12 octubre, 2006

Cabezas y patitas

Dos de las propuestas "andaluzas" de la temporada encuentran eu hueco en la cartelera entre planteamientos de cierta originalidad y arriesgada puesta en escena. Andalucía sigue ofreciendo, quizás, las películas más novedosas del cine español, eso sí, con resultados dispares.

Que Santiago Amodeo tiene la cabeza bien puesta es algo que quedaba claro desde sus primeras incursiones en el mundo del cortometraje, y sus proyectos co-escritos y co-dirigidos junto a Alberto Rodríguez. Y aunque su primera película en solitario, Astronautas, no llegara a alcanzar para nosotros el grado de interés que esperábamos, sobre todo por un final demasiado acomodaticio, lo cierto es que siempre hemos visto en este director esa capacidad para, al menos, hacer las cosas de forma diferente, plantear historias quizás mil veces vistas pero con un envoltorio arriesgado.

Así ocurre con Cabeza de perro, en realidad una historia de amor de las de toda la vida, pero protagonizada por un joven con una extraña enfermedad mental. Aunque sí es cierto que resulta más atractiva la relación tierna con el anciano (espléndido Manuel Alexandre) que con la chica de turno, bastante desdibujada (los personajes femeninos no son el fuerte de Amodeo). Aquí Santiago Amodeo logra un planteamiento visual, una narrativa y una puesta en escena con la que consigue desposeer a la historia de todo aquello que la pueda situar en el terreno del cine convencional. A Santiago Amodeo la productora madrileña Tesela le "sugirió" remontar la película porque era demasiado extraña, poco comercial. Sinceramente, creemos que cayeron en un error, porque el público de Cabeza de perro, por mucho que nos la quieran vender con el careto de Juan José Ballesta (que en esta película tampoco demuestra grandes capacidades como actor) para recoger los frutos del éxito de Siete vírgenes, no es una película para el gran público. Es una película más personal, más original, que podía haber sido más redonda si no hubiera sufrido los recortes finales.

Y ahí es donde encontramos, además, las auténticas diferencias entre Santiago Amodeo y Alberto Rodríguez, dos directores interesantes pero por distintas razones. De hecho, tras sus trabajos juntos en el cortometraje Bancos y en el largometraje El factor Pilgrim, y viendo sus carreras en solitario, se entiende que estuvieran destinados a trabajar por separado. No pueden ser más divergentes las propuestas de Astronautas y Cabeza de perro en oposición a El traje y Siete vírgenes. Particularmente, nos interesan más las de Amodeo, sin quitar méritos a las de Rodríguez.

Otra propuesta hecha en Andalucía es ¿Por qué se frotan las patitas?, primer largometraje de Álvaro Begines, director de algún cortometraje poco inspirado. En este caso, con el planteamiento defensor de los okupas y de cierta libertad de acción, se adentra en la historia de una mujer mayor (sinceramente, no vemos a Lola Herrera tan mayor como se pretende hacer en la película) que decide romper con su familia y buscar su propia identidad como mujer. Lo novedoso del tema es que se plantea como un musical andaluz que utiliza conocidos temas populares más o menos recientes para incorporarlos como números musicales al argumento. No es desdeñable la idea, aunque el "Aserejé" no sea precisamente la mejor canción para incorporar a un musical. Sin embargo, el conjunto queda irregular, por un guión que resulta en muchos momentos anodino, y porque los playblacks no están especialmente logrados.

Los personajes tampoco logran levantar el vuelo, quizás también porque hemos visto tantas veces a Antonio Dechent hacer el mismo papel que ya no resulta creíble, y porque Lola Herrera, repetimos, no da el pego como viejecita rebelde. Y ya si se ponen a cantar con voces perfectas, la verosimilitud se va al cuerno.