Llegamos al ecuador del Festival de Róterdam que se desarrolla hasta el 8 de febrero hablando de revoluciones y conflictos, uno de los temas habituales en la programación de una selección comprometida con las realidades que se viven en el mundo. Películas que abordan desde distintas perspectivas las consecuencias de la larga ocupación de Palestina, pero también de revoluciones fallidas en Portugal o frustradas en Siria. El Festival de Róterdam no es una muestra de estrellas de cine, pero entre sus invitados estuvo presente ayer la actriz Cate Blanchett, no solo para presentar la película Father Mother Sister Brother (Jim Jarmusch, 2025), que se proyecta en la sección Limelight que recoge películas relevantes del circuito de festivales, sino sobre todo en su faceta de Embajadora de Buena Voluntad de ACNUR, que junto al Hubert Balt Fund ha puesto en marcha el Displacement Film Fund (DFF), una iniciativa lanzada como programa piloto en el IFFR de 2025 y que supone la ayuda de 100.000 euros a cortometrajes realizados por cineastas desplazados. Se estrenaron en esta edición los cinco cortos subvencionados en la primera ronda, realizados por directores de Irán, Siria, Afganistán, Somalia y Ucrania, y se ha anunciado una segunda ronda de ayudas. El primer comité de selección ha estado formado por las actrices Cate Blanchett y Cynthia Erivo, la directora Agnieszka Holland, el realizador Jonas Poher Rasmussen y el solicitante de asilo LGBTQ+ Amin Nawabi (seudónimo), que inspiró su documental de animación Flee (Jonas Poher Rasmussen, 2021), la directora del Festival de Róterdam Vanja Kaludjercic, la directora Waad Al Kateab, que coridigió el documental Para Sama (Waad Al Kateab, Edward Watts, 2019) y la activista y refugiada Aisha Khurram.
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Far from MaineRoy CohenFrancia, Italia, Hungría 2026 | 99' | Harbour | ★★★★☆ |
En un panorama que se ha degradado hasta la confrontación ideológica que no reconoce la incongruencia de responder a un ataque terrorista con una masacre genocida, cualquier propuesta que trate de construir un diálogo puede parecer un acto de rebeldía. El director Roy Cohen (1984, Israel) trata de hacerlo en un documental que está construido como un diálogo con su amigo Aseel Asleh, un joven palestino residente en Israel al que conoció en 1998 durante un campamento de la paz, llamado Seeds of Peace, que se celebró en la ciudad de Maine, en Estados Unidos, al que acudieron representando a la delegación israelí. Inmediatamente hubo una conexión entre ambos y se hicieron amigos, hasta que en 2000 Aseel Asleh fue asesinado por los soldados israelíes durante la Segunda Intifada. Far from Maine (Roy Cohen, 2026) hace referencia a ese momento de conocimiento personal, a partir del cual ambos regresaron a sus entornos familiares y llevaron vidas separadas. En el caso del director, comenzó años después una relación sentimental con un norteamericano y tuvieron una hija, pero el recuerdo de Aseel ha permanecido tan claramente que la estructura del documental se sostiene en un diálogo ficticio entre el Roy Cohen de la actualidad y el Aseel Asleh que no pudo traspasar la juventud. Esta conversación basada en cartas que se enviaron durante un tiempo es también una reflexión sobre cómo la sociedad israelí ha enfrentado todo lo que ha ocurrido desde el 7 de octubre de 2023, tras el ataque terrorista de Hamás que provocó la muerte de 1219 personas y el secuestro de 251, mayoritariamente civiles israelíes. Y una respuesta por parte de Israel en un genocidio que ha acabado con la vida de más de 72.000 gazatíes, entre ellos 20.000 niños, el desplazamiento de 1,9 millones de personas y la destrucción absoluta de Gaza, con un futuro controlado por Estados Unidos para reconvertirla en un resort de lujo. Pero la huella de la ocupación permanece inalterable, y el recorrido que efectúa Roy Cohen en su documental deja algunas cuestiones relevantes sobre los silencios y las mentiras. Él mismo es de origen árabe-israelí, pero nació en una ciudad de la que nunca supo, hasta que se hizo adulto, que había sido un asentamiento palestino ocupado por los israelíes. Quizás lo más relevante de documental es cómo expone una realidad impactante, especialmente cuando habla con una de sus hermanas, quien vivió en un kibutz cercano a la franja de Gaza, en el que hubo algunos conatos de ataques durante los atentados del 7 de octubre, y a quien se le ha ofrecido un terreno para volver a habitarlo. Entre los israelíes que apoyan las políticas genocidas de Benjamin Netanyahu y los que protestan en contra de ellas, hay una parte de ciudadanos mucho más numerosa, la de aquellos que prefieren mirar hacia otro lado y permanecer en silencio. Cuando Roy Cohen habla con una responsable de seleccionar a los jóvenes que formaron parte de la delegación israelí que fue al campamento Seeds of Peace, y le menciona el nombre de su amigo Aseel Asleh, ella también se niega a hablar de él. Desde el principio, nos cuenta el director en su narración, el joven Aseel mostraba cierta rebeldía, explicando su origen palestino y renunciando a cantar el himno de Israel. Lo que provocó que la delegación israelí se negara a volver a invitarle, mientras que la organización del campamento le invitó como representante individual. Incluso el idealismo de la convivencia pacífica que representaba el encuentro estaba envuelta en debates intensos y en algún insulto racista.
Al mismo tiempo que establece el diálogo ficcionado con su amigo palestino, Roy Cohen conversa en Estados Unidos con algunos de los jóvenes del campamento con los que ha seguido manteniendo contacto, y que continúan participando en las manifestaciones contra el genocidio israelí. Aunque el documental no llega a capturar la persecución a la que han sido sometidos los representantes de las protestas palestinas y la desfinanciación a la que ha sometido la actual administración norteamericana a las universidades que se han alineado con la libertad de expresión. En la realidad que describe Far from Maine, antes del desembarco del fascismo, los Estados Unidos todavía eran un espacio donde expresar de manera libre y sin miedo a ser considerados terroristas por apoyar la solución de los dos Estados para el conflicto palestino-israelí. Pero lo más revelador de la película está en el interior de Israel, en el reflejo de la educación dirigida, en las huellas de las mentiras inoculadas en los jóvenes, en la permanencia del silencio y el desinterés: "No me interesa lo que está pasando allí. Apenas veo las noticias", dice la hermana de Roy Cohen, como si la invisibilidad o el negacionismo pudieran borrar la realidad. Es la indiferencia flagrante de muchos ciudadanos israelíes la que expresa con mayor profundidad los soportes en los que se sostiene la psicopatía de personajes como el ultraderechista Ministro del Interior Ben Gvir, a cuyo pasado también se hace referencia en la película. Far from Maine mezcla imágenes de archivo con las conversaciones y las reflexiones personales de Roy Cohen, que en algunos casos resulte difícil. Como cuando habla con Yousef Bashir, uno de los participantes en el campamento, quien ha guardado un libro con el casquillo de una bala incrustado en él, durante un ataque del ejército israelí a su casa, para recordarle la realidad a los que dudan sobre la violencia sistemática. "La retórica y el lenguaje que utilizan los medios israelíes es algo que no he visto nunca. Han hecho un trabajo increíble, extremadamente calculado, para asegurarse de que los israelíes piensen de una cierta manera". Entre los documentales que han hablado sobre el conflicto israelí-palestino desde que se produjo el ataque del 7 de octubre y el posterior genocidio, Far from Maine puede no resultar tan profundamente emocional como Coexistence, my ass! (Amber Fares, 2025), pero al menos ofrece una mirada desde el interior de Israel que expone claramente el grado de manipulación a la que se ha sometido a una población que seguramente también ha tenido su responsabilidad en dejarse someter.
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Palestine 36Annemarie JacirPalestina, Reino Unido, Francia 2026 | 120' | Limelight | ★★★★☆Oscar '26: Candidata palestinaTIFF '25: Lightbox - Premiere mundial |
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© O Som e a Fúria, TarántulaProjeto globalIvo M. FerreiraPortugal, Luxemburgo 2026 | Big Screen Competition | ★★★★☆ |
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Tell me what you feelŁukasz RondudaPolonia 2026 | 100' | Big Screen Competition | ★★★☆☆ |
En la esencia principal de esta película sobre el amor está la exposición de un tipo de relación que parece romper con las diferencias sociales y económicas de los amantes, pero únicamente como una ilusión de cierta normalidad que sin embargo no es real, porque las barreras permanecen para separar en cualquier momento. Habla el director Łukasz Ronduda (1976, Polonia), un habitual del Festival de Róterdam, en torno a la sobreterapia a la que se someten muchos jóvenes contemporáneos, que se representa en una mayor consciencia de las emociones y de la salud mental, pero que construye relaciones afectadas por esta percepción de la realidad. Esta historia romántica muestra simpatía por los personajes, pero al mismo tiempo ofrece una mirada crítica sobre el tipo de relación que se establece entre ellos, una conexión que se sostiene en la comprensión permanente de lo que sienten y de lo que piensan. En una escena de la película, Patryk (Jan Sałasiński) y Maria (Izabella Dudziak) intercambian sus ropas para sentirse en la piel del otro, creando una conexión emocional como si se tratara de una terapia. Él proviene de una familia de chatarreros pero se siente artista, aunque su intención de ingresar en la Academia de Arte de Varsovia es rechazada, mientras ella es una joven que ha huido de una familia adinerada pero con un padre esquizofrénico y que ha iniciado un proyecto artístico que consiste en recoger las lágrimas de personas desfavorecidas, pagándoles por el líquido acuoso y salado que fluye de sus glándulas lagrimales. Cuando Patryk pretende también ofrecer sus propias lágrimas, descubre que es incapaz de llorar. Este planteamiento puede parecer pretencioso, pero consigue resultar atractivo de manera sorprendente, envolviendo la historia en una relación peculiar que puede ser considerada romántica, pero que se sostiene en una especie de interpretación psicológica del amante, un anhelo de entender al otro desde una pretendida terapia personal que en realidad expone los propios traumas. Y también refleja una cierta masculinidad vulnerable, que está dispuesta a exponerse emocionalmente, que no recela de los sentimientos sino que los utiliza como herramienta para crear vínculos. Tell me what you feel (Łukasz Ronduda, 2026) es el nuevo largometraje de un director que generalmente suele hablar sobre la relación entre el arte y los sentimientos, en películas previas como Performer (Łukasz Ronduda, Maciej Sobieszczański, 2015) y en sus biografías inspiradas en artistas como A heart of love (2017) y All our fears (2021). El propio Łukasz Ronduda trabaja también como historiador de arte y programador de exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo de Varsovia, por lo que se mueve en terreno conocido. Pero en esta última propuesta hay una mayor exploración de la intimidad de los amantes, en encuentros que tienen lugar en el apartamento que comparte Patryk, rodeado de dibujos y pinturas que ocupan casi toda la pared, pero despersonalizado en el resto de una habitación casi vacía en la que los amantes se entregan a juegos sexuales que van derivando hacia inspiración artística.
A través de esta relación Łukasz Ronduda refleja cómo se construyen las conexiones personales en una juventud que las percibe más como una forma de encontrarse a sí mismos que como una necesidad de establecer vínculos con otros, una mirada más interiorizada que un compromiso que se expone al exterior, lo que también muestra la debilidad real de esas conexiones. A través de sus personajes, Tell me what you feel expone los conflictos y las aspiraciones de una generación que busca enfrentarse a sus vidas de una manera diferente, pero que a veces encuentra dificultades para descubrir nuevas formas de experimentar la comunicación entre ellos. De manera que construye un drama romántico que se mueve entre el romanticismo cursi del principio y la vulnerabilidad expuesta a lo largo de su desarrollo. La conexión con la pareja protagonista depende en buena medida de la cercanía que tenga el espectador con las inquietudes de la Generación Z, o con la tristeza existencial que caracteriza al joven Patryk. Pero su relación nunca se siente forzada, y la película se presenta como una historia de amor diferente en el que el director encuentra un equilibrio entre la descripción de los sentimientos de la pareja y la exposición de las ideas sobre el arte y la vida.
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Why do I see you in everything?Rand Abou FakherBélgica 2026 | 70' | Bright Future | ★★☆☆☆ |
Desafiando la imagen dominante de la masculinidad en la sociedad árabe, el debut de la directora Rand Abou Fakher (1995, Siria) tiene como protagonistas a dos amigos árabes que viven en el exilio. Nabil Altawil y Qusay Awad, también guionista, que han experimentado juntos la caída del antiguo régimen sirio de Assad y ahora están viviendo desde Alemania la destrucción de Gaza, comparten en un refugio momentos de intimidad y de cercanía, tocándose y acariciándose como no es habitual entre dos hombres dentro del contexto de las sociedades árabes. La directora admite querer romper con esa imagen de masculinidad que impera en ese mundo, ofreciendo no solo una mirada feminista sino también una perspectiva queer, y afirma compartir una reflexión de la artista siria Sulafa Hijazi: "Un cuerpo capaz de dar vida nunca puede decidir tomarla tan a la ligera", para intentar encontrar la explicación a la normalización de la violencia. La cercanía íntima de estos dos amigos contrasta con la perspectiva masculina que no encuentra distorsión en la imagen de un adolescente portando un arma, pero se conmociona cuando dos hombres se acarician y se tocan. Pero Why do I see you in everything? (Rand Abou Fakher, 2026) habla sobre todo del desarraigo que experimentan los dos protagonistas, comenzando con una imagen de olivos trasplantados en camiones que es una metáfora poderosa sobre el desplazamiento forzoso que han sufrido pueblos árabes como el sirio y el palestino. Los olivos aparecen como testigos de la violencia real sufrida mediante el desarraigo, el robo y la quema de árboles, mientras la ciudad de Berlín se convierte en un reflejo de Siria cuando una manifestación en contra del genocidio palestino acaba con la detención de Nabil, mientras la cámara de Qusay le sigue desde la lejanía, reproduciendo los ecos del pasado, cuando el propio Nabil fue arrestado durante seis meses en Siria cuando tenía 16 años. Hay una forma de represión que es común entre Alemania y Siria, a pesar de situarse en sociedades diferentes con protecciones legales distintas, pero solo establecer cierto paralelismo entre ambas, desde el punto de vista de quien la ha experimentado, ya supone un acto de rebeldía. Como documental híbrido, Why do I see you in everything? está rodeado de cierto aliento poético que sin embargo se dispersa en reflexiones ambiguas que parecen pretender una resonancia que no tienen, a través de frases que van desde lo personal hasta lo general sin que parezcan estar conectadas con la suficiente eficacia. De manera que se construye un relato lánguido y sinuoso que a veces tiene cierta tendencia a perderse en imágenes de pretendida profundidad metafórica que no terminan de funcionar con la relevancia que quieren transmitir.
El regreso de Nabil a Siria se convierte en un encuentro frustrante en el que es testigo de cómo su ciudad, As-Suwayda, sufre un ataque sectario contra la comunidad drusa, un atentado que es mostrado a través de las cámaras de vigilancia silenciosas que convierten en más impactantes las imágenes que se muestran, una violencia explícita innecesaria a pesar de que la propuesta de Rand Abou Fakher quiera ser precisamente una reflexión sobre la violencia, como reconoce ella misma: "Mostrar el cuerpo de una víctima era lo último que me imaginé haciendo como cineasta", comenta en el dossier de prensa. Sin embargo, la falta de una contextualización provoca que la significación de las imágenes pierda fuerza, dando la impresión de que el planteamiento es más interesante desde una perspectiva intelectual que desde su propia propuesta visual. Why do I see you in everything? tiene los defectos del cine pretendidamente trascendente que sacrifica la comprensión en favor de la sucesión de mezclas dispersas entre imágenes de archivo, videos capturados por los propios protagonistas, reflejos de su intimidad personal y exposiciones de los efectos de las protestas ciudadanas. Quiere ser tan densa en su mirada poética que acaba resultando tediosa en su desarrollo, a lo que contribuye también una tonalidad etérea en las reflexiones personales. Conforme se acerca al final, la propuesta regresa a la idea de los olivos, que es la metáfora más interesante sobre la fortaleza de la tierra y sus raíces, cuando los dos amigos parecen haber encontrado un aliento de libertad compartiendo juntos la sombra de uno de esos olivos.





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