11 febrero, 2013

Berlinale 2013 I: Cine de denuncia



Se celebra una nueva edición de la Berlinale, el Festival de  cine con mayor proyección internacional en los primeros meses de cada año. Desde En primera Fila iremos ofreciendo crónicas de lo que acontece en el festival.

La Berlinale suele tener preferencia por historias relacionadas con la denuncia social o medioambiental. Por eso cada año encontramos en su programación películas que tienen una marcada carga social. Es el caso de Promised land, uno de los títulos presentados este fin de semana, que nos devuelve a un M.D. alejado de los títulos de acción que últimamente ha venido protagonizando. En cierto sentido, Promised land es una especie de vuelta a los orígenes: en 1997 Matt Damon y Ben Affleck se dieron a conocer (y ganaron el Oscar) con el guión de la película El indomable Will Hunting, que ellos mismos protagonizaron bajo la dirección de Gus Van Sant. Ahora, Matt Damon co-escribe también el guión de Promised land junto a otro actor, John Krasinsky (conocido por su interpretación en la serie The office) y ha encargado al director Gus Van Sant que ponga imágenes a esta historia. 


El resultado de Promised land es una película bien hecha, aunque sin grandes momentos cinematográficos. La llegada de dos agentes de una compañía de gas a un pequeño pueblo para conseguir el permiso de los vecinos para realizar excavaciones de extracción de gas acaba siendo lo que se espera desde el principio. Un film denuncia contra las grandes corporaciones y el fraude provocado por sus estrategias de engaño y persuasión, sin tener en cuenta los desastres medioambientales que esto provoca. Quizás en nuestro país esta realidad es menos palpable, pero documentales como Gasland (2010), de Josh Fox nos han demostrado que en Estados Unidos la devastación ambiental que están provocando las perforaciones para la extracción de gas natural es una realidad preocupante. 

 De ahí que la denuncia de esta película quizás nos resulte algo lejana, y tampoco el guión termina de cuajar una narración que defina a la película por encima de una solvente pero poco definitoria historia de denuncia. Hay que reconocer en Damon y Krassinski la capacidad de construir personajes con trasfondo (el que interpreta espléndidamente Frances MacDormand), pero otros se quedan en meros soportes de guión que no tienen demasiada profundidad (los de Hal Holbrook y Rosemarie DeWitt). 

Tras la cancelación de la notable Boss (mejor la primera temporada que una segunda con demasiados altibajos), Gus Van Sant regresa al cine con ese oficio que suele tener, y que cuando se aparta de remakes imposibles y de amaneramientos bergmanianos acaba dando buenos resultados. Pero el oficio no es suficiente cuando se trata de dar solvencia a una historia.