10 agosto, 2011

London calling

Unos días después de que la organización de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 eligiera como himno oficial la canción de The Clash, para sorpresa de muchos, la descripción de un Londres apocalíptico que muestra se ha hecho realidad. 

Que una organización conservadora como la de los Juegos Olímpicos de 2012, apoyada por un gobierno conservador como el de David Cameron, elija una canción de una banda tan contestaria como The Clash, como himno de una celebración deportiva que atraerá las miradas de todo el mundo, no es más que el reflejo del cinismo y la incongruencia de la clase política que nos ha tocado soportar en la mayor parte de los países occidentales. La elección de London calling sorprendió a muchos, y aún suenan en blogs y medios de comunicación tradicionales de Inglaterra las críticas a tan curiosa decisión. O se les coló un punk en la organización, o alguien quiso gastarles una broma. 

Porque London calling es, quizás, la canción menos apropiada para servir de "llamada" musical hacia los Juegos Olímpicos. El tema que publicó The Clash en el album del mismo título que les catapultó a la fama en 1979, puede ser himno de muchas cosas, y de hecho lo ha sido desde entonces, pero difícilmente resulta un reclamo lógico para una ciudad que se quiere presentar al mundo como todo lo contrario a lo que el tema describe. Influido por las emisiones radiofónicas de la 2ª Guerra Mundial, de donde surge su título, y por un accidente que tuvo lugar ese mismo año en una central nuclear de Pensilvania, London calling muestra una ciudad devastada, y también hace referencia a conflictos raciales y a peligros reales en torno al mundo de las drogas. 

Ese Londres "infernal" que describe la canción se convirtió en realidad hace unos días. Curiosa coincidencia. En la película Billy Elliot (2000), Stephen Daldry utilizó la canción de The Clash como fondo de los disturbios que tuvieron lugar durante la huelga minera de 1984. Años antes, en 1981, el barrio londinense de Brixton vivió uno de los disturbios más graves de su historia, iniciados (como los de ahora) por una más que dudosa intervención policial. En aquellos momentos se vivían importantes problemas de cohesión social, y pocos son los que relacionan los sucesos actuales con aquellos. Pero no hay que olvidar que Londres, como estos días está sucediendo en Santiago de Chile, ha vivido numerosas protestas estudiantiles que vienen lanzando mensajes poco tranquilizadores. Mientras los gobiernos administran de forma incompetente la crisis financiera tratando de practicar una política de recortes sociales, la base principal de un futuro próximo comienza a resquebrajarse. Y quienes se ven inmersos en ese incierto mañana, se lanzan a las calles para reclamar una justicia social que parece hundida. 

La consecuencia de esta pésima gestión educativa la estamos viendo estos días en las calles de Londres y otras ciudades inglesas. En su mayor parte, los hoodies que siembran el caos por donde pasan no son más que adolescentes criados en la injusticia social, y sus argumentos brillan por su ausencia. Resultan casi tan ineptos como los políticos que con sus acciones han creado monstruos descerebrados que arrasan incluso con quienes viven su propia injusticia. La abuela Pauline Pearce, que se ha hecho famosa por hacerles frente con frases tan lapidarias como: "No nos estamos reuniendo para luchar contra una causa, estamos haciendo polvo un Foot Locker (tienda de zapatillas deporticas) y robando zapatillas, sucios ladrones", descarga en sus palabras más verdad que la que aglutinan David Cameron, la policía y los hoodies. Estamos ante el enfrentamiento entre varios tipos de salvajes, y las consecuencias las pagan siempre los ciudadanos normales.

En V de Vendetta (2006), Londres se convierte en el campo de batalla de un "justiciero" que practica la guerrilla para desenmascarar a un gobierno tiránico. La máscara de Guy Fawkes se ha convertido en símbolo de las protestas de algunos grupos como Anonymous, reflejo de su condición de movimiento antigubernamental. Algunos países lideran un movimiento ciudadano que parece imparable, entre ellos España, modélica en el carácter pacífico de sus protestas, pero firme en su persistencia y en la capacidad para no someterse a la brutal campaña de descrédito por la mayor parte de los medios de comunicación, que se mantienen gracias al apoyo de determinadas fuerzas políticas. 

En medio de todos estos sucesos, resulta significativa la actitud de las fuerzas policiales. Mientras los sindicatos protestan con poca vehemencia por los recortes que sufren, algunos como el SUP en España dedican más esfuerzo a indignarse por los insultos de los "indignados" que a reivindicar la necesidad de que se les dote de los medios adecuados para realizar su trabajo (que no es precisamente el de desalojar a ciudadanos hipotecados). En Inglaterra, David Cameron anuncia que las fuerzas de seguridad se quedan sin vacaciones, y moviliza a 16.000 agentes para que hagan frente a los disturbios. Eso sí, su gobierno ha despedido recientemente a 11.000 policías debido a los recortes presupuestarios. Pero los representantes policiales prefieren, como en España, dedicarse a otras cosas, y lanzan sus arengas contra las redes sociales y el servicio de mensajería de Blackberry. No hay protestas contra los recortes que les han llevado a ser literalmente aplastados por los saqueadores.

En su primer álbum, The Clash (1977), la banda británica cantaba sobre la situación social y los conflictos raciales en temas como London's burning. 34 años después, el barrio de Tottenham ha ardido literalmente, y las protestas se han extendido a otras ciudades. Pero estos brotes, de diferente índole, que surgen en países como Inglaterra, Francia, Chile o España no son más que el comienzo de una auténtica revolución ciudadana.

London calling - The Clash