03 agosto, 2013

Ryan Gosling

Es uno de los actores más populares del momento, aunque su filmografía no está precisamente trufada de grandes producciones, sino todo lo contrario. Sabe escoger títulos con ciertas dosis de riesgo que pueden o no ser acertados, pero que al menos huyen del estereotipo. 

Su carta de presentación fue El diario de Noa (Nick Cassavetes, 2004), que le proporcionó esa popularidad que necesaria para escoger con criterior sus proyectos. Hasta entonces este actor canadiense vino trabajando en todo tipo de producciones para televisión y cine, siempre en papeles secundarios que poco a poco le fueron colocando en la parrilla de salida de Hollywood. Los thrillers Tránsito (Marc Foster, 2005) y Fracture (Gregory Hoblit, 2006) le dieron la posibilidad de contar con compañeros de reparto destacados como Ewan mcGregor o Anthony Hopkins respectivamente. Quizás una de sus mejores interpretaciones la pudimos ver en la película independiente Lars y una chica de verdad (Craig Gillespie, 2007), una comedia absurda que tenía sus aciertos. En Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010) volvimos a ver el lado romántico de Ryan Gosling, en un poderoso drama que nos hizo interesarnos por el trabajo de su director, con el que posteriormente ha vuelto a trabajar, como veremos. Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) es otro punto de inflexión en la carrera del actor. Alabada por unos y denostada por otros, la película tiene una estética poética que quizás no ha sido del todo comprendida por muchos espectadores. Posteriormente se puso en manos de George Clooney en el efectivo film político Los idus de marzo (George Clooney, 2012) y recientemente hemos podido verle en el drama de gángsters Brigada de élite (Ruben Fleischer, 2013), un fracaso en taquilla a pesar de su trío protagonista. Mientras se cierra la producción de la última película de Terrence Malick, Ryan Gosling tiene dos títulos aún pendientes de estreno en España, que le unen de nuevo a dos directores trascendentales en su carrera.

The place beyond the Pines (Cruce de caminos)
Derek Cianfrance

El director de Blue Valentine se embarca ahora en una ambiciosa historia que se nos cuenta en tres partes a lo largo de casi dos horas y media de duración. Tampoco era necesario tanto tiempo (y quizás ni siquiera tantas tramas argumentales) para componer una película interesante. Ryan Gosling, Bradley Cooper y Dane DeHaan son los protagonistas de cada una de estas tres historias, que en realidad se desarrollan sobre un mismo hilo argumental. La primera, interpretada por Gosling, es la más poderosa, la que contiene más fuerza no solo pos su imágenes (ese primer plano secuencia) sino por el contenido emocional de los personajes. La segunda tiene sus dosis de interés, por hilvanarse sobre terrenos pantanosos en torno a la corrupción policial, y la tercera, aunque pretende poner el colofón emocional a la película, prácticamente nos sobra. The place beyond the pines es una película fallida, discapacitada para mantener nuestra atención, pero contiene algunos momentos visuales muy contundentes, y el uso de la música reslta sobrecogedor en algunos momentos, con composiciones tan hermosas como el Miserere Mei de Gregorio Allegri o algunas de las secuencias de cuerda de la obra Fratres de Arvo Pärt, de imprescindible audición. 



Only God forgives (Solo Dios perdona)
Nicolas Winding Refn

Ryan Gosling repite también con el director de Drive, en un thriller situado en Bangkok que fue presentado en el pasado Festival de Cannes y tuvo, digamos, una recepción poco favorable. Y somos suaves, porque una parte crítica realmente se deshizo en improperios en contra de esta película. Lo cual, por otro lado, tampoco es necesariamente negativo. La última película del director danés es una vuelta de tuerca a la mirada fría, impasible, estática de Ryan Gosling en Drive. Y también a ciertas explosiones de violencia que ya estaban presentes en aquélla y que aquí llegan al paroxismo. Pero no olvidemos que Nicolas Winding Refn ha sido también el director, en su país natal, de títulos como Bronson y la serie Pusher, algunos de los films más violentos que hemos visto. Lo que hace que Only God forgives nos resulte desequilibrada en su planteamiento formal es esa sensación de autocomplacencia que parece planear en torno a toda la película y esa poética de la imagen que reverencia a cineastas como David Lynch sin llegar a su profundidad narrativa. Lo mejor que se puede decir de Only God fogives es que pondrá de los nervios aún más a quienes no les gustó Drive. Y eso resulta gratificante.