13 julio, 2007

Sicko: Lo increíble es cierto

Sicko será una película polémica y sorprenderá a muchos, pero es tan manipuladora, tendenciosa y superficial como todo el cine panfletario de Michael Moore.


Michael Moore presentó en el pasado Festival de Cannes su último documental, anunciado desde
hacía ya tiempo debido a las peticiones realizadas por su productora para que los afectados por el sistema de sanidad estadounidense enviaran sus historias por email (labor por cierto que ahorró a este director acusado de roñoso un importante trabajo de documentación, ya que las historias le venían dadas). Michael Moore sin duda ha seleccionado las más impactantes, las más dramáticas, las que se acercan mejor al planteamiento que pretende difundir. Es así cómo los documentales de Moore se denominan “documentales” por cierta deformación del lenguaje. Sin entrar en las disquisiciones huecas e inútiles del documental “objetivo” (el que no existe) o “subjetivo” (siempre lo son y así es asumido por los documentalistas), lo cierto es que Michael Moore lleva al extremo la condición de realidad mostrada y casi podríamos acabar definiendo sus películas como “panfletos” o “libelos” con los que se puede estar más o menos de acuerdo, pero que por supuesto incumplen cualquier regla establecida dentro del género.

Las películas de Michael Moore son discursos demagógicos en contra de ciertos modos establecidos, pero realizados con herramientas cinematográficas. Así lo fueron Roger and me, Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11; y no lo es menos su última propuesta, que acaba de estrenarse en Estados Unidos. Hay que decir en descargo del director que él mismo asume la condición de anfitrión al ser el principal protagonista de las películas, dotándolas por tanto de cierto aire ficcional.

Sicko es, básicamente, un documental hecho para el público norteamericano, y con el objetivo primordial de presionar a un estamento político y social para que el intento de universalizar la sanidad que promovió Hillary Clinton (ella tampoco sale muy bien parada de las diatribas de Moore) acabe siendo planteado con seriedad y al margen de los intereses económicos del sector. En Estados Unidos no hay Seguridad Social, y eso provoca situaciones de auténtico drama (uno de los momentos más emotivos de la película se produce cuando una enferma, exvoluntaria de los atentados del 11 de septiembre, comprueba que la medicina que le cuesta 120 $ en Estados Unidos sólo vale 5 centavos en Cuba).

Especialmente elegidas para asombrarnos, los ejemplos que se plantean en el documental son escalofriantes. Y así, desde el punto de vista de quienes asistimos a un estado del bienestar que nos permite (mal que bien) estar dotados de una seguridad sanitaria “gratuita”, el asombro es inevitable. Hasta ahí bien. Pero Michael Moore se empeña en comparar la situación estadounidense con la de países como Canadá, Inglaterra, Francia o Cuba, y entonces es cuando su maniobra tendenciosa se hace más palpable. Porque la realidad sanitaria de estos países no es tan paradisíaca como la cuenta (es fácil encontrar en algunos foros comentarios de ciudadanos canadienses que se ríen del “paraíso” que muestra Moore en su película). En Francia debe ocurrir lo mismo, porque plantear como una familia media francesa a un matrimonio que gana 8000 $ al mes nos haría pensar que Michael Moore es el típico yanqui idiota, si no fuera porque ha demostrado que no lo es. Y esa tendenciosidad acaba restando valor a las propuestas del documental.

Sicko será una película polémica y sorprenderá a muchos, cuenta con esas bravuconadas marca de la casa que tanto nos divierten (viaja hasta Guantánamo para que le den medicinas a un grupo de exvoluntarios del 11-S), pero se le va mano cuando, en su empeño por justificar sus planteamientos, acaba manipulando la realidad hasta extremos insultantes.

El documental entró en la taquilla norteamericana con mal pie, muy lejos del interés que despertaron sus anteriores propuestas. Pero el esfuerzo de Michael Moore por montar la polémica durante esta semana en la CNN (intervención en directo para arremeter contra un reportaje de la cadena que cuestionaba las informaciones del documental), y el cara a cara con el autor del reportaje, el doctor Sanjay Gupta en el show de Larry King (que acabó quedando en empate porque ni Moore logró salir de su discurso demagógico, referencias a la guerra de Irak incluidas, ni Gupta logró convencer de algo que ni él mismo se cree), han reactivado el debate en torno al sistema sanitario en Estados Unidos, que es lo que Sicko pretende, y podría darle mejores resultados en taquilla, si Harry Potter se lo permite.