30 enero, 2007

Premios Goya 2007: La noche de...

Fue la noche de la indiferencia, de los porros, del anti-glamour, de los premios cantados, de las niñas repipis y los cuescos sonoros. La noche del cine español, vamos.


Fue la noche del glamour. En España a cualquier cosa le llamamos glamour, aunque sea a ver pasearse por una alfombra (verde este año, con nombre Jameson, que para eso soltaba las perras aunque, mira tu por donde, pisada por la Ministra de Cultura de un Gobierno que prohíbe la publicidad de bebidas alcohólicas en depende qué ámbitos). Pero es lo que hay. El cine sucumbe al product placement y, como si de una serie de televisión o una película se tratase, ahí estaba la marca de marras reclamando su protagonismo.

Fue la noche de la indiferencia. Este año no tocaba protestar por nada. Y mira por dónde, en un año en el que precisamente se pone en marcha una reforma de la Ley de Cinematografía que establece medidas de protección tan drásticas que corre el riesgo de acabar con el apoyo (tan decisivo) de las televisiones a la producción cinematográfica. Alatriste y El laberinto del fauno no se habrían podido realizar si no hubiera sido por la participación de Tele 5. Pero, ante la susodicha reforma (que impone la obligatoriedad de participación de productoras “independientes” si las televisiones quieren agarrarse al pastel de la producción) mucho nos tememos que se prepara una guerra de aúpa. Pero Carmen Calvo estaba tranquila la noche de los Goya, porque era la noche de la concordia, del buen rollito (ese que se empeña en querer transmitirla nueva presidenta de la Academia, aunque la ausencia de Pedro Almodóvar de la ceremonia hagan pensar que las heridas aún no han cicatrizado).

Fue la noche del anti-glamour. Sí, también fue la noche de quienes espantan un escupitajo contra el glamour (menos glamouroso que José Corbacho no hay nadie en este mundo). Tuvo cierta gracia la cosa, y hasta cierta agilidad, aunque fuera a base de menospreciar algunos premios como los cortometrajes, que se dieron de forma atribulada y caótica. Pero al menos se mantuvo la corrección dentro de los límites que puede mantener Corbacho (otro que se empeña constantemente en restregar a todo el mundo el injusto Goya que obtuvo por su mediocre debut en la dirección, por llamarlo de alguna forma, con Tapas). Pero Corbacho no es Billy Cristal, aunque quisiera (lástima que los Corbachos y Buenafuentes estén siempre queriendo ser quienes nunca podrán ser). Pero como digo, gracia no faltó. El comienzo, con Penélope-Corbacho tirándose un cuesco dejaba claro dónde estábamos. En España. Habría que haber enfocado en ese momento las caras de Viggo Mortensen y Daniel Bruhl.

Fue la noche de los premios cantados. Porque no hubo grandes sorpresas, excepto quizás un nuevo premio para Juan Diego por una película que no ha visto nadie. Estaba claro que iba a ser una ceremonia de reconciliación con Almodóvar si no fuera porque éste no quiso “volver” a la Academia. Eso está bien. A los directores españoles se les cae el culo por ir a los Globos de Oro o a los Oscar, y hasta a los aburridísimos Premios Europeos, pero cuando se trata de los premios del cine español, van de sobrados por la vida y se permiten el lujo de ningunearlos. En este sentido, fue una lección de caballerosidad que los miembros de la Academia no tuvieran en cuenta las pataletas del manchego. Y al mismo tiempo es justo reconocer que Penélope Cruz prefiriera venir a Madrid a ir a los Premios de la Screen Actors Guild en Estados Unidos, que se celebraban el mismo día y a los que también estaba nominada. Claro que, como todo el mundo también sabía, seguro que ella se imaginaba que sí iba a recibir el Goya, pero tenía pocas posibilidades de llevarse el premio yanqui. Vamos, que si no fuera a los Oscar tampoco se la echaría de menos, porque las posibilidades de ganar son parecidas.

Fue la noche de los porros. Los que se debieron fumar Najwa Nimri y Dani Martin (el peor cantante-actor de os últimos años) antes de salir a dar… ¿qué premios? ¿dónde estoy? ¿qué hago yo aquí? Y el porro que se debió fumar Bebe antes de escribir la canción ¡ganadora! del Premio Goya, una de las peores canciones que se han escrito nunca para una película. Y eso que estaba el hermoso tema de Andrés Calamaro para Bienvenido a casa.

Fue la noche de… todo un poco. La noche de los homenajes cutres, la de la publicidad interminable, la de los “cineastas en acción”, la de las niñas repipis, la de los mil besos, la de Volver (lo mejor de Almodóvar en mucho tiempo) y El laberinto del fauno (cuento quizás sobrevalorado, pero Guillermo del Toro cae tan bien que tampoco importa mucho).

Última hora: Es el año de las biografías de cantantes. Mientras la antes llamada La môme y ahora titulada La vie en rose, biografía de la francesa Edith Piaf inaugura el próximo Festival de Berlín, donde estaremos y os lo contaremos, el Festival de Cine Español de Málaga se inaugurará el
9 de marzo con la película Lola, La película de Miguel Hermoso, recreación cinematográfica de la vida y obra de la mismísima Lola Flores, cuyos primeros comentarios (provenientes de quienes han podido verla) parecen más que positivos. Estaremos atentos.

24 enero, 2007

Los Oscar versión hispana

Visto y no visto. Salma Hayek anunció el martes las nominaciones para las principales categorías de los Oscar, dando así el pistoletazo de salida a las promociones, fiestas, entrevistas y paseos varios por la televisión.


Al mismo tie
mpo, el martes pasado supuso la estacada contra aquellos títulos que se han quedado sin posibilidades, y especialmente para los favoritos como Pedro Almodóvar que, aunque ha puesto cara de contento por la nominación de Penélope Cruz, debe haber sufrido una conmoción al enterarse de que no estaba entre los finalistas en la categoría a la que aspiraba.

Salma Hayek, eso sí, se quedó sin el placer de haber leído el nombre de su buena amiga (amistades peligrosas, sobre todo si dan para hacer películas tan estúpidas como Bandidas, que además solo funcionó medianamente bien en Francia y en España, porque en Estados Unidos preguntas por la película en un videoclub y te mandan a la sección de cine porno). El presidente de la Academia de Hollywood pasó olímpicamente de Salma, que ya andaba dando saltitos de alegría cuando vio de reojo el nombre de su “compi”. Enhorabuena a Penélope Cruz, y merecida nominación sobre todo porque su papel en Volver es uno de los pocos salvables de su carrera. Sin duda le ayudará a hacerse un hueco en la industria mucho más que liarse con Tom Cruise y Matthew McConaghey, y habrá que pensar si merece la pena llevar años haciendo bodrios en Estados Unidos para al final ser nominada por una producción española.

Lo de estar nominada y saberse perdedora debe suponer también una tranquilidad, pero es que competir junto a monstruos sagrados como Meryl Streep, Judi Dench y Helen Mirren y una joven pero tremenda actriz como Kate Winslet (¡qué bien está en “Little children” aka “Juegos secretos”!) tiene que ser la hostia. Eso sí que es un premio. Las papeletas sin embargo están muy a favor de Helen Mirren lo cual podría jugar en su contra, como ha ocurrido otras veces. Porque anda que si a los académicos, pensando que ya tiene el Oscar otorgado, les da por votar a cualquiera de las otras nominadas…

La honradez de la Academia de Hollywood con las votaciones parece que no se ha puesto nunca en duda, pero sinceramente, algunas pistas deben tener, porque uno se pregunta si puede ser casualidad que Penélope Cruz saliera a dar el Oscar a Pedro Almodóvar en su momento, o que Salma Hayek sea la encargada de leer unas nominaciones en las que predomina el acento latino, y especialmente mejicano. Pero en fin, seguiremos creyendo que todo consiste en un buen trabajo de predicción. Me alegran las seis nominaciones para El laberinto del fauno porque ¡qué coño!, de producción mejicana nada; la película es española y punto. Lástima que El Deseo (la productora de Almodóvar) desistiera de producirla tras el relativo fracaso de El espinazo del diablo. Otra decepción más. ¿Que son excesivas las nominaciones? Puede. ¿Que el guión de Guillermo del Toro no es ni mucho menos redondo? Pues sí. Pero que una película tan personal y particular como ésta acabe seduciendo a la crítica y el público norteamericano (está en el puesto 7 de recaudación) nos congratula con el mundo del cine.

Igual que las nominaciones para Ryan Gosling por Half Nelson, película sencilla pero de contundente trabajo interpretativo, y las que ha obtenido la divertida y preciosa película Pequeña Miss Sunshine, dos productos por cierto salidos de Sundance, lo cual indica hasta qué punto el festival de Robert Redford tiene ya una influencia decisiva en el mercado comercial de Hollywood.

Este año podríamos ver una nueva edición de la sentada de Leonardo DiCaprio esperando que otro de los nominados se lleve el premio. ¿Será Forest Whitaker, favorito si tenemos en cuenta los galardones cosechados hasta ahora por su interpretación del dictador ugandés Idi Amin en El último rey de Escocia, pero los tiros podrían ir hacia Peter O’Toole, que para eso es todo un veteranísimo que además encarna un papel de esos de Oscar en Venus, película que no podría ser lo que es sin la presencia y la autoironía de este caballero inglés que nunca antes había demostrado mejor sentido del humor). Lo injusto es que a DiCaprio le nominen por la efectiva pero convencional Diamantes de sangre, en la que interpreta un personaje algo plano, aunque tenga su escena “de Oscar”. Pero más justo hubiera sido reconocer su destacado trabajo en Infiltrados. Eso sí, Djimon Hounsou se merecería el Oscar por su interpretación en la película de Edward Zwick porque está espléndido (recomendamos la versión original si hay oportunidad de verla). Éste es uno de esos actores que pasan más desapercibidos de lo que se merecen, aunque ya estuvo nominado por En América. Atención también al actor Jackie Earle Haley (esa clase de veteranos secundarios presentes en numerosas películas que sin embargo acaban pasando desapercibidos. En Juegos secretos hace lo más difícil: que su personaje de pederasta sea inquietante, pero al mismo tiempo esté envuelto en cierto aire de fragilidad).

En cuanto a las bandas sonoras no ha habido grandes sorpresas, aunque la nueva nominación de Gustavo Santaolalla debe ser porque se han dado cuenta que Babel es mejor trabajo que Brokeback mountain, y como el año pasado le dieron el Oscar... Thomas Newman hace un perfecto remake del estilo de su padre, Alfred Newman, y de la música de cine de los años 40 en El buen alemán. Y Philip Glass, aunque sin llegar al nivel de trabajos también reconocidos con una nominación como Las horas o Kundun, consigue una de sus partituras más oscuras en Diario de un escándalo.

Pero que Javier Navarrete se haya colado entre las nominaciones sí que tiene mérito. Un perfecto desconocido en Hollywood, ha fascinado su trabajo entre la crítica norteamericana, y se ha ganado por derecho propio su presencia entre los finalistas. Ojalá consiga el premio (sería una auténtica sorpresa, aunque esta categoría está llena de sorpresas habitualmente), pero me decanto más por la espléndida labor de Thomas Newman.

Lo de las nominaciones en las categorías de cortometrajes a cineastas españoles es también significativo., Personalmente, creo que Éramos pocos, de Borja Cobeaga es un corto entretenido pero poco más, pero al menos demuestra el magnífico trabajo que desde la institución vasca Kimuak realizan con la difusión de los cortometrajes (algunos deberían aplicarse el cuento). Y en cuanto a Binta y la gran idea, de Javier Fesser, cuenta con la ventaja de ser un proyecto para UNICEF, lo cual de cara a los académicos siempre es un punto.

Que Dreamgirls, el anunciado como musical del año, haya conseguido el mayor número de nominaciones (8) ha pasado casi desapercibido, porque al fin se ha reconocido escasamente el valor de esta película. Pero el espaldarazo que las nominaciones pueden dar a un Eddie Murphy en horas bajas y a una recién llegada (procedente del Operación triunfo de USA) Jennifer Hudson, una de estas aspirantes a ser la Whitney Huston del momento.

El 25 de febrero, la solución a todos los enigmas. Unos Oscar con sabor hispano que parecen consolidar el respaldo a una comunidad habitualmente menospreciada. Será una buena ocasión para que la administración Bush aproveche el “pan y circo” y ponga en marcha alguna otra medida de coacción contra la inmigración latina. Y el próximo domingo cita con los Goya. Los Oscar serán presentados por la siempre incisiva Ellen DeGeneres; los Goya, por el habitualmente histriónico José Corbacho, encumbrado al Olimpo de los cineastas gracias a su mediocre película Tapas. Esto es lo que hay.

31 diciembre, 2006

2007: Derecho a la felicidad

Dos películas de próximo estreno enarbolan como leit-motiv destacado la expresión “pursuit of happiness” (“búsqueda de la felicidad”), uno de los derechos inalienables que se recogen en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.


Con esta Carta el presidente Thomas Jefferson estableció la independencia política de las 13 colonias británicas el 4 de julio de 1776. La frase está basada en los conceptos marcados por el filósofo John Locke, que declaró: “Nadie debería perjudicar la vida, la salud, la libertad y el derecho a la propiedad del prójimo”. El presidente Thomas Jefferson sustituyó “propiedad”, un término que hacía referencia al perfil feudal ya superado en el siglo XVIII, por la “búsqueda de la felicidad”. Y ésta se convirtió en la base fundamental del denominado “sueño americano”, el derecho de todo ciudadano a lograr su felicidad con las mismas oportunidades.

Este derecho se convierte en la base del empeño del boxeador Rocky Balboa por volver al ring en la película de Sylvester Stallone que recupera al personaje que le hizo famoso y otorgó tres Oscar para el film Rocky (1976). Ahora, este regreso, que ha convencido más a la crítica que al público en Estados Unidos, supone también una mirada nostálgica a una película que marcó una de las épocas más fructíferas del cine norteamericano. Rocky Balboa (estreno en España el 12 de enero) funciona sobre todo como una dignísima coda a una serie que en sus últimas entregas llegó al ridículo más absoluto, y acierta en ese tono melancólico que convierte al personaje en una sombra de sí mismo, incapaz de soltar el lastre del pasado. Lo cual resulta aún más significativo si establecemos el paralelismo con el propio Sylvester Stallone, empeñado en recuperar a sus personajes fetiche como Rocky o Rambo. Pero esta última entrega, aunque sigue los cauces habituales en la serie (retirada – regreso – entrenamiento – pelea) tiene ese aire de recuerdo (ahí están Bill Conti en la música, Irwin Winkler en la producción, el fantástico Burt Young como uno de los pocos actores supervivientes de la película original) que la convierten en una propuesta quizás no necesaria pero al menos sí bastante menos embarazosa de lo que se pudiera esperar.

Banda Sonora: Vuelve Bill Conti a apoyar musicalmente la trayectoria del boxeador, manteniendo el tono melancólico y rescatando algunos de los temas principales que marcaron la serie. En este sentido, funciona bien como banda sonora el recopilatorio Rocky Balboa: Best of Rocky, que vuelve a reunir las canciones más populares de la serie, pero con una destacada presencia de las composiciones creadas por Bill Conti, al fin y al cabo utilizadas en la propia película con la efectividad habitual.

La otra película que asume el término de la Declaración de Independencia es, claro está, The pursuit of Happyness (En busca de la felicidad) (estreno en España el 2 de febrero) vehículo de lucimiento para Will Smith, productor y protagonista, responsable de la acertada elección del italiano Gabriele Muccino (del que hemos visto sus muy interesantes El último beso y Ricordate di me) y de la inclusión de su propio hijo, Jaden Smith, de cinco años, como coprotagonista de la película. Destinado a estar presente de alguna forma en la próxima edición de los Oscar (ha conseguido nominaciones al Globo de Oro como Mejor Actor Dramático y Mejor Canción), el proyecto desarrolla una historia de superación basada en hechos reales sobre un hombre que persigue su sueño a pesar de las mil dificultades que se le cruzan por el camino. Desde luego, la presencia de Will Smith en los Oscar parece clara como uno de los representantes de la comunidad negra, que se verá reforzada con otro título “black power”, Dreamgirls. La película es previsible pero entretenida, ajustada en su dramatismo, juega bien la baza del sentimentalismo gracias a la presencia del jovencito Jaden Smith, y aunque resulta poco creíble la bondad de los ejecutivos que apoyan al protagonista, acaba por convencer con ese formato de cuento en la línea de los clásicos títulos protagonizados por James Stewart o Clark Gable que subrayaban el orgullo yanqui frente a la penuria económica.

En la moda impuesta este año de reivindicar las aptitudes interpretativas de actores comerciales (también se ha hecho con Brad Pitt y su trabajo en Babel), quienes reivindican ahora las capacidadad drmática de Will Smith, parecen olvidar que en su primera incursión en el cine (la interesante Seis grados de separación) ya demostró un talento perdido entre tanto cine de acción prescindible (aunque resulta curioso que hasta en una película como ésta, Will Smith no pare de correr de un lado para otro).

Banda Sonora: La elección del italiano Gabriele Muccino como director propicia la presencia de su compatriota Andrea Guerra en la composición musical. Sin embargo, curiosamente ha sido el músico Paolo Buonvino (uno de los compositores italianos que más nos gustan) el habitual colaborador de Muccino en bandas sonoras tan perfectas como L'ultimo bacio (2001) o Ricordate di me (2003). Quizás por cuestiones de agenda o porque Andrea Guerra, tras su nominación al Globo de Oro el año pasado por la canción principal de Hotel Rwanda, tiene más presencia en Hollywood. En todo caso, Guerra también es experto en melódicos y bellísimos trabajos como Cuore sacro (2005). Y aquí desgrana un buen ramillete de melodías que funcionan a la perfección, especialmente el tema que acompaña a padre e hijo, de tonalidad morriconiana.

NOTA: En el título se incluye un error ortográfico: “happiness” se escribe con “i” latina, no con “y” griega, en referencia a una pintada que hay en la pared de la guardería donde aprende el hijo del protagonista. El símbolo pretende mostrar que da igual cómo se escriba una palabra, porque lo importante es el significado que se le dé. No importa la apariencia exterior, sino su contenido.

19 diciembre, 2006

MovieScore Media: Música de cine online

En el mundo de la música de cine, en particular, y la música en general, hay que aplaudir iniciativas originales que se adaptan (no atacan) a las nuevas formas de acceso a los productos audiovisuales. Nuevas formas, ya es sabido, que promocionan las propias multinacionales que lanzan hipócritas mensajes de alerta en contra del libre intercambio de información que las nuevas tecnologías ofrecen.

Existen francotiradores que inician propuestas novedosas, como el sueco Mikael Carlsson a través de su joven compañía MoviScore Media, fundada en Noviembre de 2005. Esta compañía editora y distribuidora de música de cine especialmente centrada en lanzar trabajos de nuevos compositores, inaugura por fin su propia tienda, después de unos primeros meses apoyándose en iTunes como medio de distribución. Bandas sonoras que dejan atrás el soporte habitual para pasar a descargarse directamente, con alta calidad, en mp3, y que por tanto abaratan notablemente su coste, llegando a precios que no sobrepasan los 10 dólares (menos de 9 €) por el disco completo, pero ofreciendo también la oportunidad de adquirir solo los temas que más nos interesan a 1 USD. Y con la ventaja añadida de tenerlo en el ordenador de forma casi inmediata.





Hasta el momento, MoviScore Media viene editando a razón de una o dos bandas sonoras cada dos meses, ofreciendo la oportunidad a nuevos compositores de distribuir sus trabajos para películas, en su mayor parte, de bajo presupuesto y centradas principalmente en el cine de terror y fantástico. Nombres como Mark Thomas, Brad Sayles, Caine Davidson, Francis Shaw, Brett Rosenberg, Ryan Shore (sobrino de Howard Shore), Scott Glasgow o Edmun Butt forman parte de su catálogo de propuestas musicales.







Entre algunos trabajos quizás demasiado irregulares, encontramos también interesantes composiciones como la melódica Half light (En la tiniebla), de Brett Rosenberg, la multipremiada Evil, de Francis Shaw, las eclécticas Headspace, de Ryan Shore y The roost, de Jeff Grace, la divertida Land of the blind, de Guy Farley y Doug Edwards o la intensa An american haunting, del interesante Caine Davidson.

MoviScore Media acaba de publicar otro trabajo destacado. El que ha creado el joven compositor Anthony Lledo para la película de terror vampírico Frostbiten, género poco habitual en el cine sueco. El músico danés consigue una banda sonora sinfónica de gran intensidad, siguiendo los parámetros clásicos del cine fantástico.

Una iniciativa que se encuentra entre las más atractivas del panorama de la música de cine, y que nos invita a disfrutar de nuevos trabajos musicales independientes y diversos, abriendo una ventana necesaria a compositores que abordan sus primeros trabajos serios para el cine.






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06 diciembre, 2006

La Cruzada de Bush y el baile de los pingüinos

Documentales que desgranan los entresijos de la administración Bush y que dan más miedo que una película de terror. Pingüinos que bailan y consiguen que los hombres dejen de pescar en la Antártida. ¿Nos estamos volviendo locos?


En el documental francés Le monde selon Bush (El mundo según Bush), cuya actualidad permanece a pesar de haber sido realizado en 2004, queda patente la influencia que diversas asociaciones cristianas han tenido y tienen en el presidente norteamericano, y el carácter mesiánico autoproclamado por Bush en algunas de sus intervenciones, denominando a la lucha contra el terrorismo como una auténtica “cruzada”. La película de William Karel, realizada el mismo año que Fahrenheit 9/11 y de hecho apeada de la selección oficial del Festival de Cannes cuando Michael Moore entró en liza, es mucho más incisiva, más contundente y, desde luego, mucho menos egocéntrica que el documental de Moore. Y curiosamente permanece inédita en salas comerciales de Estados Unidos o de España. Norman Mailer dice al comienzo de esta brutal lanza dialéctica contra la administración yanqui: “Tenemos el peor presidente de la historia de Norteamérica. Es ignorante y arrogante, un estúpido en todos los sentidos menos uno, es perspicaz para manejar a la población americana, especialmente al sector menos inteligente de la sociedad; ellos son felices con él porque, al verlo tan estúpido, se dicen a sí mismos: ‘Estupendo, si este imbécil puede ser presidente, yo también’”.

Al margen de las conexiones de la familia Bush con el nazismo y la familia Bin Laden, incluso después de los atentados del 11 de Septiembre, lo que realmente da miedo es la facilidad con la que un grupo de fanáticos fundamentalistas y hombres de negocios (o las dos cosas al mismo tiempo), pueden manejar a un presidente electo. Y da miedo que lo que se cuenta en este documental sea cierto.

Lo que sí está claro es el poder que ha recuperado la llamada Christian Right que engloba a aquellos grupos religiosos influyentes en la sociedad, economía y política norteamericanas. Y el cine parece estar en esa onda, con una cierta tendencia a profetizar con proyectos que acaban también en las salas de todo el mundo. Que películas como La pasión de Cristo, Las Crónicas de Narnia o Natividad, normalmente, no lo olvidemos, apoyadas y promocionadas desde sectores religiosos, tengan luz verde no es casual. Que en películas comerciales como Superman returns se subraye el carácter mesiánico de su protagonista, tampoco es casual. Nos invade una ola de proselitismo que este año tiene su representación en la anodina enésima versión del nacimiento de Jesucristo que se acaba de estrenar en nuestra pantallas.

Pero es necesario ver documentales como Le monde selon Bush o Iraq for sale (que desgrana la estafa a la que las compañías privadas que hacen su agosto gracias a la guerra de Irak, están sometiendo a las arcas públicas norteamericanas) para entender el peligro que suponen determinados personajes, decisivos también en la política de estrenos de las grandes compañías.

Afortunadamente también están de moda los pingüinos, y tras descubrir con detalle la dura travesía por la Antártica de los pingüinos Emperador en el documental El viaje del Emperador, acaba de estrenarse el que quizás sea uno de los mejores musicales que hemos visto últimamente: Happy feet, obra de George Miller, director australiano especialmente interesado en amoldar el mundo de los animales (Babe, el cerdito valiente) a los gustos de los espectadores. Este es su primer largometraje desde que dirigiera Babe, el cerdito en la ciudad en 1998, demasiado oscura para triunfar en taquilla. Pero Happy feet le ha devuelto el merecido éxito con el que en Estados Unidos es el estreno más rentable de estas Navidades. Todo ello gracias a una película cuya primera hora se pasa volando, entre bailes y escenas de animación sorprendentes, pero que quizás en la última parte acaba estancándose en su empeño de ser mensajera de buenas intenciones. Claro que también habría que preguntarse por qué la película denuncia que los hombres pescan y dejan a los pingüinos sin alimento, cuando se podría haber denunciado directamente la cruel matanza de pingüinos. Otro proyecto reciente es Farce of the penguins, una parodia de El viaje del Emperador que tiene previsto su estreno en Estados Unidos directamente en DVD el 30 de Enero, con Samuel L. Jackson como narrador. Demasiadas expectativas para un documental que cuenta en clave de humor, con imágenes documentales también, el viaje de dos pingüinos que deciden ir a buscar a las hembras antes de que regresen. Pero finalmente resulta decepcionante, porque el sentido del humor, aunque adulto, resulta bastante tonto, y el guión de Bob Saget no consigue sacar partido de una idea en principio atractiva.

26 noviembre, 2006

Festivales: 2 + 2 = 6

No se sabe por qué extraña razón, cuando se lanzan al aire las cifras de espectadores de festivales de cine, solo hay que elaborar sencillas sumas para darse cuenta de que las cantidades no cuadran. Como en el Sevilla Festival de Cine, que como se distraigan, les va a acabar saliendo más público que el que cabe en las salas de los cines.


Ahora que acaba de concluir el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva es hora de hacer cuentas. ¿Ha tenido éxito? ¿Ha habido espectadores? ¿Se han llenado las salas? ¿Quién ha cronometrado los diez minutos de aplausos que se le dieron a la película “¿Por qué se frotan las patitas?” en una gala dirigida por Kulturama Producciones, o lo que es lo mismo, La Zanfoña Producciones, que a la vez es la propia productora de la película? Cifras, cifras y más cifras. En la era de la comunicación, la competitividad y los “shares” de audiencia, hasta los eventos culturales públicos deben justificar su existencia con cifras de taquilla. Vamos, como si el hecho de ser soporte de cinematografías desconocidas, de dar a conocer a artistas olvidados o de presentar obras de calidad no fuera suficiente como para asumir la necesidad de la existencia de un Festival de Cine, por ejemplo.

Sorprende esta manía de valorar todo por su éxito de público, cuando se trata de eventos culturales necesarios para estimular la vida social en una ciudad. Ahí estaba por ejemplo la obsesión de determinados medios de comunicación sevillanos por contar literalmente el número de espectadores que entraban en las salas durante el Festival de Sevilla, Cine y Deporte. Obsesión, por cierto, que no hemos visto estos últimos años. Y todo para demostrar que aquel festival no interesaba a nadie (tampoco era cierto) y que por tanto su existencia no tenía sentido.

No sabemos aún las cifras de Huelva, pero mucho nos tememos que éstas se utilizarán como balance de la gestión de su recién inaugurado equipo de dirección. Craso error. Habría que valorar si realmente los actos, las películas, los invitados... han sido lo suficientemente interesantes como para volver a convertir a Huelva en un centro neurálgico del, en muchas ocasiones deficiente cine latinoamericano. Pero lamentablemente los políticos (y más los que tenemos por Andalucía) tienen un nivel cultural cercano al subsuelo. Y como solo saben contar electores, lo que les anima, les seduce, les pone las pilas y hasta se la pone dura son los números.

Sí conocemos, sin embargo, los números del Sevilla Festival de Cine. ¡80.000 espectadores! La hostia, vamos. Que no cabía ni un alfiler en ningún sitio, aunque la gala de Clausura estuviera medio vacía. Pero, ¿de dónde sale esta cifra? Comparecía nuestro flamante delegado de Cultura ante los medios de comunicación para dar fe de las cuentas. Un 30% más de espectadores que el año pasado. Desglosemos los datos facilitados:

Nervión Plaza – 59.000

Teatro Lope de Vega – 9.000

Seminario Fassbinder – 400

Exposición – 7.000

Clases magistrales – 100

Ciclo Mes de la Danza – 100

Proyecciones Lebrija – 155

Proyecciones Los Palacios – 155


Pues mira por donde, si hacemos la suma se nos han perdido 4.000 espectadores por el camino. O más. Porque la cifra que se está dando no es la de 80.000, sino la de “más de 80.000”. ¿Y dónde está esta gente? ¿Son los que solo fueron a los cócteles y ya no vieron nada más del festival? ¿Cómo es posible que el delegado de Cultura se presente ante los medios de comunicación con datos que no cuadran?

Hemos empezado este artículo afirmando lo absurdo que es que solo se utilicen las cifras para justificar un evento cultural público. Pero lo que tampoco se debería permitir es que la propia organización juegue con los números al alza para autojustificarse. Porque entonces sí que vamos mal. Que sea la organización la que se apunte al carro de lanzar cifras como si fueran caramelos de la cabalgata de Reyes, y encima cometan la torpeza (segunda torpeza grave, la primera fue la de dar un premio ex-aequo sin que el Reglamento lo permita) de dar cifras que no cuadran, levanta sospechas inapropiadas. Pero no se preocupen. Si seguimos así, el año que viene puede que haya hasta más espectadores que los que caben en el Nervión Plaza y el Teatro Lope de Vega juntos. O quizás se cuenten hasta los que visitan la página web del festival porque, total, como han visto un fotograma de las películas, se pueden considerar espectadores. ¿O no?

Fotos: Sevilla Festival de Cine - Lolo Vasco