28 septiembre, 2010

La fascinación por México

El grupo musical Nine Rain, un sexteto liderado por el norteamericano Steven Brown, ha puesto música a la película inacabada de Sergei Eisenstein ¡Que viva México! en un disco que refleja la fascinación de dos miradas extranjeras por el país mexicano.

Un día, Steven Brown, harto de su país de origen, hizo girar un globo terráqueo y puso el dedo sobre él. El lugar sobre el que se detuvo su dedo acabaría siendo su residencia: México. Allí formó el grupo musical Nine Rain, que se ha convertido en uno de los más representativos de una creación de vanguardia que nace de la tierra mexicana para expandirse hacia todo el mundo. En 2009 publicaron el album ¡Que viva México!, la representación de su trabajo musical para acompañar las imágenes de la película inacabada de Sergei Eisenstein, que algunos críticos consideran "el proyecto más grande del director pero también su mayor tragedia personal". 

Porque de la película solo se pudo rodar una cuarta parte. Dividida en cuatro episodios, un prólogo y un epílogo, ¡Que viva México! atravesó por todo tipo de dificultades hasta que, un año después del comienzo del rodaje, Eisenstein desistió de este proyecto tan querido. Pero la labor del guionista Grigori Aleksandrov, que recuperó el material filmado en 1979 y realizó un montaje siguiendo los storyboards del propio director, nos han permitido al menos vislumbrar los deseos del cineasta. Algo es algo. 

Ahora, esta película mutilada por la falta de presupuesto cobra vida de nuevo con la aportación musical de Nine Rain, con esa mezcla de jazz contemporáneo, música folclórica y sonidos vanguardistas que permiten escuchar esta grabación, como hacemos En Primera Fila, de forma independiente, sin la necesidad de acompañarla con las imágenes sobre la que fue creada. 

¡Que viva Mexico! es una doble satisfacción: la de recuperar para nuestra memoria un clásico del cine mudo desconocido por su carácter inconcluso, pero también la de acercarnos a la música de una de las formaciones más interesantes del panorama musical. Y demuestra una vez más, como en otros experimentos artísticos de esta índole, que el cine mudo mantiene su esencia acompañado con la reinterpretación musical de nuestros días.