21 abril, 2022

Visions du Réel 2022 - Parte 9: Perseverancia

En nuestro repaso a la programación del Festival Visions du Réel hablamos de la perseverancia, que el psiquiatra Robert C. Cloninger (1944, Estados Unidos) incluyó como una de las cuatro dimensiones del temperamento, que conforman la personalidad y que posiblemente se considera en buena medida como una característica hereditaria. Esta firmeza en conseguir un objetivo tiene que ver con la ambición y el perfeccionismo, pero también puede ser ciega y aleatoria. En los documentales de los que hablamos se pueden encontrar muestras de persistencia que llevan a sus protagonistas a intentar conseguir objetivos a pesar de las dificultades. 

COMPETICIÓN INTERNACIONAL DE LARGOMETRAJES

En la producción griega Dogwatch (Gregory Rentis, 2022), se habla de la persistencia en el entrenamiento de soldados destinados a la defensa de los barcos comerciales a su paso por las aguas somalíes, que a principios de 2000 fueron objeto de numerosos ataques piratas que los secuestraban para pedir rescates con los que financiar la guerra civil. Uno de los casos más conocidos ocurrió con el atunero español Alakrana, que en octubre de 2009 sufrió un secuestro, resuelto con el pago de unos 5 millones de euros, que en principio se adjudicó al armador del barco pero finalmente se demostró que lo había realizado el CNI utilizando fondos reservados, un secuestro que fue contado en la miniserie Alakrana (Telecinco, 2010). Pero desde 2014 la piratería apenas ha actuado, aunque el año pasado se notó un cierto aumento de los ataques, especialmente en la zona del Golfo de Guinea, posiblemente motivado por las consecuencias de la pandemia y la menor vigilancia en los barcos. Uno de los tres protagonistas del documental es Víctor, el tío del director Gregory Rentis (1984, Grecia), uno de los primeros mercenarios contratados para la vigilancia marítima, que después de muchos años trabajando en los barcos, es persistente en la petición de un cambio de destino que le permita hacer trabajos de coordinación en las oficinas de Atenas, donde pueda estar más cerca de su esposa y su hijo. Él representa la última etapa de un trabajo que en los momentos más activos convirtió la seguridad marítima en un puesto muy solicitado, especialmente bien pagado debido a las situaciones de peligro en las que se colocaban los mercenarios. 


La estructura del documental termina con Víctor, pero establece dos etapas anteriores. Al comienzo acompaña a Yorgos, que acaba de incorporarse, en las largas sesiones de entrenamiento y preparación para poder acceder a los barcos. Y posteriormente con Costa, que protagoniza la parte central del documental, un veterano que participa en la vigilancia de un barco en el mar, y que representa esa cierta absurdidad de un trabajo destinado a la vigilancia en el que sin embargo no hay mucho que hacer. La acción se limita a simulaciones de ataques en alta mar que el director rueda como si se trataran de un videojuego, con un punto de vista en primera persona, y se mezcla con muchos momentos de pasividad, en los que vemos a Costa hablando por teléfono con su novia, charlando con uno de los tripulantes sobre las ventajas de su trabajo, o celebrando el cumpleaños de un compañero. En los entrenamientos de Yorgos y Costa hay una representación de esa masculinidad militar, de la obediencia como elemento jerárquico, y encontramos cierta ironía en esas simulaciones que parecen construidas para la cámara, mezclando elementos de documental ficcionado. El director adopta de forma inteligente tres enfoques distintos para cada uno de los protagonistas: más estático con el novato Yorgos, más dinámico con el veterano Costa y más cercano e íntimo con el maduro Víctor. 

COMPETICIÓN CORTOMETRAJES Y MEDIOMETRAJES

Ganador del Premio al Mejor Mediometraje, Without (Luka Papić, 2022) es una docu-ficción de una hora de duración que tiene como protagonista al excéntrico artista Aleksandar Denić, que pierde a su perro en la ciudad de Belgrado y comienza una búsqueda que se convierte en una visión poliédrica de la vida en la capital serbia. Sus conversaciones con otros dueños de perros a los que pregunta sobre la posibilidad de que hayan visto al suyo, se concretan en anécdotas sobre la relación entre los humanos y los animales, pero también es un recorrido por la casi omnipresente proliferación de elementos religiosos representados por iglesias ortodoxas que contrastan con la permanencia de motivos arquitectónicos de la etapa comunista. La búsqueda persistente del perro desaparecido se convierte así en una búsqueda de la identidad personal de Aleksandar, el protagonista, que es un polifacético personaje que suele pintar paisajes de la ciudad, y también una reflexión sobre la propia identidad serbia. 


Atrapada entre contradicciones, entre lo pagano y lo religioso, entre el pasado y el presente, Serbia se representa a través de las reflexiones, a veces algo absurdas pero con cierto contenido filosófico, que hace Aleksandar a lo largo de su búsqueda, en las que habla sobre creencias o sobre política: "Mi utopía es una anarco-monarquía. Un sistema donde tienes a un rey y a la gente normal", comenta. "Una sociedad sin clases, en la que el rey tiene privilegios, pero en realidad no le pertenecen". Hay una interesante lectura de un país que ha sufrido constantes conflictos y en el que permanecen las huellas de estos, pero la tonalidad que aporta el director Luka Papić (1989, Serbia) va adoptando un tono cada vez más absurdo, con una brillante vuelta de tuerca humorística que resulta sorprendente. Y utiliza en esta representación singular algunos fragmentos de la novela El coloquio de los perros (1613), una de las Novelas Ejemplares en la que Miguel de Cervantes escenificaba una conversación entre dos perros callejeros, Berganza y Cipión, que han descubierto que poseen la facultad de hablar durante las noches. Una referencia perfectamente incorporada que otorga un carácter fabulador a la historia. 

GRAND ANGLE

A lo largo de estos años de pandemia, la relevancia del trabajo de enfermería se ha reconocido con más gestos que acciones concretas, y al final las administraciones públicas han decidido colocar parches antes que solventar la falta de personal en los hospitales que provocó el caos al comienzo de la propagación del virus. El reconocimiento sin embargo se ha concretado en contratos basura de los que algunos aspirantes hablan en el documental Il posto - A steady job (Mattia Colombo, Gianluca Matarrese, 2022), que también está seleccionado para la competición internacional World Showcase de Hot Docs 2022, y que se centra principalmente en la celebración de exámenes públicos de acceso a puestos trabajo en hospitales del Norte de Italia a los que acuden miles de graduados que deben pasar una última prueba para acceder a la estabilidad laboral. Pero las posibilidades son escasas, poco más de un centenar de vacantes para varios miles de solicitantes que se reúnen en polideportivos o estadios para realizar un examen de quince minutos que les proporcione la seguridad deseada. Esta organización de pruebas públicas en diferentes lugares a lo largo del país ha propiciado el nacimiento de empresas que habitualmente se dedican a organizar trayectos en autobús para que los aspirantes acudan a estos exámenes sin tener que afrontar el alojamiento, como la que creó Raffaele de Siena, un joven graduado en enfermería que decidió poner en marcha un negocio que en su momento llegó a fletar hasta doce autobuses para transportar a los aspirantes a un examen en Génova. 


Rodado en buena parte antes de la pandemia, la llegada del coronavirus trastocó los planes originales del documental, pero también le ha permitido abordar una problemática diferente, como la profunda crisis en la que se encuentra la empresa de Raffaele que, debido a la cancelación de estas pruebas masivas, ya apenas tiene margen de maniobra (incluso él mismo se plantea probar suerte realizando alguno de estos exámenes). La dificultad de encontrar un puesto de trabajo en la administración pública refleja también la crisis profunda del mercado laboral en Italia, de la que se nos dice al principio que la tasa de desempleo en el Sur es la mayor de Europa, y que uno de cada dos jóvenes no tiene trabajo, pero incluso la mayor parte de los que ya están trabajando tienen contratos basura. Una realidad de la que es fácil reflejarse en otros países como España. Hay también una interesante reflexión sobre cómo esta situación pandémica no ha conseguido resolver la situación de crisis endémica en el entorno laboral, abriendo las posibilidades a nuevos puestos de trabajo en los hospitales, pero en condiciones infrahumanas, trabajos temporales que se van renovando según las necesidades de un mes a tres y a seis meses a través de agencias que ofrecen todo menos estabilidad: "Hay gente que lleva trabajando de forma temporal en la agencia desde hace años. No se puede trabajar doce horas al día por 600 euros al mes", comentan algunos de los jóvenes que viajan en un autobús ya medio vacío. El aumento de los puestos de trabajo en enfermería que provocó la pandemia ha significado sin embargo un empeoramiento en las condiciones laborales. 

Hay una estructura específica con la que los directores manejan una narrativa clara que les permite establecer esta evolución. Desde los viajes llenos de aspirantes en 2018 hasta la crisis provocada en 2020, mientras se centran en las experiencias particulares de los que aspiran a un futuro estable, pero también en la estresante agenda diaria de Raffaele de Siena o en el peculiar punto de vista de Peppe, el conductor de uno de los autobuses, que ejerce una especie de figura paternal preguntando sobre cómo ha ido el examen a los aspirantes que regresan. Il posto consigue ofrecer una visión general nada esperanzadora sobre el mercado de trabajo en Italia, mientras incorpora temas como la inestabilidad o la pandemia que van alimentando un extraordinario relato que establece un paralelismo con el neorrealismo tardío de la película Il posto (El empleo) (Ermanno Olmi, 1961), al que hace referencia a través de su título original, y que ya en los años sesenta se refería de forma crítica a las aspiraciones de un joven a una convocatoria pública para cubrir puestos de trabajo. Casualmente, esta es una de las películas que recomendadas por el director boliviano Kiro Russo, responsable de títulos como El gran movimiento (2021) en su reciente conversación, dentro del podcast Encuentros, con la realizadora paraguaya Paz Encina, que incluye en este festival su película EAMI (2021). 

Al igual que No place for you in our town (Nikolay Stefanov, 2022), HBO Max también es coproductora del documental polaco Stado (The herd) (Monika Kotecka, Karolina Poryzala, 2021), que logró el Premio del Público en la pasada edición del Festival de Cine de Varsovia, y que se centra en un grupo de niñas y adolescentes que forman parte de un equipo con aspiraciones a representar a su país en la práctica del volteo, un deporte reconocido por la Federación Ecuestre Internacional que consiste en realizar gimnasia encima de un caballo en movimiento. La entrenadora Natalia Olesińska dirige con pulso firme a este grupo heterogéneo de chicas que se hacen llamar a sí mismas el "rebaño", de donde proviene el título, pero sus aspiraciones parecen estar lejos al comienzo del documental, demasiado rígidas en sus movimientos y demasiado desconfiadas de sus posibilidades. Las directoras ya dedicaron el cortometraje Volte (2017), que participó en el Festival de Sundance, a este grupo de adolescentes que con perseverancia trabajan para conseguir el sueño de estar en la élite de un deporte para el que tampoco tienen muchas competidoras, pero que para alcanzarlo deben superar una puntuación mínima. Al comienzo de la película, Natalia se enfrenta a ciertas normas que parecen demasiado rígidas por parte de la Federación polaca, con la convicción de que puede lograr su objetivo, pero a veces se siente que ejerce una presión excesiva sobre las jóvenes gimnastas. 


El documental de observación acompaña principalmente a los entrenamientos, a la relación especial que deben conseguir las jóvenes con los caballos (la suficiente para que éstos tengan confianza en ellas), pero al mismo tiempo bucea en las relaciones, en ocasiones muy tensas entre este grupo que necesita la cohesión para afrontar sus logros. Es también una historia de crecimiento, especialmente para la adolescente Aleksandra Wolniewicz, que parece algo más aislada de una colectividad formada principalmente por niñas, pero que debe ejercer como una especie de líder para todas ellas. Es evidente la conexión que consiguen las directoras con algunas de las protagonistas, especialmente en momentos íntimos en los que hablan de sus aspiraciones, pero nunca llegamos a saber demasiado sobre ellas al margen de los entrenamientos. Se trata por tanto de un documental que extrae los sentimientos hacia el desafío deportivo que supone llegar a formar parte de la Federación Nacional, con algunos giros impredecibles que muestran la realidad del soporte económico que necesita este deporte, pero que está demasiado centrado en las sesiones de entrenamiento, demasiado restringido por su condición de relato deportivo. 

DOC ALLIANCE SELECTION

Una de las secciones paralelas que presenta el Festival Visions du Réel es una selección de documentales propuesta por los siete festivales que forman parte de Doc Alliance, entre los que se encuentran CPH:DOX, Doclisboa, DOK Leipzig y Marsella. Esta asociación creativa también ha creado la plataforma DAFilms.com, dedicada a la distribución online de documentales y películas experimentales, que funciona bajo suscripción. Entre los documentales propuestos para su exhibición en Visions du Réel se encuentra The pawnshop (Lombard) (Łukasz Kowalski, 2021), que tuvo su estreno en la pasada edición de CPH:DOX, y que se centra en la casa de empeños más grande de Polonia, situada en la región de Silesia, al Sur del país, y concretamente en la calle Persistencia, un nombre significativo dada la difícil situación en la que se encuentra. El negocio, regentado por Jolanta Janiszewska y Wiesław Makowski, tuvo mejores tiempos y recientemente se ha trasladado a un barrio con pocos recursos en el que resulta difícil dar salida a los cientos de objetos de los que disponen. Con sentido del humor pero también con cierta compasión por los personajes, el joven director y periodista polaco, natural también de la región de Silesia, muestra la crisis diaria que se vive en el negocio, a pesar de los intentos de propietarios y trabajadores por sacarlo adelante, bien sea con videos de promoción horteras o con subastas a las puertas de la tienda que no terminan de funcionar del todo bien. 


"Compramos más que vendemos", se queja Jola, que tiene continuas discusiones con Wiesław sobre el funcionamiento del negocio. Son dos personajes que por sí solos ya resultan lo suficientemente carismáticos como para ser atractivos para el espectador. Jola parece estar obsesionada con los abrigos de piel, que lleva puestos en todo momento, mientras que Wiesław parece tener una convicción terca en que todo mejorará con el tiempo. Aunque al comienzo del documental le vemos discutir por teléfono con un cliente que le asegura que la licuadora que le vendió se ha desvencijado completamente. Efectivamente, hay más clientes que vienen a vender objetos de todo tipo (incluido el supuesto diente de un mamut), y en ellos se refleja el entorno social de un barrio que parece anclado en el pasado. Una mujer parece sentir cierta liberación cuando habla sobre el maltrato que sufre en su casa con Roxy, una de las dependientas que también sufrió violencia doméstica, y se despide con un "Gracias por la conversación", que denota la imperiosa necesidad de hablar, más que de vender. Incluso Jola, a pesar de la situación difícil, busca un abrigo para regalarselo a una niña con evidentes muestras de frío en su cuerpo, y ofrece una sopa caliente a un vagabundo. Hay un sentimiento de solidaridad en la adversidad, que contrasta sin embargo con el trato a otros clientes. Lombard es un documental que utiliza el humor para la descripción de un ambiente lastrado por la anacronía de un negocio cuesta abajo, pero también eleva el nivel de atención a una sociedad que parece ser el reflejo de un tiempo pasado.      


Encuentros es un podcast semanal de MUBI con conversaciones entre cineastas latinoamericanos. 

Alakrana se puede ver en Mitele. 
El empleo se puede ver en FlixOlé.



19 abril, 2022

Visions du Réel 2022 - Parte 8: Natura

Aunque oficialmente el Festival Visions du Réel concluyó el pasado fin de semana, a lo largo de los próximos días seguiremos ofreciendo crónicas con las películas que han participado en su programación. Hoy nos acercamos a la relación del hombre con la naturaleza, una convivencia compleja que se extiende a lo largo de los siglos y que ha provocado situaciones de desequilibrio entre la supervivencia del ser humano y la pervivencia de las especies biológicas. Las películas de las que hablamos a continuación tienen un importante enfoque hacia los paisajes y la naturaleza, sin ser todas de temática medioambiental, sino que expresan con rotundidad cómo el hombre se relaciona con su entorno. 

COMPETICIÓN INTERNACIONAL DE LARGOMETRAJES

Resulta significativo que algunos de los mejores westerns que se han realizado en los últimos años estén firmados por mujeres directoras. El poder del perro (Jane Campion, 2021), First cow (Kelly Reichardt, 2019) o The rider (Chloé Zhao, 2017) muestran que hay una perspectiva femenina que alimenta el género frente a cierto agotamiento del punto de vista masculino. Otro ejemplo reciente es Bitterbrush (Emelie Mahdavian, 2021), documental ganador del Premio Especial del Jurado en Visions du Réel que fue estrenado en el pasado Festival de Telluride y recientemente ha sido incluido por la revista Variety en su predicción de nominaciones al Oscar para 2023 (Variety, 31/3/2022), en la que también se cita, por cierto, a la aclamada película española Alcarràs (Carla Simon, 2022), ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín. Estamos ante un western en toda regla que acompaña el traslado de reses de ganado durante cuatro meses a cargo de dos vaqueras, Hollyn Patterson y Colie Moline, que trabajan juntas desde hace varios años y a través del cual asistimos a la labor dura y complicada que ellas han asumido desde su juventud, en un entorno que es principalmente masculino, pero que apenas aparece en la película, excepto por la presencia esporádica de Ellijah Patterson, el prometido de Hollyn. 


La directora muestra este pastoreo con una concepción visual que es hermosa y poética, que extrae la espectacularidad de los paisajes montañosos y las inclemencias del tiempo (es impresionante la estética de una gran nevada), gracias al trabajo de los directores de fotografía Derek Howard y Alejandro Mejía, y aportando una sonoridad casi etérea al utilizar temas extraídos del album The art of Bach (2015, Steinway & Sons), en el que el dúo de intérpretes Anderson & Roe realizaba una incursión en la música de Johann Sebastian Bach. Bitterbrush encuentra esta armonía visual y sonora que muestra el camino que recorren las dos protagonistas junto al ganado, alternando la presencia contundente del paisaje montañoso, que casi parece dibujado al fondo, con los momentos más íntimos alrededor de una fogata, en los que Hollyn y Colie tienen conversaciones que expresan algunas de sus inquietudes respecto a un futuro incierto por la inestabilidad de su trabajo. Hollyn confirma, además, que está embarazada y esta circunstancia parece que puede ser el final de sus días como vaquera. El trabajo de edición corre a cargo de Curtiss Clayton, que conoce bien el género del western gracias a su labor como montador en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik, 2007) y No man's land (Conor Allyn, 2021). 

Aunque la personalidad de ambas está dotada de cierta seriedad, hay un acercamiento evidente entre la directora y sus protagonistas, que consigue extraer momentos emocionantes como cuando hablan de la muerte de una madre o de ese sentimiento de nomadismo que les impide considerar un lugar concreto como su hogar. Una de las escenas más contundentes, porque  al consigue expresar al mismo tiempo la dificultad y la vulnerabilidad de su trabajo, es una larga secuencia estática de más de diez minutos en la que Hollyn trata de domar a una yegua, a la que posteriormente llamarán Marilyn, en honor a la actriz Marilyn Monroe, por su cabellera rubia. Es una secuencia hermosa e intensa que contiene una notable expresividad con esencia de auténtico western, que está subrayada por algún comentario casi poético de Collie: "Dios me ha enseñado más sobre mí misma trabajando con un caballo, que lo que yo haya podido enseñarle a un caballo". 

El 11 de marzo de 2011 se produjo el mayor terremoto en la historia de Japón, y el cuarto más potente del mundo en los últimos 500 años, que provocó asimismo un tsunami con olas de hasta 40 metros de altura. Este es el punto de partida del documental All of Our Heartbeats Are Connected Through Exploding Stars (Jennifer Rainsford, 2022), que comienza relatando el desastre natural y presenta a algunos supervivientes que aún están conectados con la tragedia más de diez años después. Yasu, un conductor de autobús, sigue buceando por la costa tratando de encontrar algún vestigio de su mujer desaparecida; Satoko vive angustiada por el temor al mar, envuelta en una profunda depresión; mientras que Sachiko continúa escribiendo cartas que van dirigidas a su esposo. El documental de la artista sueca Jennifer Rainsford tiene como elemento principal la permanencia de este desastre, no solo en la memoria o el estrés postraumático de los supervivientes, sino también en el propio entorno natural. Jennifer Rainsford comenta como narradora que, debido al temblor, "cambió la rotación de la Tierra, lo que hizo que nuestra vida en el planeta se haya acortado 1,8 milisegundos". A través de imágenes de archivo y una hipnótica música electrónica de Teho Teardo (1966, Italia), este ensayo cinematográfico de poco más de una hora explora la permanencia, no solo desde el interior de los seres humanos que experimentaron el terremoto y tsunami, sino también en la propia flora y fauna del lugar.


En la isla hawaiana de Kaho'olawe, un grupo de voluntarios se organiza para recoger los restos de la tragedia que todavía llevan las olas a la orilla, los desechos del tsunami que forman amasijos de elementos de diferente procedencia a los que se denomina "redes fantasma", y que son auténticas trampas mortales para los peces. El título hace referencia a una extraña cardiopatía que se descubrió después del terremoto de Hanshin-Awaji que en 1995 destruyó parcialmente la ciudad de Kobe (Japón). Se denomina "síndrome del corazón roto", aunque también es conocido como "síndrome de tako-tsubo", en referencia a una vasija de cerámica que utilizan los pescadores japoneses para atrapar pulpos. Una parte del corazón se agranda temporalmente, adoptando una forma parecida a esa vasija, lo que provoca que no bombee la sangre de forma correcta. Está asociado a situaciones de estrés, y es padecido mayoritariamente por mujeres. Sachiko se pregunta por qué los científicos no pudieron avisar del terremoto, que los sismólogos consideraron que había sido impredecible, pero desde un año antes los peces remo de la zona comenzaron a nadar hacia la superficie, lo que se considera un aviso de temblores y cambios de presión en el fondo del mar, donde suelen habitar. Por eso esta especie ha sido estudiada como anunciadora de posibles desastres naturales cuando cambian su comportamiento. All of Our Heartbeats Are Connected Through Exploding Stars habla sobre la memoria, pero también sobre la regeneración, como las plantas que han ido creciendo sobre las ruinas del terremoto o los cambios provocados en el Océano Pacífico (se calcula que unas 300 especies se desplazaron hasta las costas de Estados Unidos, modificando la fauna marina de manera radical). 

BURNING LIGHTS

La coproducción franco-mexicana Ollin blood (Elise Florenty & Marcel Türkowsky, 2022) es una ficción con tonalidad documental que comienza en México durante la primavera de 2020 con el ensayo de una pieza teatral por parte de Sol (Diana Delgado), Olmo (Olmo Uribe) y Toshi (Shoji Saeki). En medio de la pandemia del coronavirus, la película establece la conexión entre la ciudad y las poblaciones rurales a través de la reserva natural de Tehuacán-Cuicatlán, donde Olmo ha experimentado las visiones que provoca el peyote junto al chamán Don Valentín, un personaje ausente que aparece y desaparece de la ciudad. En esta zona de paisaje desértico que forma el mayor bosque de cactus del mundo, los contadores de historias narran leyendas populares alrededor del fuego, como una ocasión en la que un grupo de bandidos desistió de atacar las casas del pueblo porque las figuras de los cactus en el horizonte se asemejaban a un ejército de soldados. Esta ficción que adopta formas de documental, explora la relación del hombre con la naturaleza, también marcada por los relatos nocturnos de misterio sobre espectros que habitan el desierto como los espíritus chocarreros, fantasmas que no son malignos pero son muy traviesos, que esconden los zapatos o cambian las llaves de sitio. La "chocarrería" en español se define como el chiste o el dicho grosero. 


Además de la dirección, Elise Florenty (1978, Francia) se encarga de la edición y Marcel Türkowsky 1978, Alemania) compone la música de esta mirada reflexiva que a veces resulta algo desequilibrada sobre el ser humano dentro del entorno natural, una relación compleja en la que se abordan también los problemas que ha provocado el saqueo de especies cactáceas por parte de japoneses, chinos y coreanos en épocas pasadas, que conecta con el abuelo japonés de Toshi (Shoji Saeki), uno de los visitantes de la zona. De este saqueo conocen numerosas historias los habitantes del municipio de Zapotitlán, donde se rodó la película La ley de Herodes (Luis Estrada, 1999), una comedia sobre la corrupción política, en cuyo guión participó Fernando León de Aranoa, que protagonizaron Damián Alcázar, Pedro Armendáriz Jr. y Alex Cox, y que logró el Premio al Mejor Actor en la Semana de Cine de Valladolid y nueve premios Ariel del cine mexicano. En esta controvertida película, el ficticio pueblo de San Pedro de los Saguados sirve como metáfora de México, marcado por la corrupción política, que hace bueno el dicho mexicano: "El que no tranza, no avanza". Ollin blood tiene una cierta tonalidad de ensueño que mezcla ficción y realidad, aunque también tiene algunos problemas de ritmo, pero establece un interesante punto de conexión entre la naturaleza y el hombre. 

GRAND ANGLE

Estrenado en la pasada edición del IDFA, A marble travelogue (Sean Wang, 2021) también se ha programado en el Festival de Tesalónica, Docville y CPH:DOX, por lo que se trata de uno de los documentales que más recorrido está teniendo por festivales de cine este año. Como en su primera película, Lady of the harbour (2017), el director explora la relación entre China y Grecia, que se ha convertido en uno de los países donde las inversiones del país asiático se han diversificado más, llegando a comprar en 2016 el Puerto de Pireo, centro neurálgico de la entrada de mercancía internacional en Grecia. A través del viaje que realiza la piedra de mármol desde las canteras griegas hasta China, donde ésta se convierte en grandes esculturas para palacios o casas particulares, pero también en souvenirs que vuelven a Grecia para ser vendidos a los turistas, el documental resulta más interesante cuando reconstruye una cierta artificialidad que caracteriza esta relación comercial. Las primeras imágenes muestran las columnas griegas del Partenón, para revelarse sin embargo como una reproducción paisajística dentro de un parque acuático chino. Dos de las protagonistas son Marianna y Sofía, hermanas gemelas, hijas de un abogado chipriota, que hablan chino perfectamente y utilizan la artificialidad de las redes sociales para atraer turismo de China a Grecia. 


Hay un trabajo de composición de imagen absolutamente logrado en esta película que está dotada de una estética sobresaliente, incluso se agradecen algunos detalles cinéfilos como una referencia a una de las escenas más conocidas de El resplandor (Stanley Kubrick, 1980) cuando la cámara sigue a un niño en un triciclo por los pasillos del Mercado de Yiwu (Zhejiang), el principal mercado mayorista de productos pequeños del mundo, lo que otorga a esta gran mole de estanterías llenas de todo tipo de materiales una cierta atmósfera terrorífica. En Quyang, considerada como la capital china de la talla de piedra, el escultor Zhen Long (1966, China), uno de los maestros escultores más famosos del país, crea en su fábrica, una edificación hortera denominada Palacio del Arte y la Escultura, grandes figuras de mármol que en muchos casos se exportan a otros países, muchas de ellas réplicas de obras artísticas clásicas como la Venus de Milo o el David de Miguel Ángel. Curiosamente, se queja de que algunas obras suyas originales están expuestas en lugares públicos de Italia sin hacer referencia a su autoría. China tiene sus propias catedrales de Notre Dame, sus propias torres Eiffel, sus propias Acrópolis, que son réplicas artificiales enmarcadas en entornos nada favorecedores. A marble travelogue ofrece una visión incómoda en la que la presencia humana a veces parece empequeñecida, pero que en realidad muestra los peligros de la globalización y de la codicia incontrolada. Hay un tono casi fantasmal en la representación de estas imágenes, que está enfatizado por la fotografía de Xiao Xiao, Sean Wang y el español Carles Muñoz Gómez-Quintero, y el excelente diseño de sonido y música de Jeroen Goeijers. Esta característica permite que se pueda perdonar una estructura algo difusa, pero que construye una perfecta disección del poder acaparador del ser humano. 

COMPETICIÓN CORTOMETRAJES Y MEDIOMETRAJES

El cortometraje Cerro Saturno (Miguel Hilari, 2022) ofrece una mirada a la cordillera andina que lleva ese nombre, situada en Bolivia. La fotografía en blanco y negro de las primeras imágenes otorga a este paisaje, que parece extraído de otro planeta, una textura casi de pintura, como ocurría con los paisajes montañosos que mencionábamos en Bitterbrush (Emelie Mahdavian, 2021), pero conforme se desarrollan las panorámicas de este inmenso y sobrecogedor entorno, casi deudor de la estética de Béla Tarr, el sonido del viento y el silencio de la naturaleza desértica va siendo invadido por la electricidad estática de las torres de energía que parecen incongruentes dentro de ese espacio, y que delatan la presencia cercana del hombre. Miguel Hilari (1985, Bolivia) aborda nuevamente la confrontación entre la naturaleza y el ser humano, que aparece por primera vez empequeñecido, a lo lejos, en una pequeña casa en medio del desértico paisaje, pero que lentamente va adquiriendo mayor protagonismo. 


Las imágenes se acercan progresivamente al entorno urbano, que escuchamos al principio más que verlo, solo con la sombra de los rostros de los ocupantes de un autobús. La mirada general da paso a la particular, la panorámica a la expresión de rostros en primer plano que vemos a través de las ventanillas de los coches, en medio de un día de lluvia y en plena pandemia, por lo que finalmente solo los ojos expresan el tedio de la vida en la ciudad. Es como si el director estuviera siguiendo pistas que le hubieran conducido a este otro paisaje urbano que, de nuevo, en panorámica se muestra ruidoso y luminoso, frente a la quietud del comienzo. Se adopta por tanto, sin palabras, una clara dicotomía entre lo natural y lo urbano, una mirada política hacia la invasión de lugares recónditos donde el ser humano transforma profundamente el entorno. 

La acción del hombre en la naturaleza también está muy presente en Aralkum (Daniel Asadi Faezi, Mila Zhluktenko, 2022), ganador del Premio al Mejor Cortometraje en Visions du Réel. El título de este cortometraje hace referencia al desierto que surgió en el antiguo lecho del fondo del lago que antes ocupaba el mar de Aral, situado entre Kazajistán y Uzbekistán. El anciano Uralbay Utegenov sirve como guía en medio de este nuevo desierto provocado por la irrigación de sus aguas a territorios interiores, pero que es una perfecta referencia de lo que puede ocurrir en otras zonas del planeta. En realidad, las autoridades soviéticas que iniciaron este proceso de irrigación en los años treinta, nunca se mostraron muy preocupadas por la progresiva pérdida de la capacidad del lago, que llegó a ser el cuarto más grande del mundo en extensión, pero su desaparición es inevitable, sometida ahora a los enfrentamientos geopolíticos de la zona. La arena del desierto ocupa ahora el 75% de loq ue fueron las aguas que formaban el lago: "Recuerdo la última vez que pescamos un solo esturión. Dividimos el pez en cuatro partes para nuestras familias. Mientras lo comíamos, sabíamos que nos estábamos despidiendo del Mar Aral". 


Las barcas y las redes de pesca están ahora cubiertas de arena, parecen fósiles de tiempos prehistóricos, igual que un barco oxidado encallado en la arena, una muestra impactante de la profundidad que tenían las aguas. Aunque se planta el saxaul, un árbol que reserva el agua en el interior de su grueso tronco, como una forma de evitar la gradual desertización del entorno, parece una solución que no conducirá a grandes logros. "Ya solo quedamos los humanos", apunta el narrador como conclusión de las conversaciones mantenidas con Uralbay Utegenov. Ambos directores son conocidos de Visions du Réel, porque Daniel Asadi Faezi (1993, Alemania) ya había presentado su cortometraje The absence of apricots (2018), mientras que Mila Zhluktenko (1991, Ucrania) concursó con el corto Find fix finish (2017). 


Alcarràs se estrena en cines el 29 de abril. 

El poder del perro y La ley de Herodes se pueden ver en Netflix. 
First cow se puede ver en MUBI. 
The rider se puede ver en Filmin, HBO Max, Movistar+ y Prime Video.
El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford y El resplandor se pueden ver en HBO Max. 


17 abril, 2022

Visions du Réel 2022 - Parte 7: Conciencia

Hablamos en nuestra crónica de hoy del festival suizo Visions du Réel de la conciencia en su concepto más cercano a la relación del ser humano con su entorno, aunque también se puede extrapolar, como veremos, a los seres no humanos. El test de Turing, que propuso el teórico británico Alan Turing en su ensayo Computing machinery and intelligence (1950) pretendía precisamente ser planteado como un examen para medir la capacidad de conciencia de una máquina. Las películas de las que hablamos en esta crónica son acercamientos a esta conciencia desde diferentes puntos de vista, radiografías que nos acercan a la verdadera naturaleza del ser humano en relación con el mundo que le rodea.  

COMPETICIÓN INTERNACIONAL DE LARGOMETRAJES

La conciencia colectiva se refiere a las creencias que comparte un grupo de personas, y hay una evidente conciencia colectiva alrededor del río Tara en la localidad de Taranto, en la Apulia italiana. El documental Tara (Volker Sattel, Francesca Bertin, 2022) nos presenta este sentimiento de colectividad alrededor de un afluente de apenas dos kilómetros de longitud, que surge de los fenómenos kársticos, la disolución de rocas calcáreas producidas por el paso del tiempo, que mantienen las aguas a una temperatura constante de unos 13º durante todo el año. Las creencias populares desde la antigüedad otorgan a este río efectos beneficiosos para la salud, especialmente eficaz para las enfermedades de los nervios, lo que provoca una peregrinación de bañistas en verano. La película ofrece un retrato de esta colectividad que se reúne para bañarse en estas aguas sorprendentemente limpias siguiendo la leyenda popular de que, en la época de Mussolini, el propietario de un burro moribundo lo abandonó en los alrededores del río, para encontrarlo meses después en perfecto estado de salud. Volker Sattel (Alemania, 1970), habitual director de fotografía que ha trabajado en otra de las películas presentadas en el festival, Europe (Philip Scheffner, 2021), que ha logrado una Mención Especial en la sección Burning Lights, colabora con Francesca Bertin (Italia, 1985) en este reflejo de una comunidad que asienta sus esperanzas de salud en las aguas de este río, curiosamente en un entorno en el que la actividad de la acería de ILVA, la mayor planta siderúrgica de Europa, ha provocado protestas por la contaminación que supone debido a las emisiones tóxicas, hasta el punto que se la califica como "el Chernóbil italiano". Hay un seguimiento a algunos de los vecinos que elevan sus protestas por la contaminación del suelo ("las piedras incluso brillan") que parece no resolverse nunca de forma satisfactoria. 


La conciencia colectiva que parece casi religiosa, basada en la fe de un río que puede curar, se confronta con la conciencia medioambiental y social, la preparación de una huelga en contra de las actividades de la acería que está protagonizada por quienes viven allí todo el año. Poco a poco la mirada del documental sale del entorno natural de los alrededores del río para adentrarse en el pueblo, en la zona urbana que representa la realidad social frente a la mitología. Hay dos ciudades enfrentadas, la que forma la siderúrgica ILVA, una especie de monstruoso entramado metálico, y la de Taranto, a la orilla del Mar Jónico, justo cuando comienza el tacón de la bota que forma la fisonomía de Italia. Una ciudad que se dice fue fundada por los espartanos en el 786 antes de Cristo y que pasó por diversas conquistas a lo largo de su historia, hasta ser finalmente colonizada por ese gran monstruo siderúrgico con promesas de estabilidad laboral. Si Tara comienza como una representación de la conciencia colectiva respecto al río que proviene de una fe casi religiosa, se cierra de forma lógica con la procesión de Semana Santa denominada "Il pellegrinaggio de Maria", que se celebra en la madrugada del Jueves Santo, en la que los hermanos de las confraternidades visten el tradicional "traje de los perdones", en el traslado de la Virgen María con marchas fúnebres. Tara se convierte en una lograda representación de una comunidad que vive en una realidad enfrentada a la leyenda. 

La película 5 dreamers and a horse (Aren Malakyan, Vahagn Khachatryan, 2022) también habla de cierta conciencia de comunidad a través de la representación de un país como Armenia, dividida en diferentes fragmentos de vidas que están marcadas por los sueños. Y a pesar de que se encuentran a lo largo de la película situaciones que transmiten simpatía, al final permanece un poso de desesperanza, especialmente con la referencia al conflicto armado entre Azerbaiyán y Armenia que se reprodujo en 2020. Los soñadores del título son ciudadanos armenios que intentan encontrar una forma de vida que para un país como el suyo parece una fantasía. Por un lado, el joven granjero Karen está buscando el amor de una mujer sin saber muy bien cómo conseguirlo, una especie de "granjero busca esposa". Y tampoco resulta demasiado aclaratorio hacer caso a los ancianos: "Hoy en día el 90% de las mujeres quieren ir a la ciudad. Saben que en el pueblo la vida es dura", le dice uno de ellos. Posteriormente, otro incluso le sugiere que secuestre a una mujer del pueblo y se la lleve a su casa, un comentario que provoca una sonrisa pero que también muestra la inquietante forma de pensar del interior de Armenia. Precisamente el sueño de Amasia y Sona, una pareja de chicas que inician una especie de ceremonia de matrimonio en el techo de un edificio, es el de llevar su relación con absoluta normalidad en un país en el que no hay ningún tipo de protección legal para la comunidad LGBT. 


El episodio más simpático de esta primera colaboración entre los directores Aren Malakyan (1991, Armenia) y Vahagn Khachatryan (1991, Armenia) es el que protagoniza Melania, una mujer que trabaja como ascensorista en un hospital, en un ascensor que tiene un funcionamiento ciertamente extraño (hay un momento en el que le pide unas llaves a uno de los usuarios para ponerlo en marcha), y cuyas escenas parecen rodadas con el formato de cámara oculta. No sabemos si ella lo es, pero desde luego quienes utilizan el ascensor no parecen ser conscientes de que se les está grabando. En los ratos libres, Melania sueña con el espacio, utilizando un álbum de fotografías de astronautas y viendo en la pantalla de su móvil documentales sobre la cosmonauta rusa Valentina Tereshkova, la primera mujer en ir al espacio. Pero incluso este episodio que resulta entrañable por el propio personaje, tiene algo de amargura, porque se menciona que ese viejo ascensor va a ser sustituido pronto por uno más moderno que ya no necesitará los servicios de la protagonista. Los directores esbozan por tanto una visión que al mismo tiempo es esperanzada y desoladora de la conciencia colectiva de un pueblo cuyos sueños tropiezan constantemente con la realidad, trazando algunos momentos poéticos que quizás no terminan de conjugar bien con la historia pero que aportan cierto carácter mágico.  

COMPETICIÓN CORTOMETRAJES Y MEDIOMETRAJES

Al comienzo de esta crónica mencionábamos el test de Turing que trataba de dilucidar el grado de conciencia de los robots. El cortometraje Las máquinas tristes (Paola Michaels, 2021) imagina precisamente a una serie de androides con conciencia a través de sus pensamientos, que les hacen cuestionarse su propia existencia. Utilizando videos reales de pruebas con diferentes robots que están sacadas de YouTube, realizadas por empresas como Boston Dynamics, Michigan Robotics o Softbank Robotic Europe, la directora argentina construye estos pensamientos narrados a través de voces de inteligencia artificial que en cierta manera ofrece una conclusión poco esperanzada hacia el momento en el que las máquinas dispongan de este pensamiento: "Siento que soy igual desde que tengo conciencia, siempre con los mismos conflictos, con las mismas ausencias", dice una de ellas. 


La conciencia, por tanto, conduce al cuestionamiento de la propia identidad, a la percepción de estar siendo tratados injustamente, y en cierta manera nos hace preguntarnos si realmente puede ser adecuado dotar de esta conciencia a las máquinas. Ganador del premio al Mejor Cortometraje argentino en el Festival Mar de Plata, Las máquinas tristes toma como referencia al psicoanalista francés Jacques Lacan (1901, París-1981, París), que hacía mención precisamente a la conciencia de nuestro propio síntoma: "Como un ratón en una ruleta", concluye uno de los robots. Un cortometraje que adquiere, desde su sencillez, una profunda reflexión sobre el ser humano desde el punto de vista de las máquinas. 

BURNING LIGHTS

La artista Emilija Škarnulytė (Lituania, 1987) suele crear cortometrajes e instalaciones inmersivas que exploran, entre el documental y lo imaginario, reflexiones sobre el destino del ser humano desde una percepción geológica, ecológica y política. En su primer largometraje, Burial (Emilija Škarnulytė, 2022), que también ha sido seleccionado para el festival Hot Docs, toma como punto de partida el desmantelamiento de las estructuras energéticas de la Guerra Fría que han influido en los cambios geopolíticos al mismo tiempo que dejan amenazas contaminantes que permanecerán durante millones de años. Concretamente, esta coproducción entre Lituania y Noruega, de poco más de una hora, se centra en la Planta de Energía Nuclear de Ignalina que, debido a sus similitudes con Chernóbil, Lituania aceptó cerrar como parte del acuerdo de incorporación a la Unión Europea. Este desmantelamiento, que comenzó en 2010 y tiene previsto concluir en 2038, ha ocasionado ya 64.000 toneladas de residuos de equipamiento y hormigón. A través de imágenes rodadas durante el proceso de desmantelamiento de la planta, la estructura adopta las formas de un monstruo de tuberías y cableados que en cierta manera se asemeja a las ruinas de un cementerio etrusco. 


La mirada arqueológica de un posible visitante del futuro encuentra los restos de nuestra civilización en forma de cementerios excavados en lo profundo de la tierra, tumbas compuestas por desechos radioactivos que acabarán siendo el legado de nuestra humanidad. Las imágenes de la planta nuclear, que están siempre dotadas de un movimiento lento, sinuoso como el de una serpiente, dan paso a las profundidades del mar en las que yacen los restos de otras civilizaciones, y acaban transportandonos a las primeras pruebas nucleares que se llevaron a cabo en Nuevo México. Esta mirada desde un futuro hipotético ha sido utilizada por la cineasta en otros proyectos como Eternal return (Emilija Škarnulytė, 2021), una instalación audiovisual que imaginaba nuestro planeta visto desde 10.000 años en el futuro. Esta visión propone una representación del paso del tiempo que reflexiona sobre lo que el ser humano está dejando a su paso, una conciencia ecológica que es también una mirada antropológica, algo así como estudiarnos a nosotros mismos como si fuéramos reliquias del pasado. Es un viaje interesante, que plantea un futuro nada esperanzador, y que propone la necesidad de "mudar la piel" como lo hacen las serpientes, de resetear para volver a nacer. 

En Herbaria (Leandro Listorti, 2022), ganadora del Premio Especial del Jurado, hay también una conciencia del hombre y su entorno a través de la relación que se establece entre la botánica y el propio cine. El comienzo en un bosque, con estudiantes recogiendo ejemplares de plantas para un archivo botánico, está siendo filmado y por tanto ya hay un nexo de unión entre ambos. Pero, en su segundo largometraje después de La película infinita (2018), que también era una exploración del archivo cinematográfico, Leandro Listorti (1976, Argentina) va hilvanando a través de los apuntes históricos un paralelismo entre el estudio de las plantas y la preservación del celuloide, hasta llegar a esa intersección que sostiene desde la anécdota histórica un enlace entre ambos. La Escuela Técnica de Jardinería Cristóbal Hicken, situada en Buenos Aires, lleva el nombre de uno de los más destacados naturalistas de Argentina en el siglo XIX, mientras que el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, fundado en 1971, está dedicado al sobrino de Cristóbal Hicken, un artista que se convirtió, a principios del siglo XX, en el mayor coleccionista de equipos cinematográficos del país. Desde esta conexión puntual, el director establece un paralelismo de lo perecedero. Mientras han desaparecido más de 500 especies de plantas en el mundo, el 85% del cine mudo y más del 50% del cine sonoro se ha perdido. 


A través de una mezcla de imágenes rodadas en diferentes formatos cinematográficos, junto a material de archivo, se establece una crónica del estudio botánico en paralelo con la preservación de la imagen fílmica. Y en cierta manera es ésta la que permite conocer algunas de esas especies de plantas desaparecidas, estableciendo el cine como el elemento principal de conservación visual de aquellas. La pérdida de esta diversidad está motivada sobre todo por el avance de las fronteras agropecuarias, que acaban con las familias autóctonas, y por el cambio climático. También hay una conexión entre esta pervivencia de plantas desaparecidas en la imagen cinematográfica y la propia representación de celuloide que ya no existe en formato digital, una especie de aprensión de la realidad que no es del todo real, que solo sobrevive en la imagen. Hay una reflexión interesante sobre la idea de la representación que se enfoca en el cine, pero tomando conciencia de que éste también es perdurable. El camino que sigue Leandro Listorti le lleva hasta la directora argentina de origen alemán Narcisa Hirsch (1928, Berlín), que comenzó a filmar en los años sesenta, y hasta las películas experimentales enfocadas en la flora de Claudio Caldini (Argentina, 1952) y Pablo Marín (Argentina, 1982). Hay una pregunta que sobrevuela todo el documental en torno a la preservación que acaba siendo fundamental, aunque no tenga una respuesta clara: "La pregunta es quién decide lo que vale la pena preservar". 

LATITUDES

Presentada en la sección Forum del pasado Festival de Berlín, Camuflaje (Jonathan Perel, 2021) se acerca a la conciencia del pasado a través de los restos del centro Campo de Mayo, utilizado por la junta militar para encarcelar, torturar y ejecutar entre 1976 y 1983. El protagonista de este documental construido con una cierta puesta en escena cercana a la ficción, es el escritor Félix Bruzzone (1975, Argentina), del que parte también la idea original, que cuenta cómo en 2006 compró un terreno situado cerca de Campo de Mayo, donde construyó la casa en la que vive con su familia, y decidió practicar running bordeando este recinto ahora ocupado principalmente por vegetación, pero que todavía es una zona militar. Su madre, Marcela Bruzzone, fue una de las secuestradas durante la dictadura y la última vez que la vieron había sido internada precisamente en Campo de Mayo, pero no se sabe nada de su destino final. Siguiendo con su exploración de la memoria en películas como Toponimia (2015) y Responsabilidad empresarial (2020), el director Jonathan Perel (1976, Argentina) aborda en este caso un relato de búsqueda que lleva a Félix Bruzzone a introducirse dentro del antiguo Campo de Mayo y encontrarse con diversas personas que de una otra manera tienen relación con éste. Así descubrimos a un desarrollador inmobiliario que intenta revalorizar la zona, a un investigador que estudia la biodiversidad del terreno, a unas jóvenes artistas que encuentran en las ruinas de los antiguos barracones inspiración para sus creaciones, a un amigo de la infancia que observa las tortugas que sorprendentemente habitan en el río que atraviesa el campo, o a una superviviente que trata infructuosamente de conseguir que se construya un memorial dedicado a los muertos. Félix Bruzzone habla también con una joven que recoge tierra del Campo de Mayo, la enfrasca en tubos de ensayo y la vende como souvenir, aprovechando la atracción turística que provoca la reunión de las Madres de Plaza de Mayo. 


La memoria de los horrores adopta a lo largo del documental una cierta retórica en torno a la vida y la supervivencia, una especie de pervivencia de la conciencia de un pasado que es imposible borrar, porque las huellas y las cicatrices aún están presentes. "¿Por qué la gente se va a vivir alrededor de Campo de Mayo?", se pregunta Félix Bruzzone. La cámara le acompaña en sus salidas de running que cada vez se internan más en los terrenos abandonados, en los que la vegetación parece haber creado ese camuflaje del título que esconde la verdadera naturaleza de la zona. De hecho, él mismo recuerda cómo en su infancia no se tenía la percepción de que allí se producían torturas y muertes. Los militares se cuidaban especialmente de que, durante el día, Campo de Mayo pareciera un lugar "pacífico". Las incursiones de Félix Bruzzone al interior tienen ese carácter de clandestinidad que provoca el hecho de que es una zona militar en la que está prohibido circular (se realizan ejercicios de entrenamiento), pero su encuentro con un destacamento de soldados no provoca demasiadas consecuencias. Las ruinas de los antiguos edificios tienen las huellas de la destrucción y el paso del tiempo, pero sobrecoge pensar que entre esas paredes ahora medio derrumbadas se destruía la esencia del ser humano. Su aspecto real se reproduce en una escena de realidad virtual en la que Bruzzone explora la imagen en 3D del interior de los edificios, que parece sin embargo tan desoladora y vacía que no consigue perder su carácter de reproducción. 

En su película 17 monumentos (2012), Jonathan Perel filmó edificaciones que fueron construidas por ley en lugares que se habían usado como centros de tortura y de detención durante la dictadura militar, como una especie de ocultación de los restos de la barbarie. En Camuflaje, esta cobertura de la memoria es menos rotunda en cuanto que siguen existiendo los terrenos donde estuvo Campo de Mayo, y la película acaba siendo menos indignada que lo han sido otros títulos del director. Hay una cierta armonía que la hace parecer más inofensiva, pero que sin embargo no oculta la terrible realidad de un pasado opresor. La película termina con la participación de Félix Bruzzone en una carrera de obstáculos que se celebra en los terrenos de Campo de Mayo, una prueba de resistencia que también pone a prueba la capacidad de resistencia de los argentinos a su propia memoria. 



La película infinita se puede ver en dafilms.com, Filmin, GuideDoc y MUBI.


15 abril, 2022

Visions du Réel 2022 - Parte 6: Dependencia

Nuestra crónica de Visions du Réel aborda las dependencias en diferentes formas, bien sea en forma de adicciones a las drogas o de radicalismo religioso, de ideologías marcadas por la violencia. El Festival aborda su tramo final reivindicando la normalidad con las salas llenas de público, pero manteniendo la programación online. 

COMPETICIÓN INTERNACIONAL DE LARGOMETRAJES

Hay una dependencia vital en la adicción a las drogas, un viaje en una montaña rusa de la que algunos consiguen salir y otros permanecen sin apenas darse cuenta. En How to save a dead friend (Marusya Syroechkovskaya, 2022), una coproducción entre Suecia, Noruega, Francia y Alemania que ha adquirido para sus ventas internacionales la distribuidora suiza Ligthdox, se aborda el tema de la dependencia en el entorno de un país como Rusia que la directora califica como "Depression Federation". Marusya Syroechkovskaya (1989, Rusia) habla de la oleada de suicidios de jóvenes que ha vivido a lo largo de sus días de adolescencia, cuando recién acababa de conocer a Kimi, que será el compañero de sus adicciones y de parte de su experiencia vital. En 2005, cuando solo tenía 16 años, ya pensaba en la sensación de morir, tras una larga trayectoria de autolesiones con todo tipo de objetos que ella enumera en una narración que parece quitar importancia a esta etapa. Porque básicamente son descritos como años de felicidad junto a Kimi, al que conoció precisamente cuando Marusya ya había decidido que ese sería su último año de vida. Él es descrito como una especie de salvador, de esperanza de vida en un ambiente que sin embargo es gris y opresor. La directora establece continuamente un paralelismo causa-efecto en el hecho de vivir en Rusia, un país que conduce a la depresión que lleva a las drogas. Pero el entorno que describe no es diferente al que hemos visto, por ejemplo, en Reindeerspotting (Joonas Neuvonen, 2010), que se desarrollaba en Finlandia y en la que los protagonistas tenían consciencia de sus adicciones, y puede ser discutible si es la depresión la que conduce a las drogas o, en realidad, son las drogas las que provocan depresión.


Marusya y Kimi tienen una canción preferida de Joy Division, escuchan a Nirvana y en las paredes de su casa cuelgan carteles de Kurt Cobain, pertenecen a una generación rebelde cercana al grunge que en algunas ocasiones sale a la calle en manifestaciones contra el sistema. La película surge de más de 150 horas de grabaciones entre 2005 y 2016, una obsesión por grabar que proviene de la primera cámara que sus padres regalaron a la directora cuando tenía solo 10 años. Dos años después de la muerte de Kimi (el documental comienza con imágenes de su funeral), Marusya volvió a ver las imágenes y decidió que debía contar su historia. Trabajando de forma remota durante el confinamiento por el Covid-19 con el montador sirio Qutaiba Barhamji, ganador del Premio a la Mejor Contribución Técnica en Venecia por el multipremiado documental Still recording (Saeed Al Batal, Ghiath Ayoub, 2018), ella en Moscú y él en París unieron las piezas para construir una historia contundente sobre la desesperación. El paso del tiempo está marcado por las noticias en televisión de la celebración de la Copa de la UEFA en Moscú en 1998, el discurso de fin de año del presidente Dmitri Medvédev en 2012 o el regreso de Putin a la presidencia en 2013. 

Hay algunos elementos que indican la resistencia de esta juventud contra un gobierno al que no consideran democrático, con cierto contexto político que se enmarca a través de manifestaciones en las calles de Moscú. Pero es más evidente una cierta necesidad de evasión a través de las drogas, en las que Kimi se envuelve con pasión autodestructiva, en un entorno no demasiado apropiado (su hermano ha sido encarcelado varias veces por tráfico de drogas), con entradas y salidas de centros de rehabilitación que no consiguen su objetivo porque Kimi no tiene voluntad de salir del infierno, e incluso decisiones casi suicidas que provocan un empeoramiento de su estado mental. Este sentimiento de autodestrucción es más suave en Marusya quien, no obstante, ha dejado de autolesionarse pero mantiene cierto grado de flagelación cuando la vemos, en una escena demasiado explícita, colgar de unos ganchos clavados en su espalda. Este diario de la muerte presente en la vida extrae imágenes casi poéticas de bloques de edificios que parecen explorar la posibilidad de otros cientos de Kimis en el interior de los apartamentos. La directora, Marusya Syroechkovskaya ha seguido asistiendo a manifestaciones en contra de Putin y actualmente vive en Israel junto a su pareja, huyendo de la persecución política en Rusia hacia los ciudadanos que están en contra de la guerra en Ucrania. 

En Gulistan, Land of roses (Zaynê Akyol, 2016), que recibió el Premio al Mejor Documental en la Semana de Cine de Valladolid, la directora canadiense de origen turco abordaba el entrenamiento de mujeres soldados de Kurdistán en su lucha contra el ISIS en los territorios kurdos de Iraq y Siria. La estructura de entrevistas en primer plano cerrado e imágenes de su preparación es nuevamente utilizada en Rojek (Zaynê Akyol, 2022), que ahora nos sitúa en el proceso de expulsión del Estado Islámico de Siria llevado a cabo por las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), una milicia formada por kurdos, árabes, asirios, armenios, turcomanos y circasianos que durante una década han luchado para recuperar los territorios ocupados por el Daesh. Miles de yihadistas permanecen en prisión mientras sus familiares han sido llevados a campos de refugio, según se indica al principio de la película. Alternando las imágenes de unos territorios que tratan de recuperarse de la ocupación islamista con entrevistas a algunos de estos prisioneros, el documental elabora una lúcida representación del fundamentalismo. 


En algunos momentos vemos cómo los prisioneros que van a ser entrevistados son conducidos, esposados y con el rostro cubierto por mordazas, hasta una pequeña habitación donde se encuentra el equipo de filmación. Algunos son arrepentidos, otros sin embargo permanecen fieles a sus creencias, pero no hay una clara evidencia de si lo que se esconde en realidad es el miedo a las consecuencias que sus palabras ante la cámara puedan tener en sus familias. Uno de los entrevistados tiene dificultades para encontrar la expresión adecuada para no despertar la venganza del Daesh: "¿Dónde está el Daesh?", le pregunta la directora. "Mejor dime dónde no está", responde el prisionero, reafirmando la omnipresencia de un grupo que puede tomar represalias contra su familia. La directora Zaynê Akyol (1987, Turquía) opta por las imágenes cenitales tomadas con drones de una vasta extensión de tierras que han sido recuperadas por los pastores, pero en las que todavía permanece la presencia militar, con checkpoints en los que se controla el contrabando de gasolina en los camiones que atraviesan las carreteras, y se muestran imágenes de entrenamientos que parecen sacadas del anterior documental de la realizadora. Hay una representación, sin embargo, casi fantasmal en el desplazamiento de la cámara a través de campos marcados por las cicatrices de la guerra. Los prisioneros hablan, en primeros planos cerrados, sobre el Islam, el yihadismo, el sentimiento religioso, sus responsabilidades dentro del Daesh o la presencia de las mujeres. Una de ellas afirma que "las mujeres eran consideradas como diamantes, y a los diamantes hay que esconderlos", mientras que otra, que tuvo puestos de responsabilidad en los servicios secretos del Daesh, habla de su experiencia como los mejores años de su vida: "Yo me sentía segura y con libertad. En el Estado Islámico había un gran respeto por las mujeres. Me sentí respetada, sentí que estaba en un mundo en el que la mujer era sagrada y libre. Me gustaría volver a esa vida". Otro de los prisioneros entrevistados es hermano de Abu Mohammad al-Abdani, que fue el segundo líder del grupo yihadista y falleció en 2016 en un ataque aéreo de las fuerzas de coalición contra Alepo. 

No parece haber demasiado arrepentimiento en aquellos que participan en el documental, pero en cierta manera parecen prisioneros escogidos para evitar soflamas a favor del yihadismo. Hay una cierta "domesticación" en su presencia delante de las cámaras que, como apuntábamos, puede estar provocada por el miedo a las consecuencias. A veces la directora confronta las afirmaciones de algunos de ellos con imágenes de arengas grabadas en video sobre montículos de cadáveres. Rojek nos coloca delante de los rostros de quienes están convencidos de la justicia de su lucha contra los no creyentes, representada en una idea del paraíso como lugar de descanso, al que solo se puede llegar provocando el infierno en esta vida. 

LATITUDES

Aunque también podría haber formado parte de nuestra crónica dedicada a la representación de la familia (Visions du Réel Parte 4), la película Things I could never tell my mother (Humaira Bilkis, 2022) establece una conexión directa con la dependencia de las creencias religiosas a través de la relación entre la directora y su madre, una mujer bangladesí que sufrió un cambio radical cuando realizó una peregrinación a la Meca. Antes poetisa emancipada, el viaje convirtió a Khaleda Bilkis en una devota religiosa siempre temerosa de las consecuencias que sus acciones en la vida pudieran tener en su destino espiritual. Cuando Humaira Bilkis lee algunos de los poemas que escribía su madre, que reivindicaban la libertad de pensamiento, no puede reconocer a la persona que ahora habita la casa, obsesionada con las oraciones y molesta con la dedicación de su hija al cine, a pesar de que ella fue artista años atrás. La educación de Humaira estuvo marcada por actos de rebeldía contra los convencionalismos, como el hecho de recibir el apellido de su madre, Bilkis, en contra de la tradición que marcaba que los hijos debían recibir el apellido de su padre. Éste, también con profundas convicciones religiosas, adopta sin embargo una posición de equilibrio, una especie de intermediación entre el radicalismo de la madre y la independencia de la hija. El título original, Bilkis ebong Bilkis (Bilkis y Bilkis) parece una celebración de esa emancipación que le transmitió su madre. El conflicto se agrava cuando Humaira pretende tomar como esposo a un hindú, una relación que solo podría ser aceptada en el caso de que él se convirtiera al Islam, lo que complica la relación entre Humaira y su prometido, cuya evolución se muestra principalmente a través de los mensajes de texto que se envían.


El vínculo entre madre e hija se tensa cuando llega el confinamiento provocado por el coronavirus, lo que obliga a la convivencia familiar, mientras la directora graba y edita el documental en su propia habitación. Las creencias religiosas son también un caldo de cultivo para la actitud temeraria de sus padres, que se niegan a llevar mascarilla a pesar de ser vulnerables (el padre padece cirrosis y asma), pretendiendo que el virus solo afecta a los no creyentes. El documental es un retrato familiar que surge del conflicto, hay poca narración y se sostiene en las continuas discusiones entre la directora y su madre, y cabe la duda de si algunas de ellas tienen su origen en una cierta provocación por parte de Humaira Bilkis. Pero el conjunto ofrece una visión muy clara de las consecuencias de la radicalización religiosa, incluso a pesar de que la madre reprocha, pero en última instancia acepta, a su hija grabando continuamente, siendo practicante de la religión musulmana que no acepta la representación de las imágenes, especialmente en el caso de las mujeres. Como en A holy family (Elvis Lu, 2022), hay una reflexión sobre la llegada de la muerte y sobre la ausencia física de los referentes paternos, especialmente cuando el padre, Abdul Mannan Miah, a quien está dedicada la película, empeora de salud. El documental Things I could never tell my mother queda por tanto como un conmovedor retrato que extrae del conflicto la fortaleza de las relaciones familiares.

No place for you in our town (Nikolay Stefanov, 2022) es la primera co-producción de HBO Max en Bulgaria, y tiene previsto su estreno en la plataforma para el próximo otoño. Previamente, se ha podido ver en CPH:DOX y ahora en la programación de Visions du Réel, en el que parece el comienzo de una trayectoria fructífera. Sin embargo, es el primer proyecto de su director, que regresó a su ciudad natal de Pernik en Bulgaria para abordar historias relacionadas con un entorno que en el país es conocido por su agresividad y machismo, especialmente entre los hooligans del equipo de fútbol local, el FC Mynor, que juega en segunda división. La ciudad de Pernik, al oeste de Bulgaria, es un pueblo minero que se empobreció después de la desintegración de la Unión Soviética, y los descendientes de aquellos trabajadores realizan ahora labores en la clandestinidad, trabajos mal pagados cuyos sueldos se gastan principalmente en cerveza. Entre ellos se encuentra Testso, un tipo con querencias nazis, que forma parte de los hooligans y establece una especie de agresividad comunal intimidatoria, pero que en las distancias cortas se muestra vulnerable e incluso emocional, cuando recuerda una infancia marcada por el maltrato de su padre. Este crecimiento en la cultura de la violencia de alguna forma ha moldeado una personalidad que solo sabe utilizar esta violencia para resolver los conflictos. 


La ventaja con la que cuenta Nikolay Stefanov es la de haber crecido en ese ambiente y conocer a muchos de aquellos a los que entrevista. Practica por tanto una especie de labor de infiltrado en el grupo de hooligans, que permite una transparencia de sus accciones que resulta fundamental para el buen seguimiento de la historia. Hay también un intento de eliminar etiquetas, de mostrar la realidad con sus complejidades, de enseñar la otra cara de una ciudad y de unos aficionados al fútbol entre los que también hay comportamientos normales. El decrecimiento de los seguidores del FC Mynor, que antes llegaban a 20.000 personas y ahora no pasan de 1.000, de alguna manera ha permitido que los hooligans conquisten las gradas. Pero esta cultura dependiente de la violencia, que se manifiesta en las tardes de partido en el estadio local, curiosamente llamado Estadio de la Paz, responde principalmente a una profunda frustración vital. Y también siembra las semillas de un radicalismo que a veces reúne a diferentes convicciones en contra de un enemigo común, ya sean las desigualdades sociales o la insatisfacción con el sistema, una desafección que ha venido utilizando el populismo de extrema derecha para abrirse camino en los parlamentos de los principales países europeos. Las contraculturas también se desintegraron con la descomposición del comunismo y el cierre de las minas y las fábricas, y por tanto las distintas ideologías se han difuminado. Hay poca justificación en las actitudes racistas y machistas que los personajes de este documental (casi no hay presencia femenina) transmiten a sus hijos. Pero al menos el director consigue radiografiar el germen de estos comportamientos. 


Reinderspotting. Escape from Santaland se puede ver en Filmin. 
Galiston, land of roses se puede ver en dafilms.com


14 abril, 2022

Visions du Réel 2022 - Parte 5: Persistencia

El Festival Visions du Réel dedica este año su principal foco al director italiano Marco Bellocchio, una figura imprescindible en el género documental que está enraizado con una profunda mirada política, de resistencia frente a la narrativa tradicional incluso en sus películas de ficción. En este homenaje, presenta su última película, Marx può aspettare (Marco Bellocchio, 2021), que recibió una Palma de Honor especial en el pasado Festival de Cannes para resolver la ausencia de este galardón en la carrera del director. Sin embargo, en el ciclo que se le dedica no está presente el interesante documental Viaggio nel crepúscolo (Augusto Contento, 2021), un ensayo cinematográfico que se sostiene en la filmografía de Marco Bellocchio para abordar la historia reciente de Italia, que se pudo ver en la Mostra de Venecia y en el reciente Festival de Rotterdam. La persistencia es lo que se mantiene firme o perdura a lo largo del tiempo, la relatividad del tiempo que Salvador Dalí expresó en su cuadro La persistencia de la memoria (1931), que el artista cadaqués pintó a los 28 años. Esta relatividad que muestra lo que Dalí llamaba "el camembert del tiempo" es una representación onírica que también expresa cierta decadencia. La memoria como elemento fundamental para construir el presente está también de forma activa en algunos de los documentales de la programación de Visions du Réel.  

COMPETICIÓN INTERNACIONAL DE LARGOMETRAJES

El cine del director Pierre-Yves Vandeweerd (1969, Bélgica) se ha calificado como poético. El uso de la voz y las imágenes rodadas a lo largo de varios años implica un trabajo de investigación profundo en torno a temas relacionados con la memoria, que está siempre presente. En Les tourments (2014) planteaba un viaje a través de tormentas, que representan la conexión con un pasado que recuerda a los que dejaron sus vidas en diversas regiones del mundo. Allí ya se refería al genocidio de los yazidíes que llevó a cabo en 2014 el Estado Islámico en la región de Sinjar, al norte de Iraq, en el que murieron más de 5.000 personas y obligó a desplazarse a unos 400.000 yazidíes hacia Turquía y Armenia. El primer juicio penal del mundo contra este genocidio declaró culpable a Taha al J. a finales del año pasado (Amnistía Internacional, 1/12/2021). Nuevamente, en Les éternels (2017) el director belga se acercaba a los yazidíes en la frontera de Nagorno-Karabah, un enclave armenio en Azerbaiyán, donde conviven los supervivientes con los fantasmas del pasado. El título de su última película, Inner lines (Pierre-Yves Vandeweerd, 2022) utiliza un término militar que se traduce como "líneas interiores", referido a las diversas rutas posibles de logística y evasión, que conecta con la huida de los yazidíes durante el genocidio de 2014. Pero se trata de una aproximación más amplia, que habla de la persecución constante de un pueblo, desde el genocidio armenio llevado a cabo por el Imperio Otomano en 1915 y 1916 y continuado en 1922 que acabó con la tercera parte de los armenios que vivían en el territorio de Turquía. 


El director construye, a través de las imágenes rodadas en 16 mm. que reducen la extensión de la pantalla, una memoria de la persecución, que comienza con flashes de rostros humanos y que continúa con paisajes desérticos que muestran el abandono. Las referencias a lugares armenios que sufrieron el genocidio en 2014 dan paso a los testimonios de supervivientes que ahora habitan en la frontera del Alto Karabaj, voces en off que describen la masacre: "Ví cómo cortaban la cabeza a mi hermano, a mi tío y su hijo. Todas las mujeres fueron separadas para ser vendidas", dice una mujer que fue testigo de estos horrores. Son descripciones desgarradoras en las que se evita mostrar los rostros. Las rutas de huida de los yazidíes son lugares desérticos en los que se descubren cementerios que retratan la muerte. Una anciana centenaria habla sobre la exterminación de los armenios en la región de Merzifon, donde convivían griegos y armenios, a principios del siglo XX. Pero más recientemente, en 2020, Azerbaiyán inició la operación "Puño de hierro" con el apoyo de Turquía, que pretendía recuperar el control del Alto Karabaj y Armenia, que se había declarado independiente en 1994. Este conflicto duró 44 días y provocó la muerte de unos 5.000 soldados y civiles armenios y unos 11.000 fueron heridos, acabando con un convenio auspiciado por Rusia que obliga a Armenia a entregar el territorio a Azerbaiyán. Es por tanto, un ciclo interminable, una huída constante de un pueblo siempre en conflicto. Los testimonios ahora son de jóvenes soldados armenios y, de nuevo, la muerte está presente. Las voces susurran los nombres de los soldados fallecidos, los hijos de madres que habían vivido otros genocidios, y ahora los paisajes muestran cementerios. Pierre-Yves Vandeweerd ofrece una crónica de la persecución constante, de la vida en tiempos de una guerra que sustituye a otra, utilizando su característico lenguaje poético, pero siendo más explícito en la narrativa, y logra una película notable en su forma y en su fondo. 

Sin irnos demasiado lejos, el documental Foragers (Jumana Manna, 2022) se refiere a otro conflicto habitualmente presente en el cine, pero desde una perspectiva diferente. La confrontación entre palestinos e israelíes también se establece en cuestiones tan sorprendentes como la alimentación. Za'atar es una hierba culinaria parecida al tomillo muy utilizada por los árabes para elaborar el pan árabe, junto a otras plantas silvestres como el akkoub, que también se conoce como gundelia. En las regiones de Galilea, Tiberíades y Jerusalén, la tradición palestina de lo recolectores de estas plantas choca sin embargo con la prohibición de la Autoridad de Parques y Jardines de Israel, lo que expone a los palestinos a multas y hasta prisión en el caso de ser descubiertos arrancando estas hierbas. La artista palestina Jumana Manna (Estados Unidos, 1987), que se crió en Jerusalén, aborda este conflicto en un documental que mezcla escenas ficcionadas con material de archivo, siguiendo la exploración sobre cómo se articula el poder que ha llevado a cabo a través de la escultura, la escritura o el cine, en películas como A magical substance flows into me ( 2015) o Wild relatives (2017). Por supuesto, lo que subyace en este conflicto que confronta a las leyes israelíes con la tradición palestina es, nuevamente, el control sobre la tierra y la resistencia de un pueblo sometido. 


Uno de los recolectores, que se enfrenta a una multa o 30 días en prisión, un anciano que pretende continuar recolectando esta hierba después de ser condenado, se encara con la autoridad: "¿Quién protege a las especies? Esta tierra no es tuya. La planta no te pertenece. Esta ley es una mierda". Jumana Manna, que muestra la vasta extensión de estas flores silvestres a través de imágenes captadas con drones, expresa este sentimiento de resistencia siguiendo a los recolectores palestinos, pero también mostrando que hay razones económicas para ejercer esta prohibición. Aunque los israelíes no utilizan demasiado esta planta, ellos las cultivan en plantaciones privadas para venderlas en regiones árabes, una práctica que está vetada para los palestinos porque no pueden permitirse el coste de los seguros que garantice la rentabilidad de los cultivos. Uno de los colonos israelíes defiende la ley porque las plantas están en peligro de extinción, pero no parece una justificación real. Afirma que, al arrancarlas de raíz, se detiene su proceso de crecimiento. "Pero los recolectores no las arrancan de raíz", le dice Jumana Manna. "El acto de buscar comida puede no ser siempre un acto político o parecer un acto de resistencia, pero en el contexto de Palestina, Israel y cómo entró en vigor la ley, se convierte en otra faceta de la resistencia contra las leyes y la vigilancia racistas", comenta la directora en una entrevista (The Common Table, 19/03/2022). Foragers es por tanto una película corta en extensión, poco más de una hora, que contiene sin embargo una profunda reflexión sobre el poder. 

BURNING LIGHTS

La persistencia de la memoria está muy presente en el documental español H (Carlos Pardo Ros, 2022), cuyo título se refiere a la única seña de identidad (un llavero con la inicial H) que se encontró en el cuerpo de un hombre muerto por una cornada durante la festividad en honor a San Fermín de Pamplona. La muerte ocurrió durante el encierro del 12 de julio de 1969, y el director utiliza la memoria de la escasa información que se tiene sobre los movimientos del fallecido desde la noche anterior para componer una película experimental en la que trata de reconstruir sus pasos. Cada año visitan las celebraciones de San Fermín un millón de personas, que asisten a la fiesta nocturna y al encierro que comienza a las 7 de la mañana. El documental sigue la trayectoria de un personaje ficticio que representa a esta víctima, a través de unas calles abarrotadas, envueltas en la locura de la fiesta continua, cuya camisa azul contrasta con la habitual vestimenta blanca característica de la festividad de Pamplona, mientras suenan conversaciones telefónicas y mensajes de whatsapp que tratan de establecer una narrativa, no tan solo sobre los movimientos del protagonista, sino sobre la propia esquizofrenia de las celebraciones. 


Carlos Pardo Ros ha producido desde su compañía DVEIN Films numerosos proyectos como el destacado cortometraje La sangre es blanca (Óscar Vincentelli, 2020), en el que se exploraba el enfrentamiento del toro y el torero a través de cámaras térmicas, eliminando todos los elementos adicionales. Actualmente se encuentra desarrollando la primera película de ficción que produce, Anoche conquisté Tebas (Gabriel Azorín, 2023), que participó en el Berlinale Talents, y aborda con H su primer largometraje como director. Se trata de una historia personal en la que parece querer exorcizar el fantasma de la memoria a través de una aproximación al ambiente festivo conectando el pasado con el presente. Porque en la representación de las celebraciones nocturnas son palpables también algunas problemáticas actuales, la visibilización de los abusos sexuales a través de pancartas en los balcones, incluso de la propia reflexión de los interlocutores. No hay demasiadas respuestas en este documental sobre el origen de la narración, pero se construye una continua sensación de extrañeza, en la que siempre está presente la figura fantasmagórica de H, que en cierta manera resulta tan caótica como la propia evolución de una noche de fiesta en la que todo comienza como una celebración de la vida y acaba convirtiéndose en una reflexión sobre la muerte. 

OPENING SCENES

Un ejercicio similar es el que lleva a cabo el cortometraje Fuego en el mar (Sebastián Zanzottera, 2022), en el que el joven director argentino toma como punto de partida las sorprendentes imágenes de un mar encendido que provocó la ruptura de un gasoducto marino en el Golfo de México, para evocar unas viejas fotografías de su padre, que trabajó como operador en una planta de gas y petróleo que era de propiedad estatal en la Patagonia argentina. Imágenes tomadas en los años ochenta que muestran a su padre junto a otros compañeros de trabajo, y que muestran un sentido de camaradería en una dedicación compleja, que paulatinamente fue siendo sepultada por la crisis surgida a partir del proceso de privatización que inició el Estado argentino en 1992, y que provocó el despido de muchos trabajadores, entre ellos su padre. La temprana muerte de éste, a los 56 años, la achaca el director a los momentos de depresión que siguieron a su despido, a la inestabilidad laboral y los trabajos temporales, a la incapacidad de mantener de forma estable a su familia. 


Producido por el colectivo Antes Muerto Cine, el cortometraje de Sebastián Zanzottera utiliza imágenes en 3D para adentrarse en los vericuetos de las plantas petrolíferas marítimas, y explora el sentido de masculinidad que reflejan las fotografías en las que está presente su padre, fotos antiguas con cicatrices del paso del tiempo, que tienen también una cierta presencia fantasmagórica. Esta representación masculina proviene del legado del General Enrique Mosconi, que en su faceta de director del YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) desde 1922, otorgaba a los trabajadores el status de soldados, considerando sus fallecimientos como muertes en combate, y las huelgas como actos de traición a la patria. Es una interesante mirada que surge de un sueño y lentamente va adoptando reflexiones sobre el hombre y su entorno. 

FILM MARKET

Sorprendentemente inédito aún en España, el Mercado del Cine de Visions du Réel nos permite recuperar uno de los documentales más interesantes del año pasado. Cine, registro vivo de nuestra memoria (Inés Toharia Terán, 2021), que tuvo un estreno especial en la Gala Unesco durante el Festival de Valladolid (SEMINCI), es un espléndido y exhaustivo recorrido por la recuperación de los archivos cinematográficos, poniendo en primera línea a los conservadores y restauradores más destacados del panorama internacional, y reflexionando sobre esa persistencia de la memoria que supone la conservación de películas, no solo las producidas por grandes estudios, sino sobre todo las grabaciones caseras que muchas veces son un reflejo más persistente de las épocas en las que fueron realizadas. A través de entrevistas con los responsables de numerosas Filmotecas y Cinematecas en todo el mundo, el documental ofrece una retrospectiva de la historia de la conservación fílmica, destacando nombres fundamentales como David Shepherd, Lotte H. Eisner o el recientemente fallecido Jonas Mekas. Sin olvidar que sin la intervención de Henri Langlois, otro de los imprescindibles conservacionistas, que consiguió rescatar de los nazis numerosas películas alemanas, no conoceríamos por ejemplo grandes títulos de culto como Nosferatu (F.W. Murnau, 1922) y Fausto (F.W. Murnau, 1926). 


La historia del conservacionismo cinematográfico tiene dos momentos importantes: el nacimiento de las primeras filmotecas en los años 30, que supuso la concienciación de la necesidad de mantener el material fílmico que los grandes estudios simplemente destruían, especialmente grave por la alta inflamabilidad del celuloide. Y en 1990, cuando un grupo de destacados directores encabezados por Martin Scorsese fundaron The Film Foundation, que supuso de nuevo una toma de conciencia de que las películas no solo necesitaban conservarse en los archivos de las filmotecas, sino también debían restaurarse, porque el paso del tiempo en el celuloide degradaba el color. La lista de participantes en el documental es extensa, pero no por ello es una película densa, porque consigue un perfecto equilibrio entre lo informativo y lo anecdótico, contando con nombres conocidos como Vittorio Storaro, Patricio Guzmán, Bill Morrison, Ken Loach, Wim Wenders, Fernando Trueba, Ahmad Kiarostami (hijo del director Abbas Kiarostami) y un largo etcétera de responsables de filmotecas en todo el mundo. 

La película esta jalonada por frases de directores de cine, que marcan los diferentes bloques temáticos y plantea reflexiones sobre las diferencias notables entre la conservación que se pueden permitir las filmotecas occidentales, dotadas con todos los medios tecnológicos, y la casi quijotesca labor de los conservacionistas en Asia o Latinoamérica, siempre balanceándose al arbitrio de las ideologías políticas de los diferentes gobiernos (la llegada de Bolsonaro al poder supuso la casi desaparición de la Cinemateca de Brasil), o enfrentándose a los peligros que la humedad y el calor provoca en el celuloide. En España, por ejemplo, hasta 2014 no se inauguró el Centro de Conservación y Restauración de la Filmoteca Española, a pesar de que nuestro país está solo por detrás de Francia y Reino Unido en cuanto a conservación de material cinematográfico en Europa. Pero ni siquiera la digitalización es una solución para este material porque, paradójicamente, cuanto más avanzada es la tecnología, menos duración tiene: "El celuloide se puede conservar 50 años, el VHS hasta 20 años, un disco duro 5 años, una cinta de datos 3 años y un DVD solo dos años". La digitalización supone la necesidad de una migración de datos constante que no es posible en muchos casos. 

El director Patricio Guzmán hizo un ejercicio interesante con su película Chile, la memoria obstinada (Patricio Guzmán, 1997), mostrando la reacción de jóvenes chilenos que tenían pocos conocimientos de la revolución y la dictadura cuando se les proyectaba su otro documental La batalla de Chile (Patricio Guzmán, 1975), película prohibida en su país durante muchos años. De esta forma, el realizador muestra la necesidad de preservar el cine para enseñar a las nuevas generaciones las grietas de una historia que muchas veces es reescrita por los vencedores. Es por tanto una necesidad ineludible mantener la persistencia de la memoria.  



Wild relatives se puede ver en True Story. 
Nosferatu se puede ver en Cultpix, Filmin y Movistar+.
Fausto se puede ver en Filmin.