09 febrero, 2009

De premios y broncas

Se celebró la tan denostada gala de los Premios Goya, corroborando la mala impresión que suele transmitir, a pesar de las buenas cifras de audiencia, mientras Christian Bale y el Gran Wyoming se embarcan en sendas broncas (una real, otra ficticia) en la misma semana.

Confieso que este año la gala de los Goya me ha sobrepasado. No solamente por la calidad media de las películas mayormente nominadas (poco interesantes, en general) sino también por la retahíla de lugares comunes que acaparan buena parte de los discursos, oficiales o no, que jalonan la ceremonia. Esa manía de quienes se dedican al cine por hacer lecturas políticas de una entrega de premios (quizás tratando de imitar las obvias posturas progresistas de muchos actores y cineastas de Hollywood) acaba resultando tedioso y repetitivo. Ya sabemos que la gente que se dedica al cine está en contra de los bombardeos de Israel contra Gaza, a favor del pueblo saharaui (para eso se dan paseitos y abandonan durante unos días su pátina de "glamour" para dormir en tiendas de campaña durante el Festival de Cine que se celebra en la zona), en contra del hambre en el mundo y por la paz en la Tierra (como las modelos), pero que te lo estén recordando constantemente como si estuvieran descubriendo la penicilina toca un poco los cojones.

También sabemos que la piratería es el mal de todos los males, como si se encontraran muchas copias de Camino, Ya no quiero caminar o La noche de los girasoles entre los DVD requisados por la policía (de las imágenes de la última gran redada en Madrid sólo vi copias de películas de grandes estudios, como City of Amber). Pero también tienen que estar dando el coñazo constantemente para recordarnos que si Camino la han visto poco más de 200000 espectadores es porque el resto de los españoles les hemos comprado copias pirata a los "negritos". "Que no, hombre, que no. Que si no he comprado ninguna entrada para ver la última peli de Javier Fesser es, simplemente, porque no me interesa una mierda", deberían decirles algunos de los miles de espectadores que no han visto, y posiblemente no verán, este panfletillo anti-Opus Dei.

Mención aparte merece RTVE, la única televisión pública que tenemos lamentablemente, porque su continua falta de respeto hacia una retransmisión como ésta clama al cielo. Aparte de abruptos cortes de discursos sobre la marcha, la metedura de pata más colosal de los últimos años fue poder ver en el teletexto ¡la lista completa de ganadores! a las 00:30, cuando aún no se habían entregado todos los premios. En la ABC cortarían cabezas y cabelleras si esto ocurriera alguna vez en los Oscar.

Quizás le pedimos demasiado a los Goya. Quizás la Academia de Cine española quiere estar a una altura que no puede estar, y por eso resultan más entretenidas otras ceremonias de premios de Comunidades Autónomas, o incluso los Premios Max de Teatro, aunque esté la SGAE detrás de ellos. Quizás habría que intentar imitar menos a los Oscar y ser más auténticos. Pero sin guiones al estilo José Luis Moreno, por favor.

Mientras tanto, la misma semana que el Gran Wyoming protagoniza una de esas trifulcas que sólo los directivos cutres de cadenas de televisión en España son capaces de permitir (las grescas entre televisiones son lamentables, todo hay que decirlo), a Christian Bale le pillan una pedazo de bronca al director de fotografía, Shane Hurlbut, durante el rodaje de Terminator Salvation, que acaba con una no menos lamentable disculpa en un programa de radio. (todo hay que decirlo, el objeto de los fucking ataques le ha disculpado, y afirmó al día siguiente que tras la escenita siguieron trabajando durante el resto del día sin problemas). Menos mal que Christian Bale no ha asistido a ninguna gala de los Goya, porque si se pone de mala leche porque un técnico le pasa por detrás, qué no haría si viera los continuos fallos de sonido y realización de la ceremonia patria.