02 julio, 2012

Nino Rota: 1911-2011

El pasado mes de diciembre se cumplía el centenario del nacimiento de Nino Rota. Igual que con Bernard Herrmann, cuyo centenario celebramos el pasado verano, En primera Fila dedicó una serie de programas especiales a la música de Nino Rota, uno de los grandes maestros de la música de cine. En julio, volvemos a ofrecer esta serie musical, pero de forma consecutiva.

Nino Rota nació el 3 de diciembre de 1911, en el seno de una familia de músicos. Milanés de nacimiento, se trasladó a Roma para estudiar en el Conservatorio de Santa Cecilia de la mano de Alfredo Casella e Ildebrando Pizzetti. Rota fue uno de esos niños prodigio que de vez en cuando ofrece el mundo de la música. Repasar su trabajo como compositor es una labor casi imposible: de productividad inagotable, la carrera del músico italiano ha dado lugar a numerosas obras autónomas, tanto piezas de concierto como ballets y óperas. Su primer oratorio lo compuso a los once años, y su primera ópera, en realidad una comedia lírica, cuando tenía dieciséis. Algunas de  sus bandas sonoras, incluso, han pasado a formar parte del repertorio de música clásica, como La Strada, una de sus obras máximas.

La incorporación de Nino Rota al mundo del cine fue tan temprana como sus incursiones en la ópera o el ballet. En 1933 compuso su primera banda sonora para la película Treno popolare, de Raffaello Mattarazzo, pero no fue hasta los años cuarenta y cincuenta cuando dedicó su trabajo más claramente al mundo del cine. La filmografía de Nino Rota está formada por unas 150 bandas sonoras, y llegó a escribir la música de hasta 15 películas en un solo año (por aquella época era notable también la productividad de compositores italianos como Ennio Morricone). De esa época destaca Nápoles millonaria (1950), una sátira sobre la guerra dirigida por Eduardo De Filippo que mostraba la vida diaria en una calle de Nápoles desde 1940 hasta 1950, su año de producción. Aquí está ya la esencia de la obra de Nino Rota, de una soberbia belleza melódica.

Sin duda, la relación entre el compositor y el director Federico Fellini es una de las más fructíferas y duraderas de la historia del cine. Perfecta simbiosis de música e imagen, Fellini y Rota, Rota y Fellini, son indisociables, imprescindibles para entender la visión cinematográfica de uno y de otro. En los años cuarenta, Nino Rota compuso la música de algunas películas en las que participó Fellini como guionista: Il delito di Giovanni Episcopo (1947) o Sin piedad (1948), ambas de Alberto Lattuada. Pero el primer trabajo ya con Federico Fellini como director fue en su segunda película, El jeque blanco (1952) y al año siguiente en Los inútiles (1953).

Pero una de las obras principales de esta época, tanto del director como del compositor, es La strada (1954), uno de esos títulos sin los que es difícil entender el cine europeo. La strada fue la primera película que ganó el Oscar al Mejor Film de Habla no Inglesa, incorporado a los premios de Hollywood en 1955, y fue también el comienzo del reconocimiento internacional de Nino Rota. La excelencia musical de esta banda sonora es tal que, como decíamos antes, se ha incorporado, con arreglos de suite sinfónica, al repertorio de numerosas orquestas de prestigio por todo el mundo.

Pero no solo es Fellini con el que repite colaboración Nino Rota, sino también con otros directores como Alberto Lattuada o Eduardo De Filippo. En 1955 el director Giorgio Bianchi estrena La cárcel de los líos, una historia carcelaria que cuenta con una excelente banda sonora de Nino Rota.

Uno de los primeros trabajos de Nino Rota en Hollywood fue la superproducción dirigida por King Vidor en 1956 Guerra y paz, adaptación de la novela de Leon Tolstoi, que tenía como intérpretes a Henry Fonda, Mel Ferrer y Audrey Hepburn. Incomprendida en su época (la crítica la destrozó), la película de King Vidor merece mejor consideración en la actualidad, y especialmente su trabajo musical resulta notable. Nino Rota fue el primer músico italiano que traspasó las fronteras de su país para trabajar en producciones extranjeras, primero británicas y después norteamericanas. 

Pero Guerra y paz es más una película europea que norteamericana, rodada en los estudios Cinecittá y con un amplio equipo italiano. La música de Nino Rota, sin evadir la grandilocuencia de este tipo de historias, tendía al intimismo. Él mismo dijo de su partitura: “Para Guerra y Paz no tenía que hacer una música napoleónica. La principal estaba en utilizar unas frases de la Marsellesa haciendo que se deslizaran desde lo triunfal hasta lo trágico. Digamos que en esta película el problema era hacer una música en la que Napoleón tuviera poco lugar. Lo que debía hacer era componer una música rusa para nuestra sensibilidad, que estuviera al mismo tiempo cerca del final del siglo XIX: unos temas que fueran bastante rusos para nuestros oídos y susceptibles de adaptarse a una época situada un buen centenar de años más tarde”. 

En el centenario del nacimiento de Nino Rota, al margen del homenaje que le ha dedicado  el acordeonista francés Richard Galliano en un album imprescindible publicado hace poco que ya presentamos en nuestra emisión radiofónica, otra de las escasas referencias musicales al compositor es el disco Nino Rota Collector, que aunque se centra básicamente en sus trabajos para Federico Fellini, ya recopilados en la espléndida edición titulada Tutto Fellini hace años, incorpora algunas auténticas joyas como las interpretaciones que hace una de las grandes cantantes de la escena italiana, Katyna Ranieri, de algunas de sus bandas sonoras, y con las que cerramos cada uno de nuestros programas especiales dedicados al maestro italiano en la Onda Local de Andalucía.