23 mayo, 2025

Cannes 2025 - Parte 3: Supervivencias

A punto de terminar el Festival de Cannes, nuestra última crónica dedicada a la programación de la Semana de la Crítica, la Quincena de Realizadores y Un Certain Regard se enfoca en títulos que, de una u otra manera, abordan crisis apocalípticas, literal o figuradamente. Incluso tomando como tal la representación de la devastación de una guerra como la de Ucrania, en uno de los documentales más poderosos de este año, o a través del género de animación con una perspectiva científica. 

Dandelion's Odyssey

Momoko Seto

Francia, Bélgica 2025 | Semana de la Crítica | ★★★☆☆

Festival de Annecy '25: Sección Oficial


Mencionamos hace unas semanas el trabajo del director español Guillermo Zúñiga en los años cincuenta, recuperado en el documental Yrupẽ (Candela Soto, 2025) como una muestra de cine científico que al mismo tiempo intersecciona con las tradiciones de leyendas latinoamericanas y la creación de ficciones alrededor de representaciones del mundo vegetal. En este sentido se podría decir que la filmografía de Momoko Seto (1980, Japón) se desarrolla en un terreno parecido, sobre todo en su serie de cortometrajes formada por Planet A (2009), Planet Z (2011), Planet Σ (2014), que ganó el premio al Mejor Cortometraje en el Festival de Berlín, y su trabajo de realidad virtual Planet ∞ (2018). Dentro de este mismo universo que representa el mundo natural con técnicas de animación que mezclan imágenes grabadas en la realidad y stop-motion, también se encuentra Dandelion's Odyssey (Momoko Seto, 2025), la segunda película estrenada en Cannes que formará parte de la sección oficial del Festival de Annecy, después de la proyección de La mort n'existe pas (Félix Dufour-Laperrière, 2025) en la Quincena de Realizadores, y el título que clausura las proyecciones de la Semana de la Crítica. Las técnicas utilizadas por Momoko Seto son especialmente singulares, con una mezcla de time-lapse y la hipercámara lenta junto al ultramacro, el stackshot y la robótica. El time-lapse comprime el tiempo al grabar un fenómeno natural tan lento que resulta imperceptible para el ojo humano y lo reproduce a una velocidad perceptible. Mientras que la cámara hiperlenta desdobla el tiempo capturando movimientos muy rápidos y descomponiéndolos para que podamos captarlos. La mayor parte de las tomas de time-lapse se grabaron en un invernadero instalado dentro del Château de Rambuteau en Borgoña, donde se construyó un estudio con 17 cámaras grabando simultáneamente durante 9 meses, capturando 20 espacios ocupados por diferentes plantas. Pero también se han realizado grabaciones en escenarios naturales como Islandia, Japón y la Bretaña francesa. La directora ha vivido desde su infancia entre dos culturas, cuando sus padres decidieron enviarla a una escuela francesa en Tokio, creciendo dentro de una tradición japonesa, pero siguiendo el calendario de los niños franceses. Después se trasladó a Francia con 19 años y estudió en la Escuela de Arte Contemporáneo Le Fresnoy y trabajó en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS), lo que ha marcado su interés por la animación enfocada en una perspectiva científica.

En su primer largometraje Momoko Seto imagina nuestro planeta azotado por una serie de explosiones nucleares de las que cuatro semillas de dientes de león se salvan flotando hacia el cosmos y entrando en un agujero negro que las traslada a otro planeta. Aunque en la sinopsis se las describe como Dendelion, Baraban, Léonto y Taraxa, en realidad durante la película nunca se les nombra porque, de hecho, no tiene diálogos. Esta idea de un largometraje sin diálogos sobre un viaje en el que los protagonistas descubren las peculiaridades del mundo que les rodea puede recordar al acontecimiento de animación del año pasado, el premiado Flow, un mundo que salvar (Gints Zilbalodis, 2024), que de hecho se estrenó en Un Certain Regard, pero comparar ambas películas no les hace justicia, porque se desarrollan en narrativas y técnicas muy diferentes. Uno de los problemas que tiene Dandelion's odyssey es la elección de los aquenios de dientes de león como protagonistas, con los que resulta complicado identificarse. No obstante, tiene sentido enfocarse en una de las especies vegetales que utilizan la dispersión para su supervivencia, desplegando sus semillas para que viajen a varios kilómetros de distancia. Recientemente la revista Nature Communications publicó un estudio que revelaba las claves físicas de este desplazamiento, por las que los dientes de león son capaces de modificar su forma para adaptarse a las condiciones climatológicas (Nature Communications, 6/5/2022). En la película se aportan diferentes personalidades a cada una de las semillas: la más grande es Dendelion, que es más aventurera, mientras que Taraxa tiene una figura más curva que presenta su lado soñador, Léonto es la más asustadiza y Barbaran tiene la peculiaridad de contar con un ventrículo más grande, reflejando su menor agilidad. El acierto de la propuesta radica en no utilizar los recursos habituales de humanización de los personajes, a los que sin embargo se otorgan sus peculiaridades mediante la narración, los micromovimientos o una mímica que recuerda al cine mudo. Pero el viaje se siente demasiado largo y algo repetitivo, con recursos tradicionales como el peligro que supone para las semillas acabar introduciéndose en un rabión (aguas rápidas). Más interesante es el tratamiento visual de los entornos grabados en imagen real y cómo encajan en la superposición de capas, cambiando las perspectivas para ofrecer una representación diferente: un hongo arbóreo filmado desde un ángulo bajo se convierte en un monumento arquitectónico, el moho filmado de forma acelerada parece un campo de flores o un helecho se despliega como un animal que despierta. La banda sonora está compuesta por Nicolas Becker (1970, Francia), ganador del Oscar por el sonido de Sound of metal (Darius Marder, 2019), y Quentin Sirjacq (1970, Francia), colaboradores habituales que acaban de publicar la música de la película Belladone (Alante Kavaite, 2025). Utiliza los tropos del cine de catástrofes en el comienzo apocalíptico, mientras que discurre por sonoridades poco habituales creadas con sintetizadores e instrumentos peculiares como el gamelán, un grupo de percusiones de origen indonesio. Dandelion's odyssey tiene imágenes realmente hermosas y consigue crear una textura de realidad e imaginación que combinan perfectamente, pero se ve perjudicada por una narrativa que resulta menos cercana, y a veces como espectador nos sentimos más asombrados por la técnica que absorbidos por la emoción. 

Amour apocalypse (Peak everything)

Anne Émond

Canadá 2025 | Quincena de Realizadores | ★★★★☆


La idea del apocalipsis también está presente en el título original de la nueva película de la directora Anne Émond (1982, Canadá), que en España es relativamente desconocida, en el uso de dos términos cuyos significados son aparentemente contradictorios, reflejando el propio caos interior en el que vive el protagonista Adam (Patrick Hivon), el dueño de una perrera que padece ecoansiedad, una enfermedad cada vez más extendida basada en el miedo crónico a experimentar un cataclismo ambiental. En realidad, las explicaciones detalladas que le da a su psiquiatra sobre las razones por las que no hay alternativa a la posibilidad de destrucción de nuestro mundo en un futuro cercano son bastante razonables y podrían extenderse a los peligros de la geoingeniería, la energía nuclear o el colapso de la biodiversidad. Precisamente Amour apocalypse (Anne Émond, 2025) surgió de una etapa de depresión que estaba sufriendo la directora en 2020, y el regalo de una lámpara de fototerapia que le hizo un amigo fue el punto de partida de una historia que toma la estructura y el tono de una comedia romántica, pero transita con comodidad entre diferentes géneros, desde el drama familiar hasta las películas preapocalípticas. Hay elementos de comedia que Anne Émond utiliza a partir de encuentros sexuales, como la relación que tiene Adam con su empleada adolescente Romy (Élizabeth Mageren), que parece sentir una obsesión erótica por su jefe. La película comienza con la entrega por mensajería de una lámpara de fototerapia que Adam compra como otro intento de hacer frente a su ansiedad, pero también refleja un mundo en el que el contacto humano es cada vez más distante. Sin embargo, encuentra refugio no tanto en la lámpara sino en el número de atención al cliente de la empresa, donde al otro lado se encuentra Tina (Piper Perabo), con la que mantiene una agradable conversación. En algún momento, podemos pensar que la voz del otro lado del teléfono es el de una Inteligencia Artificial y puede recordar a Her (Spike Jonze, 2013), pero Amour apocalypse adopta siempre un camino diferente e inesperado. 

Hay otras referencias al colapso medioambiental que se esparcen por la historia, como el nombre de TINA, que en los círculos del estudio del cambio climático es el acrónimo de "There Is No Alternative (No hay alternativa)", o el título internacional de la película, Peak Everything, que es un concepto científico que establece que en el siglo XXI el ser humano alcanzará el "pico de todo", el límite de algunos elementos fundamentales para nuestra existencia: se acabará el petróleo, el agua, la madera, el carbón y hasta el aire, dado el aumento de la población y su necesidad de consumo. Por eso resulta sorprendente y encantador que la opción elegida por la directora sea la de una comedia romántica, como un aliento de esperanza en el que los personajes encuentran cierto equilibrio en sus relaciones. Tina sin embargo es una mujer idealizada a la que Adam solo conoce a través de las llamadas telefónicas que se hacen cada vez más frecuentes. Ella misma aparece con una sonoridad terapéutica en la vida del protagonista, pero el desarrollo de la historia revela que es una mujer real que se enfrenta a sus propios problemas. Su trabajo es el de una teleoperadora como cualquier otra y tiene un matrimonio infeliz con Scott (Gord Rand), lo que tampoco permite que su vida sea demasiado optimista. Se encuentra tan atrapada como Adam, en su caso por una decisión que tomó hace tiempo, y de alguna manera el rescate que él había imaginado no funciona como pensaba. Amour apocalypse se vuelve más seria en algunos momentos, cuando las  fantasías no se corresponden con la realidad, pero nunca abandona una mirada optimista. Y cuando estalla lo que parece el comienzo del desenlace catastrófico de nuestro mundo, recupera el tono vitalista. Había una idea original de situar la historia en el año 2027 con nuestro planeta consumiéndose por el calor sofocante y la falta de vegetación, pero la decisión de situarla en una etapa previa, quizás no definitiva, es acertada, porque recoge toda la ansiedad depresiva del cambio climático en un entorno de cotidianidad. Con dos referentes cinematográficos fundamentales tanto en Vidas cruzadas (Robert Altman, 1993) como en Red rocket (Sean Baker, 2021), el rodaje en 35 mm. imprime, a través de la fotografía de Olivier Gossot, una suavidad a las imágenes que la definen como una agradable comedia romántica en un contexto de apocalipsis probable. 

Militantropos

Alina Gorlova, Yelizaveta Smith, Simon Mozgovyi

Ucrania, Austria, Francia 2025 | Quincena de Realizadores | ★★★★☆


Retratada desde diferentes perspectivas en ficciones y documentales, la guerra de Ucrania ha formado parte en los últimos años de un panorama cinematográfico que observa con distancia la destrucción de una sociedad que tenía perspectivas de futuro. Pero el conflicto no comenzó en 2022 sino en 2014, y una generación de directores nacidos entre el colapso de la URSS y la declaración de independencia de Ucrania no han conocido otra realidad que la de un país que lideraba su propio destino. Quizás una de las certezas más terribles que muestra Militantropos (Alia Gorlova, Yelizaveta Smith, Simon Mozgovyi, 2025) es que otra generación posterior, la de los ucranianos que aún son niños, solo han conocido la guerra como trasfondo o como presente. La película muestra la manera en que reproducen a través de sus juegos las realidades de los adultos, simulando un puesto de control o correteando entre las ruinas de un puente destruido. El campo de batalla se convierte en una zona de juegos cuando termina el combate, reflejando el concepto principal antropológico que presenta este documental colectivo. Su título Militantropos es un neologismo ideado por Maksym Nakonechnyi, uno de los guionistas, uniendo el término latino milit (soldado) con el griego antropos (hombre), para definir el estado de identidad que es transformado por la guerra, no solo un desgarro del mundo físico sino también del propio concepto de ser humano. Se introduce una idea filosófica sobre la forma en que el conflicto crea las nuevas identidades, que coexisten con una nueva forma de vida. Las imágenes de un documental que tiene un aliento poético muestran la vida cotidiana transformada en una Ucrania que sin embargo trata de regresar a una cierta normalidad. En el sur de Ucrania, una vez desocupado, los habitantes vuelven a sus hogares bombardeados y saqueados para reconstruir y desminar las tierras. Construyendo una estructura interna temática que se crea a partir de los fenómenos naturales: nubes, lluvia, truenos, Militantropos se centra en el caos del comienzo de la guerra, la adaptación de los ciudadanos a una forma de vida distinta y la construcción de esa nueva identidad que convive diariamente con la muerte cercana, en las ceremonias funerarias de los cementerios, los enterramientos anónimos y los ritos tradicionales que crean una identificación nacional. La película se mantiene sin embargo en un plano observacional que no aborda aspectos políticos aunque tenga una textura política al pasar de los planos generales del comienzo a los retratos en primeros planos de las despedidas de los soldados en la parte final. 

El proyecto, rodado desde el comienzo de la invasión de Rusia en 2022, ha recopilado imágenes a cargo de tres directores de fotografía y tres realizadores principales que ya han ofrecido reflejos de las consecuencias de conflictos en películas anteriores. Alina Gorlova (1992, Ucrania) abordó el estrés postraumático en No obvious signs (2018) y el conflicto del Donbass en Esta lluvia nunca cesará (2020), editada por Simon Mozgovyi (1992, Ucrania), director de The winter garden's tale (2018). Mientras que Yelizaveta Smith (1990, Ucrania) también se centró en la destrucción de una escuela en el Donbass en su largometraje School Nº 3 (2017). Formando parte del Colectivo Tabor, creado por un grupo de cineastas ucranianos que pretende documentar la realidad de la guerra, estrenando en Cannes Butterfly vision (Maksim Nakonechnyi, 2022), esta película forma parte de una trilogía titulada genéricamente The days I would like to forget que continuará con Cosmomorphosi, sobre la conexión entre la guerra de Ucrania y el mundo exterior, y seguirá con Palingenesion, centrada en el concepto de la muerte en la vida diaria de los ucranianos, un tema que está presente también como trasfondo de las imágenes de Militantropos. El concepto antropológico central refleja cómo la guerra se ha convertido en parte de la vida de los ucranianos, estén más o menos directamente afectados por ella. En las tierras de cultivo, un agricultor siembra junto a los restos de un proyectil como si éste formara parte del paisaje habitual que le rodea, y en las iglesias no solo se reza sino que también se convocan reuniones para que los incipientes soldados aprendan a armar y desarmar una ametralladora. La transformación es un tema principal en un documental que se detiene en la morfología de ciudades como Járkov, donde se están produciendo los ataques más cruentos en las últimas semanas, cuyos edificios muestran las cicatrices de los bombardeos. La guerra no solo destruye materialmente sino también modifica la definición de las identidades, pero se mantiene siempre en un punto lejano a lo largo de la película. Se muestran los disparos de la artillería sin los efectos de sus ataques, o la ofensiva contra un grupo de soldados rusos desde los monitores que transmiten las imágenes de los drones. Los intertítulos que se incorporan, escritos por el filósofo Oleksandr Komarov, que se unió al ejército al comienzo de la invasión, son una formulación de los significados, que reflejan la transformación que sufre un ser humano en medio de la guerra. Y como en No obvious signs, el diseño de sonido de Mykhailo Zakutskyi y una música latente creada por el compositor austríaco Peter Kutin, profundizan en el impacto de las imágenes creando una capa de desasosiego que se compagina con los sonidos de las bombas lejanas y la presencia de los truenos. La resistencia a la redefinición de los ciudadanos ucranianos se perfila a través de aquellos que se niegan a abandonar sus hogares durante las evacuaciones, como una búsqueda infructuosa de mantener cierta normalidad a pesar de la presencia constante de las alarmas antiaéreas. Este ser humano que nace de la devastación es capaz de convivir con la destrucción para demostrar su capacidad de resiliencia. 

Météors

Hubert Charuel

Francia 2025 | Un Certain Regard | ★★☆☆☆


Después de la película Un héroe singular (Hubert Charuel, 2017), estrenada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, el director y su habitual guionista Claude Le Pape (1985, Francia) regresan al entorno urbano de la ciudad de Saint-Dizier, donde han transcurrido algunos de sus cortometrajes, que representa un cierto aire de decadencia, a través de una actividad industrial que ha ido decayendo en las últimas décadas, con una tasa de empleo cada vez menor dentro de este sector. Cuenta el propio director Hubert Charuel (1985, Francia) que la primera idea fue escribir una historia en la que la caída de un meteorito transformaba las relaciones entre los habitantes de la localidad francesa, pero conforme se fue desarrollando el proyecto se eliminó el meteorito pero permaneció el concepto de la destrucción, que en este caso no es superficial sino que se trata de una devastación interna. La historia cuenta la relación de amistad entre tres jóvenes, aunque Tony (Salif Cissé) está algo más separado de los otros porque ha ascendido en el entorno laboral creando su propia empresa de construcción. Mientras tanto, Mika (Paul Kircher) y Daniel (Idir Azougli) viven juntos y comparten una situación más inestable: el primero tiene un trabajo basura en un Burger King mientras que el segundo está desempleado. Ambos sin embargo tienen un sueño: conseguir dinero para montar una perrera en la isla Reunion, donde vivirán sin mayores preocupaciones. Pero una noche de fiesta, Daniel decide robar un gato Maine Coon ganador de un concurso para venderlo, lo que termina con ambos frente a una jueza (las mujeres están presentes en la película solo a través de cargos institucionales) y enfrentándose a la posibilidad de pasar entre 5 y 10 años en la cárcel. Daniel además sufre un ataque de epilepsia que en realidad es un síntoma de una cirrosis que le puede llevar a la muerte en poco tiempo, lo que obliga a los dos amigos a la necesidad de tener una estabilidad laboral para no acabar en prisión y abandonar el consumo de alcohol y drogas para evitar un desenlace fatal. Daniel sin embargo es un alcohólico que no tiene la fuerza de voluntad para dejar la bebida, aunque Mika está empeñado en ayudarle a conseguirlo. Météors (Hubert Charuel, 202) sigue siendo por tanto una historia de supervivientes, aunque el desastre de la caída de un meteorito ya no forme parte de la historia. 

La toxicidad de la relación entre Mika y Daniel es representada de manera demasiado obvia con la introducción de una planta de residuos nucleares en la que está subcontratada la empresa de Tony, cuando éste les da la oportunidad a sus amigos de incorporarse a su plantilla. Pero las medidas de seguridad no parecen demasiado estrictas y el riesgo de radiación preocupa a Mika, mientras que para Daniel se trata de un trabajo que le permitirá salir del círculo de inestabilidad en el que se encuentra. El Noreste de Francia ha estado pendiente de las consecuencias de la radiación desde el accidente de Chernobyl, mientras acoge un vertedero nuclear. La simbiosis entre el envenenamiento que sufre Daniel con el alcohol y el veneno que permanecerá bajo tierra durante los próximos sesenta años se convierte en una metáfora que convierte la última parte de la película en una representación más simbólica: un laberinto de paredes del que no pueden encontrar la salida los dos protagonistas, un túnel de oscuridad impenetrable o la posibilidad de conseguir mejor sueldo arriesgando la vida en un trabajo que se desarrolla a más de 400 metros de profundidad. Son recursos que acaban resultando demasiado evidentes y simples, igual que Météors se desarrolla progresivamente por el terreno menos complejo del melodrama de amistad, impulsado por una sólida interpretación de Paul Kircher, una de las fulgurantes estrellas jóvenes del cine francés desde que protagonizó Dialogando con la vida (Christophe Honoré, 2022), y una dolorosa representación de la negación del personaje de Daniel que hace Idir Azougli, al que el director descubrió en El teorema de Marguerite (Anna Novion, 2023). Pero lejos de profundizar en un estudio de personajes, Météors acaba derivando en un drama rústico que se apoya en simbologías obvias para aportar cierta redención a los personajes. 

Caravan

Zuzana Kirchnerová

República Checa, Eslovaquia, Italia 2025 | Un Certain Regard | ★★★☆☆


Desde su experiencia real como madre de un hijo con síndrome de Down que desarrolló autismo la directora Zuzana Kirchnerová (1978, República Checa) ha presentado su primer largometraje de ficción en el que se intuye un reflejo de la realidad en los aspectos mostrados en las primeras escenas en las que Ester (Aňa Geislerová) se siente juzgada como madre ante el comportamiento poco adecuado de su hijo David (David Vodstrčil) con otros niños en el entorno de unas vacaciones familiares. Separados de la casa y aislados en una caravana, Ester toma la decisión de evitar las miradas y los comentarios a sus espaldas, que la responsabilizan de la forma en que su hijo se relaciona con los demás, y conduce la caravana para dirigirse hacia Calabria, recordando las vacaciones que pasaba cuando era joven. Caravan (Zuzana Kirchnerová, 2025) explora de esta forma la intimidad entre una madre y su hijo, a través de una relación de cariño que en algunos momentos se expresa de una forma más brusca cuando el joven David sufre arrebatos de violencia que la madre trata de apaciguar abrazándole y sufriendo por tanto las cicatrices del forcejeo hasta que consigue tranquilizarle. Mientras David se encuentra en una etapa en la que comienza a sentir los arrebatos de la sexualidad, su madre parece haber renunciado a recuperar ella misma el deseo, sometida al cuidado constante de un hijo al que no puede dejar solo. Por eso cuando un granjero (Michele Abbondanza) que les deja pasar la noche, pretende cobrarse el favor a través del abuso sexual, Ester se entrega completamente, y más adelante, cuando comienza a trabajar en otra granja en la que el olor de los excrementos parece insoportable, siente una mezcla de atracción y repulsión por Marco (Mario Russo). En Caravan, la representación de los personajes es muy sensorial, desde los olores hasta los roces de los cuerpos y las manos, o la sensación de la arena sobre la piel en un verano caluroso. Pero en su recorrido por Calabria, Ester se da cuenta de que cada vez quedan menos espacios que no son propiedad de alguien: la expulsan de una playa reservada y la acogen en un terreno privado en una sucesión de lugares ocupados, como si el entorno natural se hubiera ido redefiniendo hacia la propiedad privada. 

A través del subgénero de la road-movie, la película refleja la rebeldía de los personajes, especialmente representado en Zuza (Juliána Brutovská Oľhová), una joven que se incorpora a la caravana cuando se detiene en una gasolinera. Su presencia permite que Ester tenga cierta libertad para trabajar y conseguir algo de dinero, pero también despierta aún más la transformación del cuerpo y el deseo de David. Hay pocas películas que aborden una mirada normalizada hacia las necesidades afectivas de las personas neuro divergentes en toda su dimensión, y Caravan lo hace con sutileza y con la complejidad de las relaciones diversas que a veces pueden resultar confusas. Aunque a la película le falta un mayor impulso para conseguir que sus personajes traspasen la pantalla más allá de una representación esbozada carente de una mayor profundidad emocional. En su planteamiento visual, trata de ofrecer una descripción matizada de las relaciones personales y se apoya en la cercanía de la cámara a los cuerpos, casi sin mostrar en muchos momentos los rostros de los personajes. Pero finalmente se queda en una representación discreta que reflexiona sobre cómo el vínculo entre madre e hijo se mantiene íntegro aunque evolucione de distintas maneras, y la necesidad de que ambos encuentren una forma de experimentar un respiro más allá de esa burbuja maternal que les une. 

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Películas mencionadas:

Flow, un mundo que salvar se puede ver en Filmin.
Sound of metal se puede ver en Prime Video. 
Her se puede ver en Filmin, Movistar Plus+ y Prime Video. 
No obvious signs se puede ver en dafilms.com y GuideDoc.
The winter garden's tale se puede ver en dafilms.com.
Un héroe singular se puede ver en Filmin y Movistar Plus+.
Dialogando con la vida se puede ver en Tivify.
El teorema de Marguerite se puede ver en Movistar Plus+.

22 mayo, 2025

DOK.fest 2025 - Parte 5: Retratos

Nuestra crónica de la programación de DOK.fest se enfoca en esta ocasión en algunas de las películas seleccionadas que abordan retratos entre el pasado y el presente, entre el misterio de una desaparición y la controversia de una proyección política, pero también en torno a la vitalidad de la vejez y la recuperación de una carrera musical.

Friendly fire

Klaus Fried

Austria, Alemania 2025 | "Never again" is now? | ★★★★☆

DOK.fest '25: Proyección Inaugural


En su 40 aniversario, el DOK.fest eligió como título de inauguración una película que bucea en la Historia a través de una de las figuras más prominentes de la literatura alemana, pero que también aborda cuestiones políticas que dialogan con la actualidad, y al mismo tiempo supone una búsqueda personal de un hijo que apenas conoció a su padre. Erich Fried (1921, Austria-1988, Alemania) es uno de los poetas en lengua alemana más leídos, del que en España se han publicado sus libros 100 poemas apátridas (1978, Ed. Luces Galibo), Poemas de amor (1979, Ed. Alfar) o su obra más representativa, la colección de poemas románticos Es lo que es (1983, Ed. La Poesía, Señor Hidalgo). Pero también fue una figura controvertida y provocativa a través de sus opiniones políticas en medio de algunas de las etapas más convulsas de la reciente historia de Europa, desde las revoluciones de los años sesenta hasta la Guerra Fría, con especial énfasis en la ocupación de los territorios palestinos por parte de Israel. Nacido en 1921 en una familia judía no practicante en Austria, huyó de los nazis en 1938, después de que su padre muriera por las torturas recibidas de la Gestapo, y se trasladó a Londres donde desarrolló toda su vida posterior y su carrera literaria. Tuvo tres esposas y varios hijos con cada una, la última de ellas la artista británica Catherine Boswell, de cuya relación nacieron los gemelos Tom y Klaus. Ambos visitan la tumba de su padre en el cementerio de Kensal Green, en Londres, al principio de la película Friendly fire (Klaus Fried, 2025), en la que este último lleva a cabo un recorrido por el pasado y el presente conversando con familiares y amigos de su padre, a quien apenas conoció porque era un adolescente cuando falleció, aunque heredó una enfermedad congénita y sus rasgos: "Soy como él, es lo que me dicen sus antiguos compañeros cuando me encuentro con ellos". Pero el documental, magníficamente editado por Julia Albrecht, quien aparece en los créditos como realizadora de la película, no es solo el retrato de un personaje complejo, sino que consigue trasladar la efervescencia política de las décadas de los sesenta y setenta. La primera parte del documental describe la vida de Erich Fried en Londres, marcada por los acontecimientos que experimentó en los años 30: "Su vida es una respuesta al trauma", comentaba Klaus Fried en el coloquio posterior a la proyección. Él mismo recuerda su infancia caótica en una casa que era una continua ebullición de personas que entraban y salían, donde se reunían políticos y artistas de la época: "Todos eran radicalmente izquierdistas", recuerda el filósofo Moshé Machover.  

Entre los viajes de Klaus Fried para encontrarse con los que compartieron aquella época con su padre y las imágenes de archivo, muchas personales, Friendly fire se contagia del dinamismo político y artístico de los setenta. Incluso a pesar de que algunos entrevistados, en conversaciones informales que evitan las cabezas parlantes, se muestren reacios a comentar algunas cuestiones que les plantea Klaus Fried, como Astrid Poll, una de las componentes originales de la RAF, con respuestas esquivas como "No voy a entrar en esos rumores" o "No se puede decir eso en televisión". Resuenan los ecos de la organización terrorista palestina Septiembre Negro y el secuestro y asesinato de los deportistas israelíes que acudieron a los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972. Pero también uno de los poemas más criticados de Erich Fried, Höre, Israel (Escucha, Israel), que escribió en 1967 tras un incidente durante la Guerra de los Seis Días en el que se contaba que las tropas israelíes obligaron a prisioneros egipcios a quitarse las botas y huir descalzos a una muerte segura en el desierto, y que fue ampliado en 1974 con otras críticas al sionismo, que suenan actuales: "Cuando éramos perseguidos, yo era uno de vosotros. ¿Cómo seguir siéndolo si vosotros sois ahora los perseguidores? Anhelábais ser como las naciones que os asesinaron. Ahora os habéis vuelto como ellos". Es uno de los poemas que se leen en la película, transitando desde el pasado hasta el presente. Desde finales de los setenta y durante los años ochenta, Klaus Fried afirma que su padre vivió con "la sabiduría y la humanidad que fueron increíblemente valiosos para la actualidad". También el ritmo de Friendly fire, cuyo título representa ese fuego amigo que involuntariamente se dispara contra el propio bando, se tranquiliza en la última parte. Y se alimenta de las aparentes contradicciones de Erich Fried, profundamente en contra del antisemitismo y del sionismo, pero con amistades controvertidas como Michael Kühnen (1955-1991, Alemania), quien lideró en los años ochenta los primeros movimientos neonazis alemanes desde el final de la 2ª Guerra Mundial. El escritor Thomas Wagner, que publicó el libro Der dichter und der neonazi (El poeta y el neonazi) (2021), explica esta amistad diciendo que "la idea de Erich Fried sobre los neonazis era tratarlos como personas, no como enemigos políticos. Su concepto de un mundo mejor era la convivencia con las ideas de los otros". Friendly fire ofrece un retrato poliédrico de una personalidad compleja, pero también una búsqueda personal de un hijo que intenta comprender las contradicciones de su padre, evocando sus poemas más controvertidos para provocar el debate entre los espectadores, lo que termina siendo una manera muy acertada de homenajear a Erich Fried. 

Ein leben in farbe (A life in color)

Axel Stasny

Austria 2025 | In good company? | ★★★★☆

Crossing Europe '25: Mejor Director austríaco


Eleanor Ambos (1928, Alemania-2020, Nueva York) es uno de esos personajes tan peculiares que en sí mismos tienen un poder de atracción en pantalla, pero al mismo tiempo cuentan con una trayectoria tan sorprendente que son capaces de construir su propia narrativa. Curiosamente, los documentales que se han acercado a su figura se han enfocado en su vejez, sin hacer un recorrido por su vida de una manera cronológica, quizás porque resulta fascinante su vitalidad y su negación del paso del tiempo y el final de la vida. El cortometraje Eleanor Ambos Interiors (Andrew Michael Ellis, 2013) ofrecía un breve boceto sobre su personalidad, en el que cuando se describía a sí misma decía que su ocupación era: "Estar loca". Su infancia transcurrió en la Alemania nazi, dentro de una familia en la que no se hablaba de política, con un padre exigente al que hace referencia sobre todo para describir la forma en que la anuló como persona. En el largometraje documental Ein leben in farbe (Axel Stasny, 2025) Eleanor Ambos describe cómo a los 16 años comenzó a salir con un joven francés: "En mi familia no se hablaba de eso. Cuando mi padre lo descubrió, vino a su estudio, me miró y me escupió en la cara". De padre alemán y madre norteamericana, llegó a Estados Unidos en 1947, pero se sintió fascinada cuando a los treinta años visitó un castillo del siglo XIII en Francia, propiedad del dueño de una granja, lo que influyó en su posterior lema de vida: "Todo el mundo debería vivir en su propio castillo". Comenzó un negocio de restauración de muebles antiguos que después alquilaba, con un diplomático indio como primer cliente hasta que llegó a tener más de sesenta clientes habituales de alto poder adquisitivo. Y en 1980 compró el Metropolitan Building de Manhattan, un edificio en ruinas de cinco plantas que a ella le servía como almacén para todos los muebles antiguos que iba adquiriendo y restaurando. Un artículo del New York Times titulado A chateau of her own (The New York Times, 16/4/2006) describe cómo en 1993 recibió la llamada de un decorador que transformó una planta del edificio para acoger una fiesta privada de cumpleaños: el anfitrión era el actor Bill Cosby y entre los invitados estaban Miles Davis y Lena Horn. El Metropolitan Building se convirtió desde entonces en un espacio que se alquila para fiestas, sesiones de fotografía y rodajes, y en uno de los doce edificios en la ciudad de Nueva York que acabaron formando parte del patrimonio inmobiliario de Eleanor Ambos, unos 50 millones de dólares en bienes raíces. 

Ein leben in farbe (A life in color) no recorre la vida de la protagonista, sino que es un retrato más intimista en el que el director Axel Stasny (1985, Austria) estuvo rodando en febrero de 2020 antes del confinamiento a Eleanor Ambos, sin ser consciente de que unos meses después, en abril, ella moriría. Sin familia y con un patrimonio tan importante, sin embargo no hizo testamento: "Me niego a redactar un testamento porque me surge la idea de que al día siguiente de hacerlo voy a colapsar repentinamente", dice al comienzo de la película. Desde el rodaje hasta ahora han pasado cinco años en los que Axel Stasny ha buscado financiación y ha tenido que esperar a la burocracia de las ayudas cinematográficas, pero el resultado es una película que celebra la pasión por vivir de una mujer que estaba continuamente organizando proyectos, a la que escuchamos hablar en alemán, inglés, francés y español con sus colaboradores, y que tenía una relación de amistad cercana al romanticismo con Peter Anastasiou, un joven camarero al que conoció en su restaurante habitual y que ha acompañado al director en la presentación de la película en Múnich. Eleanor Ambos habla de vivir sin atenerse a las reglas establecidas: "La vida consiste en vivirla. No pienses en la muerte, vive". Y en la que todavía permanecía un punto de coquetería, como cuando decide someterse a una pequeña operación estética en el rostro. La intimidad que consigue Axel Stasny le acerca a la protagonista de su película hasta abrir algunas heridas emocionales, que surgen en una noche festiva donde Eleanor toma demasiado alcohol, pero se reproducen al día siguiente cuando está serena: "Mi padre me hizo sentir como si yo fuera un pedazo de mierda. Cómo un hombre podría quererme si no valgo para nada. Eso es lo que mi padre me hizo creer". Centrado sobre todo en Eleanor Ambos, el documental tiene como personajes secundarios a algunos colaboradores importantes en la trayectoria de la diseñadora, como Tom Taylor. Él fue el protagonista de un documental anterior del director, Leaving the nest (2017), en el que contaba su historia como un padre de familia que se había declarado homosexual y se trasladó a Nueva York, donde comenzó a trabajar como diseñador, pero también vivió en la calle debido a las adicciones a las drogas, hasta que conoció a Eleanor Ambos quien acabó acogiéndole como uno de sus principales asistentes. De manera que aquel documental fue también el germen de éste, convirtiendo a Eleanor en protagonista. Tom Taylor desarrolló una exitosa carrera como un diseñador reconocido en el mundo artístico hasta su muerte en 2024. 

Sabat

Anna Maria Beeck

Alemania 2024 | Reframing History | ★★★☆☆


Esta road movie de investigación comienza en un tono de cine negro subrayado por la música de Max van Dusen (1990, Alemania) y la narración en segunda persona de la directora Anna Maria Beeck: "Eres el hombre más misterioso del que he oido hablar. Estudiante de cámara procedente de Mongolia. Intérprete en la RDA. Diplomático. ¿Y después? Desaparecido sin dejar rastro. Has formado parte de mi familia durante dieciséis años, pero nunca te he conocido". El misterioso Sabat, nombre que adoptó el estudiante Bathorloo Sagdchorlo en Alemania, aparece en los álbumes de fotos de la familia Beeck manteniendo en sus brazos a la madre de la directora, lo que refleja una cercanía especial. En los años sesenta, el abuelo de Anna Maria Beeck fue patrocinador de estudiantes extranjeros que acudían a la Escuela Alemana de Artes Cinematográficas (DEFA), pero la amistad entre Sabat y él fue más personal que la de un profesor y un estudiante, acogiéndolo dentro del entorno familiar: "Tenía una llave de casa y podía ir aunque ninguno de nosotros estuviéramos allí". Años después comprobaron que estaba trabajando como intérprete para la República Democrática Alemana y se le puede ver en noticias de televisión acompañando al que fuera presidente Erich Honecker. Pero desde 1979 dejó de mantener contacto con la familia Beeck y desapareció completamente de su vida, rodeado de un misterio que no se ha abordado hasta la realización de este documental. La directora sigue el rastro del estudiante y diplomático mongol en Sabat (Anna Maria Beeck, 2024), manteniendo una estructura de descubrimientos que conducen a nuevas pistas: la fotografía de un joven que parece tener confianza con Sabat la conducen a John Green (1941, Inglaterra), otro estudiante extranjero que estuvo en la República Democrática Alemana en 1964, en Potsdam-Babelsberg. Después trabajó para la RDA como corresponsal extranjero hasta poco antes de su disolución en 1990; un artículo en un periódico y un listado de espías la conducen hasta Humberto López, otro estudiante cubano que ahora reside en Francia, que había sido soldado revolucionario en Bahía de Cochinos. Ambos realizaron cortometrajes documentales con Sabat, con una cámara Bolex que ha permanecido en la familia, mientras estaban estudiando, pero ninguno de ellos tuvo noticias de él después de aquellos años como estudiantes de cine.  

A lo largo de la película sobrevuela una idea que está relacionada con el concepto de desaparición, en una formulación filosófica que impregna la narración de la directora, y en una planificación en la que la imagen y el diseño de sonido adquieren un tono contemplativo y reflexivo. La segunda parte de Sabat se desarrolla en Mongolia, donde finalmente la directora intenta encontrar respuestas sobre la misteriosa desaparición del diplomático, que podría haber sufrido algún tipo de represalia por el Partido Comunista. La reproducción de llamadas telefónicas y la contemplación de la calle a través de la ventana del hotel, que tiene un paralelismo con el comienzo de la película, recuperan la textura de la investigación, pero esta vez con una cadencia más inquietante. Y los descubrimientos que realiza Anna Maria Beeck, que aparece en todo momento en las imágenes llevando el peso del protagonismo, la introducen en una historia de represión y control por parte del Partido del Pueblo de Mongolia (PPM), que estaba adscrito a la red de satélites políticos del Partido Comunista soviético y utilizaba parecidas tácticas de opresión, con la sombra alargada de Leonid Brézhnev. La Asociación de Represaliados Políticos de Mongolia ofrece una cobertura de información, aunque no está claro que Sabat fuera realmente una víctima de la represión. Una reconocida bioquímica denunció la falta de medicinas y fue represaliada y apartada de su trabajo, acusada de colaborar con Occidente, pero la búsqueda de información sobre algunos represaliados es complicada debido a la falta de colaboración de las autoridades rusas en el acceso a documentación oficial de la época. La era comunista se ha convertido en Mongolia en un trauma permanente, desde la represión estalinista de 1937 hasta los veinte años de gobierno del primer ministro Yumjaagiyn Tsedenbal, quien recurrió a purgas políticas para permanecer en el poder. Sabat comienza como una investigación en torno a un estudiante cercano a la familia Beeck para ir derivando hacia una descripción de las represalias políticas comunistas, incluso entre sus propios miembros, en un recorrido sorprendente que refleja también la resiliencia y la capacidad para reconstruir una vida. Quedan respuestas sin resolver en torno a Sabat y su memoria se pierde entre las miles de tumbas que se esparcen por la ladera de Ikh Naran: "En cierto modo, prefiero las preguntas a las respuestas", dice Anna Maria Beeck al final de un recorrido que se inicia alrededor de la desaparición de un hombre misterioso y termina encontrando la esperanza de un renacimiento en el que el espíritu sigue afectando a la existencia de los vivos.

1-800-on-Her-Own

Dana Flor

Estados Unidos 2024 | The sound of music | ★★☆☆☆

Tribeca Festival '24: Spotlight+


El decepcionante documental dedicado a una personalidad tan relevante como Ani DiFranco (1970, Nueva York) no tiene éxito en ofrecer una mirada intimista sobre la madurez de una artista que parece haber perdido su resonancia pública, y el camino que recorre hasta recuperarla con la publicación del álbum Revolutionary love (2021, Babe Records), con el que volvió a captar la atención de la crítica. De hecho el último álbum publicado por DiFranco, Unprecedent sh!t (2024, Baby Records) es mucho más interesante si lo analizamos desde la perspectiva de las confesiones personales que realiza la cantante, refiriéndose al sentimiento de culpa por haber aprovechado el confinamiento para detener su carrera musical: "Estaba tan profundamente complacida de pausar esta vida / que creo que gafé al mundo y provoqué este conflicto", dice irónicamente en la canción "Virus". Resulta curioso que todavía provoque resonancia la "salida del armario" de cantantes como Billie Ellish declarándose bisexual y reflejándolo en su último disco Hit me hard and soft (2024, Darkroom/Interscope Records), o que se celebre la independencia y el control de su carrera por parte de Taylor Swift, porque de alguna manera Ani DiFranco ya había iniciado ese camino cuando comenzó su trabajo en el mundo de la música, en la bisexualidad declarada que provocaba preguntas curiosas de los presentadores, y en su faceta como empresaria cuando fundó la discográfica Righteous Babe Records en 1989, con tan solo 18 años, que sigue siendo la que publica sus discos. En una entrevista que recupera el documental, Ani DiFranco hacía declaraciones que podrían ser actuales: "El mundo de la música es aterrador, deshumanizante, degradante, explotador y de capitalismo homogéneo. Se apropia de todo lo bueno y fuerte, y lo explota hasta destruirlo". Pero 1-800-on-Her-Own (Dana Flor, 2024), que toma su título del antiguo número de teléfono de la discográfica fundada por la cantante folk, está más interesado en mostrar la etapa de estancamiento en la que se siente inmersa Ani DiFranco y su intento por recuperar el impulso musical tratando de hacer algo que ella misma confiesa no haber hecho nunca: escribir canciones en colaboración con otros músicos. Hay un intento frustrado de producción de su nuevo disco con Justin Vernon, el vocalista de Bon Iver, y bajo la producción de Brad Cook, pero éste no parece convencido de cómo está funcionando la colaboración y decide abandonar el proyecto musical. 

Se siente como otro de los fracasos recientes de Ani DiFranco, esos obstáculos que debe superar profesionalmente mientras en la parte personal al menos consigue arrepentirse de los errores cometidos como madre, esposa y empresaria. Dana Flor, que dirigió el notable documental sobre una comunidad LGBT de jóvenes africanos titulada Check it (Con uñas y dientes) (Dana Flor, Toby Oppenheimer, 2016), incluye paralelismos entre el pasado y el presente para reflejar la transformación de la sociedad y de la propia artista. Declarando que no estaba interesada en el dinero, Ani DiFranco se topó como empresaria con el choque que supusieron las descargas ilegales de música a través de internet en los años 90, lo que provocó una grave crisis en su negocio. Pero al margen de los vaivenes de su empresa discográfica, 1-800-on-Her-Own no bucea demasiado en el recorrido musical y vital de la cantante, y ni siquiera profundiza en algunos temas que surgen en las conversaciones actuales con ella: menciona una violación, abusos y abortos, pero sin que se desarrollen ninguna de esas referencias que sin duda han ido moldeando la personalidad de Ani DiFranco a lo largo de los años, entre ellas las inseguridades que muestra a sus cincuenta años. Se transmite la sensación de que es un documental vacío a través del cual no llegamos a conocer a su protagonista en casi nada más que en sus esfuerzos por recuperar su carrera. El documental plantea dudas sobre la relación entre Ani DiFranco y su manager Scot Fisher, con el que fundó su discográfica, y sugiere que, al margen de las declaraciones públicas, ella nunca tuvo una total independencia en su propia empresa y a veces fue manipulada por la gestión de Fisher, pero se describe en un fragmento tan breve que apenas se le da relevancia. Ani DiFranco vive actualmente en New Orleans con su marido Mike Napolitano, sus hijas Petah y Dante y su perro Poncho, y el año pasado debutó en Broadway interpretando a Perséfone en la obra musical Hadestown (2016), ganadora del premio Tony al Mejor Musical en 2019. Pero lamentablemente, después de ver 1-800-on-Her-Own no tenemos la sensación de conocerla mejor. 

21 mayo, 2025

Cannes 2025 - Parte 2: Resistencias

Nos acercamos de nuevo a un Festival de Cannes que está teniendo un marcado carácter político, con la publicación el primer día de una carta firmada por casi cuatrocientos cineastas que denunciaban el silencio de la comunidad cinematográfica ante el genocidio ejercido por Israel contra Gaza, y al que se han ido incorporando algunos de los invitados que han presentado películas en Cannes. En nuestras crónicas repasamos títulos que forman parte de la programación de Un Certain Regard y la Semana de la Crítica, en los que hemos encontrado algunas películas notables y una de las propuestas más singulares de esta edición del festival.

Love me tender

Anna Cazenave Cambet

Francia 2025 | Un Certain Regard | ★★★★☆


Desde la apertura de la película que muestra el roce de la piel y las miradas seductoras en una piscina que forma parte de la vida estructurada de Clémence (Vicky Krieps), hay una sensualidad en un encuentro sexual furtivo que expresa la transformación que está experimentando. Como su propia decisión de romper con varios años de trabajo como abogada de alto perfil para dedicarse a la escritura, el clasicismo de una pieza musical de Carl Friedrich Abel interpretada por Jordi Savall termina bruscamente, la misma brusquedad con la que ella ha cerrado un capítulo de su vida. La escritora Constance Debré (1972, Francia), nieta de Michel Debré, que fue primer ministro durante el gobierno de Charles De Gaulle, contó su propia experiencia en un libro de autoficción titulado Love me tender (Ed. Alpha Decay, 2020), que abordaba temas como la sexualidad, la maternidad y las normas establecidas. En las obras anteriores de la directora Anna Cazenave Cambet (1990, Francia), especialmente su largometraje de debut Gold for dogs (2020), que participó en la Semana de la Crítica, también estaba presente el deseo para reflejar las interioridades emocionales de su protagonista, y se desarrollaba al final del verano, la época en la que comienza esta nueva película. Clémence también ha roto su matrimonio con Laurent (Antoine Reinartz) con el que parece mantener una buena relación; en su encuentro en una cafetería ambos visten de manera parecida, como si hubieran compartido ropa. Pero el anuncio de que ella ha empezado a salir con otras mujeres es un detonante para la quiebra de su relación, en la que su hijo Paul (Viggo Ferreira-Redier) se convierte en sujeto de fricción al comenzar un largo proceso legal que desvela la manipulación emocional que Laurent ha ejercido sobre él para impedir que Clémence pueda compartir la custodia. Pero por encima de todo está el rechazo a su independencia, a su decisión de abandonar una profesión socialmente reconocida por la inestabilidad de la escritura y a su entrega a una sensualidad promiscua y libre que la separa de su vida anterior. El relato de Clémence forma parte del libro que está escribiendo, usado como estructura narrativa para mostrar el paso del tiempo (los meses de espera en un proceso judicial que se alarga innecesariamente) y reflejando su autonomía respecto a la realidad de su vida. 

Lejos de tratarse de una película sobre una batalla judicial, Love me tender (Anna Cazenave Cambet, 2025) tiene más interés en mostrar las consecuencias. Acusada incluso de pedofilia por su marido, la manipulación emocional que ha sufrido Paul es rápidamente detectada, pero la burocracia judicial alarga la resolución constantemente, y ella solo puede ver a su hijo en encuentros supervisados. La frialdad de estas visitas bajo la mirada de una experta en mediación (Aurélia Petit) contrasta con la fisicidad del reencuentro entre Paul y Clémence, la necesidad de expresarse a través del abrazo y el contacto entre ambos La película contrasta la relación entre madre e hijo con la vida de Clémence a través de los meses que transcurren en este largo proceso judicial, que se expresa también desde el contacto físico de las relaciones esporádicas. Mientras Clémence construye su independencia y su propia identidad queer, está atada a su antigua relación heterosexual a través del hilo de una justicia injusta. Pero sobre todo de su necesidad de resistir sin rendirse para mantener intacta su identificación como madre. Cuando puede compartir un día sin supervisión con Paul, le lleva a ver a su abuelo (Féodor Atkine) y ven en televisión la película El increíble hombre menguante (Jack Arnold, 1957), en la única escena auténticamente familiar que se muestra a lo largo de esta historia. Pero el clásico de ciencia-ficción sobre personajes que se desvanecen también es un reflejo de cómo el largo proceso está provocando que la presencia de Clémence sea cada vez más insignificante en la vida de su hijo. Hay una mayor inestabilidad en la segunda parte de la película, cuando ella comienza una relación con Sarah (Monia Chokri) que inevitablemente se ve afectada por la kafkiana experiencia de Clémence: "Dice que no puede soportar mi amor desenfrenado seguido de la frialdad. Está harta de mi arrogancia, de mis estúpidos dichos, que van de mejor a peor." La resistencia a la rendición como madre se dibuja en las tomas de Clémence en bicicleta por las calles de Belleville, el efecto del cambio de las estaciones y la transformación física que reproduce su rebeldía, expresada por una representación física del personaje muy contundente por parte de Vicky Krieps, que se apodera del espacio y del tiempo a lo largo de la película. Mientras que el final que propone Anna Cazenave Cambet es menos usual, más abierto a una esperanza que queda pendiente del transcurrir de los años. 

Nino

Pauline Loquès

Francia 2025 | Semana de la Crítica | ★★★★☆

Semana de la Crítica '25: Premio Revelación (Théodore Pellerin)

Premios César '26: Mejor Actor Promesa (Théodore Pellerin)


Desde la experiencia real de una persona cercana que falleció de cáncer a los treinta y siete años, la directora Pauline Loquès debuta en el largometraje con una historia sensible e inteligente protagonizada por un joven que recibe un diagnóstico de cáncer de garganta provocado posiblemente por el virus del papiloma humano (VPH). Al elegir este tipo de tumor que afecta a un sector de la población más joven, pero al mismo tiempo es curable, el personaje de Nino (Théodore Pellerin) no se enfrenta a la muerte, eliminando el carácter trágico que podría tener la historia. Pero sí a un tratamiento de quimioterapia y radioterapia cuyos efectos secundarios pueden provocar esterilidad. Esto introduce en un personaje masculino una urgencia por entregar un frasco de esperma para que sea utilizado posteriormente si desea tener hijos, que establece un paralelismo con el reloj biológico de las mujeres. En su caso, le quedan los tres días hasta el comienzo de la quimioterapia para recoger el esperma y entregarlo en el hospital, pero su perplejidad interior frente al diagnóstico le impide tener la tranquilidad necesaria. La habilidad del relato consiste en no estar centrado en el tratamiento y el desarrollo de la enfermedad, como es habitual, sino en en el fin de semana previo al comienzo de la quimioterapia, una especie de limbo en el que el protagonista deberá asumir su realidad y encontrar la manera de comunicársela a sus personas más cercanas. Nino (Pauline Loquès, 2025) se construye así a partir del shock que provoca una noticia inesperada que cambia las expectativas de un joven con un trabajo estable y una familia cariñosa, sobre el que pesa sin embargo la repentina muerte de su padre cuando era un niño. Es un punto de partida que tiene relación con el cortometraje previo de la directora, La vie de jeune fille (2018), en el que la treintañera Constance se enfrenta en solitario a la ruptura del compromiso por parte de su prometido, sin encontrar el momento de decírselo a sus amigas. Pero sobre todo recuerda inevitablemente a la película Cleo de 5 a 7 (Agnès Varda, 1962) en la que la protagonista esperaba el resultado de un diagnóstico que ella teme que pueda ser cáncer. A lo largo de los tres días en los que transcurre la historia, Nino se encuentra con familiares y amigos, pero no es capaz de compartir la noticia. Al no poder acceder a su apartamento porque ha perdido las llaves y no localiza al conserje, acude a casa de su madre (Jeanne Balibar), que es tan cercana y cariñosa como desconectada de la vida de su hijo. 

Nino deambula por las calles de París dirigiéndose a una fiesta de cumpleaños organizada por su amigo Sofian (William Lebghil), el único con el que comparte la noticia, pero que parece reaccionar con el mismo estado de shock que él, y acudiendo a la casa de su exnovia Camille (Camille Rutherford) para advertirle en una postal que se realice pruebas del papiloma, pero no se atreve a decírselo directamente cuando se encuentra con ella en el portal del edificio. París se convierte en un camino hacia ninguna parte que Nino comienza a recorrer buscando sentido a una vida que se ha transformado. En esa búsqueda del aislamiento, llega a dormir en un centro para personas sin hogar donde se cruza con un hombre desconocido (Mathieu Amalric) que sugiere cierto tono de fantasía, alguien que le ayuda sin pedir nada a cambio, pero que no está claro si es un loco, un sabio o simplemente el producto de su imaginación. Cuando le enseña la fotografía de su esposa, en realidad vemos la imagen de la actriz Romy Schneider, lo que refuerza esa idea de incertidumbre sobre una figura que establece sin embargo un tipo de conexión extraña. También en la fiesta, Nino se encuentra en el baño con Lina (Estelle Meyer) quien le pide ayuda para su inyección de estimulación ovárica, un punto de inflexión en el que el joven cambia su percepción estrictamente cerebral para entender la necesidad de abrirse a los demás. Es a través de los personajes que se cruzan con él durante estos tres días como Nino adoptará el impulso para afrontar la realidad de su tratamiento, como el reencuentro con una antigua amiga, Zoé (Salomé Dewaels), que ahora es madre soltera. Filmada con cámara en mano y una luminosidad que no impacta directamente en el personaje sino que lo envuelve en una especie de tono etéreo, Nino también es un trabajo notable del actor quebequense Théodore Pellerin, quien captura la indecisión y la zozobra emocional de su personaje a través de los gestos, las expresiones y su presencia física apagada, y al que hemos visto en las series Benjamin Franklin (Apple tv+, 2023) y Becoming Karl Lagerfeld (Disney+, 2024), y más recientemente en el thriller dramático Lurker (Alex Russell, 2025). Cuando la incertidumbre y el miedo dejan paso a la aceptación de la realidad, la sala de quimioterapia es retratada como una sala de maternidad que proporciona una mirada más optimista. 

A useful ghost

Ratchapoom Boonbunchachoke

Tailandia, Francia, Singapur 2025 | Semana de la Crítica | ★★★★★

Semana de la Crítica '25: Gran Premio Mejor Película


La película más audaz y original de esta edición del Festival de Cannes no se encuentra en la Sección Oficial, sino que se esconde en la Semana de la Crítica, a través del debut en el largometraje del director tailandés Ratchapoom Boonbunchachoke, que es al mismo tiempo una comedia surrealista, una historia de fantasmas y una reflexión sociopolítica sobre el pasado histórico de su país. El polvo se apodera del comienzo de la historia, representando la contaminación provocada por las grandes industrias, pero también como una referencia al carácter peyorativo con el que se describe a los ciudadanos de clases inferiores, personas sin voz que son desplazadas dentro de la sociedad, "polvo" para los sectores más poderosos. La contaminación es la causa de la muerte de Nat (Davika Hoorne), dejando a su esposo March (Wisarut Himmarat) desolado por la ausencia. En paralelo, la fábrica que pertenece a su familia comienza a detectar la presencia de fantasmas que se apoderan de la maquinaria, en especial un antiguo trabajador que acusa a los dueños de su fallecimiento: "Los fantasmas son aquellos que no se rinden ante la muerte; su regreso es un acto de protesta", se dice, como una revelación de la condición subversiva del acto de no desaparecer después de haber muerto. A useful ghost (Ratchapoom Boonbunchachoke, 2025) tiene una estructura narrativa que se asemeja a las cajas chinas, contando una historia dentro de otra historia. La trama principal está narrada a través de Krong (Wanlop Rungkumjad), un técnico de mantenimiento que llega a la casa de un joven anónimo homosexual que se autodenomina Travesti Académico (Wisarut Homhuan), para reparar una aspiradora que no para de toser. Krong es el narrador de la historia de March y su familia adinerada y corrupta. Cuando éste recibe la visita del fantasma de su esposa, que ha adoptado a los ojos de los demás la forma de una aspiradora, se entrega totalmente a ella, aunque las consecuencias serán complicadas. Inspirándose en la leyenda tradicional tailandesa de Mae Nak, que cuenta la relación entre un fantasma y su esposo viudo, el director introduce elementos de la cultura popular y del pasado histórico, como en su premiado cortometraje Red Aninsri; Or, Tiptoeing on the Still Trembling Berlin Wall (2020), a través de un relato que es divertido, extraño y cautivador, y que toma referencias de numerosas fuentes, desde las telenovelas hasta los cineastas europeos como Jacques Rivette, Joao Cesar Monteiro o Raoul Ruiz. 

Lo más destacado de A useful ghost es la manera en que introduce tantos elementos narrativos dentro de un contexto de personajes diversos y relatos cruzados. Suman (ApasirI Nitibhon), la madre de March, no acepta la presencia del fantasma de su nuera, sometiendo a su hijo a un tratamiento psiquiátrico que incluye sesiones de electroshock, lo que puede recordar a las terapias de conversión homosexual. El tono surrealista de la película disimula que la comedia va desapareciendo hacia una reflexión mucho más seria, construyendo referencias al desmantelamiento del pasado y del futuro político del país, como la destrucción que se está llevando a cabo de la arquitectura 'Khana Ratsadon' (Partido del Pueblo) que construyeron funcionarios y militares que llevaron a Tailandia hacia una democracia constitucional en los años 30, o la eliminación de los símbolos del partido Future Forward que fue en 2019 una esperanza de cambio político y social completamente desarticulada por el sistema electoral tailandés, como se describe en el documental Breaking the cycle (Thanakrit Duangmaneeporn, Aekaphong Saransate, 2024). La presencia de los fantasmas es cada vez más trágica, como los de las víctimas de la violenta represión de las protestas de 2010, cuyos truenos no dejan descansar y enferman cada vez más al ministro Paul (Gandhi Wasuvitchayagit). En su condición de comedia surrealista que abraza el realismo mágico, A useful ghost se alimenta de un subtexto que erradica la narrativa tradicional para sustituirla por un intertextualidad que la enriquece y se apodera de ella. El espíritu queer de las historias de Ratchapoom Boonbunchachoke construye una mirada hacia la diversidad, como diversa es la manifestación de los fantasmas, algunos con voces sin cuerpos visibles, otros translúcidos o totalmente imperceptibles. Su sufrimiento interior se expresa a través de murmullos y movimientos de objetos, ocupando el espacio de un país como Tailandia lleno de fantasmas que surgen de la indefinición de sus muertes, provocadas por las desapariciones forzadas y las matanzas. Su presencia refleja una conexión con el pasado que no está cerrada. 

Once upon a time in Gaza

Tarzan Nasser, Arab Nasser

Francia, Alemania, Palestina, Portugal, Jordania, Qatar 2025 | Un Certain Regard | ★★★☆☆

Un Certain Regard '25: Mejor Dirección


Uno de los ministros de Hamás que aparecen en la película afirma que "hacer cine en Gaza es una forma de resistencia. Las herramientas son diferentes, pero el objetivo es el mismo". Se refiere a la primera película de acción palestina, titulada Rebel, con cuyo trailer comienza esta historia que mezcla la comedia social, la mirada política y el cine dentro del cine. Los hermanos gemelos Tarzan Nasser y Arab Nasser han ofrecido ya títulos destacados que se han estrenado en festivales internacionales: Gaza mon amour (2020), presente en la Mostra de Venecia y ganadora de la Espiga de Plata en la Semana de Valladolid, y Dégradé (2020), seleccionada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. En su última película, la ciudad de Gaza forma parte del título y también se convierte en protagonista al envolver a los personajes de esa inestabilidad e inseguridad que caracteriza la supervivencia en los territorios palestinos. Once upon a time in Gaza (Tarzan Nasser, Arab Nasser, 2025) no solo es una referencia cinematográfica a algunos títulos reconocibles como Hasta que llegó su hora (Sergio Leone, 1968) o Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984), sino que también expresa de manera singular una referencia a Gaza como un lugar del pasado, ahora sepultada entre las bombas del genocidio israelí. Precisamente la historia se desarrolla en 2007, al año siguiente de la victoria democrática de Hamás, que fue rechazada por parte de la comunidad internacional, alimentando así la justificación del aumento del bloqueo y la presión militar de Israel. La película ofrece estas consideraciones políticas (comienza con las declaraciones de Donald Trump refiriéndose a Gaza como un futuro resort), porque el entorno del territorio está impregnado de la violencia, las bombas y esa sensación de que la vida puede escaparse en un solo segundo, con una bala perdida o una deflagración cercana. Pero la historia no se centra en la guerra, aunque ésta permanece presente en todo momento. Los protagonistas de Once upon a time in Gaza son Osama (Majd Eid), el dueño de un pequeño restaurante que se dedica al contrabando de analgésicos que distribuye envueltos en las pitas de falafel, el cocinero Yahya (Nader Abd Alhay), que tiene el sueño de poder salir de Gaza, lo que es impedido por las autoridades israelíes, y Abou Sami (Ramzi Maqdisi), un policía corrupto que pretende acabar con el negocio de Osama, aunque se trate de un contrabando menor. La trama principal se centra en estos tres personajes en la primera parte de la película, y establece una especie de cotidianidad dentro de un ambiente de conflicto militar permanente. Rodada en Jordania, que representa a una Gaza semidestruida pero aún con una cierta vida social estable, los directores se implicaron directamente en el diseño de producción para reflejar de la manera más fidedigna las calles del territorio palestino.

Aunque el comienzo fragmentado, entre noticias reales de televisión, ideas absurdas de un mandatario norteamericano con escaso conocimiento del conflicto, y la promo de una película de acción palestina, podría hacer pensar que Once upon a time in Gaza va a ser una comedia loca, en realidad no lo es. Hay elementos de humor negro y se usan los clichés del género de acción de serie B en la parte final, pero el tono en general es más serio de lo que parece y quizás por eso resulta algo desequilibrado. También hay una curiosa ausencia de personajes femeninos, lo que los directores justifican diciendo que es intencionado para mostrar la forma en que la vida de los protagonistas está emocionalmente fragmentadas. Las mujeres para ellos son solamente una fantasía, representando la ausencia añorada, como la que tiene Yahya de su hermana y su madre, que se encuentran en Cisjordania. Enfocándose en el retrato de personajes, la primera parte aborda la confrontación entre el policía Abou Sami y el negociante Osama, que influirá en los acontecimientos posteriores que se desarrollan en 2009. La segunda mitad es más irregular aunque adopta un mayor tono de comedia, centrándose en la elección de Yahya como el protagonista de la película de acción Rebel, a pesar de su inexperiencia en el cine. Surge así la narrativa meta-cinematográfica que refleja también una interacción entre la realidad y la ficción. Cuando el director de la película de acción escoge a Yahya, algunos consideran que lleva el pelo demasiado largo como para representar a un héroe de la causa palestina, lo que se puede interpretar como una mirada irónica a la masculinidad que habitualmente expone Hamás en su propaganda política. El rodaje también expone la falta de recursos, y los actores sienten miedo porque tienen que utilizar armas y munición real de los soldados, ya que no hay presupuesto para comprar réplicas. Los directores de Once upon a time in Gaza convierten a su protagonista en un héroe sin grandes efectos dramáticos, impregnando su heroicidad de paciencia y resistencia, frente a la representación cliché de la película dentro de la película. Hay buenas ideas y una planificación inteligente, con la sutileza de la fotografía de Christophe Graillot y la música de tono irónico del estupendo compositor Amine Bouhafa. Pero el resultado se siente menos relevante de lo que puede parecer. 


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Películas mencionadas:

El increíble hombre menguante se puede ver en Filmin y Pluto tv.
Cleo de 5 a 7 se puede ver en Acontra+ y Tivify.
Gaza mon amour se puede ver en Filmin y Prime Video. 
Hasta que llegó su hora se puede ver en Movistar Plus+, SkyShowtime y Tivify.
Érase una vez en América se puede ver en Disney+ y Prime Video.