08 diciembre, 2010

La defensa hipócrita de los derechos de autor

La edición en DVD de la última película de Jaco van Dormael permite acercarnos a la obra tal como fue concebida por su autor, y demuestra que las distribuidoras defienden los derechos de autor "a su manera". 

Las vidas posibles de Mr. Nobody puede ser una película excesiva en sus planteamientos narrativos y visuales, pero desde luego no se le puede negar esa capacidad de su director, Jaco van Dormael, para crear visualizaciones deslumbrantes de un universo que parece inagotable. Esta historia de supervivencia de un ser humano mortal en un mundo inmortal, pero exento de emociones y sensaciones naturales, es posiblemente una de las propuestas de ciencia-ficción más interesantes de los últimos años. 

La edición en DVD presenta dos versiones de la película. La que se estrenó en cines y la que realmente planteó el propio director, que duraba dos horas y media. Las vicisitudes de Jaco van Dormael para mantener el control de su propia obra demuestran la hipócrita política de defensa de los derechos de autor que hacen las grandes distribuidoras cinematográficas. 

Todo comenzó cuando, en contra de lo que esperaban sus productores, la película no fue seleccionada para la Sección Oficial del Festival de Cannes. Las dos productoras francesas que apoyaron esta producción de altos vuelos, Wild Bunch y Pathé, se pusieron nerviosas frente a la posible rentabilidad de la película (ya lo hubieran podido pensar antes), y exigieron a Jaco van Dormael que recortara metraje. A lo que éste se negó en rotundo, recibiendo como respuesta la amenaza de que la película no llegaría a estrenarse jamás. Es decir, los chupatintas de la industria europea, esos que se pasean todos los años por el Sevilla Festival de Cine Europeo, preferían meterse su inversión en el culo antes que dar la razón al autor de la película. 

Jaco van Dormael buscó entonces apoyo en la Mostra de Venecia, enviando una copia de su película al director del festival, que decidió que merecía estar presente en su Sección Oficial. Pero Wild Bunch y Pathé rehusaron la posibilidad de enviar el film tal como estaba, pidiendo de nuevo al director que hiciera recortes. Finalmente, para poder al menos tener la posibilidad de que su película se viera en un festival de prestigio, Jaco van Dormael cedió a las presiones y recortó unos 20 minutos. 

Lo de Wild Bunch, una de las empresas cinematográficas más importantes de Europa, con sede en París, es la crónica de la pataleta y las malas artes. Hace unos años, cuando el Festival de Berlín no seleccionó a competición la película Molière, la productora decidió auto-excluirse del European Film Market y contratar un bungalow en un descampado fuera del mercado oficial del festival. Si no fuera tan ridículo sería hasta gracioso. 

El director belga se ha quejado del sistema de producción cinematográfico que, aunque reconoce de cara al exterior los derechos de los autores, en realidad se reserva la decisión final sobre si una película llega o no a las salas de cine. O lo que es lo mismo, sentencia al autor a someterse a los vaivenes de las distribuidoras. Lo que no tiene mucho sentido es que, mientras estas mismas distribuidoras pisotean los derechos de quienes han realizado una película, lancen mensajes de apoyo a los autores en contra de lo que ellos llaman "piratería". Es lo que tiene ser defendido por las alimañas de la industria del cine.

En España, la distribuidora Wanda Films decidió también estrenar la versión apócrifa, como otras distribuidoras hicieron en otros países, cuando pudo tener la posibilidad de elegir la versión del director, de la que existían copias, algunas de las cuales pudieron verse en algunas salas de cine de Francia. Independientemente de los resultados, más o menos confusos, más o menos fascinantes, Las vidas posibles de Mr. Nobody se convierte así en un ejemplo de la hipocresía de la defensa a favor de los autores por quienes realmente les humillan.