07 diciembre, 2020

IDFA - Parte 7: Paisajes

Nuestra penúltima crónica del Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam se dedica a algunas películas de su programación que nos ofrecen una visión compleja de nuestra sociedad a través de la contemplación de paisajes que pueden ser físicos, pero también pueden concretarse en un panorama temporal, una introspección sobre el pasado en el presente.  

Oficial Mediometrajes

El director invitado a esta edición del IDFA es el italiano Gianfranco Rosi, del que se ha podido ver una retrospectiva de sus películas, la mayor parte de ellas disponibles en plataformas. Su segundo documental fue Below sea level (Gianfranco Rosi, 2008), que dedicaba a una zona del desierto de California donde encontraba personajes diversos que tenían una vida al margen de las reglas de la sociedad. Durante cinco años estuvo grabando a estos personajes, de los que se ganó la suficiente confianza como para dibujar un perfil íntimo y al mismo tiempo lúcido sobre estas vidas al margen. El documental Green Bank Pastoral (Federico Urdaneta, 2020) nos recuerda a aquél trabajo de Gianfranco Rosi que se ha podido ver en la retrospectiva. Porque es también el perfil de una comunidad a través de historias individuales. En este caso, el director colombiano afincado en Londres se  acerca al pueblo de Green Bank, en Estados Unidos, que, debido a que alberga un observatorio con cinco radiotelescopios, tiene prohibido el uso de teléfonos móviles y señales wifi, lo que le ha convertido en una zona libre de emisiones electromagnéticas. 

Es, así, un sitio de peregrinaje para personas que sufren una extraña dolencia denominada hipersensibilidad eléctrica (algo así como lo que sufría el hermano de Jimmy McGill en Better call Saul (AMC, 2015-)). Este lugar que está fuera de línea acoge a un grupo de personas que intentan encontrar la tranquilidad suficiente como para evitar los dolores que le provocan las emisiones electromagnéticas. Pero la convivencia con los vecinos del pueblo no siempre es fácil. El retrato que hace el director muestra las fricciones que se producen entre ambas comunidades, y traza un paisaje que no es tan idílico como pudiera parecer. Surge también la duda de si no hay algo de hipocondría en estas personas, que de pronto en un mismo lugar pueden empezar a sufrir jaquecas y deben estar en continuo movimiento. Es un retrato inteligente de personas que no consiguen formar parte de un entorno que les resulta hostil, una visión de la dificultad de vivir en un mundo que se muestra adverso. 

El documental Before the dying of the light (Ali Essafi, 2020) traza otro tipo de paisaje, en este caso un panorama histórico a lo que podía haber sido la eclosión de la cultura en Marruecos. El punto de partida es una copia de la película About some meaningless events (Mostafa Derkaoui, 1974), que se encontró en los archivos de la Filmoteca de Cataluña y que ésta restauró en una versión 4K, siendo proyectada en el Festival de Berlín de 2019. La película documental comienza con un grupo de cineastas preguntando a diversos ciudadanos sobre el cine marroquí, qué les gusta y qué quieren que sea. Derkaoui se convierte así en el punto de enlace con una panorámica muy interesante por la cultura marroquí de los años setenta, que Ali Essafi ha recopilado durante diez años. Diseño gráfico, cartelería, cine y música, muy influida por el jazz, se convirtieron en la eclosión de un movimiento cultural que prácticamente desapareció debido a la represión del rey Hasan II. 

Y muchos de sus representantes terminaron en la cárcel o en circunstancias extrañas. Boujemaa Ahgour, líder de la banda Nass El Ghiwan, murió repentinamente una noche de octubre de 1974, a los treinta años; Abdelaziz Mourid, pionero de las novelas gráficas, fue sentenciado a diez años de cárcel; la actriz Laila Chenna, que participó en películas internacionales como Moonraker (Lewis Gilbert, 1979), desapareció sin dejar rastro y nunca se ha sabido nada de ella. El recorrido que hace el documental por todas estas manifestaciones culturales que afloraron en Marruecos es muy dinámico, y mezcla todo tipo de material de archivo y de imágenes de la época, creando un collage muy absorbente de lo que podía haber sido el gran momento cultural de todo un país.

Oficial Cortometrajes

En Grigio. Terra bruciata (Ben Donateo, 2020) el paisaje lo protagoniza uno de esos pequeños pueblos del Sur de Italia (podría ser perfectamente de cualquier otro país) que han ido siendo abandonados lentamente, y en el que solo quedan personas mayores y casas vacías. Un paisaje que se muestra solo alterado por los sonidos de las chicharras, de la campana del pueblo o de las ovejas que pastan en el campo. Es un espacio en el que parece que el tiempo se ha detenido... literalmente. Solo se mueven lentamente las aspas de las turbinas eólicas que parecen avanzar un futuro que en realidad ni alcanzará el presente. El director utiliza el formato 1:1 para encuadrar en un marco casi claustrofóbico la no-vida del pueblo, como si miráramos por una rendija hacia un recuerdo del pasado, como si contempláramos el paisaje a través de un antiguo visor de diapositivas. Las imágenes sosegadas de un pueblo y un paisaje detenidos se muestran más impactantes en la resolución 4K. 

Paradocs

Las llamadas Antillas Neerlandesas se disolvieron oficialmente en 2010, aunque la isla de Curazao sigue siendo un estado de los Países Bajos. El documental Geographies of Freedom (Miguel Peres dos Santos, Egbert Alejandro Martina, 2020) hace un recorrido visual a través de la reciente historia de Curazao, utilizando imágenes de archivo. Con un montaje dinámico y muy acertado para mostrar con claridad la información, asistimos a la transformación de un territorio que se caracterizaba por su belleza pero que escondía petróleo. El desembarco de la compañía petrolera holandesa Shell convirtió a la zona en una de las principales fuentes de riqueza, prometiendo trabajo y estabilidad. Pero, a lo largo de los años, lo que se ha provocado es un paisaje desolador, la transformación física de un espacio a cambio de una forma de neocolonialismo.

El documental, que se encuentra en la sección más experimental del festival, pero que en realidad es una propuesta nada experimental, reflexiona sobre cuál es el precio que hay que pagar por alcanzar una supuesta libertad. Los trabajadores de las fábricas de Shell protagonizaron un levantamiento en 1969, que acabó en disturbios por toda la ciudad provocados por la acción violenta de la policía, que disparó balas reales contra los manifestantes. Dos personas murieron y la compañía Shell culpó a los manifestantes, pero lo cierto es que estos disturbios, que una investigación posterior concluyó que se debieron a las malas condiciones económicas y a las tensiones raciales, provocó la progresiva descolonización de otros territorios holandeses. 

Frontlight

Otro documental que aborda una transformación del entorno es Arica (Lars Edman, William Johansson Kalén, 2020). A la multinacional minera sueca Boliden la conocemos bien en España. Era la empresa que gestionaba la Balsa Minera de Aznalcóllar cuando tuvo lugar su rotura y el vertido de lodos tóxicos en el Parque Nacional de Doñana, en el año 1998. Desde entonces la Junta de Andalucía ha venido litigando con la empresa sueca para intentar que se hicieran cargo de los gastos de la limpieza del 90% de la zona afectada por el vertido. Pero la empresa Boliden nunca ha aceptado ese cargo y se ha llevado a cabo un largo y absurdo proceso judicial que, desde 2013 parece estancado.

Lars Edman es un joven de origen chileno que fue adoptado por una familia sueca y ha crecido como ciudadano de Suecia. Hace unos años dirigió el documental Toxic Playground (Lars Edman, William Johansson Kalén, 2009) que abordaba otro conflicto medioambiental protagonizado por Boliden. En los años ochenta la empresa sueca pagó al gobierno de Pinochet más de un millón de dólares para utilizar una zona casi despoblada de Chile como vertido de material tóxico. Pero esta zona, Arica, tenía ya casas en las que habitaban personas y en las décadas posteriores ha ido creciendo como asentamiento. El nivel de enfermedades de cáncer en la zona es muy elevado, y el nacimiento con malformaciones ha sido también generalizado. 

El estreno del documental Toxic Playground provocó que una firma de abogados sueca decidiera demandar a Boliden para que indemnizara a casi mil familias directamente afectadas por unos desechos tóxicos que no fueron bien procesados. Y este juicio es el principal elemento de este nuevo documental, que podríamos decir que es una especie de secuela del anterior. En Arica vemos todo el proceso judicial, además de algunas investigaciones que tratan de demostrar la responsabilidad de Boliden. Pero, como en el caso de Aznalcóllar, la empresa sueca utiliza diversos subterfugios para eximirse de esta responsabilidad. El documental está bien realizado, contado con una buena narrativa que implica directamente al director, Lars Edman. Y demuestra una vez más la dificultad de la lucha entre David y Goliath. 

Luminous

El cortometraje The most beautiful woman (Maya Sarfaty, 2016) se adentraba en una historia que mostraba las contradicciones de la guerra. En el campo de concentración de Auschwitz, un prisionera judía y un oficial nazi mantuvieron una relación amorosa. El tema sin duda necesitaba una ampliación, más allá de los treinta minutos que duraba el cortometraje. Ahora llega esta ampliación en Love, it was not (Maya Sarfaty, 2020), seleccionado en Visions du Réel y Locarno. A través de entrevistas a supervivientes del campo de concentración que fueron compañeros de la protagonista, esta película explora más detenidamente esta historia de amor. En 1942, las primeras 1.000 mujeres judías llegaron al campo de concentración de Auschwitz, entre las que se encontraba la joven judía Helena Citron, una mujer vitalista que siempre mantenía cierto optimismo a pesar de las circunstancias terribles. Uno de los oficiales de las SS, el oficial austríaco Franz Wunsch, se fijó desde el principio en ella y parece que enseguida sintió una atracción especial. 

El documental utiliza entrevistas actuales y recupera algunas entrevistas antiguas con los protagonistas, ambos fallecidos a principios de los años 2000. Ciertamente, la forma en que la directora decide mostrar esta historia no es la más dinámica, desarrollando un documental que va de una entrevista a otra con una estructura más o menos cronológica. Y tampoco consigue despejar algunas de las dudas que surgen en torno a la relación. ¿Cómo se permitió que un oficial se relacionara con una prisionera judía? ¿Fue realmente una relación de amor? La propia Helena Citron comenta en una entrevista que ella no cree que hubiera sentimientos reales, sino que hubo una simple atracción física. Hay una cierta actitud de comprensión por parte de las compañeras prisioneras cuando recuerdan a Helena, pero no dejan de sobrevolar también algunas sombras en torno a si ella fue colaboradora de los nazis, algo que tampoco se resuelve. Hay, por tanto, un acercamiento a la historia que resulta algo superficial, que no indaga en los aspectos más controvertidos. Y que por tanto acaba siendo decepcionante. 


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