20 junio, 2020

Annecy 2020 (Parte 5): Ron Clements y John Musker, 40 años de magia


El Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy rinde homenaje este año a dos de los nombres fundamentales de Walt Disney Animation Studios. John Musker y Ron Clements han formado a lo largo de 40 años un tándem inseparable que les ha convertido en dos de los responsables de la etapa más exitosa de la compañía. Ambos participaron ayer en una conversación online sobre su trabajo y sus películas. 

Retirados desde 2018, aunque ocupados en proyectos personales, ellos han visto crecer la compañía desde que era un pequeño estudio con 40 trabajadores hasta el inmenso proyecto empresarial que es en la actualidad. Froman parte de la generación que siguió a los denominados "Nine Old Men" (los Nueve Ancianos), aquellos pioneros que junto a Walt Disney dieron vida a la empresa. Cuando Musker y Clements se incorporaron a la compañía en los años setenta, la mayor parte de los "Nine Old Men" aún trabajaban, y algunos fueron sus mentores, como Frank Thomas y Eric Larson, maestros de animadores de Walt Disney que han formado a algunos de los directores más exitosos de la compañía. 

John Musker
Ron Clements y John Musker representan también el cambio de la animación tradicional a la animación CGI, principalmente impulsada por la entrada de Pixar en la empresa, aunque ellos solo dirigieron una película con animación digital Moana (2016). Al tándem se le deben otras seis películas de Walt Disney Animation que marcaron el camino de la nueva animación: Basil, el ratón superdetective (1986), La sirenita (1989), Aladdin (1992), Hércules (1997), El planeta del tesoro (2002) y Tiana y el sapo (2009). 

Sobre sus primeros pasos en la animación, recuerda Ron Clements: "Cuando tenía 9 años ví la película Pinocho (Norman Ferguson, T. Hee, Wilfred Jackson, Jack Kinney, 1940), y me obsesioné con ella. Era la mejor película que había visto". Una vez en Los Angeles, comenzó a trabajar como dibujante en Hanna-Barbera hasta que fue aceptado en el Disney's Talent Development Program, y trabajó como aprendiz de Frank Thomas. 

Los primero pasos de John Musker fueron parecidos: "Cuando tenía 5 o 6 años vi La bella durmiente (Clyde Geronimi, 1959), y decidí que quería ser dibujante. Para mí una gran influencia fue el trabajo de Chuck Jones. Pero cuando quise entrar en el Disney's Talent Development Program me rechazaron, porque decían que mis dibujos eran demasiado rígidos. Pero me admitieron en el Character Animation Program, más enfocado a la televisión y fui compañero de clase de John Lasseter y Henry Selick. Tim Burton también estudió allí, pero estaba en un grado superior".  

Su colaboración como directores se ha extendido a lo largo de 40 años. Ron Clements dice: "Creo que el secreto es que ambos empezamos trabajando en storyboards, que tenemos los mismos referentes, las mismas influencias. Tratamos de encontrar una historia que nos guste contar. John suele empezar a escribir el guión, explorando muchas ideas, incorporando muchas notas en los diálogos, en las escenas... Y yo de alguna manera uso todas esa anotaciones e ideas para terminar el guión". John Musker añade: "Algunos equipos de directores se dividen todo el trabajo. Pero nosotros podemos hacer tanto una secuencia dramática como una secuencia cómica y divertida. Ambos decidimos qué secuencias queremos hacer. Y colaboramos siempre en el cásting de voces y el cásting de animadores". 

Ron Clements
Para ellos, es muy importante tener una historia suficientemente interesante que contar: "En La sirenita (1989) tuvimos que plantearnos por qué queríamos contar esta historia con animación", dice John Musker. "Estas películas tiene que crear un mundo. ¿Qué tipo de mundo queremos ofrecer? Y hay que mostrar ese universo desde un punto de vista diferente". 

Los dos directores se beneficiaron de la etapa en la que Walt Disney estaba dirigida por Jeffrey Katzenberg al frente de The Walt Disney Studios en los años ochenta, que fue el comienzo del crecimiento de la compañía, hasta que la abandonó para crear Dreamworks. Él inició los llamados "gong-show", reuniones en las que los animadores presentaban sus ideas para futuras películas. Allí Ron Clements planteó la adaptación del cuento de Hans Christian Andersen "La sirenita" (1837), pero fue rechazada porque se había estrenado recientemente  Un, dos, tres... Splash (Ron Howard, 1984). Al día siguiente, sin embargo, Jeffrey Katzenberg pidió a Ron Clements que hiciera un tratamiento más largo de la historia. 

La música es fundamental para Ron Clements y John Musker. Y ellos han sido los primeros en incorporar compositores de Broadway a las películas de Disney. El productor David Geffen les presentó a Howard Ashman, que junto a Alan Menken, había estrenado en Broadway el musical The little shop of Horrors (1982). "Me reuní con él en Nueva York y le hablé de La sirenita, y la idea no le gustó al principio, finalmente pudimos convencerle de entrar en el proyecto. Y creo que Howard Ashman y Alan Menken cambiaron el futuro de Walt Disney. Desgraciadamente, Howard Ashman falleció antes de poder terminar Aladdin (1992) y Alan Menken comenzó a colaborar con Tim Rice".

También fueron los primeros en incorporar a Lin-Manuel Miranda al universo de los estudios Disney: "Comenzamos a trabajar con Lin-Manuel Miranda para la película Moana. Él por entonces había triunfado en Broadway con el musical In the Heights (2008). Y nos comentó que estaba trabajando en un proyecto en el que quería contar la historia de uno de los padres fundadores de los Estados Unidos utilizando música hip-hop. Y yo le dije: "Ah, ok". Eso se convirtió años más tarde en Hamilton, el musical de más éxito de la historia de Broadway". 

Ron Clements y John Musker vivieron uno de los momentos más complejos de Walt Disney Animation, cuando la entrada de Pixar y Dreamworks en el panorama de la animación comenzó a hacer mella en las producciones de la compañía. Esta situación se solventó con la colaboración entre Pixar y Disney en algunas de sus producciones, y la posterior adquisición de la primera por parte de la segunda. De hecho, John Musker y Ron Clements dejaron la compañía en 2005, después de que Walt Disney decidiera abandonar definitivamente la animación tradicional. Pero John Lasseter rescató a los directores para que desarrollaran Tiana y el sapo (2009), y les dio libertad para elegir si querían utilizar animación tradicional o CGI. En cierto sentido, fue un proyecto hecho a contracorriente, en un momento en el que las herramientas digitales eran fundamentales. Así que su última película, Moana (2016), sí fue realizada en CGI. John Musker recuerda: "Tuvimos que adaptarnos a las nuevas tecnologías. En animación tradicional el proceso de trabajo es más lineal: storyboards, dibujos, fondos..., mientras que en CGI el proceso es más en forma de zig-zag, haciéndose muchas cosas al mismo tiempo". 

Ron Clements y John Musker son dos de los últimos grandes maestros de la animación que han trabajado en Walt Disney Studios. Ambos están retirados desde 2018 pero ofrecen conferencias y encuentros como al que pudimos asistir ayer en Annecy 2020. Una conversación dinámica, divertida, plagada de anécdotas, cuyas vivencias son parte de la historia de la animación. Y un sentido del humor aún brillante. Ron Clements, de hecho, está escribiendo un libro sobre su experiencia. "Estoy escribiendo un libro en el que repaso mis 45 años de trabajo en Walt Disney". "¿Y John Musker aparece en el libro?", le pregunta irónicamente el moderador. A lo que John Musker responde: "No, a mí ni siquiera me menciona". (LOL)


19 junio, 2020

Annecy 2020 (Parte 4): Contrechamp y cortometrajes


En esta crónica del Festival de Cine de Animación seguimos comentando los cortometrajes que forma parte de la Sección Oficial, y también los largometrajes que conforman la Sección Contrechamp. Esta sección competitiva nació en 2018, como sustitución de la Sección Fuera de Competición, debido a la proliferación de producciones cinematográficas de largometraje que de alguna forma merecían también participar en la competición. Algo parecido a lo que ocurre con la Sección Perspectives, que sustituyó a la Sección Fuera de Concurso en la categoría de cortometrajes. 

Sección Contrechamp

En cierto modo, esta sección incluye películas con un lenguaje más innovador, que proponen una mirada más singular, que requiere de la participación más directa del espectador. Ya hemos comentado algunos de los films que forman parte de Contrechamp, pero ahora nos detenemos en otras tres películas que de alguna forma cumplen ciertas características de singularidad.  

The knight and the princess (Bashir El Deek, Ibrahim Mousa, 2019) tiene como elemento anecdótico el hecho de ser el primer largometraje de animación producido en Egipto, con un equipo además exclusivamente árabe. Se trata por tanto de una producción singular que se vanagloria de no depender de un equipo occidental, pero que sin embargo utiliza el lenguaje y la estructura propias de las producciones tradicionales del cine de animación. De hecho, la banda sonora compuesta por Haitham Alkhamissi está interpretada por la Orquesta Sinfónica de Bratislava. La producción ha tardado 20 años en terminarse, lo que da muestras de la dificultad de llevar a buen puerto una película de estas características. 


La historia tiene como base un relato tradicional árabe del siglo VII en torno a un guerrero durante la dinastía Omeya. Técnicamente utiliza animación 2D que tiene como principal referente películas como El rey león (Roger Allers, Rob Minkoff, 1994), y que por lo tanto está marcada por cierta sencillez. Su historia tiene los ingredientes característicos del cine de animación para niños, sin aportar nada específicamente novedoso, y con un guión que se sostiene en una estructura tradicional, con personajes secundarios que supuestamente aportan el tono humorístico. No hay grandes aciertos en la película, excepto quizás las escenas de batalla del final, que están resueltas con corrección. La música también está muy presente, con canciones interpretadas por los personajes, y que en algunos momentos, especialmente los de ensoñación, funcionan bien. Pero el trabajo del compositor es más acertado y más interesante cuando recorre las sonoridades arábigas que cuando trata de acercarse a la música tradicional occidental. 

The Shaman sorceress (Jae-hunn Ahn, 2019) es una producción coreana que también bucea en la tradición, pero aquí inspirada en un relato corto del escritor Kim Dong-ree. Utilizando animación 2D y 3D, la película tiene como protagonista a una mujer chamán que envía a su hijo a ser educado por unos monjes. Cuando éste vuelve al hogar años después, ha adoptado la religión cristiana, lo que provoca un conflicto con las creencias de su madre. Aunque la técnica de animación es sencilla, casi diríamos que ruda, pero con una clara intencionalidad, la película cuenta con unos fondos elaborados de gran preciosismo. Y resulta en su conjunto una interesante propuesta poética, con muchas escenas que de alguna manera traspasan la propia narrativa tradicional, aunque con cierto abuso de una música grandilocuente de Sang-Ku Kang. Es quizás esta excesiva presencia de canciones la que lastra en parte el proyecto. 


Por otro lado, la historia plantea reflexiones interesantes sobre la relevancia de las mujeres en el chamanismo frente a una sociedad eminentemente patriarcal, y la amenaza de la cultura occidental y moderna frente a la tradición coreana, con la evangelización paulatina. Y es este el conflicto principal entre madre e hijo, como una especie de rebelión interna que acaba siendo purificadora, y cuyo desenlace no es nada optimista. La banda sonora de Sang-Ku Kang también va sufriendo esa occidentalización, porque comienza en la película con sonoridades eminentemente tradicionales para ir desarrollándose progresivamente hacia un sonido más moderno. 

Por último, comentamos la película True North (Eiji Han Shimizu, 2020) que utiliza la animación para contarnos una historia de denuncia: la existencia de campos de trabajo en Corea del Norte. "En la actualidad, se calcula que unas 120.000 personas trabajan en campos de prisión por razones políticas", reza un texto al final de la película. Y, como reflejo de la realidad, durante los créditos finales vemos tomas aéreas que parecen corroborar la existencia de estas prisiones de trabajo. El gobierno de Corea del Norte ha negado siempre su existencia, pero las asociaciones de derechos humanos han constatado que las denuncias son verdaderas. El director traslada en su historia, escrita, dirigida y producida por él mismo, una serie de relatos de personas que han conseguido liberarse de estas prisiones. Para ello, construye una narración ficticia en torno a una familia que, debido a las actividades políticas del padre, sufre el encierro y las torturas en uno de estos auténticos campos de concentración. 


El director japonés de origen coreano no habla de una experiencia personal o cercana, sino que pone rostro a estos supervivientes a través de una ficción en la que se detiene sobre todo en cómo esta tortura constante acaba haciendo mella en el alma humana. Este comin-on-age brutal y cruel que sufre el protagonista desde que es encerrado a los 9 años hasta que se presenta ante una sala llena de espectadores para contar su historia, tiene arrebatos emocionales que no se escapan a nuestra sensibilidad. Y eso a pesar de que las imágenes CGI son más bien burdas, demasiado básicas y poco elaboradas, casi como si estuviéramos viendo la primera aventura gráfica de Tomb Raider. 

Sección Oficial Cortometrajes

Seguimos repasando los cortometrajes que forman parte de la sección competitiva, trabajos interesantes como el portugués A mãe de sangue (Vier Nev, 2019), una especie de juego de sombras chinescas en el que las imágenes muestran dos lecturas diferentes, según el punto de vista. Para el director, "es un cortometraje que habla de transformación y de renacimiento", y constituye una hermosa creación de formas que se van creando y deshaciendo, como para mostrarnos la fragilidad de la imagen, la belleza de los dibujos elaborados.


Por su parte, Altötting (Andreas Hykade, 2020) es el último trabajo de este reconocido artista alemán que nos propone una historia autobiográfica a través de su sencilla pero también muy precisa linealidad. El título del cortometraje es el nombre del pueblo en el que nació, en Baviera, y que es conocido porque su capilla es un lugar de peregrinación para cristianos alemanes. De hecho, ésta es la experiencia personal de Andreas Hykade con la Virgen María, un cortometraje profundamente religioso, pero al mismo tiempo extremadamente hermoso y emocionante. La mayor parte de las obras de Andreas Hykade, muy recomendables, se pueden visionar en el canal de YouTube de Filmbilder & Friends, y frente a los festivales online, el director tiene una opinión ambivalente: "Si coloco mi película en YouTube obtengo 0,1 céntimos por clic. De un festival no recibo nada. Al final, tenemos que vivir del arte que creamos. Los festivales dicen que apoyan a los artistas, pero deberían hacer unos reglamentos que explicaran cómo los apoyan. ¿Qué ocurre cuando un festival es online? ¿Cuál es el trato ahora?".


En Rebooted (Michael Shanks, 2019), el director australiano nos propone un divertido homenaje a las películas clásicas de monstruos de Ray Harryhausen a través de un esqueleto que trata de conseguir un papel en alguna película de terror en la actualidad, pero se ve desplazado por las nuevas tecnologías. Mezclando imagen real con stop-motion y 3D, se trata de un cortometraje que encuentra ese difícil equilibrio entre la parodia y el homenaje, y que construye una historia bien estructurada y entretenida. 

La alienación de la sociedad moderna está muy presente en los cortometrajes que estamos viendo en esta edición online del Festival de Annecy. La encontramos en Arka (Natko Stipaničev, 2020), que se desarrolla en un crucero transoceánico convertido en una especie de Arca de Noé en el que conviven humanos, animales y obras de arte. Todos juntos, pero al mismo tiempo todos aislados, como una especie de representación pesimista del futuro de la humanidad. Bela (Nick Simpson, 2019) muestra a una pareja aislada que conversa sobre las teorías de percepción visual de Béla Julesz, neurólogo húngaro que emigró a Estados Unidos en 1972, y que desarrolló el estereograma, una representación gráfica de un objeto en tres dimensiones que en realidad es una ilusión óptica. Como en el estereograma, la aparente vida normal de esta pareja esconde algo más (las puertas bloqueadas, el rifle...) que se revela como una especie de visión distópica a lo Michael Haneke. Por último, en Carrousel (Jasmine Elsen, 2020), la directora belga habla de la deshumanización de una mujer cuyo mundo solitario, pero aparentemente perfecto, es invadido por otros personajes. Utiliza técnicas de animación 2D y objetos animados para crear una visión metafórica de una sociedad que se encuentra cada vez más aislada. 





18 junio, 2020

Annecy 2020 (Parte 3): Presencia española


Nuestra tercera jornada en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy la dedicamos a seguir repasando las películas que forman parte de la Sección Oficial y la Sección Contrechamp, ambas competitivas, así como nos acercamos a la presencia española en el festival, que está representada exclusivamente por cortometrajes. 

Sección Oficial de Largometrajes

Concluimos nuestro repaso por los largometrajes de la Sección Oficial con la última película del veterano director de animación ruso Andrei Khrzhanovsky, The nose or the Conspiracy of Mavericks (2020), que se estrenó en el pasado Festival Internacional de Cine de Rotterdam. A sus ochenta años, esta leyenda del cine de animación ha llevado sus películas por los principales festivales del mundo. Su cortometraje, The glass harmonica (1968), en el que mostraba a un hombre que decidía hacer frente a la burocracia gobernándose a sí mismo a través de la música, fue la primera película de animación prohibida en Rusia. Sus películas no son fáciles, tienen un trasfondo intelectual muy marcado, y habitualmente se centran en la historia de la cultura rusa, con títulos como Room and a half (2009) un largometraje en el que utilizaba acción real y animaciones para llevar a la pantalla la vida del escritor y ensayista Josif Brodsky, ganador del Premio Nobel, que tuvo que exiliarse a Estados Unidos en 1972.  


Su última película es un perfecto resumen del cine que le ha interesado hacer. Aquí también incorpora acción real para hacer una reflexión sobre la historia de Rusia, especialmente la etapa estalinista, de la que el director ha comentado en alguna ocasión que "todos fuimos culpables". Al comienzo de la película, un grupo de personas que viajan en un avión visionan una serie de imágenes de archivo, films antiguos propagandísticos que resumen en cierta manera la ideologización del cine en Rusia. Dos pasajeros discuten sobre el relato de Nikolái Gógol "La nariz" (1936), un cuento satírico sobre una nariz que abandona el rostro de un funcionario de San Petersburgo para iniciar una vida propia. Y se menciona que Dmitri Shostakóvich adaptó la novela como su primera ópera (1930), un alarde de acrobacias vocales e instrumentaciones cambiantes que es una de las obras menos conocidas del compositor ruso. Esta ópera es la banda sonora de la película de Andrei Khrzhanovsky, y podríamos decir que se trata de una adaptación de la ópera con imágenes de animación, pero incorporando una mirada crítica al estalinismo. 

El título original del relato, Hoc (pronunciado "nos") se lee al revés Coh (pronunciado "son") que significa "sueño". Se trata por tanto de un título que tiene doble sentido y que es trasladado a la pantalla en sus dos acepciones. Porque la película The nose or the Conspiracy of Mavericks se puede ver como un sueño, un compendio de imágenes que forman parte de la imaginación de su director y que se intercalan sin un aparente sentido narrativo. También se incorporan imágenes de archivo que sitúan la acción en una realidad que va más allá de la ensoñación. Es una película de una profunda intelectualidad, y de la que posiblemente no podamos extraer todas sus significaciones si no conocemos sus referentes históricos, literarios, musicales y políticos. Hay muchos detalles, muchas referencias que están marcadas por el sentido del humor irónico, como en casi todos los pasajes que están protagonizados por Stalin. Pero en la última parte de la película, esta atmósfera de sueño se convierte en una oscura pesadilla en la que se describen las atrocidades cometidas por el régimen estalinista. Son ideas que el director lanza en la pantalla como una recapitulación de su cine profundamente crítico. 

Sección Contrechampe

Esta sección competitiva incluye el documental animado My favorite war (Ilze Burkovska Jacobsen, 2020), en el que la directora de origen letón pero afincada en Noruega, cuenta su propia historia cuando era niña, viviendo con su familia en Letonia en las décadas de 1970-1990, marcada por la presencia comunista. La Unión Soviética utilizó las consecuencias de la ocupación nazi durante la II Guerra Mundial para establecer un sistema ideológico en el que prevalecía el temor y la propaganda. En medio de estas imposiciones, la educación que vivió la directora estuvo marcada por esta politización, pero al mismo tiempo supuso una oportunidad para encontrar otros espacios donde desarrollar su pensamiento con libertad. 


La utilización de animación en documentales es una técnica que está muy presente en los últimos años, y que en algunos casos ayuda a mantener oculta la identidad de los entrevistados, como vimos en The unseen (Behzad Nalbandi, 2019) o para representar imaginariamente las ideas que proponen las protagonistas, como podemos ver en Annecy en el cortometraje Carne (Camila Kater, 2019). En este caso, la directora utiliza la animación para contar con mayor libertad narrativa su propia experiencia como niña. El problema es que también incorpora imágenes de archivo y entrevistas en imagen sin una estructura clara en la que esté justificado el paso de una técnica a otra. La película queda así como una mezcla imperfecta, a veces incluso caprichosa, que no ayuda a crear una narración adecuadamente clara.

The old man - The movie (Oskar Lehemaa, Mikk Mägi, 2019) es la adaptación como largometraje de la serie de episodios Vanamehe Multikas (YouTube, 2014-) en torno a las experiencias de tres jóvenes cuando visitan a su abuelo en el campo por vacaciones. El contraste entre la vida en el campo y la gran ciudad, y especialmente el singular carácter del abuelo, se muestran en una serie de episodios de corta duración que son en realidad sketches cómicos en los que destaca sobre todo el humor escatológico. Ahora los responsables de la serie, producida en Estonia, trasladan la acción a una película de larga duración. 


Manteniendo el mismo sentido del humor de brocha gorda, la película reinicia la historia para contarnos la llegada de los tres hermanos a la pequeña aldea en la que habita su abuelo. No se trata por tanto de una continuación para seguidores de la serie, sino de un largometraje que pretende tener vida propia. En el sentido humorístico, y si el espectador participa de los chistes gruesos, la película funciona, resulta divertida y entretenida, absurda en su desarrollo y abierta a cualquier cambio de registro. Pero no dejamos de tener la sensación de que la construcción de una línea narrativa que una todos estos "sketches" (el establo, el festival hippie, la huida de la vaca...) es demasiado endeble como para hilvanar con cierto sentido todos estos retazos humorísticos. Y al final la película funciona mejor si la vemos como una sucesión de escenas que si tratamos de encontrarle cierta coherencia narrativa. 

Sección Oficial de Cortometrajes

La Sección competitiva de cortometrajes nos propone nuevamente un nivel más interesante que el de los largometrajes. Freeze frame (Soetkin Verstegen, 2019) es un excelente trabajo de animación stop-motion, que ya vimos en Vienna Shorts, en el que unas figuras humanas tratan de evitar que distintos bloques de hielo se derritan. Una misión que resulta imposible, una lectura en torno al cambio climático que se nos muestra en imágenes en blanco y negro que parecen sacadas de archivo, una especie de memoria de un pasado que solo existe en la pantalla. También hemos hablado de Beyond Noh (Patrick Smith, Kaori Ishida, 2020), presente en Krakow Film Festival y Vienna Shorts, un elaborado trabajo de animación de 3.475 fotografías de máscaras de todo el mundo que supone una especie de coreografía en torno a la tradición y la cultura pop, nacida de una visita que realizaron los directores a un museo en Kioto. 

The town (Bao Yifan, 2020)
La producción china The town (Bao Yifan, 2020) habla de una ciudad en la que sus habitantes tienen el derecho a que sus rostros sean convertidos en máscaras, inexpresivos semblantes que representan también la sumisión a la aceptación social. Es un trabajo interesante de anime, pero con una historia incompleta, casi como un work-in-progress previo a un posible largometraje. Esta alienación también está presente en Empty places (Geoffroy De Créci, 2020), magnífica animación francesa que muestra esos lugares vacíos de la ciudad, sin presencia humana, en el que las máquinas siguen funcionando de forma repetitiva pero ya sin un propósito real. Tiene una estructura narrativa interesante, y aunque no nació con ese propósito, es casi una representación de la sociedad confinada del coronavirus: ciudades vacías, lugares durmientes. 

Yes-people (Gísli Dari Halldórsson, 2020)
Esta ausente interrelación personal es la base de otros dos cortometrajes: Hot flash (The Hollatz, 2019), debut como directora de la diseñadora de producción de películas canadienses como Firecrackers (Jasmin Mozaffari, 2018). El cortometraje, presente en el Festival de Sundance, cuenta una anécdota sobre una mujer que lucha contra un golpe de calor en medio del invierno canadiense y que habla sobre cómo son vistas las mujeres por la sociedad y cómo se ven ellas mismas. Y en Yes-people (Gísli Darri Halldórsson, 2020), el director islandés reflexiona sobre la vida rutinaria de las personas, centrándose en los vecinos de un bloque de apartamentos y sus repetitivas existencias. Un lenguaje universal, minimalista, define a los personajes en un trabajo de stop-motion realmente divertido. 

Producciones españolas

La presencia española está marcada principalmente por los cortometrajes en las principales secciones competitivas. Destaca entre ellos la participación de Alberto Vázquez, dibujante de cómics, ilustrador y últimamente enfocado en su trabajo en el cine. Tiene en su haber tres premios Goya, de los cuales uno lo consiguió por el cortometraje Birdboy (Alberto Vázquez, Pedro Rivero, 2011) y los otros dos los logró en la misma ceremonia de 2017, por el corto Decorado (Alberto Vázquez, 2016) y el largometraje Psiconautas, los niños olvidados (Alberto Vázquez, Pedro Rivero, 2016), un doblete que no había conseguido ningún animador hasta el momento. Su última obra es Homeless home (Alberto Vázquez, 2020), en el que regresa al blanco y negro que ya había usado en Decorado, creando aquí una fantasía tenebrosa en torno a esos personajes que siempre han estado en el lado oscuro. Visualmente el cortometraje es fascinante, con fondos bellamente elaborados que nos recuerdan a El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957). Como en otras ocasiones, el guión introduce diálogos que tratan de humanizar a estos personajes, utilizando un lenguaje moderno en los diálogos. Pero en este caso, este recurso que es a la vez cómico e irónico, no termina de encajar bien con las imágenes y se convierte en su principal lastre. 

Homeless home (Alberto Vázquez, 2020)
También participa en la Sección Oficial Lursaguak: Escenas de vida (Izibene Oñederra, 2019), que ha pasado por festivales como el de San Sebastián o L'Alternativa de Barcelona, y que nos presenta una visión surreal de la sociedad, habitada por seres que son monstruosos, desagradables, que se interrelacionan principalmente de forma física, que practican el sexo con pasión y devoran literalmente la sangre de sus coetáneos. Es un cortometraje en el que la directora, que participó en Annecy con su obra Berbaoc (Izibene Oñederra, 2008), vuelve a utilizar una animación impetuosa, llena de trazos gruesos que definen la personalidad grotesca de sus personajes.  

En la Sección Perspectives, también competitiva, encontramos el cortometraje Esfinge urbana (María Lorenzo Hernández, 2020), que es un homenaje a los artistas callejeros de Valencia, en el que se realiza una composición de imágenes stop-motion sacadas de dibujos y grafitis que se encuentran en las calles de Valencia. Es una creación singular, musical, que funciona perfectamente como representación del arte callejero. 
Yo (Bego Aróstegui, 2020)

Por su parte, Yo (Begoña Aróstegui, 2020) es un cortometraje de la productora andaluza Ferdydurke Films, que pertenece al montador y director sevillano Fernando Franco, responsable de títulos como La herida (2013) y Morir (2017). Él es también el autor del guión, que adapta el relato "Yo" (1927) del escritor austríaco Arthur Schnitzler, autor también de la novela "Relato soñado" (1925) en la que se basó la película Eyes wide shut (Stanley Kubrick, 1999). La historia nos muestra cómo cambia la existencia rutinaria de un hombre cuando encuentra un cartel obvio en un parque. La definición de las cosas se convierte en su obsesión, como un intento vano por calificar y cualificar todo lo que le rodea. Es un trabajo interesante que mezcla fotografías con animación 2D, aunque la narración a través de un monólogo resulta algo discursiva.   


17 junio, 2020

Annecy 2020 (Parte 2): Zaramella y el sentido del humor


En nuestra segunda jornada dedicada al Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy nos detenemos en el MIFA (Mercado Internacional de Films de Animación), que ofrece la posibilidad de conectar el trabajo de los creadores, pero sobre todo de conocer las interioridades de sus procesos de animación. A través de breves Masterclass, los responsables de los estudios de animación nos describen cómo han llevado a cabo sus creaciones. 

Michael Woodside es Supervisor de Animación de Walt Disney Co. y ha trabajado recientemente en la película Frozen II (Chris Buck, Jennifer Lee, 2019). Para este film, se encargó de supervisar el trabajo de animación en las escenas musicales, prestando especial atención a las técnicas de respiración: "Tuvimos un entrenador vocal, de forma que muchos animadores tomaron lecciones de canto, respiración, técnica de voz, movimiento corporal, cosas que le dieran a la animación una mayor sensación de realismo. Muchos animadores aprendieron las habilidades necesarias para cantar de forma correcta. De esta forma, ellos podían experimentar a través de sus propios cuerpos cuál era el esfuerzo necesario para cantar y poder aplicarlo a su trabajo con los personajes". 



Otro de los protagonistas de las Masterclass de ayer fue el animador argentino Juan Pablo Zaramella, creador de excelentes trabajos de animación stop-motion que están marcados sobre todo por una técnica impecable y un sentido del humor muy argentino. En su Masterclass, Juan Pablo Zaramella habló sobre todo de como encuentra las ideas para su trabajo, basándose en algunos ejemplos: "Un día estaba en una cafetería que tenía una pared completamente pintada de rojo. Entonces entró un hombre con un jersey que era del mismo color que la pared. Me imaginé a esta persona como una cabeza flotante, y ese fue el origen de Lapsus (Juan Pablo Zaramella, 2007). Tomé la decisión de trabajar en blanco y negro porque me daba más contraste y más síntesis en la idea".  




Pero la obra más conocida del creador argentino es Luminaris (Juan Pablo Zaramella, 2011), con la que obtuvo más de 300 premios en festivales internacionales, y que utiliza el tango "Lluvia de estrellas" como el origen de una historia en la que la luz del sol rige los movimientos de las personas. Un proceso de rodaje largo, de dos años y medio, utilizando la técnica de stop-motion con imagen real que es uno de los cortometrajes más logrados de toda su carrera: "La creatividad no es algo que debas considerarlo como presión, sino como un juego o un desafío, porque es la única manera de disfrutar el proceso de crear algo y de hacerlo crecer". 



Sección Oficial de Largometrajes


Seguimos repasando las películas que forman parte de la competición. Uno de los títulos más interesantes que hemos visto es Kill it and leave this town (Marius Wilczyński, 2020), un viaje muy personal a la memoria de su director, artista y dibujante polaco que ha tardado 14 años en concluir su primer largometraje, estrenado en el pasado Festival de Cine de Berlín. Son recuerdos de la Polonia de los años setenta, marcada aún por la ideología comunista, que nos muestran breves fragmentos de lo que podrían ser sus vivencias infantiles. Pero también elucubrando sobre escenas que forman parte de su imaginación. Él mismo se retrata como personaje, un gigante en un mundo empequeñecido, un gigante lleno de fragilidad. La muerte está muy presente en esta creación, pero con un sentido de la ironía muy negro. Su madre yace muerta en una camilla mientras sus órganos genitales son cosidos y cerrados. 


El jazz forma parte de la banda sonora, habiendo sido el director colaborador de conocidos músicos polacos como el trompetista Tomasz Stańko, uno de los nombres fundamentales en la escena musical de Polonia en los años sesenta. También la muerte está presente en este sentido, porque la película rinde homenaje a personalidades artísticas fundamentales que fallecieron a principios de los años 2000, y que están presentes en la película, como el compositor Tadeusz Nalepa, que creó la banda sonora, o el director de cine Andrzej Wajda, que da voz a uno de los personajes secundarios, com profundas reflexiones: "No creo en la muerte. Todos los que se han ido, simplemente se han ido. Pero no han muerto, ellos están vivos en mi memoria". Kill it and leave this town es una película personal, profunda, provocativa  y oscura.  

La única representación de habla hispana en la Sección Oficial de largometrajes (hay algunos cortometrajes españoles en la competición, pero hablaremos de ellos en nuestra siguiente crónica) es la película chilena Nahuel y el libro mágico (Germán Acuña, 2020), una historia sobre brujería que tiene al público infantil como principal audiencia. La animación es muy básica, casi como si se tratara de una película producida hace años. Y el guión y el desarrollo de los personajes también resultan anodinos. Se trata de un producto que, en su pretensión de gustar al mayor abanico de espectadores posible, acaba siendo plano y sin personalidad. Hay personajes, como el joven convertido en perro, de los que se saca poco partido, y las secuencias finales son caóticas y confusas. 

Sección Contrechamp

Otra de las secciones competitivas de Annecy 2020 está dedicada a los largometrajes que tienen un carácter más experimental, y que iremos comentando también en nuestras crónicas. 

El artista croata Dalibor Baric presenta su última película, Accidental luxuriance of the translucent watery rebus (Dalibor Baric, 2020), que ofrece nuevamente su particular trabajo de animación utilizando imágenes de archivo reconvertidas en una especie de cómic visual. Igual que en su anterior película, Unknown energies, unidentified emotions (Dalibor Baric, 2015), el director utiliza un guión previo interpretado por actores para ir creando las animaciones a través de sus voces. Es un trabajo personal y autodidacta, en el que las técnicas de animación difieren en las diferentes escenas, porque cada momento tiene su particular estilo. 


En su última película, el director crea una historia cercana al cine negro, a través de un personaje que quiere rebelarse contra el sistema, pero que es investigado por la policía. Es una especie de mezcla de realidad y animación, donde el uso de material de archivo o de películas antiguas modificadas produce también una sensación de homenaje a la memoria. Y el propio Dalibor Baric ejerce como animador, director artístico y compositor de la banda sonora, que en realidad también parte de la manipulación sonora. Quizás los noventa minutos de duración juegan en su contra, pero se trata de un producto original. 

Volvemos a Argentina con Lava (Ayar Blasco, 2019), una historia de ciencia-ficción que toma como base una invasión cultural y que se convierte en una muy divertida película llena de situaciones absurdas. El director que se dio a conocer con el largometraje El sol (Ayar Blasco, 2011), en el que también hablaba de un Apocalipsis cultural, regresa a sus animaciones sencillas, algo planas, un poco en la línea del estilo de South Park (Comedy Central, 1997-), pero que se desarrollan a través de un guión con un gran sentido del humor. 


Narrativamente hablando, la película está compuesta principalmente por sketches que resultan efectivos en su comicidad. Y aunque plantea una reflexión sobre la cultura y la influencia de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad, tampoco resulta una propuesta demasiado profunda. El director, que este año presenta su primera película de acción real, La vagancia (Ayar Blasco, 2020), consigue una película entretenidamente disparatada.





16 junio, 2020

Annecy 2020 (Parte 1): Bruno Coulais en conversación con Henry Selick

Nuestro repaso a los festivales de cine que celebran sus ediciones en versión online, se detiene ahora en el Festival International du Film d'Annecy, el festival más importante de cine de animación que se celebra en el mundo. Debido a las restricciones de desplazamientos y la aún inestable vuelta a la normalidad en todo el mundo, la edición de este año se ha convertido en una gran plataforma online que permite acceder a casi toda su programación y también al prestigioso MIFA, Mercado Internacional de Cine de Animación, que es uno de los que más intercambios de ideas y proyectos establece entre los profesionales del sector de la animación. 

Este género, además, es uno de los que menos se ha visto afectado por el confinamiento, en cuanto a producción y realización de proyectos, ya que su propia dinámica de desarrollo ha permitido no experimentar demasiados obstáculos para seguir manteniendo los proyectos en marcha. 

La programación de Annecy 2020 se estructura en secciones competitivas de largometrajes y cortometrajes, también de proyectos VR, al margen de diversas secciones paralelas y encuentros entre profesionales, que se desarrollan a lo largo de estas dos semanas y que iremos comentando en las próximas jornadas. El acceso a la mayor parte de la programación del Festival es posible para el público en general, previa adquisición de la acreditación correspondiente, con la que es posible acceder a casi todo el contenido audiovisual de la plataforma online y Masterclasses que se celebran hasta el 30 de junio.  


En la primera Jornada del festival hemos podido asistir a la conversación mantenida por el compositor francés de música de cine Bruno Coulais y el director norteamericano Henry Selick. Ambos han colaborado juntos algunos proyectos como la película de animación stop-motion Los mundos de Coraline (2009) y actualmente trabajan en la producción Wendell and Wild (2021) para Netflix, una comedia con tintes de historia de terror. 

Sobre la primera vez que Henry Selick decidió trabajar con Bruno Coulais, el director comenta: "Habitualmente usamos temp tracks de otras películas durante el desarrollo de un proyecto. Escuchas un tema que nos parece adecuado y lo colocamos en una secuencia, en nuestro caso sobre el storyboard. La música a veces es demasiado infantil, o demasiado tenebrosa, y no encaja del todo. Pero es una práctica habitual, así que suelo escuchar muchas bandas sonoras. Yo había oído tu trabajo para Nómadas del viento (Jacques Perrin, Jacques Cluzaud, Michel Debats, 2001) y también conocía Microcosmos (Claude Nuridsany, Mary Pérennou, 1996). En tu música está presente el espíritu de la infancia, que es al mismo tiempo bella y terrorífica. Es la fascinación por la vida real, pero también es dulce, emocionante y hermosa la forma en que utilizas los coros, por ejemplo. Así que pusimos un tema de Microcosmos (1996) con las imágenes y enseguida nos dimos cuenta de que eras el compositor adecuado para nuestra película". 

Bruno Coulais

En la conversación también se mencionó el proyecto inacabado de Henry Selick The shadow king, una producción en la que primero entró Walt Disney Co. pero que finalmente fue cancelada. Henry Selick comenta: "Íbamos a trabajar juntos también en The shadow king, pero no pudo ser. Era, digamos, demasiado tenebrosa para la productora." Bruno Coulais: "Sí, me dio mucha pena porque creo que era una obra maestra". Henry Selick: "Teníamos una buena película. Los cinco primeros minutos de animación que habíamos completado eran fantásticos. ¿Qué pasó? Bueno, estas cosas pasan". Lo cierto es que Walt Disney Co. había contratado a Henry Selick para cuatro largometrajes, tras el éxito de James y el melocotón gigante (1996), y se especula que el proyecto, además de ser demasiado oscuro, comenzó a tener sobrecostes, y la compañía decidió cancelarlo tras haber gastado 50 millones de dólares. 

Henry Selick ha colaborado con diferentes músicos a lo largo de su carrera, pero solo ha encontrado un compositor con el que ha repetido. Danny Elfman en Pesadilla antes de Navidad (1993), Randy Newman en James y el melocotón gigante (1996) y Anne Dudley en Monkeybone (2001) han sido algunos de los compositores que han trabajado en sus películas. De su colaboración con el primero comenta: "Pesadilla antes de Navidad era una idea de Tim Burton, y él trabaja siempre con Danny Elfman. Como era un musical, empezamos la producción con un par de canciones. Pero me di cuenta desde el principio de que, si algo no me convencía en la parte musical, iba a ser difícil convencer a Danny. Una vez le sugerí que hiciera algunos cambios en una canción, y él me contestó: "No te preocupes, yo me encargo". Así que no fue una relación muy colaborativa". 

Henry Selick

No tanto como lo es con Bruno Coulais, que participa en cada proyecto desde una fase muy temprana de la producción, algo que no es habitual: "Para mí trabajar en una película de animación es un proceso largo. Y quizás a ti como director te parece demasiado largo, pero para mí es lo ideal. Tienes la posibilidad de hacer experimentos, de encontrar sonidos. Y es genial tener suficiente tiempo. Es una construcción orgánica entre tu película y mi música". 

Durante la conversación, Bruno Coulais interpretó al piano algunos de sus temas para las películas de Henry Selick, entre ellos una composición para su último proyecto, Wendell and Wild (2021), una historia de humor y terror que el director compara con las películas en las que Abbot y Costello parodiaban las películas de terror: Abbot y Costello contra los fantasmas (Charles Barton, 1948) o Abbot y Costello contra el Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Charles Lamont, 1953), y que cuenta con las voces del director Jordan Peele y el actor Keegan-Michael Key. Comenta Henry Selick: "Creo que va a ser una buena película. Es una comedia y al mismo tiempo es una tragedia y es fantasía. Es todo eso junto, y es una mezcla muy complicada". 

Sección Oficial de Largometrajes

10 películas forman parte de la Sección Oficial de Annecy 2020, aunque las que hemos visto hasta el momento no son especialmente notables. De esta lista de largometrajes, tres de ellos no están disponibles online, posiblemente por restricciones de derechos, por lo que solo se ofrecen extractos. El resto de los films seleccionados los iremos comentando en nuestras crónicas. 

La producción rusa Ginger's tale (Konstantin Scherkin, 2020) es un cuento de hadas bastante tradicional  que no resulta demasiado interesante. Utilizando animación 2D, la película se centra en una malvada reina que trata de conseguir un artefacto que la rejuvenece, y se enfrenta a Ginger, una chica que habita un pueblo cercano y que encuentra el codiciado tesoro. Es una producción rusa que utiliza las herramientas narrativas del cine de animación de Hollywood para tratar de ganar un público más internacional. Hay heroínas, canciones, personajes secundarios que incorporan el elemento humorístico... recursos que son ya habituales en el cine de animación industrial, y que utilizados con inteligencia dan como resultado productos destacables. 


No es el caso. La película empieza ya directamente con una escena de acción que trata de hacernos participar en la trama desde el principio. Y a partir de ahí no hay casi ningún momento de respiro, como si el realizador pensara que acumulando escenas frenéticas y haciendo que los personajes griten, más que hablen, no va a perder la atención del espectador en los casi noventa minutos que dura. Pero el resultado es todo lo contrario, acaba siendo una película agotadora, con un desarrollo de personajes mínimo y con un trabajo técnico solo correcto. 

Jungle Beat (Sunrise Productions, 2003-) es una serie formada por episodios de 5 minutos que tiene como protagonistas a una serie de animales que habitan una jungla y que viven todo tipo de situaciones extrañas. Producida con animación digital, nació en 2003 como un cortometraje que de hecho participó en Annecy, y al cabo de los años ha mejorado su calidad técnica y ha desarrollado 52 capítulos divididos en 3 temporadas y algunos spin-off que se han emitido en más de 100 países (actualmente se puede ver en HBO España), lo cual es todo un logro para una productora de animación sudafricana. 


Hay dos particularidades que hacen de Jungle Beat una serie diferente: por un lado, las situaciones absolutamente bizarras que se encuentran los personajes, con un sentido del humor que recupera en buena medida el tono de la animación tradicional de Bugs Bunny; por otro, no hay diálogos, lo que centra toda la atención en la acción. Ahora, la productora ha decidido dar un paso más allá creando Jungle Beat: The movie (Brent Dawes, 2020), asumiendo un riesgo que por otro lado parecía necesario: dar voz a los personajes. Porque un episodio de cinco minutos sin diálogos es asumible, pero una película de noventa minutos es más complicada. Así que por primera vez escuchamos a Monkey y Elephant, los personajes que protagonizan esta aventura. En este sentido, se trata de un salto cualitativo pero que al mismo tiempo los acerca más a las decenas de películas de animación con animales que han llegado a las pantallas. Por otro lado, lo que sí se mantiene es ese sentido del humor loco de los personajes, y las situaciones totalmente impredecibles. En la película, la incorporación de un extraterrestre a esta jungla se convierte en el elemento más transgresor y permite el desarrollo de una historia divertida que tiene buen ritmo. 

Sección Oficial Cortometrajes

Esta sección competitiva incluye una amplia selección de cortos que, por lo que hemos visto hasta el momento, están muy por encima en calidad a la sección dedicada a largometrajes. En competición de hecho encontramos algunos excelentes cortos que ya vimos en Vienna Shorts como Genius Loci (Adrien Merigeau, 2019), ganador del Premio al Mejor Cortometraje Animation Avantgarde, y en D'A Film Festival como Carne (Camila Kater, 2019). 

En Murder in the Cathedral (Matija Pisacic, Tvrtko Raspolic, 2020), los directores crean una aventura que parodia las historias del investigador Sherlock Holmes (el nombre de la protagonista, Gloria Scott, está sacado de un relato de Arthur Conan Doyle), e introduce numerosas referencias de la cultura literaria y musical inglesa, desde Jack el Destripador hasta The Beatles. Es un cortometraje hecho con buen ritmo y con un excelente diseño de personajes, que introduce temas como el sexo y la violencia.


Time o' the signs (Reinhold Bilder, 2019) es un cortometraje experimental que al mismo tiempo trata de documentar una sociedad que se desarrolla en bucle, una especie de futuro repetitivo en el que el individuo solo es una pieza más de una cadena industrial. Es un interesante trabajo del director austríaco, que vislumbra una sociedad pesimista. Kosmonaut (Kaspar Jancis, 2019), es el último trabajo de este director estonio que habla sobre la vejez a través de la fantasía de un anciano. Es una historia con grandes dosis de humor negro que tiene el estilo característico de la animación 2D del director, y un diseño de personajes muy logrado. Urban goat (Svetlana Razgulyaeva, 2020) cuenta la historia de una cabra que llega desde la ciudad a un pequeño pueblo de Siberia, y cómo su presencia de alguna manera altera el modo de vida de sus habitantes. Es una curiosa propuesta que habla de sentirse diferente en el lugar de origen. Por su parte, Something to remember (Niki Lindroth Von Bahr, 2019) es un cortometraje de la directora sueca de The burden (Niki Lindroth Von Bahr, 2017), que ganó el Premio al Mejor Corto en Annecy 2017. Como aquel, se trata de un musical que en su puesta en escena nos recuerda al cine de Roy Andersson, breves sketches en plano fijo que muestran un espacio en el que los personajes realizan una acción. Aquí se interpreta una canción de cuna que es al mismo tiempo hermosa pero que contiene un presagio de destrucción. Es un cuento cómico y tenebroso al mismo tiempo. 

Something to remember (Lindroth Von Bahr, 2019)

Happiness (Andrey Shidkov, 2020) adapta una historia del escritor ruso Alexander Neverov, que cuenta los intentos frustrados de un hombre por alcanzar la felicidad a través de la acumulación de objetos. Es una visión pesimista que está mostrada con un trabajo de diseño artístico realmente sorprendente, como una visión bizarra y oscura del alma humana. También tiene de ensueño el aspecto visual de De passant (Pieter Coudyzer, 2020), obra del creador de novelas gráficas belga Pieter Coudyzer, cuyo diseño en los cortometrajes que ha dirigido hasta la fecha tiene una personalidad muy marcada. Aquí cuenta una anécdota sobre dos jóvenes cuyas vidas se entrecruzan en circunstancias muy diferentes, narrada a través de un largo plano secuencia, que resulta hipnótica. Mientras que en Moi, Barnabé (Jean-François Lévesque, 2020) nos introduce en los demonios interiores de un párroco alcohólico que se enfrenta a la representación de un gallo que solo está en su imaginación. Con técnica de animación a través de marionetas en stop-motion (al estilo de las producciones de Aardman Animation), es una divertida y al mismo tiempo trágica historia que habla de la soledad y la pérdida de la fe. 

De passant (Pieter Coudyzer, 2020)



12 junio, 2020

28ª Mostra de Films de Dones (Parte 4): Genios, recuerdos y cabezazos


Esta es nuestra última crónica dedicada a la Muestra Internacional de Cine de Mujeres de Barcelona, que ha puesto su foco este año especialmente en el género documental. El festival nació en 1993 con el objetivo de visibilizar la cultura audiovisual femenina, y dispone también de otras ramas de acción como la distribución de películas o la coordinación y colaboración con otros festivales como el Festival International de Films de Femmes de Créteil en Francia, que este año se tuvo que cancelar debido a las restricciones decretadas por el gobierno francés frente al coronavirus. Este año, la presencia del cine documental es la principal protagonista en la programación de la Muestra Internacional de Cine de Mujeres de Barcelona, presente tanto en las secciones de largometrajes como de cortometrajes. 

Sección Panorámica

La directora Pelin Esmer realizó hace varios años el documental Oyun (The play) (Pelin Esmer, 2005), que estaba dedicado a un grupo de teatro formado por mujeres campesinas del Sur de Turquía. En esa película, la historia se centraba en el proceso creativo de una obra en la que las mujeres de alguna manera se retrataban a sí mismas, y al mismo tiempo descubrían aspectos de su personalidad que desconocían, casi todas viviendo a la sombra de sus maridos. Ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Tribeca y del Premio del Público en el Festival Internacional de Cine Documental de Navarra. Punto de Vista, la película tuvo una importante trayectoria internacional, y puso de manifiesto las condiciones de vida de muchas campesinas de las montañas turcas, aisladas y carentes de una educación mínima. 

14 años después, la directora vuelve a visitar a estas mujeres en Queen Lear (Pelin Esmer, 2019), que es una especie de continuación, de nuevo protagonizada por este grupo de mujeres que ahora inician una gira teatral que las llevará por pequeños pueblos montañosos, de escasos habitantes, que en su mayor parte nunca han visto una obra de teatro. Y con un proyecto más ambicioso, el de representar una versión muy particular de la obra de William Shakespeare "El rey Lear", que de alguna manera sirve como excusa para mostrar el sistema patriarcal que persiste en Turquía. 

El foco ya no está específicamente centrado en este grupo de mujeres, sino que ellas ejercen como anfitrionas que nos acercan a las condiciones de vida de las mujeres campesinas, a las reticencias de algunos alcaldes por introducir en sus pequeñas aldeas elementos externos que distorsionen la tradicional convivencia, y al aislamiento que persiste en esta región de Turquía donde la figura del hombre sigue siendo la autoridad, donde las mujeres no pueden ir al médico sin sus maridos. Es un documental interesante, que consigue diversificar el punto de vista de la anterior película y que se acerca con honestidad a un mundo femenino aún aprisionado. 


En el documental Queer genius (Chet Catherine Pancake, 2018) cuatro artistas de diferentes generaciones hablan sobre cómo se enfrentan a su trabajo, y cómo su identidad sexual y su activismo eestá representado en él. La directora comenta en la entrevista que se puede visionar en la web de la Mostra: "Si la orientación sexual de un artista no es un reclamo, puede devaluar el valor de ese artista. Hay algo en la orientación o la identidad de esa persona que tiene que ver con la genialidad de la obra. Existe esa idea de que hay un intelecto, un genio que va más allá de la identidad, pero yo creo que está muy ligado." La película escoge a cuatro representantes del mundo del arte contemporáneo:  Barbara Hammer fue una prolífica realizadora experimental cuya obra Dyketatics (1974) se considera como una de las primeras películas con protagonistas lesbianas. La cineasta ya estaba enferma de cáncer cuando participó en Queer genius y falleció antes de que se terminara el rodaje; Eileen Myles es una poetisa que ha recibido numerosos reconocimientos por su obra; Jibz Cameron es una videoartista y performance reconocida; y el Colectivo Black Quantum Futurism es una colaboración multidisciplinar entre Rasheedah Phillips y Camae Ayewa que reflexiona sobre el tiempo y el futuro a través de eventos de diferentes facetas artísticas. 

El documental ofrece un acercamiento intelectual al trabajo de estas mujeres, planteando hasta qué punto su condición sexual ha sido fundamental para desarrollar su talento. En realidad, la respuesta de la directora ya está en el propio título, y el desarrollo de su película va creando un discurso que resulta bastante claro. Es interesante tanto en cuanto ofrece una reflexión sobre la que quizás no se habla demasiado, y nos introduce en el lenguaje del arte contemporáneo con el que muchos espectadores pueden no estar familiarizados. A veces, sin embargo, tenemos la sensación de que el estilo tradicional de la película (lo que se denomina como un documental "de cabezas parlantes") va en contra de la creatividad de las propias protagonistas. Con una estructura clásica, dividida en cuatro segmentos independientes (casi podría haber sido una miniserie), la conexión entre estas artistas queda un poco difusa, y el mensaje acaba siendo incompleto. 


La última película a la que nos acercamos en nuestras crónicas de la Muestra Internacional de Cine de Mujeres de Barcelona es For your sake (Ronja Hemm, 2020), un mediometraje de 37 minutos que se desarrolla en una pequeña aldea de las montañas nepalíes, pero que en realidad funciona como representación de una realidad que afecta a todo el país. La transición generacional supone también la movilidad de los hijos e hijas a la capital, Katmandú, o a países extranjeros como Japón, donde pueden encontrar mayores posibilidades de desarrollarse desde el punto de vista educativo y profesional. La familia Tamang está formada por tres generaciones de mujeres: la abuela, la madre y dos hijas que estudian en Katmandú, pero que tienen intención de salir del país en busca de nuevas oportunidades. 

Este retrato generacional se acerca a una familia en cierto modo inusual, ya que solo está formada por mujeres, por lo que al final éstas tienen una oportunidad de ser las protagonistas de este cambio generacional. Muchas familias nepalíes, por el contrario, deben elegir cuál de los hijos será el que tenga la posibilidad de educarse, y generalmente son elegidos los varones. Hay un acercamiento por parte de la directora que resulta honesto y respetuoso con esta familia, y propone una reflexión interesante sobre cómo se está produciendo este cambio generacional y cómo la única salida a la pobreza y las malas condiciones de vida se encuentra más allá de los hermosos paisajes y la tranquilidad del pueblo natal. Pero lo más interesante de esta propuesta es esa mirada "occidental" hacia una vida "idílica", conectada con la naturaleza, que sin embargo en la experiencia de las familias que han nacido allí, con las carencias vitales que conlleva, se convierte en un lastre que las nuevas generaciones quieren dejar atrás.     

Sección Panorámica Cortometrajes

Ya se puede decir que es un tema recurrente en la programación de la 28ª Mostra de Films de Dones de Barcelona el ejercicio de la memoria, y específicamente, de los recuerdos de una época que estuvo marcada por la aparición del SIDA, en los años ochenta. Lo hemos visto en otros cortometrajes como Payback. Ensayo de una despedida (Agustina Comedi, 2019), y también en The archivettes (Megan Rossman, 2019) y en The cancer journals revisited (Lana Lin, 2018), que hemos comentado anteriormente. Esta época también está presente en los recuerdos de la protagonista del cortometraje Xulia (Lur Olaizola, 2019), una mujer que fue adicta a la heroína precisamente en los años en los que la enfermedad comenzaba a dar pasos de visibilización internacional, especialmente tras la confirmación de que el actor Rock Hudson era seropostivo, quizás uno de los momentos de inflexión más importantes de cara a la asunción de una realidad que hasta entonces tenía un carácter casi underground. 

Xulia (Lur Olaizola, 2019)

En Xulia la directora propone junto a la protagonista un ejercicio de memoria que se representa básicamente a través de sus palabras, que forman parte en buena medida de su libro Futuro imperfecto (Ed. Galaxia, 2010), en el que hablaba de su experiencia con las drogas. El regreso al lugar donde estuvo el Centro de Rehabilitación en el que la protagonista vivió su período de desintoxicación supone también un retorno a los recuerdos, a veces incompletos, en un espacio en el que ya no existe ningún resquicio del edificio, abandonado a la invasión natural en el que solo permanecen los árboles que de alguna manera delimitaban los muros del centro. Un ejercicio singular, muy personal, en algunos momentos doloroso, que habla de la enfermedad y la adicción. 

En Terroir (Dawn Westlake, 2019), la directora norteamericana nos propone una reflexión en forma de canción en torno a la relación madre-hija y la percepción de la mujer en la sociedad. Es un cortometraje dotado de cierto humor absurdo en el que la propia directora es protagonista e intérprete de la canción, y en cuya letra desgrana algunos retazos sobre su experiencia personal. La directora ya ha realizado algunas incursiones en su historia personal, como el cortometraje Through the pane (Dawn Westlake, 2015), en el que su padre hablaba de los recuerdos de su esposa y sus sentimientos frente a la pérdida. Aquí hay una mirada más optimista, pero igualmente abierta a discernir en torno a su condición de mujer, aunque tiene la dificultad de encontrar el equilibrio adecuado entre la profundidad y la superficialidad.  


Laatash (Elena Molin, 2019)

Laatash (Sed) (Elena Molina, 2019) ha pasado por diversos festivales internacionales, obteniendo el Premio CIMA al Mejor mediometraje en el Festival Alcances de Cádiz. Su historia se centra en la relación de las mujeres saharauis con el agua en los territorios ocupados. Ellas son las que forman las comunas que reparten agua a las diferentes familias saharauis en mitad de un desierto despiadado. Y el concepto de "laatash" (sed) no solo se refiere a la sensación física, sino que también tiene que ver con "la sed de libertad, la sed de patria, eso es lo que provoca el exilio". La mirada de la directora es a la vez poética (suena el mar en el desierto) y descriptiva (el trabajo de organización liderado por mujeres), y consigue incorporar temas diversos que, dada la duración del cortometraje, solo se apuntan, pero al menos ofrece una múltiple lectura de la ocupación marroquí y del exilio saharaui.   

La directora checa afincada en Viena Anna Vasof realiza propuestas originales que mezclan la creación de artefactos y la grabación de piezas audiovisuales. Hitting my head on the world (Anna Vasof, 2019) es uno de sus últimos cortometrajes, en el que ella es protagonista golpeando su cabeza contra diferentes objetos en distintos países, una colección de pequeñas historias que forman un conjunto musical. La propuesta convoca al espectador a un juego al mismo tiempo divertido y reflexivo. Nuestra atención se centra en ella al principio, pero llega un momento en el que nos interesa más el entorno (las mujeres que vienen de hacer la compra, la reacción de la vaca, los músicos callejeros...). Su cortometraje Self-portrait (2016) ya planteaba esta idea de una cabeza interactuando con el entorno golpeándose, pero en aquella ocasión se trataba de un dibujo animado. Las lecturas que podemos hacer de este bucle musical son diferentes: hay, por ejemplo, una réplica a la autoridad (en Londres contra un soldado de plástico, en Viena con fuerzas antidisturbio al fondo...), una reflexión sobre la memoria (el muro de Berlín) o la introducción de mensajes que forman parte del espacio urbano ('I don't know what to do, babe', 'Never again'...). 

"Me gusta contar historias que me sorprendan, que supongan un descubrimiento", comenta Anna Vasof, cuya obra también está marcada por una profunda mirada feminista. En uno de sus cortometrajes, Heavy writing (2015), su mano sostiene un bolígrafo que está unido a una mancuerna, lo que le impide llegar con facilidad a una hoja de papel. Con mucho esfuerzo, trata de escribir una frase: "This is the story of a woman..." ("Esta es la historia de una mujer que...").

Hitting my head on the world (Anna Vasof, 2019)





La 28ª Mostra Internacional de Films de Dones se puede ver en Filmin hasta el 14 de junio.