19 octubre, 2020

Animario 2020: La sociedad vista a través de la animación

El III Festival Internacional de Animación Contemporánea de Madrid es otra de las muestras que este año ha decidido ofrecer un formato híbrido: el presencial, que se clausuró ayer, y el formato online, que se puede ver en Filmin hasta el 25 de octubre. Se trata de un encuentro cinematográfico organizado por Matadero Madrid y Cineteca Madrid que ofrece una retrospectiva de los últimos cortometrajes de animación, algunos de los cuales también han estado presentes en la Sección Anima't del Festival de Cine Fantástico de Sitges. En estos meses de coronavirus, en los que la industria audiovisual ha sufrido una paralización importante en todo el mundo, la animación, por su condición de trabajo de interior, que no necesita una interacción física, se ha visto beneficiada por esta situación inusual. Series como The blacklist (NBC, 2013-) recurrieron a la animación para concluir su última temporada, y The walking dead: World beyond (AMC, 2020-) también incorpora algunas secuencias de animación. Se trata de un buen momento para dedicar una atención especial a trabajos que destacan no solo por su ejecución sino también por su contenido. 

Animario se inauguró con el estreno en España del cortometraje Homeless Home (Alberto Vázquez, 2020), Premio del Jurado en Annecy 2020. En esta obra, el director español regresa a los diseños en blanco y negro que ya había utilizado en Decorado (Alberto Vázquez, 2016), creando una fantasía tenebrosa en torno a esos personajes que siempre han estado en el lado oscuro. Visualmente el cortometraje es fascinante, con fondos bellamente elaborados que nos recuerdan a El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957). Como en otras ocasiones, el guión introduce diálogos que tratan de humanizar a estos personajes, usando un lenguaje moderno. Pero en este caso el recurso, que es a la vez cómico e irónico, no termina de encajar bien con las imágenes y se convierte en un lastre para dar una entidad realmente contundente al conjunto.

Homeless Home (Alberto Vázquez, 2020)

La clausura de Animario se ha producido con The nose of the conspiracy of Mavericks (Andrei Khrzhanovskiy, 2020), que también recibió el Premio Especial del Jurado en Annecy 2020. Se trata del último largometraje del veterano realizador ruso que, a sus ochenta años, es toda una leyenda del cine de animación. Incorpora imágenes reales mezcladas con animación para hacer una reflexión sobre la historia de Rusia, especialmente la etapa estalinista. Tomando como referencia un cuento de Nikolai Gógol que se convirtió en ópera, la película se puede ver como un sueño, un compendio de imágenes que forman parte de la imaginación de su director y que se intercalan sin un aparente sentido narrativo. Es una película de una profunda intelectualidad, y de la que posiblemente no podamos extraer todas sus significaciones porque para ello deberíamos conocer con profundidad sus referentes históricos, literarios, musicales y políticos. Pero funciona perfectamente como una recapitulación del cine de Andrei Khrzhanovskiy. 

Estas dos películas solo se han podido ver en el formato presencial de Animario, pero buena parte de su programación sí está disponible en Filmin. 

La mujer representada

La representación de la mujer está muy presente en la Sección Oficial, compuesta por 21 cortometrajes, de los que más de la mitad están dirigidos por mujeres. Bach-Hông (Elsa Duhamel, 2019), que ha conseguido el Premio al Mejor Cortometraje Internacional, se podría definir como una especie de documental animado. Escuchamos extractos de una entrevista a la protagonista, que cuenta su experiencia de niñez en Saigón, una existencia plácida al margen de la guerra que enfrentó a Vietnam del Norte y del Sur, hasta que en 1975 se produjo la invasión por parte de los comunistas. La huída supuso el abandono de su infancia, y de una yegua llamada Bach-Hông que le enseñó el amor por los animales. Es una historia contada con dibujos de una gran belleza, que profundiza en la conexión del alma femenina. 

Bach-Hông (Elsa Duhamel, 2019)

En La tempête (Astrid Ginet, 2019), se nos habla de una joven que es abandonada por su prometido, borrando su destino como esposa y madre. Cuando este abandono se produce, su madre la insta a buscar otro hombre, como si su vida tuviera que depender indefectiblemente de la figura masculina. Pero ella se deja llevar por la tormenta, e inicia un viaje que no es solo físico sino también interior, una liberación que se representa en la danza, en la libertad de ser uno mismo, sin necesidad de otros. En Symbiosis (Nadja Andrasev Baussaron, 2019) la directora libanesa afincada en Francia también propone un retrato de mujer y de abandono. En este caso, se centra en el aislamiento emocional de una pareja, a través de una historia de celos y desengaño, pero también de descubrimiento. Se abordan temas como el erotismo, la sensualidad y la venganza, con una animación sutil, que conecta los objetos para crear un subtexto emocional. 

Por su parte, Portrait en pied de Suzanne (Izabela Plucinska, 2020) nos ofrece el retrato de una mujer, pero a través de la visión de un hombre. Utilizando la técnica de stop-motion con plastilina, el protagonista es un hombre obsesionado con la comida que, tras sufrir un accidente, asiste a la transformación de su pie en una figura femenina. Es un cortometraje que habla de los celos, de las relaciones personales y de la soledad. La figura masculina es inestable, y solo encuentra un cierto equilibrio en la relación que establece con su pie transformado en Suzanne. 

Portrait en pied de Suzanne (Izabela Plucinska, 2020)

La directora Siqi Song fue nominada al Oscar por su cortometraje Sister (2018), y ahora presenta en The coin (2019) una historia que de alguna manera conecta con aquél argumento familiar. Aquí la protagonista es una niña a la que su madre le cuenta una tradición china sobre la introducción de monedas de la suerte en los dumplings. Al hacerse mayor, un viaje interior hacia su pasado le sirve para encaminarse hacia su futuro, una lectura muy bella, con las figuras en stop-motion características de su autora, en torno a la necesidad de conectar con el pasado para poder seguir adelante. 

Por su parte, en #21xoxo (Sine Özblige, Imge Öxblihe, 2019) se plantea una fantasía que tiene que ver con la mujer en una sociedad absorbida por las redes sociales. A través de una animación creativa y colorista, se nos presentan las relaciones de la protagonista a través de los instrumentos digitales y la comunicación se produce desde aplicaciones en el móvil. Pero la historia parece estancarse en una especie de fantasía que tampoco nos lleva a ningún lado concreto, excepto a una representación que resulta demasiado obvia. 

Sentirse ausente en el mundo

Muchos de los cortometrajes que vemos en la selección de Animario tienen que ver con la difícil adaptación a la sociedad que nos rodea, y están protagonizados por personajes que son diferentes, que no encuentran acomodo en las reglas establecidas, y cuya existencia es, ya en sí misma, una exhibición contundente de libertad. 

Purpleboy (Alexandre Siqueira, 2019) aborda un tema complejo con una sencillez sorprendente. El protagonista es un niño cuya identidad sexual no está definida, pero que se autodefine como masculino. Esta lucha por reivindicar su personalidad, incluso en una sociedad opresiva, le llevará por un viaje que está lleno de una poesía visual absorbente. Es un trabajo dinámico, de gran calado emocional, que trata temas profundamente sin abandonar un diseño artístico sobresaliente. 

Purpleboy (Alexandre Siqueira, 2019)

En el cortometraje español Yo (Begoña Aróstegui, 2020), la historia nos muestra cómo cambia la existencia rutinaria de un hombre cuando se obsesiona con la definición de las cosas, con encontrar un significado y categorizar las cosas que le rodean. Es un corto interesante que mezcla fotografías con animación 2D, pero cuya narración a través de un monólogo resulta algo discursiva. Seleccionado en Annecy 2020, está producido y escrito por Fernando Franco, director de La herida (2013) y Morir (2017), que adapta un relato del escritor austríaco Arthur Schnitzler. En Têtard (Jean-Claude Rozec, 2019), que logró el Premio FIPRESCI en Annecy 2019, el renacuajo del título es un niño cuya hermana le cuenta historias sobre cómo él en realidad no es el hijo de sus padres. Es un cuento cruel sobre la aceptación que está realizado con una animación llena de plasticidad, con una paleta de colores espléndida. En este caso, la no-inclusión en la normalidad está marcada por una no-aceptación de la hermana, un rechazo desde la relación familiar. 

También nos propone una historia de personajes que no encajan en el marco establecido, pero aquí utilizando el sentido del humor, Why slugs have no legs? (Aline Höchi, 2019), que estuvo seleccionado en Clermont-Ferrand 2020. En este caso, nos situamos en una ciudad habitada por insectos que trabajan frenéticamente, excepto tres babosas que tienen una actitud más relajada. Hasta que se produce una crisis económica (provocada en parte por las babosas), que conducirá a una solución drástica. De nuevo encontramos una reflexión sobre la inadaptación, usando el humor com un instrumento para mostrar una sociedad que no permite que se rompan sus reglas. 

Routine: The prohibition (Sam, 2019)

Como en Routine: The prohibition (Samuel Ortí Martí, 2019), en el que el director español, también conocido como Sam, regresa a la animación stop-motion que le dio buenas críticas con Pos eso (2014) para proponer una mundo sucio y decrépito en el que la falta de un elemento tan necesario como el oxígeno provoca que se tomen medidas radicales. Pero estas medidas afectarán principalmente a los sectores más desfavorecidos en beneficio de los más ricos. Es una mirada humorística, pero que también tiene un fuerte componente de crítica social, y este fin de semana ha conseguido la Mención Especial en el Festival de Sitges 2020. 

La sociedad enfrentada también está presente en Mad in Xpain (Coke Riobóo, 2020), que es una especie de continuación del cortometraje por el que estuvo nominado al Goya, Made in Spain (2016). En la misma playa del Sur de España, con algunas de las miniaturas que formaban parte de aquella historia, el director ofrece ahora un nuevo trabajo en stop-motion que se desarrolla en una España del futuro, muy cercana al universo de Mad Max (George Miller, 1979), pero por supuesto habitado por la representación del folclore español, con nazarenos, trajes de flamenca y obispos sedientos de poder. 

La grandeza del cortometraje  

En la programación de Animario 2020 se pueden encontrar algunos de los cortometrajes más destacados de los últimos meses, obras maestras de la animación que marcan un año muy creativo. El más destacable es The physics of sorrow (Theodore Ushev, 2019), que estuvo preseleccionado para el Oscar el año pasado. Es un trabajo extraordinario que propone un viaje por la memoria, inspirado en la novela del mismo título del escritor búlgaro Georgi Gospodinov, del que el director también adaptó un relato en su cortometraje nominado al Oscar Blind Vaysha (2016). Estamos ante una historia contada en voz en off que resulta al mismo tiempo épica y profundamente íntima. El uso de la técnica de pintura encáustica para la animación, que tiene una textura densa y colorista,  es uno de los grandes aciertos del cortometraje, que parece envuelto en un aire de ensueño. 

The physics of sorrow (Theodore Ushev, 2019)

Empty places (Geoffroy De Créci, 2020) es una magnífica animación francesa que muestra lugares vacíos en una ciudad, sin presencia humana, en la que las máquinas siguen funcionando de forma repetitiva pero ya sin un propósito real. Tiene una estructura narrativa interesante, una representación formal de la soledad de los objetos, y funciona perfectamente como una especie de visión inteligente de un mundo confinado. Ha conseguido en Animario 2020 una Mención Especial del Jurado.

En el cortometraje finlandés Freeze frame (Soetkin Verstegen, 2020), unas figuras humanas tratan de evitar que distintos bloques de hielo se derritan. Una misión imposible, una lectura pesimista en torno a la inevitabilidad del cambio climático, que se nos muestra en un excelente trabajo en stop-motion con imágenes en blanco y negro que parecen sacadas de archivo, una especie de memoria de un pasado que solo existe en la pantalla, un mundo que ya no es presente. Ganador del Premio al Mejor Cortometraje en Annecy 2020. 

Beyond Noh (Patrick Smith, Kaori Ishida, 2020)

Y Beyond Noh (Patrick Smith, Kaori Ishida, 2020) es un elaborado trabajo de animación de 3.475 fotografías de máscaras de todo el mundo que supone una especie de coreografía en torno a la tradición y la cultura pop, y cómo ambas representaciones de la sociedad pueden coexistir. El proyecto nació tras una visita que el matrimonio de directores realizó al Museo de Kioto, y es una de las piezas de animación más absorbentes, inteligentes y dinámicas que hemos podido ver este año en festivales como Krakow Film Festival, Vienna Shorts o Annecy. 


Animario 2020 se puede ver en Filmin hasta el 25 de octubre. 



16 octubre, 2020

Sitges 2020: La maldición del coronavirus

La incertidumbre provocada por el coronavirus está presente todos los días en la edición presencial del Festival de Cine Fantástico de Sitges. Las nuevas medidas que ha adoptado la Generalitat de Catalunya afectan a estas últimas jornadas, especialmente el fin de semana, aunque la presencia de invitados para presentar películas es casi inexistente. La reducción del aforo del 70% al 50%, además del cierre de bares y restaurantes durante 15 días en Cataluña, afecta directamente a la continuidad de una edición que ha tenido que adaptarse a estas nuevas medidas. La recaudación del festival ha caído este año hasta el 53%, aunque habrá que comprobar si el formato online está sirviendo de recuperación. 

Pero esto no es exclusivo de Sitges, ya que el otoño (que en abril se esperaba que hubiera supuesto una cierta vuelta a la normalidad), está poniendo a prueba a los festivales de cine. En Bélgica, donde la tasa de contagiados se ha doblado en el mes de octubre con respecto a la que vivieron en abril, se está celebrando a duras penas el Festival de Cine de Ghent (del que tendremos algunas crónicas la semana próxima), y el concierto de los World Soundtrack Awards se podrá ver únicamente online. El prestigioso IDFA que se celebra en noviembre en Amsterdam ha anunciado esta semana que, dada la situación que se vive en Holanda, país en el que hubo poca incidencia de la epidemia en abril pero este mes de octubre ha triplicado su número de contagiados, han tomado la decisión de pasar casi todas las actividades de la Industria a formato online, y posiblemente también lo hará buena parte de su programación. En Grecia, el Thessaloniki Documentary Film Festival ha previsto tres escenarios diferentes dependiendo de la situación que se viva en el país en noviembre. 

Las consecuencias en la programación de los festivales también se ha hecho notar. Ya comentábamos en nuestra anterior crónica que en esta edición del Festival de Sitges tienen más protagonismo las producciones modestas, frente a las grandes superproducciones. Asimismo, la ausencia de cine oriental de género fantástico es notable.

El terror viene de Indonesia

Pero esta ausencia de las películas orientales ha beneficiado a la presencia de algunos títulos que provienen de Indonesia, una de las cinematografías que más ha crecido en repercusión internacional, que encabezan directores como Joko Anwar y Kimo Stamboel, de los que se programan sus dos últimas películas. Tras un parón de la producción en los años noventa, el cine indonesio ha renacido literalmente de sus cenizas, bien es verdad que imitando las maneras del cine de Hollywood para adaptarlo a su idiosincrasia. Joko Anwar es el mayor representante de la industria, y ha sido pionero en tratar géneros cinematográficos ausentes en el cine de su país. A él se debe, por ejemplo, la primera película indonesia de temática gay, Arisan! (2003), la primera incursión en el cine negro con Dead time: Katala (2007), o la primera película de superhéroes, Gundala (2019). 

En Sitges presenta dos títulos, uno como guionista y director y otro como guionista. Impetigore (Joko Anwar, 2019), seleccionada en el Festival de Sundance y presente en Sitges en Panorama Fantàstic, de alguna manera continúa la línea que marcó su éxito internacional Satan's slave (2017), planteando un argumento de terror clásico que está protagonizado por una joven que regresa a su pueblo para reclamar la herencia de un familiar. Esta vuelta al pasado, al lugar de la infancia que oculta secretos inconfesables, es común en las dos historias presentadas este año. La película utiliza bien los resortes del cine de terror, especialmente en una primera parte llena de suspense, aunque las escenas están demasiado remarcadas por la música. La segunda parte se desarrolla ya en el pueblo donde han ocurrido unos hechos misteriosos relacionados con el nacimiento de bebés sin piel. La laxitud de la censura en Indonesia ha permitido al cine de género crecer, porque le da carta blanca para introducir escenas totalmente macabras, llenas de efectos gore, que en este caso ocupan la última parte de la película. Sin embargo, el estilo de montaje frenético e imágenes de pesadilla que adopta el director juega en contra de la claridad de la propuesta, y quiere ser más autoral de lo que realmente necesita. 

La virtud de The Queen of black magic (Kimo Samboel, 2019), que se presenta en Midnight X-Treme es precisamente su forma más clásica, igualmente gore pero mucho más clara en la exposición del argumento. El guión está escrito por Joko Anwar, basado en un clásico del slasher indonesio, La reina de la magia negra (Liliek Sudjio, 1981), e introduce algunos cambios importantes sobre la historia original, pero básicamente sigue su argumento. De hecho, hay un homenaje a esta cinta original con fotografías que aparecen en los títulos de crédito finales. En este caso estamos ante una excelente muestra de terror que ofrece un crescendo continuo hasta que prácticamente la última mitad de la película nos introduce en una pesadilla sangrienta que nos deja sin espacio para respirar. Es un trabajo exquisito del director, que sabe ir creando tensión hasta que la explosión de venganza se convierte en una fiesta de sangre y vísceras. De nuevo estamos ante una historia que se conecta con el pasado, con hechos moralmente inaceptables que provocan la ira de los demonios internos. 

Construir el miedo

La Sección Oficial presenta algunos títulos destacables, esas pequeñas obras que quizás en otras circunstancias hubieran pasado más desapercibidas. Come true (Anthony Scott Burns, 2020) se ha calificado como lo que podría ser un singular reboot de Pesadilla en Elm Street (Wes Craven,  1984). Y efectivamente nos introduce en el mundo de los sueños y en la representación amenazadora de las pesadillas, a través de una joven que se somete voluntariamente a un estudio del sueño. Se trata de una propuesta muy personal, y por lo tanto también muy libre, en la que el director ejerce como guionista, director de fotografía y compositor. La representación fantasmagórica de la película es espléndida y el director consigue crear una atmósfera desasosegante, una de esas incursiones en el género que no necesita de artificiales momentos de impacto para que, como espectadores, nos sintamos incómodos. Y de alguna manera también el director sabe fusionar la realidad de tonos azulados con ese otro mundo interno de tonalidades grisáceas. Es cierto que el tercer acto puede ser discutible, y la inclusión de determinadas escenas románticas parece algo tópica, pero también es verdad que este embellecimiento del amor es coherente con el final que se nos propone. Pero, al margen de ello, Come true nos deja en la memoria la representación más absorbente del mundo de los sueños que hemos visto en mucho tiempo. 

En un tono completamente distinto encontramos Mandibles (Quentin Dupieux, 2020), otra propuesta singular del director de Le daim (La chaqueta de piel de ciervo) (2019). El sentido del humor surrealista, con tendencia al absurdo, está especialmente presente en esta película que tiene de nuevo ese carácter de road movie que veíamos en Rubber (2010). Aquí los protagonistas son dos personajes abobados tan ensimismados en su propia tontería que ni siquiera se sorprenden cuando encuentran una mosca gigante en el maletero de su coche. Aunque es una película más accesible pero menos interesante que Le daim, por ejemplo, lo cierto es que el director consigue extraer de la estupidez de los personajes principales una celebración de la amistad por encima de todo. La película estuvo presente en la Sección Oficial de la Mostra de Venecia y tiene algunos momentos muy divertidos, muy locos, que nos deleitan en su juego constante entre el humor y la idiotez. Pero el director, lejos de juzgar a sus personajes, los trata con cariño, incluida la histriónica (pero graciosa) interpretación de Adèle Exarchopoulos, muy alejada de su premiado papel en La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2003).  

Caminando entre géneros

Hay algunas películas que se mueven entre diferentes enfoques argumentales, consiguiendo ese difícil equilibrio entre lo que proponen y lo que consiguen. Es el caso de Méandre (Mathieu Turi, 2020), que se presenta en Panorama Fantàstic, y que nos sitúa en una de esas historias "survival" en la que la protagonista ya está, a los diez minutos de comenzar la película, metida en una especie de laberinto tubular lleno de trampas. En este sentido, el primer acto tiene conexiones evidentes con títulos como Cube (Vincenzo Natali, 1997), con ese laberíntico escenario lleno de peligros, con una buena dosificación del suspense y un trabajo notable de la actriz Gaia Weiss. Pero, a partir del segundo acto, se introducen elementos extraños que acercan a la historia más al universo de H.P. Lovecraft. Si la primera parte es más física, la segunda es más psicológica. Si la película comienza como un "survival" en el que el misterio parece no aclararse del todo, poco a poco se va decantando hacia una mirada mucho más existencialista. Y es este cambio de enfoque lo que la aleja de otros títulos que tradicionalmente se mantienen en un solo camino. Una propuesta arriesgada, que quizás no encuentre el beneplácito de muchos espectadores, pero que la sitúa en un plano elevado respecto a la construcción narrativa de un relato fantástico. 

La argentina Historia de lo oculto (Cristian Ponce, 2020), presente en Noves Visions, plantea un argumento que se va desarrollando entre el policíaco y el terror. Un programa televisivo de investigación es el protagonista de una última emisión en la que descubrirán un hecho terrorífico que rodea a las más altas cúpulas de poder del país. La película, que está rodada con bajo presupuesto, saca partido a sus escasos medios para construir una historia que nos atrapa desde el principio. Aunque el argumento aparentemente se desarrolla en los años ochenta, la estética parece hacer más referencia a los años sesenta y setenta, con una fotografía en blanco y negro y el formato 4:3 que la acerca a la televisión de la época. Pero el director se permite también la libertad de introducir en algunos momentos el color, y cambiar el formato para mostrarnos hechos pasados. Lo interesante de la propuesta es cómo se va transformando desde un cierto homenaje al noir norteamericano hasta una auténtica historia de terror. 

También argentina es Los que vuelven (Laura Casabe, 2019), que introduce elementos de terror en una historia sobre el trato de los terratenientes a las poblaciones indígenas en el Lago Iguazú, a principios de siglo XX. La película está basada en el cortometraje La vuelta del malón (2010), cuya historia Laura Casabe amplía con talento. Pero también se nota una evolución como directora, porque mientras en el cortometraje el estilo era más estridente, con zooms que parecían acercarlo a los giallos italianos, en el largometraje resulta más sutil, más madura. Laura Casabe se recrea en las imágenes de la selva, y se acerca con mayor sutileza, lo que aleja a la historia del género de terror y la acerca más a un drama histórico. Los que vuelven tiene la virtud de moverse entre diferentes géneros y tratar temas complejos que están bien definidos, como la maternidad, pero sobre todo el desprecio hacia las poblaciones indígenas. Los elementos de género de terror, los introduce este renacer de los muertos vivientes, pero más cerca de la zombificación latinoamericana que muestra a un renacido que se encuentra perdido en este mundo (no estamos ante los zombis sedientos de sangre). Nos parece discutible la utilización de elementos sonoros y musicales que introducen sonoridades electrónicas, porque distorsionan en cierto sentido el carácter clásico de la propuesta, y no están especialmente justificados. Pero el conjunto es un acercamiento a la colonización desde la mirada del terror, una visión original y profunda en torno a la memoria de los pueblos oprimidos.

El valor del cine de animación

La Sección Anima't ofrece una muestra de las películas de animación más destacadas del año. En ella encontramos algunos de los títulos que pudimos ver en la pasada edición de Annecy, como la película de Estonia The old man - The movie (Oskar Lehemaa, Mikk Mägi, 2019), adaptación de la serie de episodios Vanamehe Multikas (YouTube, 2014-) en torno a las experiencias de tres jóvenes cuando visitan a su abuelo en el campo por vacaciones. El contraste entre la vida campestre y la gran ciudad, y especialmente el singular carácter del abuelo, se muestran en una serie de episodios de corta duración que funcionan como sketches cómicos en los que destaca el humor escatológico. La película mantiene el mismo sentido del humor de brocha gorda que tiene la serie, y reinicia la historia, proponiendo un largometraje que pretende tener vida propia. No hay una lógica narrativa, sino una serie de chistes que tienen una efectividad desigual. 

Por su parte, la producción argentina Lava (Ayar Blasco, 2019) es una historia de ciencia-ficción que toma como base una invasión cultural para proponer una divertida historia llena de situaciones absurdas. El director, que se dio a conocer con el largometraje Sol (Ayar Blasco, 2011), en el que también trataba el tema del Apocalipsis cultural, regresa a sus animaciones sencillas, algo planas, pero que se sostienen sobre un guión muy acertado humorísticamente hablando. La película plantea una reflexión sobre la cultura y la influencia de las nuevas tecnologías en la sociedad actual, consiguiendo una propuesta entretenidamente disparatada. 

Aunque ya comentábamos que el cine oriental escasea en esta edición, hay alguna muestra de anime como Hello world (Tomohiko Itô, 2019), que propone una historia intertemporal en la que un joven se visita a sí mismo en el pasado (que transcurre en 2027) para tratar de recuperar a su amor. Pero este argumento romántico solo es el inicio de un desarrollo que incluye numerosos giros que funcionan casi como una matrioshka, el descubrimiento progresivo de la realidad. En este sentido, la película juega con los espacios temporales y con la psicología de los personajes, aunque la construcción narrativa a veces tiene ciertas lagunas. Visualmente consigue un equilibrio exquisito entre la animación 2D y el CGI, centrándose en unos fondos coloristas, hermosos en su concepción, que va creando un mundo de tecnología y cables que nos resulta muy atractivo. 

El perfeccionismo del genio

Uno de los documentales imprescindibles de este año es Kubrick by Kubrick (Gregory Monro, 2020), que está presente en Sitges Documenta, pero también está seleccionado en Film Fest Gent, que se desarrolla estos mismos días. La película utiliza las conversaciones que mantuvo el director norteamericano con el crítico de cine francés Michel Ciment, en una de las escasas entrevistas que concedió a lo largo de su vida, y que recogió en su libro Kubrick (1980), pero cuyas grabaciones sonoras aún no habían salido a la luz. El director utiliza un escenario de cierto aspecto barroco en el que vamos descubriendo algunos de los iconos de las películas de Stanley Kubrick, haciendo un recorrido que no es lineal, sino que va dando saltos de una película a otra, y regresando hacia atrás. Una estructura desordenada que resulta interesante, y subraya la coherencia de la obra del director. 

Hay una cierta intencionalidad de eliminar algunas de las leyendas urbanas que corren sobre el carácter autoritario de Kubrick o sobre su aversión a rodar fuera de Inglaterra, al mismo tiempo que se va creando una figura obsesionada con el perfeccionismo, que veía un rodaje como si se tratara de un campo de batalla, a un director de cine como un líder comparable a Napoleón comandando sus tropas. Pero también hay una deconstrucción del mito, usando entrevistas bien seleccionadas con algunos de sus actores, como Malcolm McDowell, que afirmaba que no era un director que llegara especialmente preparado al set de rodaje, sino que tenía una cierta tendencia a la improvisación que lo definía como artista. Y escuchamos al propio Stanley Kubrick afirmar que en 2001. Una odisea del espacio (1968) cuestiones importantes (como el descubrimiento que hace HAL) se resolvieron directamente en el rodaje. Es un retrato espléndido que nos acerca, a través de sus propias palabras, a su punto de vista sobre temas como el poder, el erotismo o la creación artística, y también a sus debilidades, como esa renuncia a películas de su primera etapa como Fear and desire (Stanley Kubrick, 1953). Quizás es una película más disfrutable para aquellos que conocen la obra de Stanley Kubrick, que encontrarán algunas claves sobre su cine, pero se trata de un retrato dinámico y nada superficial.  

Esto no es lo que lo que parecía

La programación del Festival de Sitges sorprende en ocasiones con la selección de algunas rarezas que tienen un mayor componente de curiosidad que de calidad. Algunos títulos funcionan como reclamo de lo grotesco, pero no tienen una entidad realmente sostenible. Entre estas propuestas encontramos 12 hour shift (Brea Grant, 2020), presentada en Panorama Fantàstic, una película que aborda el humor negro y trata algunos temas serios como el tráfico de órganos. Está protagonizada por Angela Bettis, actriz que desde su papel en el reboot de Carrie (David Carson, 2002) se ha especializado en el cine de terror. En el Fantasia Film Festival un jurado presidido por Joko Anwar le concedió el Premio al Mejor Guión, así que la película debe tener algo que no hemos apreciado. Lo mejor que se puede decir de ella es que desborda una libertad creativa insólita, creando situaciones cada vez más absurdas. Pero ni el mediocre trabajo de los actores ni los litros de sangre pueden salvarla del caos. 

Tampoco ayudan los actores en Hosts (Adam Leader, Richard Oakes, 2020), presente en Midnight X-Treme. Esta producción británica es una "home invasion" que explica poco para introducirnos en una familia acosada por una pareja violenta. Pero, al margen de alguna escena impactante (la cena de Navidad) hay una pretensión de cierta profundidad en la reflexión sobre las mentiras y los secretos en la unidad familiar que realmente no interesa demasiado. Y en esta misma sección hemos visto la película belga Yummy (Lars Damoiseaux, 2019), que convierte un centro de estética en un baño de sangre, y que tiene el valor de ser una de las pocas producciones del país que realizan una incursión en el género. Pero de nuevo el guión, que circula también por los terrenos de la comedia negra, con alguna escena destacada (como la del alargamiento de pene) resulta superficial y ni siquiera lo suficientemente extravagante como para ser provocativo. 


El Festival de Cine Fantástico de Sitges se celebra hasta el 18 de octubre. 

Mandíbulas se estrena en salas el 8 de enero.

La vida de Adèle se puede ver en HBO España.
Cube se puede ver en Netflix y Amazon.
Vanamehe multikas se puede ver en YouTube.
Fear and desire se puede ver en Filmin y Mubi.



14 octubre, 2020

Sitges 2020: Ver terror metido en una película de terror

Si hay un festival en el que tiene sentido asistir a una edición presencial en mitad de una pandemia viral ese es el Festival de Cine Fantástico de Sitges. Porque este año, rodeado de las medidas de seguridad motivadas por el coronavirus, el formato presencial de Sitges parece sacado de una de esas películas que incluye en su programación: mascarillas, geles antibacteriales, distancia social... Es un ejercicio de metacine que resulta singular y tiene algo de apocalíptico. Afortunadamente, la organización del festival decidió adoptar el formato híbrido, vaticinando una aproximación del público de fuera de Sitges menor de lo habitual. Porque, aunque los festivales que se celebran presencialmente intentan justificarse, lo cierto es que las cifras de este año no han alcanzado ni a la mitad de las que se llega en ediciones "normales". Esto no será tan patente en Sitges, porque se ha optado, como otros muchos festivales más pequeños, por tener una actividad presencial pero al mismo tiempo un formato online que, eso sí, incluye menos de la mitad de las películas programadas, dejando fuera muchos de los títulos más atractivos. 

La programación del Festival de Sitges es, como suele ser habitual, un cajón de sastre en el que se puede encontrar de todo: desde el cine más gamberro hasta las propuestas más contenidas; desde grandes obras hasta auténticos bodrios. Y este año destaca la ausencia de grandes títulos que las productoras han decidido posponer, por lo que se ha apostado por un cine más modesto, menos ruidoso, pero en el que encontramos algunas joyas. Esa, al final, es la función de un festival de cine, aunque algunos de ellos parecen haberlo olvidado. A continuación realizamos un repaso a las películas de las que más se está hablando en esta edición del Festival de Cine Fantástico de Sitges, los grandes descubrimientos pero también las grandes decepciones. 

Lo que pudo ser...

Posiblemente una de las películas más esperadas del año en el género fantástico es la secuela de Train to Busan (Sang-ho Yeon, 2016), una revisión del subgénero de zombis que logró en Sitges los Premios a Mejor Director y Mejores Efectos Visuales. Esta segunda entrega, Península (Sang-ho Yeon, 2020), que compite también en la Sección Oficial, ha contado con más presupuesto y un periodo de producción largo. La opción en este caso ha sido la de desprenderse de su condición de continuación, eliminando la referencia directa, pero manteniendo una promoción que de todas formas se sostiene en el éxito de aquella. Pero, efectivamente, Península tiene pocos elementos en común con Train to Busan, aunque lo que elimina o modifica es lo que hacía a aquella un planteamiento original. Aquí, el escenario se amplía desde un tren hasta toda una ciudad, y se intenta reforzar el mensaje del ser humano como depredador del propio ser humano. El problema es que películas sobre ciudades aisladas, sobre una civilización hambrienta de sí misma, sobre la suciedad del entorno y del alma, ya se han visto anteriormente (de hecho, Península podría definirse como una especie de Mad Max (George Miller, 1979) con zombis). Pero, además, la representación de estos muertos vivientes es aquí menos orgánica, más supeditada a los efectos digitales, con escenas que pretenden ser de acción trepidante pero que acaban mostrándose como una imitación del mundo de los videojuegos. La amenaza se hace más inconsistente.   

Hay un cierto cine de terror, el denominado últimamente "terror de autor", que trata de utilizar la envoltura del género para hablar de temas más profundos, o con ciertas connotaciones sociales, en el caso de Hereditary (Ari Aster, 2018) o El hombre invisible (Leigh Whannell, 2020). Lo cual no deja de mostrar un desconocimiento absoluto de la retórica del cine fantástico, porque las grandes películas de terror casi siempre tienen un subtexto que reflexiona sobre la sociedad. George A. Romero hablaba del ser humano frente a la amenaza en La noche de los muertos vivientes (1968) en plena Guerra Fría, o de la sociedad consumista en Zombi: El regreso de los muertos vivientes (1978). 

Dentro de esta categoría encontramos Amulet (Romola Garai, 2020), presentada en la Sección Nuevas Visiones, que tiene como protagonista a un refugiado y una casa amenazante rodeada de elementos misteriosos, que nos propone una lectura feminista del género de terror. Pero la directora, que cuenta con el soporte interpretativo de la gran Imelda Staunton, parece más interesada en el subtexto que en el contexto, y va construyendo una atmósfera que resulta irrespirable, pero que es más formal que efectiva. Da la impresión de que la realizadora se olvida del espectador, que en su intento por construir una mirada "artística" frente al género se acaba perdiendo en sus propias elucubraciones. Y aunque el final plantea una propuesta que no es del todo desechable, el camino hasta llegar ahí resulta soporífero. 

Cosmética del enemigo (Kike Maíllo, 2020) es una de las películas españolas presentadas este año dentro de la Sección Oficial, y también una de las más esperadas, por las anteriores incursiones del director en el género fantástico, como Eva (Kike Maíllo, 2011), que ganó el Premio a los Mejores Efectos Visuales en Sitges. En este caso, adapta una novela de la escritora belga Amélie Nothomb que ofrece una incursión en el misterio psicológico, cuando un personaje de èxito es abordado en un aeropuerto por una extraña joven que le comienza a relatar historias que parecen esconder un objetivo oculto. Protagonizada por un reparto internacional y rodada en inglés, la película se construye como una historia de suspense, más que de terror, pero comete un desacierto grave cuando cambia el género de uno de los dos personajes, ya que en la novela son ambos masculinos. Esta decisión provoca que haya relatos que pierdan eficacia (la escena del cementerio), y elimina buena parte del interés que tiene la novela original que, sin ser una obra maestra de la literatura, ofrecía un interesante estudio sobre la psicología masculina.  

Tecnologías en nuestra contra

Una de las películas que formaban parte de la Sección Oficial era Save Yourselves! (¡Desconectados!) (Alex Huston Fischer, Eleanor Wilson, 2020), pero la programación de la película en Movistar+ provocó que la organización del Festival de Sitges decidiera eliminar su carácter competitivo, aunque manteniéndo las proyecciones previstas. Se trata de una comedia que ofrece una interesante propuesta de humor negro en torno a una pareja que decide desconectarse de las tecnologías para escaparse a una cabaña, sin saber que la decisión la han tomado justo cuando se produce una invasión alienígena contra nuestro planeta. Es una película divertida que tiene la osadía de presentar una historia de invasiones extraterrestres con dos únicos personajes, y que de alguna manera homenajea a las películas de ciencia-ficción de los años ochenta. 

Las nuevas tecnologías también están presentes en Host (Rob Savage, 2020), que es posiblemente uno de los títulos del género fantástico de este año. Y seguramente la primera muestra del género envuelto en la pandemia del coronavirus, porque se rodó a distancia a través de la aplicación Zoom de videoconferencias. Se trata de una película de sustos, con una reunión vía Zoom de un grupo de amigas para realizar una sesión de espiritismo. Y aunque aparentemente su objetivo principal es el de crear un crescendo de tensión, en una especie de vuelta de tuerca a películas como Paranormal activity (Oren Peli, 2007), lo cierto es que consigue su objetivo y está realizada con mucho talento, dadas las circunstancias en las que se ha rodado, en mitad del confinamiento. Pero no se trata de una propuesta tan superficial como pudiera parecer, sino que ese contexto de pandemia le da también una lectura sutil sobre las amenazas que nos acechan, y para las que ni siquiera nuestros propios hogares son espacios de seguridad. 

En Spree (Eugene Kotlyarenko, 2020) la tecnología está presente a través de las redes sociales y esta sociedad del "like" que hemos construido. El protagonista es un aspirante a influencer, interpretado con acierto por Joe Keery, uno de los protagonistas de la serie Stranger things (Netflix, 2016-2021), que se introduce en una espiral de violencia para tratar de conseguir el mayor número de seguidores. Se trata de una comedia negra, planteada como una de estas producciones cuya acción solo vemos a través de las cámaras digitales, que tiene un planteamiento interesante, pero que se va agotando conforme se desarrolla. La historia se hace repetitiva y acaba en un festín gore que tiene su gracia, y que seguramente es la razón por la que está en la Sección Midnight X-treme, aunque tampoco es especialmente extrema, pero que parece más una conclusión motivada por la falta de ideas que por la propia naturaleza del argumento. 

La amenaza está en casa

También en tono de comedia negra encontramos en la sección competitiva Becky (Jonathan Millot, Cary Murnion, 2020), quizás uno de los títulos de los que más se va hablar, para bien y para mal. Se trata de una película de subgénero "home invasion" que lleva hasta el extremo la capacidad de autodefensa de una adolescente, convertida en una especie de Rambo con las hormonas en ebullición. La película es disfrutable siempre que aceptes como espectador la premisa enloquecida de su argumento. Se agradecen los toques de gore que aportan cierta frescura a la historia, bien interpretada por la joven Lulu Wilson y el cómico Kevin James, aquí en un personaje alejado de sus habituales trabajos. En todo caso, la premisa se acerca a películas como Solo en casa (Chris Columbus, 1990), pero con ataques más sangrientos. 

En Relic (Natalie Erika James, 2020), que compite en la Sección Oficial, la directora amplía la historia de su cortometraje Creswick (Natalie Erika James, 2017), un espléndido ejemplo de terror atmosférico, para construir un relato más complejo que tiene a tres generaciones de mujeres como protagonistas. Al contrario que en Amulet (Romola Garai, 2020), aquí está lograda esa lectura femenina, a través de una película que consigue crear una ambientación lúgubre y amenazadora, y que propone una interesante reflexión sobre el paso del tiempo. El camino es minimalista, quizás demasiado, pero genera una sensación de claustrofobia que produce escalofríos. Es un viaje hacia la demencia entre paredes que asfixian a los personajes. Pero el terror auténtico comienza cuando acaba la historia. 


La Sección Oficial también acoge el estreno en España de Wendy (Benh Zeitlin, 2020), una revisión del universo de Peter Pan a cargo del director de la muy interesante Bestias del Sur salvaje (Benh Zeitlin, 2012), y que le ha llevado ocho años poner en pie. Y ciertamente no es una adaptación propiamente dicha, sino que el director y compositor construye nuevamente una historia de anti-crecimiento, una fantasía protagonizada por niños que no quieren ser adultos, que prefieren escapar de la realidad subiéndose a un tren con destino desconocido. La cámara acompaña las correrías de este grupo de niños dando saltos de alegría, de libertad, de exaltación de la amistad. Hay ecos de Terrence Malick en algunos momentos, aunque el interés de Benh Zeitlin camina por otra senda completamente diferente. Es una película que reivindica la esperanza y la osadía de la juventud. 

El futuro que nos espera

Una de las propuestas más interesantes que compiten en Sitges es Archive (Gavin Rothery, 2020), sorprendente debut, que plantea una relación entre el ser humano y las formas robotizadas, en una línea que puede recordar a Ex_Machina (Alex Garland, 2014). La película habla de la consciencia de los robots, pero también de la inconsciencia del hombre. Es una incursión fascinante en el mundo de la Inteligencia Artificial y sus límites (o la falta de ellos). Hay un trabajo espléndido de diseño de producción (casi toda la historia sucede en un solo espacio), que recuerda a Moon (Duncan Jones, 2009), lo cual tiene lógica porque Gavin Rothney fue diseñador de decorados de aquella película, con la que también guarda algunas similitudes en el tratamiento de una historia de aires casi minimalistas. El director maneja bien el sentido del ritmo y dosifica adecuadamente la información, de forma que la lógica aparece cuando se revela del todo la naturaleza de la historia. 

También es muy destacable la segunda incursión del hijo de David Cronenberg en el género fantástico con Possessor (Brandon Cronenberg, 2020), que es otro de esos títulos que dividen a la audiencia, pero que parece un claro aspirante a premio en la sección competitiva. En este caso se plantea una historia que tiene que ver con una corporación criminal que utiliza la implantación mental para cometer asesinatos con objetivos concretos. La voluntad del "poseído" se debilita, mientras el posesor controla su voluntad. Es una interesante premisa que nos hace pensar en Scanners (David Cronenberg, 1981), pero que sigue su propio camino. El joven director consigue crear una atmósfera de thriller futurista que resulta atractiva y que produce desasosiego. Y ofrece una historia compleja en la que el espectador no sabe en ciertos momentos quién es el posesor y quien el poseído, creando una reflexión muy lúcida sobre una sociedad que nos controla. Sin duda se habla mucho de la violencia explícita, excesiva, de algunas escenas (tres secuencias en concreto), pero por otro lado parece ser también un reflejo del mal funcionamiento del sistema en la mente de la protagonista, que convierte asesinatos que deberían ser limpios en auténticos baños de sangre. 


El Festival de Cine Fantástico de Sitges se celebra hasta el 18 de octubre. 

Becky se estrena en Movistar+ el 19 de octubre.
Península se estrena en salas el 6 de noviembre.
Relic se estrena en salas el 13 de noviembre.
Wendy se estrena en salas el 20 de noviembre.

Train to Busan, Save yourselves! (¡Desconectados!) y Moon se pueden ver en Movistar+.
Mad Max y Stranger things se pueden ver en Netflix. 
Hereditary se puede ver en HBO España. 
La noche de los muertos vivientes, Zombi y Bestias del Sur salvaje se pueden ver en Filmin. 
Scanners se puede ver en Amazon Prime. 
Solo en casa se puede ver en Disney+.


10 octubre, 2020

Curtocircuito: Lo inclasificable

Nuestra segunda y última crónica del festival Curtocircuito 2020, que se puede ver en Filmin hasta el 11 de octubre, se dedica a otras dos secciones que forman parte de su programación competitiva. Por una parte, en la Sección Explora se nos proponen una serie de cortometrajes que encuentran en la experimentación o la fusión una vía para establecer creaciones audiovisuales que son interesantes en forma y fondo. Mientras que en Península se nos ofrece una selección de algunos de los cortometrajes españoles más destacados de estos últimos meses. 

Península

En realidad, casi podríamos hablar de una sección de cortometrajes documentales, que son los que predominan en ella. Hay algunas muestras especialmente destacadas, como Lonely rivers (Mauro Herce, 2020), del que ya hemos hablado en nuestra crónica de Cinespaña 2020. También hemos visto en otros festivales cortometrajes programados en esta sección, como esa crónica del amor adolescente y femenino que es Panteres (Érika Sánchez, 2020), seleccionado en el Festival de Berlín y que pudimos ver en D'A Film Festival. La directora habla de la feminidad con una vocación transgresora, deteniéndose sobre todo en la búsqueda de la libertad, en la aceptación personal y la marca emocional que nos transmiten las dos protagonistas, cuya relación está mostrada con gran sensibilidad y realismo. Es un cortometraje sutil, que deja quizás una huella que no es imborrable, porque tampoco termina por arriesgar todo lo que hubiera sido deseable. 

La adolescencia también está presente en otros cortometrajes como Arenal (Rafa Alberola, 2019), que habla de la amistad entre dos jóvenes que se transmite a través de sus comunicaciones en las redes sociales. La representación cinematográfica de esta relación de amistad acaba resultando demasiado artificial, lineal y escasamente provocativa. Por su parte en Profecía (Julieta Juncadella, 2020), la directora nos propone una aventura que tiene elementos de fantasía protagonizada por tres adolescentes marroquíes. Seleccionado en el Festival Visions du Réel 2020, está clara la intención de dar a la historia un cierto aire de cuento, de relato de crecimiento, pero el resultado es poco convincente. 

Ráfagas de una vida salvaje (Jorge Cantos, 2019)

Más interesante es la propuesta de Ráfagas de vida salvaje (Jorge Cantos, 2019), que nos acerca al encierro físico y mental del protagonista, un joven refugiado que está sobreprotegido, y que descubre cierto grado de libertad cuando comienza a relacionarse con un grupo de adolescentes. El director utiliza el formato 4:3 para mostrar esa reclusión, que es más psicológica en realidad. Hay buenos apuntes de un cineasta que parece tener las ideas claras, y aunque algunas situaciones parecen algo forzadas, y la parte narrativa se queda a medio camino, se trata de un interesante acercamiento a la adolescencia desde un punto de vista diferente. 

Uno de los cortometrajes más esperados en la programación de Curtocircuito es Correspondencia (Carla Simón, Dominga Sotomayor, 2020), que ha sido realizado durante el confinamiento. Carla Simón, ganadora del Goya a Dirección Novel por Verano 1993 (2017), tuvo que interrumpir el rodaje de su último largometraje, Alcarràs (2021), debido a las medidas de protección contra el coronavirus. Como un encargo del Canal Cultural de TV3 para un proyecto sobre seis mujeres que reflexionan sobre temas diversos, se estableció esta comunicación epistolar y audiovisual entre la directora catalana y la realizadora chilena Dominga Sotomayor, de la que conocemos sus largometrajes De jueves a domingo (2012) y, sobre todo, Tarde para morir joven (2018), y además es productora ejecutiva de la muy interesante Los Fuertes (Omar Zúñiga Hidalgo, 2019).

Esta conversación entre las dos cineastas aborda temas como la maternidad, la democracia, la libertad o la ausencia, todos ellos alrededor del tema central, que es la familia. De hecho, las palabras están superpuestas a imágenes familiares, a grabaciones antiguas de ambas directoras. Este aspecto es quizás el más controvertido, porque no siempre hay un diálogo realmente efectivo entre las imágenes y las palabras, parece que cada una circula por un camino diferente. Es un trabajo de reconstrucción del pasado a partir del presente, que funciona en algunos momentos con alto grado de brillantez. 

Correspondencia (Carla Simón, Dominga Sotomayor, 2020)

Este ejercicio también está presente en Autoficción (Laida lertxundi, 2019), que pasó por la Sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián 2020. La "autoficción" la describía su creador, el escritor Serge Doubrovsky, como la "novela personal", aquella que construye la ficción a partir de la vida personal del autor. Aquí la autoficción se convierte en el retrato y el relato de las vidas de sus protagonistas, algunos de ellos viviendo otra vida, o reinventándose en un lugar lejano, en un idioma distinto. La idea es interesante, aunque el desarrollo no lo es tanto. Le falta el pulso de hacer vibrante lo cotidiano. 

Quizás las tres muestras más interesantes de esta sección son las que tienen que ver con lo rural, ese viaje al origen, al ser humano en su propia contradicción. Los páramos (Jaime Puertas, 2019), que pudimos ver en la programación de D'A Film Festival, es un mediometraje valiente porque tiene una narrativa arriesgada. Aunque se centra en una mujer gitana en un pueblo del Sur de Granada, en realidad su interés está en el paisaje, o mejor dicho, en los paisajes que van conformando la naturaleza, pero también las personas que habitan estos lugares inhóspitos. Es una propuesta que está entre lo poético y lo surrealista, que hunde sus raíces en las imágenes, en la contemplación (y en algunos momentos de humor realmente logrados). Es en ciertos pasajes irregular, confuso, pero en otros resulta hipnótico. El director tiene la capacidad para atraparnos con una cadencia que camina en sentido contrario al lenguaje cinematográfico apresurado. 

Los páramos (Jaime Puertas, 2019)

La relación entre el hombre y los animales es muchas veces contradictoria, especialmente por parte de los primeros. La dependencia se confunde con la adaptación a un entorno que resulta invasivo. En Reserve (Gerard Ortín, 2019) se plantea una de estas contradicciones. La intervención del hombre para eliminar la amenaza del lobo ha alterado el equilibrio en el ecosistema de algunas regiones del Norte de España. El objetivo se ha alcanzado: el lobo ha desaparecido. Pero su ausencia provoca la proliferación de especies invasivas como los jabalíes a los que los lobos tenían controladas. De esta forma, el hombre debe recurrir a fórmulas para tratar de reconvertir el desequilibrio que él mismo ha provocado. Es trágico, pero a la vez absurdo. El director interviene en una conversación telefónica surrealista con una empresa norteamericana que comercializa orina de lobos. Es un documental contundente. 

Gerard Ortín es también el montador de Gorria (Maddi Barber, 2020) que es, por su parte, un documental sin palabras en el que los sonidos los evocan el campo y la granja. Se muestra de forma precisa la relación entre el hombre y los animales, en la cual estos últimos siempre son los perdedores. Los ganaderos aparecen sin rostro, solo vemos a dos chicas jóvenes casi al final, en una imagen que evoca cierta atemporalidad, subrayada por el uso del 16 mm. Hay también esbozos que nos recuerdan a Las Hurdes (Luis Buñuel, 1933), en ese primitivismo del encuadre. El rojo ("gorria" en vasco) está presente en todo momento: en las marcas del ganado o en la sangre del sacrificio. 

En el documental La sangre es blanca (Óscar Vincentelli, 2020), el sacrificio es diferente. El director utiliza cámaras térmicas para mostrar una corrida de toros, pero en la que solo vemos las figuras del toro y los toreros en un fondo negro. Se eliminan por tanto todos esos elementos que rodean a la celebración de la corrida, para establecer una visión desnuda de una lucha sin igualdad de condiciones. Es una visión diferente pero especialmente lúcida. La sangre es blanca, pero sigue siendo sangre, que en borbollones deja escapar la vida. 

La sangre es blanca (Óscar Vincentelli, 2020)

Óscar Vincentelli es también el editor de O arrais do mar (Elisa Celda, 2020), un documental que tiene a la oscuridad como elemento principal. Mientras los pescadores practican en la playa la Xávega, un arte de pesca ancestral que ya está casi desaparecida, en la misma zona tienen lugar encuentros homosexuales amparados por esa oscuridad nocturna. La directora pretende evocar sensaciones diversas, contradictorias en ocasiones, pero pierde cierta consistencia a lo largo del metraje. Y acaba construyendo una lánguida mirada que apenas encuentra el equilibrio entre lo que quiere contar y lo que quiere mostrar. 

Sección Explora

Apiyemiyeki? (Ana Vaz, 2019) es uno de los cortometrajes que más éxito han tenido en festivales durante este año. Participó en la competición de Rotterdam 2020 y ganó el Premio del Jurado en Vienna Shorts 2020 y el Gran Premio en el Festival Punto de Vista 2020. La directora muestra dibujos que realizaron miembros de la tribu Waimiri-Atroari, en el Amazonas, en los años ochenta, diez años después de haber sufrido la represión motivada por la construcción de una autopista. Apiyemiyeki significa "Por qué" en la lengua kinja de la tribu Waimiri-Atroari, y de alguna manera estos dibujos son testigos silenciosos de las atrocidades que se cometieron. La directora utiliza la superposición de capas, la visión de estos dibujos sobre imágenes grabadas en la selva, utilizando un lenguaje experimental que no termina de articularse bien con la narrativa, pero que supone una interesante y necesaria reconstrucción de una memoria colectiva desde el presente.  

Apiyemiyeki? (Ana Vaz, 2019)

Lynne Sachs es objeto de una Retrospectiva en Sheffield Doc Fest, a la que dedicamos un artículo en nuestro blog: Lynne Sachs - Interpretando la realidad. En Curtocircuito se presenta A month of single frames (Lynne Sachs, Barbara Hammer, 2019), un homenaje a la cineasta y activista Barbara Hammer, una de las pioneras del videoarte fallecida en 2019. Durante los 14 minutos del cortometraje, las imágenes grabadas por Barbara Hammer sirven para construir un documental que tiene el inconfundible sello de Lynne Sachs. La directora crea un universo personal que le sirve para dibujar un retrato también personal de la artista, a la que vemos en la ducha como en una especie de proceso de purificación, igual que el cortometraje funciona también como depuración de la memoria y del recuerdo. Tiene algunos puntos en común con Houses (for Margaret) (Luke Fowler, 2019), realizado para el centenario de la poetisa escocesa Margaret Tait. Se trata de una recopilación de imágenes extraídas de lugares en los que ella vivió y extractos de algunos de sus cuadernos, junto a sonidos característicos de la vida en el campo y un poema recitado por la propia Margaret Tait que reflexiona sobre el significado del hogar. 

Seleccionado en el Festival de Berlín 2020, A demonstration (Sasha Litvintseva, Beny Wagner, 2020) se basa en la exploración del mundo realizada por los naturalistas en la Edad Media, clasificando las especies, pero también realizando clasificaciones de los monstruos. La palabra monstruo viene del latín monstrare, que significa mostrar, pero esta propuesta no pretende realmente mostrar, sino plantear un cambio en nuestra forma de mirar. Lo que en una época se guiaba por la lógica científica, en la actualidad es insostenible. Pero quizás lo es porque hemos cambiado la manera en que vemos las cosas. Flashes de zonas boscosas, museos de anatomía, grandes volúmenes en los que se dibujan los seres naturales y los "no naturales". El documental invita a encontrar formas en imágenes aparentemente cotidianas, pero también a tratar de comprender aquella visión naturalista que revela seres ajenos a este mundo. 

A demonstration (Sasha Litvintseva, Beny Wagner, 2020)

Presentada en el Festival de Rotterdam, en Look then below (Ben Rivers, 2019) el director inglés regresa a su lugar de nacimiento, Somerset, para construir nuevamente un mundo de fantasía a partir de imágenes rodadas en 16 mm. y tratadas posteriormente en la sala digital. Este cortometraje cierra la trilogía de películas que forman la colaboración entre el director y el escritor de ciencia-ficción Mark von Schlegell, formada anteriormente por las películas Slow action (2011) y Urth (2016). Esta visión de un mar fluorescente y de un bosque espeso lleno de colores nos adentra finalmente en lo que parece es el futuro de la humanidad, que abandona la superficie para adentrarse en cavidades subterráneas, reposo de vestigios del pasado y posible refugio de un mañana cercano. Es una película de ciencia-ficción en toda regla, en la que hay que dejarse llevar por las imágenes sugerentes, extrañas, en contraste con las palabras deshumanizadas, artificiales. 

Entre los cortometrajes de índole experimental destacamos What time is? (Niina Suominen, 2020), que propone un bucle temporal con imágenes que reflexionan, precisamente, sobre el paso del tiempo. Tomando como base la obra del compositor de música electroacústica Jukka Ruohomäki, la directora utiliza las figuras humanas para centrar esta reflexión sobre el pasado y el presente, e introduce imágenes de guerra un tanto efectistas para reflejar la violencia de la naturaleza humana. Further radical (Stefano Canapa, 2020) tiene en común con Testfilm #1 (Telcosystems, 2020), que comentamos en nuestra anterior crónica de Curtocircuito, su interés por introducirnos en las tripas del celuloide. En aquél se trataba de intentar la manipulación humana en la copia digital, mientras que aquí esa intervención es constante. Cuenta el director que, preparando el desayuno, estaba cortando rábanos con su hijo y entonces se le ocurrió experimentar las reacciones fotoquímicas con estos vegetales. Lo que construye Stefano Canapa es una explosión de luz y de movimientos dinámicos en blanco y negro. Es como si estuviéramos dentro del celuloide, quizás la máxima expresión de "meternos en una película". Y establece una conversación interesante entre las imágenes que recuerdan al cine experimental de los años 60 en contraste con el uso de una banda sonora actual, de aires techno. 

Thorax (Sigfried A. Fruhauf, 2019)

Por su parte, Thorax (Sigfried A. Fruhauf, 2019) es una experiencia que tiene algo de ilusión extrasensorial. A través de luces parpadeantes que parecen provenir de tubos fluorescentes, el director austríaco, uno de los nombres más destacados de la vanguardia audiovisual de su país, propone un viaje que resulta alucinatorio (si no eres fotosensible o epiléptico). Utiliza fragmentos del cortometraje dadaísta Anémic cinema (Marcel Duchamp, 1926), pero manipulados de forma que son irreconocibles. Es, de nuevo, un trayecto que nos introduce en el interior de la proyección cinematográfica, una especie de recorrido por las entrañas de la imagen. Una experiencia que nos deja alucinados.  

Como decíamos en nuestra anterior crónica, parece que hay una cierta nostalgia en los programadores del festival por la imagen audiovisual del pasado, porque en Kopierwerk (Stephanie Weberhofer, 2019), de nuevo encontramos una reflexión sobre la pérdida de lo analógico (lo tangible), en favor de lo digital (lo intangible). Los periódicos de papel, las cámaras fotográficas y, por supuesto, el celuloide, forman parte del recuerdo. La directora utiliza imágenes de archivo extraídas de otras películas para componer un ensayo que es más interesante por lo que cuenta que por cómo lo cuenta. 

En Aggregate states of matters (Rosa Barba, 2019) la directora peruana también adopta el formato puramente cinematográfico rodando en 35 mm. en las comunidades indígenas de Los Andes, afectadas por el deshielo provocado por el cambio climático. Presente en la programación del Festival de Rotterdam, el cortometraje se acerca a esa relación complicada entre el humano y la naturaleza, en algunos casos como parte de ella (las comunidades andinas) y en otros casos provocando desequilibrios que al final afectan a todos. Es interesante adoptar una mirada casi experimental para mostrar un documental antropológico. Y de alguna manera trata de conectar la realidad presente a través del conocimiento ancestral. 

La música del grupo Mopcut sirve como telón de fondo para la propuesta de animación Aquamarine (Billy Roisz, Dieter Kovačič, 2019), usando precisamente el tema que da título al corto y que incluían en su album Accelerated frames of reference (2019, Trost Records). Una conjunción de manipulaciones de imágenes del mar que crean una textura singular. El conjunto sin embargo resulta demasiado aleatorio, y tampoco las manipulaciones visuales acaban siendo especialmente arriesgadas. Otro trabajo de animación es Collapsing Mies (Claudia Larcher, 2019), que se pudo ver en Annecy 2020. En este caso, la directora toma fotografías de obras destacadas de Mies van der Rohe, uno de los máximos representantes de la arquitectura modernista, para manipularlas de forma que la imagen bidimensional se convierte en tridimensional, o más bien una mezcla de ambas, creando una multidimensionalidad que al mismo tiempo es fiel al original. Hay un movimiento lento, circular, que está acompañado por la música de Alexander Eberhard, que realiza un trabajo parecido, porque crea música para instrumentos orgánicos como el violonchelo pero los manipula para extraer una sonoridad digital, que añade un cierto aire de suspense.  

Collapsing Mies (Claudia Larcher, 2019)

El año 1989 está considerado como el del despegue del cine gallego, a través de tres películas que se estrenaron entonces: Continental (Xavier Villaverde, 1989), Xempre Xonxa (Xano Piñeiro, 1989) y Urxa (Alfredo García Pinal, Carlos A. López Piñeiro, 1989). Cinegalicia 2019 fue una celebración de ese acontecimiento en su 30 aniversario, y propuso a diversos creadores gallegos realizar una serie de obras basadas en esas películas. El cortometraje Da morte nace a vida (Adrián Canoura, 2019) extrae imágenes de esta última para reflexionar sobre el paso del tiempo y, como indica su título, la relación entre la vida y la muerte. Es un trabajo experimental que las confronta a través de imágenes hipnóticas, una especie de viaje alucinatorio que sin embargo acaba siendo demasiado largo. Más interesante, aunque ciertamente más obvia, es la aproximación que hace Tik tak (Michael Fleming, 2020), que nos habla del inexorable paso del tiempo, de la etapa inevitable que el hombre debe enfrentar entre el nacimiento y la muerte. Utilizando imágenes de archivo de películas, el director desglosa a lo largo del cortometraje las partes más importantes de la existencia del ser humano, que indefectiblemente debe asumir tanto su existencia como su desaparición. 

There must be some kind of way out here (Rainer Kohlberger, 2019) se nos presenta como una elucubración en torno a la representación de las catástrofes en el cine de Hollywood, en el que hay una especie de regocijo en mostrar la destrucción incluso de ciudades enteras. En realidad, podría funcionar casi como una precuela de su anterior cortometraje, It has to be lived once and dreamed twice (Rainer Kohlberger, 2019), que mostraba un mundo postapocalíptico, quizás destruido por alguna de estas catástrofes que vemos en esta obra. Esta visión de las imágenes a través de un filtro de colores y niebla, casi como una versión codificada de la realidad, está construida como objeto de manipulación de las secuencias de películas de Hollywood. Es una recreación de lo que hace el cine de catástrofes: si Hollywood manipula la realidad, ¿por qué no manipular también esta realidad deformada? Se trata de una de las obras más narrativas de su autor. 

There must be some kind of way out here (Rainer Kohlberger, 2019)

Para terminar este repaso por las obras experimentales de la programación de Curtocircuito 2020, comentamos un trabajo que ha sido realizado durante los meses de marzo y junio de este año, durante el confinamiento por el coronavirus en muchos países. La decisión de no poner título a su última obra, Untitled (Takashi Makino, 2020), sugiere que es una especie de proyecto inacabado, quizás porque ha sido realizado en medio de esa indefinición que ha provocado la llegada del Covid-19. El artista japonés presentó el año pasado en Filmadrid su mediometraje Memento Stella (2018) y ahora estrena su última obra en Curtocircuito. Las imágenes que juegan con la luz, características de su autor, son protagonistas en este trabajo de textura abstracta que invita al espectador a utilizar su imaginación. Takashi Makino no está interesado en mostrar imágenes claras, sino en desarrollar un lenguaje propio de tonalidades y espacios que de alguna manera nos proponen un recorrido nebuloso pero atractivo. La utilización de texto y palabras, algo que resulta casi inédito en su filmografía, nos parece un elemento extraño en esta composición de texturas y sonido, pero quizás esa extrañeza invasiva es su intención. 


Parte de la programación de Curtocircuito se puede ver en Filmin. 

De jueves a domingo, Tarde para morir joven y Continental se pueden ver en Filmin.