30 enero, 2007

Premios Goya 2007: La noche de...

Fue la noche de la indiferencia, de los porros, del anti-glamour, de los premios cantados, de las niñas repipis y los cuescos sonoros. La noche del cine español, vamos.


Fue la noche del glamour. En España a cualquier cosa le llamamos glamour, aunque sea a ver pasearse por una alfombra (verde este año, con nombre Jameson, que para eso soltaba las perras aunque, mira tu por donde, pisada por la Ministra de Cultura de un Gobierno que prohíbe la publicidad de bebidas alcohólicas en depende qué ámbitos). Pero es lo que hay. El cine sucumbe al product placement y, como si de una serie de televisión o una película se tratase, ahí estaba la marca de marras reclamando su protagonismo.

Fue la noche de la indiferencia. Este año no tocaba protestar por nada. Y mira por dónde, en un año en el que precisamente se pone en marcha una reforma de la Ley de Cinematografía que establece medidas de protección tan drásticas que corre el riesgo de acabar con el apoyo (tan decisivo) de las televisiones a la producción cinematográfica. Alatriste y El laberinto del fauno no se habrían podido realizar si no hubiera sido por la participación de Tele 5. Pero, ante la susodicha reforma (que impone la obligatoriedad de participación de productoras “independientes” si las televisiones quieren agarrarse al pastel de la producción) mucho nos tememos que se prepara una guerra de aúpa. Pero Carmen Calvo estaba tranquila la noche de los Goya, porque era la noche de la concordia, del buen rollito (ese que se empeña en querer transmitirla nueva presidenta de la Academia, aunque la ausencia de Pedro Almodóvar de la ceremonia hagan pensar que las heridas aún no han cicatrizado).

Fue la noche del anti-glamour. Sí, también fue la noche de quienes espantan un escupitajo contra el glamour (menos glamouroso que José Corbacho no hay nadie en este mundo). Tuvo cierta gracia la cosa, y hasta cierta agilidad, aunque fuera a base de menospreciar algunos premios como los cortometrajes, que se dieron de forma atribulada y caótica. Pero al menos se mantuvo la corrección dentro de los límites que puede mantener Corbacho (otro que se empeña constantemente en restregar a todo el mundo el injusto Goya que obtuvo por su mediocre debut en la dirección, por llamarlo de alguna forma, con Tapas). Pero Corbacho no es Billy Cristal, aunque quisiera (lástima que los Corbachos y Buenafuentes estén siempre queriendo ser quienes nunca podrán ser). Pero como digo, gracia no faltó. El comienzo, con Penélope-Corbacho tirándose un cuesco dejaba claro dónde estábamos. En España. Habría que haber enfocado en ese momento las caras de Viggo Mortensen y Daniel Bruhl.

Fue la noche de los premios cantados. Porque no hubo grandes sorpresas, excepto quizás un nuevo premio para Juan Diego por una película que no ha visto nadie. Estaba claro que iba a ser una ceremonia de reconciliación con Almodóvar si no fuera porque éste no quiso “volver” a la Academia. Eso está bien. A los directores españoles se les cae el culo por ir a los Globos de Oro o a los Oscar, y hasta a los aburridísimos Premios Europeos, pero cuando se trata de los premios del cine español, van de sobrados por la vida y se permiten el lujo de ningunearlos. En este sentido, fue una lección de caballerosidad que los miembros de la Academia no tuvieran en cuenta las pataletas del manchego. Y al mismo tiempo es justo reconocer que Penélope Cruz prefiriera venir a Madrid a ir a los Premios de la Screen Actors Guild en Estados Unidos, que se celebraban el mismo día y a los que también estaba nominada. Claro que, como todo el mundo también sabía, seguro que ella se imaginaba que sí iba a recibir el Goya, pero tenía pocas posibilidades de llevarse el premio yanqui. Vamos, que si no fuera a los Oscar tampoco se la echaría de menos, porque las posibilidades de ganar son parecidas.

Fue la noche de los porros. Los que se debieron fumar Najwa Nimri y Dani Martin (el peor cantante-actor de os últimos años) antes de salir a dar… ¿qué premios? ¿dónde estoy? ¿qué hago yo aquí? Y el porro que se debió fumar Bebe antes de escribir la canción ¡ganadora! del Premio Goya, una de las peores canciones que se han escrito nunca para una película. Y eso que estaba el hermoso tema de Andrés Calamaro para Bienvenido a casa.

Fue la noche de… todo un poco. La noche de los homenajes cutres, la de la publicidad interminable, la de los “cineastas en acción”, la de las niñas repipis, la de los mil besos, la de Volver (lo mejor de Almodóvar en mucho tiempo) y El laberinto del fauno (cuento quizás sobrevalorado, pero Guillermo del Toro cae tan bien que tampoco importa mucho).

Última hora: Es el año de las biografías de cantantes. Mientras la antes llamada La môme y ahora titulada La vie en rose, biografía de la francesa Edith Piaf inaugura el próximo Festival de Berlín, donde estaremos y os lo contaremos, el Festival de Cine Español de Málaga se inaugurará el
9 de marzo con la película Lola, La película de Miguel Hermoso, recreación cinematográfica de la vida y obra de la mismísima Lola Flores, cuyos primeros comentarios (provenientes de quienes han podido verla) parecen más que positivos. Estaremos atentos.