraba un claro paralelismo con la realidad. Incluso el último episodio, "America First" tomaba su título de una de las frases publicitarias de la campaña de Trump, y terminaba con el personaje de Carrie mirando hacia el Capitolio.  

La última temporada de Homeland titubea en algunos momentos, pero va conformando lentamente un final perfecto para la serie, de nuevo centrando el conflicto en la búsqueda de una paz en Oriente Medio que en realidad es un vehículo para mantener el poder. Conectando más con las primeras temporadas, esta última construye un conflicto interno que reflexiona sobre cómo la posibilidad de otro ataque al centro de la democracia norteamericana, pero sobre todo se centra en la relación entre los personajes de Carrie y Saul, siempre en el filo de la navaja, siempre a un paso de la traición, aunque sea con buenas intenciones. Es un final perfecto para una serie modélica. 

El destripador de Yorkshire
Netflix, 16 de diciembre
Dirigida por Jesse Vile, Ellena Wood

Acosador nocturno: a la caza del asesino en serie
Netflix, 13 de enero
Dirigida por James Carroll, Tiller Russell

Los documentales true crime tienen elementos de morbo y de atracción que los han hecho populares en los últimos años. Estas series se han convertido en algo así como la versión actual de aquellas revistas y periódicos de sucesos como El Caso, al que llamaban el "periódico de las porteras", que ofrecía semanalmente crónicas de los crímenes más atroces por 2 pesetas. Pero en general se puede decir que son producciones hechas con una mirada que trata de abarcar más allá del propio suceso criminal. En las dos series que nos ocupan, esta mirada se centra en la investigación policial, más que en el propio asesino, lo que ofrece un punto de vista diferente a lo habitual. No se trata tanto de retratar al criminal como de mostrar la forma en que sus crímenes eran investigados. 

Y en las dos series, más conscientemente en una que en otra, lo que se pone de manifiesto es una cierta incompetencia de los investigadores, una sensación de que estos asesinos pudieron continuar sus crímenes durante más tiempo debido al poco acertado trabajo policial. Es más curioso en Night stalker, codirigida por Tiller Russell, que el año pasado estrenó The last Narc (Prime Video, 2020), una interesante aproximación al asesinato del agente de la DEA "Kiki" Camarena. Porque, con entrevistas a los dos principales investigadores del caso de el acosador nocturno, el asesino Richard Ramírez que sembró el terror en Los Angeles en el año 1985, se ponen de manifiesto una serie de errores policiales y de falta de colaboración entre distintas comisarías de la ciudad, que propiciaron una dilatación en la resolución del caso. Y, aunque  de alguna forma el documental trata de reconocer el trabajo incansable de estos investigadores, se pone de manifiesto una cierta actitud hostigadora de la propia policía (uno de ellos reconoce haber sacado información a un testigo a base de puñetazos), pero sobre todo una incapacidad manifiesta para encontrar a un asesino que ni siquiera se ocultaba (Richard Ramírez fue detenido por ciudadanos, no por la policía) y solo después de que dejara con vida a una de sus víctimas se pudo avanzar en una investigación estancada. El documental utiliza los recursos del thriller de ficción, para dar una textura estilizada a la historia, lo cual puede ser discutible en una producción que pretende ser de investigación documental. 

En la producción británica El destripador de Yorkshire, esta ineficacia policial se pone aún más de manifiesto, y también se centra más en el relato de la investigación que en el retrato del asesino. Entre 1975 y 1980, Peter Sutcliffe cometió diversos asesinatos que pusieron en jaque a la policía británica, incapaces de seguirle la pista a pesar de sus atroces crímenes. Hasta el punto de que una petición por parte de las fuerzas del orden a las mujeres para que fueran siempre acompañadas por hombres, provocó una serie de protestas feministas que exigían protección, pero también libertad de movimientos. Lo que se pone de manifiesto es una investigación, sesgada por una visión machista, que consideraba a Peter Sutcliffe como un asesino de prostitutas, pero no porque estuviera demostrado que sus víctimas eran prostitutas, sino porque su "estilo de vida" era considerado por los investigadores como propio de prostitutas. Esta reducción del modus operandi del criminal, descartando incluso a una víctima superviviente porque no encajaba con el "perfil de víctima", fue decisiva en la continuación de las actividades del psicópata. Al asesino se le detuvo por una casualidad, y permaneció en la cárcel hasta noviembre de 2020 cuando falleció a los 74 años a causa del coronavirus.   

Baneheia - La lucha por la verdad
Discovery+ Norge, 12 de enero
Producida por Kelly Christiansen Lillesund
Dirigida por Anne Skaardal, Ragne Riise, Abdullai Adejumo

Una de las series más controvertidas de este comienzo de año es este documental true crime que se acerca a uno de los casos que más impactaron a la sociedad noruega, el conocido como Caso Baneheia. El 19 de mayo de 2000, en esta localidad del distrito de Kristiansand, Lena Sløgedal Paulsen, de diez años, y Stine Sofie Sørstrønen, de ocho años, fueron violadas y asesinadas en una zona boscosa. La policía detuvo a dos sospechosos, Jan Helge Andersen y Viggo Kristiansen, que fueron condenados a 19 y 21 años de prisión respectivamente, acusados de violación y asesinato. La principal prueba de su acusación fueron unas muestras de ADN que los situaban en el lugar de los hechos, pero Viggo Kristiansen siempre se ha declarado inocente. 


La serie documental, de seis episodios, repasa los hechos de una forma más periodística que creativa. De hecho, está realizada por un "equipo editorial" formado por doce periodistas. Pero hay dos aspectos que resultan controvertidos: por un lado, la participación de miembros de la familia de Viggo Kristiansen, uno de los dos condenados, lo que provoca que el documental asuma en muchas ocasiones su punto de vista, apoyando la tesis de su inocencia. Por otro lado, que basa su línea editorial en el libro "Los asesinatos de Baneheia. Dos historias. Una verdad", del periodista Bjørn Olav Jahr, que está convencido de la inocencia de Viggo Kristiansen, pero ha sido criticado por las familias argumentando que su libro está lleno de especulaciones. También es cierto que las familias de las víctimas se han negado a participar en la serie.

Pero, ¿por qué hay dudas de su culpabilidad? La serie documental realiza un completo trabajo de investigación periodística. En el año 2001 se procesaron unas muestras de ADN que concluyeron que en los cuerpos de las dos niñas se encontraron coincidencias del alelo 10 (Kristiansen) y alelo 11 (Andersen). Pero entre las conclusiones del laboratorio de la Universidad de Santiago de Compostela donde se analizaron las pruebas, se afirmaba que estos alelos (cada una de las dos versiones de los genes que forman el ADN) también podían encontrarse en el 54,6% de la población noruega. Pero el tribunal estableció que esta conclusión coincidía con la explicación dada por el otro acusado, Jan Helge Andersen, que en su momento reconoció los hechos e incriminó a su amigo. Años después, los abogados de Kristiansen entregaron un informe que demostraba que la precisión de la ubicación del móvil de Kristiansen en el lugar de los hechos, establecida por la compañía telefónica Telenor, era incorrecta. 

El estreno de la serie ha coincidido con la decisión el pasado 18 de febrero del Tribunal Supremo de reabrir el caso debido a las nuevas evidencias. Baneheia - La lucha por la verdad, es una interesante propuesta documental, quizás algo incompleta, pero que huye del morbo habitual en este tipo de producciones, y ofrece una visión más periodística, planteando preguntas importantes. Pero no por ello resulta menos impactante. En el episodio 3, En uforbeholden tilståelse (Una confesión sin reservas) se describe minuciosamente la confesión de Jan Helge Andersen sobre cómo ocurrieron los asesinatos.

Bonding (2ª temporada)
Netflix, 27 de enero
Creada por Rightor Doyle
Dirigida por Rightor Doyle

A Rightor Doyle le hemos visto como actor en Barry (HBO, 2018-), pero es más desconocida su faceta como guionista y creador de la serie que nos ocupa. Curiosamente, Barry también es un show creado por un actor, el protagonista Bill Hader. En Bonding (Netflix, 2018-), Rightor Doyle adapta su propia experiencia como asistente de una dominatriz cuando comenzaba en el mundo de la interpretación. Se trata de una comedia en la que se explora el mundo del sadomasoquismo, pero que en realidad actúa como trasfondo para adentrarse en la relación de amistad entre Tiff (la dominatriz) y Pete (el ayudante), y de camino reflexionar sobre las relaciones de pareja, ya sean heterosexuales u homosexuales. Dotada con un sentido del humor que a veces puede resultar algo seco, es interesante el tratamiento visual, muy colorista, casi como un cruce entre David Chapelle y Pedro Almodóvar.  

Los colores son importantes en la serie, porque expresan a través de ellos la personalidad de los protagonistas. En la primera temporada, en la que Tiff es también dominante en su relación de amistad con Pete, ella viste colores primarios, como el rojo, mientras que él utiliza sobre todo un vestuario más oscuro, gris y azulado. Conforme se desarrolla la historia, esta tendencia se va modificando, y ya en la segunda temporada, cuando Tiff tiene una crisis sobre su trabajo, mientras que Pete ha adquirido más confianza, es él quien viste colores más alegres y ella la que utiliza una tonalidad más apagada. 

En esta segunda temporada, Rightor Doyle explora más las relaciones personales, introduciendo a las parejas de cada uno de los dos protagonistas, y construye una historia que tiene que ver con la aceptación de uno mismo. Lo interesante es que esta reflexión sobre la identidad se crea contraponiendo las realidades de los personajes principales. Mientras Tiff no quiere exponer públicamente su trabajo como dominatriz, por miedo a cómo la pueden ver los demás, Pete utiliza su propia experiencia personal para construir sus monólogos cómicos. Pero parece que ninguna de las dos opciones son totalmente satisfactorias. Bonding no es una comedia que pretenda provocar la carcajada, sino una sonrisa incluso con situaciones incómodas, y bucea en algunos temas importantes desde el humor. "Porque se rieran de ti en el instituto y te dieran por el culo en la universidad no significa que seas feminista", le dice una amiga a Pete. Hay una ironía y un sarcasmo en los diálogos que convierten a Bonding en una de las series más refrescantes del momento. 

#Luimelia (3ª temporada)
ATRESPlayer, 19 de enero
Creada por Diana Rojo, Borja González Santaolalla
Dirigida por Borja González Santaolalla

Una de las propuestas más singulares que surgieron el año pasado fue esta serie concebida como un spin-off de los personajes de Luisita y Amelia en Amar es para siempre (Antena 3 TV, 2013-) quienes, después de varias idas y venidas, iniciaron una relación de pareja. La particularidad de #Luimelia es que traslada a estos dos personajes, interpretados por las actrices Paula Usero y Carol Rovira, desde los años setenta en los que se desarrolla la serie original hasta el presente, de forma que convierten su relación en una comedia algo loca y con suficiente frescura como para que funcione esta actualización para un target de espectadores diferente. 

Lo que resulta curioso de esta propuesta es que parece nacer de una necesidad de contar una historia de amor lésbico sin las limitaciones que existen en un serial televisivo generalista que se emite en la sobremesa (sus personajes dejaron de aparecer en la octava temporada). Y lo que permite el formato de emisión digital es una libertad de movimientos en la creación de tramas mucho más arriesgadas, lo que se vio especialmente en la segunda temporada. Esta es posiblemente una de las principales virtudes de la serie, que se permite el lujo de hacer un homenaje a Manhattan (Woody Allen, 1979) con un episodio en blanco y  negro, o crear un episodio "teatral" con apariciones de actores de Amar es para siempre. Y que sabe jugar bien el tono de comedia deshinibida, gracias a la buena química que tienen las dos actrices protagonistas, pero que, cuando en la trama no están ellas, el interés flojea. 

Estrenadas las dos primeras temporadas durante 2020, a finales de año se realizó un montaje especial de las escenas de las dos protagonistas en Amar es para siempre para #Luimelia '77, creando así una especie de universo particular de estos personajes. Y creando también tendencia, porque TVE estudia la posibilidad de otro spin-off lésbico con una de las protagonistas de su cancelada Acacias 38. 

La tercera temporada de #Luimelia se presenta como la del crecimiento. Hay una mayor duración de los episodios, que de los 10 minutos a veces pasa a 15 minutos, y también se amplía el entorno humano de las dos protagonistas, introduciendo nuevos personajes. Pero, como decíamos, las tramas paralelas funcionan peor cuando son independientes que cuando están unidas a los personajes principales. Y se mantiene la libertad creativa, en la que hay referencias confesadas, desde Woody Allen a Los Javis, pero también se saltan los cánones de la estructura narrativa. Como en el episodio "El tercero de la tercera", que es una introspección hacia el propio proceso creativo de la serie, con la presencia de los propios creadores. Una especie de episodio "Why Not", de esos que los guionistas introducen en una serie como paréntesis creativo, diferente, a veces surrealista. Aquí, Borja González Santaolalla y Diana Rojo se hacen preguntas sobre su propia creación: "¿Por qué las lesbianas en nuestra serie nunca parecen lesbianas?". Y aunque en una serie llena de "Why nots" hubiera sido interesante algo más de riesgo, funciona bien en su contexto. #Luimelia está teniendo éxito fuera de España, en países como México o Chile, y ya se anuncia una cuarta temporada en la que la duración de cada episodio será de 30 minutos. Esperemos que la estandarización no afecte a su libertad creativa. 

Nudes
Sundance TV, 9 de febrero
Creada por Liv Joelle Barbosa Blad, Erika Calmeyer
Dirigida por Liv Joelle Barbosa Blad, Erika Calmeyer

Aunque producida hace dos años, Sundance TV ha estrenado esta serie el pasado mes de febrero en España. Producida por NRK P3, el canal de la televisión pública noruega más enfocado a un target adolescente, Nudes (NRK, 2019-) tiene algunas de las características comunes a otras producciones de este tipo realizadas en los países nórdicos, como Skam (NRK, 2015-2017), Blank (NRK, 2018-2019) o Lovleg (NRK, 2018-2019). Pero con dos particularidades: la temática y la estructura. 

Por un lado, se trata de una antología que está formada por tres historias independientes, protagonizadas por personajes distintos: Sofia (tres capítulos), Viktor (cuatro capítulos) y Ada (tres capítulos). Con una duración de apenas veinte minutos, Nudes se mueve en terrenos complejos, enfocándose en las redes sociales y la sexualidad. Pero tiene la virtud de ir al grano, de construir con eficacia personajes que tienen reacciones verosímiles. Es cierto que tiene un comienzo titubeante con una primera historia que cae en algunos tópicos. Sofia es grabada mientras mantiene su primer encuentro sexual y el video acaba siendo compartido por los alumnos de su instituto. También hay un típico planteamiento de cómo los padres despreocupados producen hijos indiferentes, pero es interesante como muestra la diferencia que puede suponer la distribución de un video sexual para el chico, frente a la mirada más inculpadora para la chica. 

El nivel aumenta notablemente con la segunda historia, que se enfoca en el perpetrador. Viktor graba junto a muchos otros jóvenes a una pareja teniendo sexo en una fiesta, pero él es el único que lo comparte en las redes sociales, y acaba siendo acusado de distribución de pornografía. Mejor narrada e interpretada que la anterior, es muy interesante el enfoque hacia un personaje que no entiende su actuación como delictiva. Y aunque le sobra el cuarto episodio (con el final del tercero hubiera sido redondo), provoca reflexiones sobre las consecuencias para la víctima pero también para el perpetrador. En la tercera historia, Ada envía unas fotos desnuda a un pretendiente, y poco después es contactada para comunicarle que sus fotos están disponibles en webs pornográficas. En esta parte se explora la facilidad con la que las adolescentes están expuestas a la extorsión y se construye una trama que juega con el suspense y con las decisiones equivocadas de una joven de 14 años que se encuentra perdida en una situación que la sobrepasa. Aunque la planificación centrada en el envío de mensajes juega en contra de la agilidad narrativa, es una historia interesante que nos hace pensar en la necesidad de estar atentos a la proliferación de acosadores anónimos que pueden acceder a datos personales a través de internet.   

Perdiendo a Alice
Apple tv+, 22 de enero-26 de febrero
Creada por Sigal Avin
Dirigida por Sigal Avin

El título de este thriller psicológico israelí parece querer apuntar ya la transformación que la protagonista irá sufriendo a lo largo de sus episodios. La serie se construye sobre las relaciones de mentiras, traiciones y egoísmos de los principales personajes. Alice es una directora que se ha retirado para ser madre, mientras que su marido David trabaja como actor en películas comerciales. Cuando a la vida de ambos llega Sophie, un torbellino emocional que ha escrito el guión de una película que protagonizará David, la realidad de una relación que se está hundiendo y la ficción de un encuentro erótico y peligroso parecen confundirse. La primera vez que Sophie se encuentra con Alice, de la que dice admirar su trabajo como directora, ella le pregunta qué hay de realidad y qué de ficción en su última película. Sin que Alice sepa que, a partir de ese momento, su propio objetivo acabará siendo tratar de discernir lo real y lo ficticio en el guión que ha escrito Sophie, pero también en su propia vida. 

Perdiendo a Alice camina con paso lento, construyendo las obsesiones de los personajes, especialmente de la protagonista, en cada episodio, mezclando el rodaje con la realidad, algunas ensoñaciones de Alice, flashbacks y flashforwards, en una estructura compleja que a veces se estanca, pero que va creando una atmósfera perturbadora que se va haciendo cada vez más asfixiante. En el episodio 7, "The scene", que se centra únicamente en el rodaje de una escena erótica, esta sensación de opresión se agudiza, y es en este tipo de episodios en los que la serie se crece, sobre todo al final, con esa reacción contradictoria de Alice (gran trabajo de Ayelet Zurer), esa mezcla de alivio y angustia al mismo tiempo. 

Estas contradicciones del personaje son las que mejor muestra la serie, que utiliza con astucia la ambigüedad, y que requiere de un espectador activo, porque construye momentos que pueden ser reales o las propias obsesiones de la protagonista. Como el final de la serie, que parece querer dejar una vía libre para que el espectador sea quien decida la resolución. ¿Una casualidad, la imaginación de Alice, un sueño? Creada y dirigida por Sigal Avin, directora que desarrolla su trabajo entre Nueva York y Tel-Aviv, y que ha conocido la experiencia de trabajar mientras ejercía de madre, se trata de una apuesta de Apple tv+ por una producción más internacional.    

Detrás de sus ojos
Netflix, 17 de febrero
Creada por Steve Lightfoot
Dirigida por Erik Richter Strand

Basada en la novela de Sarah Pinborough Detrás de sus ojos (en España editada por Runa, 2017), esta producción británica ha sido adaptada por Steve Lightfoot, productor de series como Hannibal (NBC, 2013-2015) y The Punisher (Netflix, 2017-2019), y se trata de un thriller con ciertos toques de erotismo que tiene como protagonistas a un matrimonio con un pasado turbio y a una madre soltera. La protagonista Louise (Simona Brown, a la que vimos en la serie Primero bésame (Netflix, 2018)) comienza una relación amorosa con su jefe, David (Tom Bateman), pero al mismo tiempo mantiene una amistad con la esposa de éste, Adele (Eve Hewson, hija del cantante Bono) después de un encuentro casual. Pero el matrimonio carga con un pasado relacionado con problemas psiquiátricos, el incendio de una casa y la desaparición de un amigo. 

Los tres actores mantienen bien el difícil equilibrio que propone una historia que se mueve entre géneros cinematográficos diferentes, que parece una cosa y acaba siendo otra. Y ciertamente hay una interesante construcción de un entorno que termina por hacer creíbles determinadas situaciones que posiblemente en otras circunstancias podrían no serlo. Hay que destacar en este sentido un buen trabajo del director Erik Richter Strand, que dirige los seis episodios y eso le permite construir una atmósfera de tensión y suspense constante, manejando con soltura la compleja estructura entre la historia presente, los flashbacks que nos explican el pasado de Adele, y las pesadillas que sufre Louise. Este es el primer trabajo de Erik Richter Strand fuera de su país, Noruega, donde ha dirigido episodios de algunas series importantes como Occupied (Viaplay, 2015-) y Valkyrien (NRK, 2017-). 

Aunque Detrás de sus ojos tiene un planteamiento que hemos visto en otras producciones sobre relaciones amorosas a tres bandas, hay elementos que la diferencian, especialmente a partir del descubrimiento que se produce a mitad de la historia, que no obstante se va sembrando a través de inquietantes posiciones de cámara. En este sentido, la relación entre Louise y David no pretende ser tan erótica como perturbadora, y juega en un crescendo que finalmente entendemos desde el punto de vista de Adele. Lo interesante de esta adaptación, que deja fuera algunas escenas violentas que aparecen en el libro, es que mantiene un interesante nivel de tensión, para a continuación destruir las expectativas e introducir nuevas variantes. Y termina siendo un thriller que habla sobre la fidelidad y los celos.

Allen v. Farrow
HBO España, 21 de febrero
Dirigida por Kirby Dick, Amy Ziering  

No en el sentido de su calidad como serie documental, pero sí en cuanto a la relevancia de su estreno, destacamos esta serie de la que se han emitido dos episodios. Allen v. Farrow plantea en su título el objetivo que se persigue en la serie, pero en realidad debería titularse Farrow v. Allen, porque se trata básicamente de una plataforma de difusión de las acusaciones que durante años Mia Farrow y su hija Dylan han vertido sobre el director Woody Allen. En diversas entrevistas, los directores Amy Ziering y Kirby Dick han manifestado su convicción de que Woody Allen abusó de su hija (basadas en "nuevas evidencias" que sin embargo todavía no hemos visto en los dos episodios que se han emitido), y por tanto el punto de vista de la serie no engaña a nadie. Otra cosa es que, como documental, sea parcial e incompleto. También se han justificado sobre la ausencia de la versión de Woody Allen argumentando que utilizan fragmentos del audiolibro A propósito de nada (Alianza Editorial, 2020) en el que el propio director comentaba aspectos sobre la relación con su hija (aunque sin referencias a la descripción que hace de la familia Farrow que está lejos de la vida idílica que muestra la serie). Fragmentos utilizados sin permiso, según el editor del libro. 

El problema de esta plataforma de difusión (no se le puede llamar realmente documental) no es que adopte un punto de vista concreto (muchas películas y series documentales lo han hecho) sino la forma bastante burda con la que manipula las informaciones que se ofrecen. Por ejemplo, en el primer episodio Casey Pascal, una amiga de Mia Farrow, comenta: "Recuerdo un día que llevamos a los chicos a pasear a Central Park, y de pronto llegó una limusina. Woody se baja y corre hacia donde estaban jugando, sigue a Dylan arriba y abajo. Y recuerdo que pensé: 'Nunca vi a alguien actuar así con un niño, y espero que sea algo bueno'". Los directores comienzan a presentar al personaje como un acosador antes de que se planteen evidencias. En otro momento, mientras Mia Farrow le acusa de pedofilia, vemos una imagen de archivo de Woody Allen con la pequeña Dylan escogida precisamente porque la niña solo lleva puesto una especie de pañal, mientras suena música con un tono oscuro y amenazante. Los directores ya han juzgado y condenado desde el primer episodio.  

Es tan absurdo el viaje que nos proponen que dos críticos de cine "analizan" las películas de Woody Allen, empezando por Manhattan (Woody Allen, 1979) para explicarnos que el director había planeado meticulosamente introducir relaciones entre hombres mayores y chicas jóvenes en sus películas para "normalizar" sus preferencias por jovencitas. "Él es el tímido y ella es la del deseo. La usa a ella para justificar su depredación", llega a afirmar Claire Dederer, periodista de The Paris Review. La hipocresía de los cineastas se hace patente cuando, unos minutos antes, en el mismo episodio, se ha hablado de la relación previa de Mia Farrow (21 años) con el compositor André Previn (54 años), pero no se menciona que esta relación fue extramatrimonial con el marido de su mejor amiga, Dory Previn.

Ciertamente Kirby Dick siempre ha adoptado el punto de vista de las víctimas en sus documentales sobre abusos sexuales, como los nominados al Oscar Twist of faith (2004), The invisible war (2012) y The hunting ground (2015), pero esta controvertida serie, al menos en sus dos primeros episodios, parece menos interesada en acercarse a una investigación imparcial que en poner de manifiesto la veracidad de unas acusaciones que ni siquiera llegaron a juicio. En un conflicto tan complejo y delicado como éste, hubiera sido necesaria una visión externa, pero Allen v. Farrow solo pretende ser el altavoz de la versión de Mia Farrow, aunque sea a cualquier precio. 

Wandavision (Bruja Escarlata y Visión)
Disney+, 15 de enero-5 de marzo
Creada por Jac Schaeffer
Dirigida por Matt Shakman

El duelo por la muerte de un ser querido tiene cinco fases, según la teoría desarrollada por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en 1969: Etapa de negación, etapa de ira, etapa de negociación, etapa de depresión y etapa de aceptación. Básicamente, Wandavision es una representación del duelo de Wanda Maximoff por la muerte de Vision, cuyas fases están presentes a lo largo de los nueve episodios de esta primera propuesta del MCU como desarrollo largo de una historia. Ese proceso de duelo, que lleva a la protagonista a construir una vida idílica, transformada en una trasposición de las series familiares de las décadas de los cincuenta a los ochenta, es lo más interesante de un concepto que comenzó con ciertas dosis de riesgo, aunque no fuera lo que esperaban los seguidores del universo Marvel. 

Pero los tres primeros episodios de Wandavision son de lo mejor que hemos visto hasta ahora en el comienzo de 2021, un homenaje espléndido a la evolución de las comedias televisivas, y por ampliación, a cómo se ha transformado no solo nuestro entorno a lo largo de las últimas décadas, sino principalmente la forma de producir contenidos audiovisuales para toda la familia. Al mismo tiempo, la introducción de elementos disruptores de esta realidad "idílica" (depende de para quién) ha ido creando una visión inquietante de esa representación de la realidad que es ficticia (algo así como una versión de la envoltura falsa que se nos mostraba en El show de Truman (Peter Weir, 1998), cuando la supuesta realidad se manifestaba como una pesadilla). Sin duda, es un planteamiento valiente, entre otras cosas porque los fans de Marvel no exigen precisamente experimentos visuales ni especialmente arriesgados. Pero para quienes no tenemos mucho interés en este MCU que se nos plantea como un puzzle formado por piezas que se van desplegando entre series y películas, se trata de un comienzo interesante. 

Poco a poco, Wandavision ha ido adoptando la estética de Marvel, encarrilando su historia para seguir la autopista hacia el resto del MCU (algo así como lo que ocurrió con The Mandalorian (Disney+, 2019-) en la segunda temporada, después de una primera entrega que se salió del carril y por tanto resultaba más atractiva). Porque el problema de producir series que forman parte de un conjunto, que dependen de lo anterior pero sobre todo deben enlazar con otros proyectos (en este caso principalmente con Doctor Strange 2: El multiverso de la locura (Sam Raimi, 2022)), es que no se pueden atar muchos cabos, deben quedar abiertos para acoplarse sin resquicios (en realidad, tampoco importa tanto, porque cada vez que tiene que solucionar incongruencias narrativas de sus personajes, Marvel se saca un multiverso de la manga). De esta forma, el final de Wandavision acaba estando tan subordinado a lo que vendrá que se queda a medio camino, en una especie de historia independiente en la que, sí, se concluye en la etapa de Aceptación del duelo, pero el personaje de Bruja Escarlata prácticamente no evoluciona. esta dependencia es tal que, de los 50 minutos que dura su último episodio, "The series finale", 10 minutos son de títulos de crédito con introducción de escenas postcréditos que anuncian lo que vendrá en un futuro cercano.

Master
Prime Video, 13 de enero
Dirigida por Lokesh Kanagaraj

Uno de los lugares menos pensados para disfrutar del cine de Bollywood, las producciones cinematográficas de acción y música que se realizan en la India, es Prime Video, que cuenta con un interesante catálogo de películas, además de estrenar películas cada mes. Eso sí, en la mayor parte de los casos solo cuentan con subtítulos en inglés. Las plataformas digitales han sido una buena alternativa frente a la imposibilidad de estrenar en salas de cine durante el año pasado debido al confinamiento, en un país en el que en 2018 se vendieron 2.022 millones de entradas, que rompía cierta tendencia a la baja de los dos años anteriores, pero se quedaba a mucha distancia del récord de 3.000 millones de entradas vendidas en 2011. 

Una de las películas más esperadas de 2020 es Master (Lokesh Kanagaraj, 2020), cuyo estreno previsto para el mes de abril de 2020 se retrasó hasta enero de 2021. Primero, por ser la tercera película de un director que consiguió éxitos importantes con Maanagaram (2017), que también puede verse en Prime Video, y sobre todo Kaithi (2019), algunas de cuyas escenas de violencia fueron censuradas por el distribuidor británico para su estreno en Inglaterra. Pero Master también supone la reunión, por primera vez, de dos de las principales estrellas de Kollywood, el cine que se realiza en el estado del Sur de la India en lengua tamil: Vijay y Vijay Sethupathi (lástima que los nombres sean iguales). El primero interpreta a un profesor tarambana y alcohólico que es trasladado a una especie de centro de internamiento para jóvenes donde debe ejercer como maestro, pero también enfrentarse al uso de estos jóvenes para actividades delictivas por parte de un gángster (Vijay Sethupathi, que disfruta de su papel de villano). 

La película está llena de escenas de acción bien ejecutadas, y de números musicales que pueden parecernos innecesarios, pero que son la esencia de Bollywood. Y las composiciones musicales de Anirudh Ravichander son espectaculares en todo momento, tanto en los números de baile como en los momentos de acción, y la banda sonora contiene canciones muy pegadizas. Master no está a la altura de las otras dos películas de Lokesh Kanagaraj, sobre todo por un guión flojo para ser una historia que dura tres horas, y que flojea en la segunda parte (después del intermedio) pero la película tiene un aspecto visual apabullante y es disfrutable como una auténtica fiesta de imágenes y música.   



The last narc y Maanagaram (Metropolis)  se pueden ver en Prime Video.
Barry se puede ver en HBO España.
Amar es para siempre se puede ver en ATRESPlayer.
The punisher y Primero bésame se pueden ver en Netflix.
Occupied se puede ver en Movistar+.
Valkyrien se puede ver en Filmin.
The Mandalorian se puede ver en Disney+.

Manhattan se puede ver en Movistar+ y Filmin. 



01 marzo, 2021

Ponte el pijama, cariño, que me han dado un Globo de Oro

Los Globos de Oro se enfrentaban este año a su ceremonia más difícil, convertida en una especie de reunión de amigos por Zoom que se ha convertido en una de las más curiosas que hemos visto en mucho tiempo. No por lo espectacular (ni por un trabajo de producción tirando a mediocre, que no ha sabido salvar los incontables problemas que puede plantear una retransmisión remota), sino por todo lo contrario. Lo que nos atrae de este tipo de entregas de premios es poder acceder a un mundo de fantasía, de trajes de grandes diseñadores, de artistas elegantes y guapos que nos invitan a participar de su mundo de lujo por unas horas. Sobre el escenario, este reflejo de una irrealidad a la que la mayor parte de los mortales no tenemos acceso se transforma en un espectáculo sobre el que se posan nuestras miradas. Pero este año la atención estaba fuera del escenario, a kilómetros de distancia entre webcams que no funcionaban, audios que no se oían y el salón de las casas de los protagonistas. Los nominados y premiados se han convertido esta vez en personas normales, algunos más elegantes que otros, pero todos rodeados de una esfera de cotidianeidad que nunca habíamos visto en una ceremonia de premios. 

Lo mejor que sabe hacer la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood es reírse de sí misma en la entrega de los Globos de Oro. Por eso ésta suele ser más entretenida que la de los Oscar. Es como la cena de corresponsales que celebra el presidente de los Estados Unidos todos los años, en la que está permitido hacer burla y mofarse de uno mismo y del oponente. Y en una edición rodeada de la controversia que suscitó un reportaje de Los Angeles Times sobre los entresijos de la Asociación, las presentadoras Tina Fey y Amy Poehler (que no sabemos por qué estaba cada una en ciudad diferente, porque casi todo el tiempo presentaron juntas) estuvieron más comedidas de lo que se esperaba. "La Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood está formada por noventa periodistas no-negros que se dedican a ir a las entrevistas promocionales de las películas en busca de una vida mejor". 


En realidad, el reportaje de Los Angeles Times no descubre nada nuevo, pero realiza un "grandes éxitos" de las polémicas que han rodeado a una asociación que es, ciertamente, opaca en su información sobre los procesos de selección de nuevos miembros, sobre sus relaciones con la industria del entretenimiento, y sobre sus balances económicos. Pero no es menos opaca que la información que tenemos sobre las decenas de asociaciones de críticos que hay en Los Angeles, Nueva York, Boston y otras muchas ciudades norteamericanas, y que también entregan premios todos los años. En noviembre del año pasado, un juez federal rechazó la demanda antimonopolio contra la HFPA interpuesta por una periodista noruega por no haber sido aceptada como miembro. A partir de entonces, Kjersti Flaa, la periodista que quiso formar parte de esta asociación, comenzó a acusarla de ser una especie de grupo cerrado poco ético, que aceptaba regalos de los estudios y celebridades. 

El reportaje de Los Angeles Times incide en algunos aspectos económicos que reflejan movimientos extraños y pagos injustificados a los miembros de la asociación, pero incide más, por ejemplo, en el hecho de la falta de diversidad racial ya que ninguno de los miembros de la asociación es negro. Lo de la diversidad en Estados Unidos tiene una interpretación sorprendente: puedes incluir a personas blancas, latinas, orientales y asiáticas, pero esto no se considera diversidad, como si el mundo estuviera dividido solo entre blancos y negros. Los Angeles Times vuelve en esta circunstancia estos días, destacando que "Andra Day es la única mujer negra que ha ganado el Globo de Oro", que "Chadwick Boseman es el cuarto actor negro que ha ganado el Globo de Oro" o que "Daniel Kaluuya es el quinto actor negro que ha ganado el Globo de Oro como secundario", pero les importa una mierda que Chloé Zhao sea la primera mujer oriental que ha ganado un Globo de Oro.  

Volviendo a la ceremonia, o reunión de amigos, hubo pocas sorpresas en las categorías cinematográficas y menos aún en las televisivas. A una semana de que comiencen las votaciones de los miembros de la Academia de Hollywood para las nominaciones de los Oscar (tienen entre el 5 y el 10 de marzo para enviar sus votos), Nomadland (Chloé Zhao, 2020) es ya la gran favorita. Pero recordemos que el Globo de Oro a la Mejor Película solo ha coincidido con el Oscar en dos ocasiones en los últimos años. Lo interesante será ver hasta qué punto Minari (Lee Isaac Chung, 2020), que fue incluida en los Globos de Oro como Película de Habla no Inglesa porque, de hecho, es una película de habla no inglesa, podrá recibir en los Oscar el reconocimiento como producción norteamericana que, de hecho, lo es. Aunque también sería extraño que, tras la sorpresa de Parásitos (Bong Joon Ho, 2019), de nuevo consiga el Oscar una película hablada en coreano. Y, por supuesto, lo que puede conseguir el Globo de Oro a Andra Day como Mejor Actriz de Drama por Los Estados Unidos contra Billie Holliday (Lee Daniels, 2021) es colocarla entre las competidoras destacadas para el Oscar. La película es mediocre, pero ella está espectacular. 


En el apartado televisivo, The crown (Netflix, 2016-) consigue por segundo año consecutivo el premio a Mejor Drama, sin necesidad de invitar a los miembros de la HFPA a un viaje de lujo, mientras que Schitt's Creek (CBC, 2015-2020) se confirma en su última temporada como la auténtica serie revelación del año pasado, después del triunfo en los Premios Emmy y ahora con el reconocimiento en los Globos de Oro. Y el hecho de que una miniserie grandiosa como Small axe (Amazon-BBC, 2020) se haya quedado con un premio para John Boyega frente al gran éxito pero menor interés de Gambito de dama (Netflix, 2020) puede ser quizás una llamada de atención de cara a los Oscar, que podrían considerar algún episodio de la serie de Steve McQueen como película independiente. 

Lo de recoger los premios en el salón de casa tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Pero nadie puede dudar que entre las primeras está el hecho de poder tomar el testigo de Isabel Coixet y recibir el galardón en pijama, como la directora catalana ha afirmado que le gustaría hacer en alguna ocasión (como una forma de boicotear la norma de someter a las mujeres a llevar vestidos elegantes pero imposibles a las galas de premios). Jodie Foster llevaba su elegante pijama, estirada en su sofá con su esposa y su perro, cuando logró una pequeña sorpresa en la categoría de Mejor Secundaria por The Mauritanian (Kevin MacDonald, 2021) frente a las mejor situadas Amanda Seyfried y Olivia Colman. Mientras que Jason Sudeikis se puso la misma sudadera con la que salió a correr por la mañana para recoger su merecido premio como Mejor Actor de Comedia por Ted Lasso (Apple tv+, 2020), una de las series revelación del año pasado. La cotidianeidad de recibir el reconocimiento en casa provoca también situaciones improvisadas con algo de ternura como esa irrupción de los hijos de Mark Ruffalo cuando el actor consiguió el muy merecido premio como Mejor Actor de Drama gracias a su doble y difícil personaje en la miniserie La innegable verdad (HBO, 2020).


Menos sorpresa fue el Globo de Oro a Trent Reznor, Atticus Ross y Jon Batiste por la banda sonora de Soul (Pete Docter, Kemp Powers, 2020), que estaban doblemente nominados por Mank (David Fincher, 2020). David Fincher, por cierto, ya parece saberse tan fuera de las posibilidades de ganar nada que se tomó la derrota como mejor director con un chupito, de forma relajada. A estas alturas, nadie puede dudar que Trent Reznor y Atticus Ross estarán nominados al Oscar, y posiblemente con doble opción también, y pocos pueden dudar que conseguirán el premio de la Academia de Hollywood. Como comentamos en nuestro popdcast El Ojo Inquieto dedicado a las Predicciones de cara a las nominaciones a los Oscar, Soul es la banda sonora que ha ganado más premios de la crítica a lo largo de estos meses. Menos esperado era el premio a la Mejor Canción para Laura Pausini y Diane Warren por "Io si", de la película La vida por delante (Edoardo Ponti, 2020). Este premio las sitúa en mejor posición que hasta ahora de cara a los Oscar, frente a canciones más favoritas, pero tampoco sería la primera vez que una canción premiada en los Globos de Oro ni siquiera esté nominada al Oscar. 

Si el reportaje de Los Angeles Times puede tener algún tipo de influencia en modificaciones que se hagan dentro de los reglamentos de la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood, lo veremos en un futuro próximo. Hubo una especie de propósito de enmienda en la ceremonia de este domingo, pero los resultados que consiga son muy dudosos. La HFPA ha sido siempre considerada como una asociación casquivana, que se mueve por intereses ocultos, pero también es cierto que hay algo de inquina por parte de la prensa norteamericana al ver que la segunda ceremonia de premios más importante de Hollywood está organizada por una asociación cuyos miembros no pertenecen a la otra secta, la de los periodistas del entretenimiento estadounidense. Así que al final esto parece más una pelea de bandas callejeras que un interés real de enfrentarse a la ética periodística. El ejemplo claro lo tenemos en el actor Gary Oldman, quien en 2014 llamó a un boicot de los Globos de Oro, y cuatro años después recogió con una sonrisa el premio al Mejor Actor por El instante más oscuro (Joe Wright, 2017). Este año también ha sido nominado por Mank (David Fincher, 2020). 

El 15 de marzo se darán a conocer las nominaciones de los Oscar, y algunos días antes, el 8 de marzo se entregan los premios de la Critics Choice (otra asociación de periodistas), que suelen ser los que más coinciden con los premios de la Academia de Hollywood. No sabemos si la ceremonia de los Oscar acabará siendo algo parecido a la de los Globos de Oro pero, definitivamente, queremos más pijamas y más sudaderas.