06 febrero, 2013

Mi nombre es Hitchock, Alfred Hitchock

El estreno de la película Hitchcock nos permite comparar esta inmersión en el universo personal del maestro del suspense con otra producción de HBO que retrata también las obsesiones del orondo inglés. Dos propuestas con algunos puntos en cómún pero realmente muy distintas.
 
Lo primero que sorprende en Hitchcock es su director, Sacha Gervasi, que se dio a conocer con ese sarcástico documental sobre el "trasero" de la música que era Anvil: El sueño de una banda de rock (2008), uno de los retratos más certeros del mundo del rock desde This is spinal tap (1984), de Rob Reiner. Y aunque Sacha Gervasi también ha escrito metódicos guiones como La terminal (2004), de Steven Spielberg, no parecía el perfil más imaginable para poner en marcha este retrato de Alfred Hitchcock. Y de nuevo su planteamiento es ciertamente poco convencional. Aquí Hitchcock es casi un personaje secundario al calor de su esposa, Alma Reville, supervisora en a sombra de las películas y la controvertida personalidad de un genio, que interpreta con ese saber estar de las actrices la espléndida Helen Mirren. Y en ese enfoque singular radica una particular mirada que a algunos espectadores puede decepcionar por dejar un poco de refilón la historia personal del propio director.
 
 
Hitchcock es una película divertida, menos convencional de lo que parece y más certera de lo que se nos podría antojar en su reflejo del universo creativo de su protagonista. A pesar de ese maquillaje "a lo sra. Doubtfire" que trata de sacar provecho de las facciones de un Anthony Hopkins entregado a su personaje, pero que fracasa en su intento vano de hacerle parecer al cineasta inglés (curiosamente, el maquillaje es lo único valorado de esta película en las nominaciones al Oscar). Aquí nadie se parece a nadie,  a pesar del esfuerzo, mención aparte de James D'Arcy, que incorpora con notable acierto a un inseguro Anthony Perkins.
 
Hay en este guión de John. J. McLaughlin, basado en el libro de Stephen Rebello, una cierta sorna que incorpora con eficacia el peculiar humor de Hitchcock a su propia historia. Y construye frases de ingenio locuaz para mostrarnos la extremadamente curiosa relación personal que mantiene el matrimonio protagonista, especialmente se cruza delante de él la belleza arrebatadora de una joven Janet Leigh-Scarlett Johansson.
 
En este sentido, Hitchcock funciona, a pesar de la tibieza de las críticas, como una pequeña pieza de cámara que nos permite sonreir con la personalidad de un tipo raro capaz de hacernos saltar de nuestros asientos. La historia se desarrolla cuando Alfred Hitchcock se enfrenta en solitario, tras haber perdido el apoyo de los estudios, a una película personal, Psicosis (1960), que al final le acabaría dando la gloria como cineasta.
 
La producción de HBO The girl (2012), por su parte, comienza tras el éxito que le proporcionó Psicosis y cuando se enfrenta a su siguiente película, Los pájaros (1963), tras un paréntesis en el que se dedicó a la televisión con su famosa serie Alfred Hitchcock presenta... Si en Hitchcock asistimos con cierta ironía a la obsesión del director por Janet Leigh, The girl se centra en su casi enfermiza relación profesional con Tippi Hedren, que continuó en Marnie, la ladrona (1964).

Resulta recomendable hacer una sesión doble con estas dos películas, porque son el yin y el yan respecto al personaje, el claroscuro de un retrato que nos presenta las dos facetas del mismo: su lado más amable y su monstruo interior. Si Hitchcock está dotada de un sentido del humor mordaz, The girl es una película oscura, que habla claramente de un acoso sexual enfermizo. No en vano, esta tv-movie dirigida por Julian Jarrold, director inglés curtido en la BBC, toma como fuente principal la biografía escrita por Donald Spoto, uno de los perfiles más duros que se han escrito sobre un director de cine. Y en las declaraciones de la propia Tippi Hedren.

Aquí, el siempre efectivo Toby Jones incorpora a un Hitchcock tenso, dramático, incluso depresivo, y su esposa Alma pasa a un plano más que secundario. Mientras que Sienna Miller da vida a esta Tippi Hedren que sueña con convertirse en estrella (y lo consigue) pero no sabe que tendrá que pasar una auténtica pesadilla para alcanzar su sueño. Las escenas del rodaje de Los pájaros no dejan lugar a dudas frente a la psicopatía de Alfred Hitchcock, y muestran con crudeza la obsesión de una personalidad compleja. En este sentido, The girl se nos presenta como una película intensa, nada sutil. Tanto es así que incluso ha levantado encendidas críticas de algunos de los protagonistas reales, como la viuda del asistente de Hitchcock, que la ha calificado como "un insulto a un gran artista".
 
Hitchcock y The girl nos presentan dos versiones de un mismo personaje que poco tienen que ver, pero que resultan perfectamente complementarias. Al fin y al cabo, de todos es sabido que Alfred Hitchcock tuvo una personalidad compleja que muchos de los que trabajaron con él tuvieron que sufrir. Por eso resulta recomendable verlas como dos caras de un mismo retrato.