24 marzo, 2017

Las mejores bandas sonoras de 2017 (1ª parte)

Llegamos al tercer mes de 2017 y nos fijamos en algunos de los trabajos más interesantes en el campo de las bandas sonoras. Esta es una lista previa a la selección que realizamos cada año de la música de cine que ha despertado nuestro interés, y que a partir de ahora iremos publicando cada dos o tres meses con algunos trabajos destacados hasta completar la lista a final de año. 


Zeltia Montes - Frágil equilibrio
Quartet Records   5 / 1 / 2017

Ganadora del Premio Goya a Mejor Documental, esta crónica de la sociedad actual y sus desórdenes humanitarios, cuenta con dos soportes destacados: la voz del expresidente uruguayo José Mújica y la espléndida música original compuesta por Zeltia Montes. Compositora de gran sensibilidad, esta madrileña consiguió también una nominación al Goya a Mejor Canción original por el tema "Muerte", un lamento musical en la voz de la cantante Uxía que para nosotros no merece la consideración de canción, por no tener realmente letra. Y en todo caso lo más justo hubiera sido una nominación a la Banda sonora completa, un ejercicio técnico y emocional magnífico, que traza, manteniendo una personalidad marcada, un recorrido musical por las tres historias que se nos cuentan en el documental, lo que le permite a Zeltia Montes navegar por sonoridades orientales, latinas y contemporáneas, pero con una línea narrativa única. Como banda sonora, la función principal que aborda la compositora es la de dar continuidad a las diferentes perspectivas que vemos, y en este sentido lo consigue, sosteniendo su trabajo en melodías marcadas por el piano, pero envueltas en instrumentos étnicos que aportan ese aire de universalidad que tiene la película. Se trata de un trabajo sosegado, que subraya con precisión las imágenes pero que se aleja de la música "colchón" que habitualmente encontramos en los documentales, adquiriendo voz propia en momentos concretos, como en el espléndido y esperanzador tema "Luz". Frágil equilibrio (Guillermo García López, 2016) aumentó un 120% tras ganar el Goya, alcanzando los 100.000 €, algo insólito para una película documental. 

Matthieu Gonet, Sylvain Goldberg - Fleur de tonnerre
Nexus Factory   13 / 1 / 2017

Esta producción francesa cuenta la historia real de Hélène Jégado, asesina en serie que envenenó a casi cuarenta personas administrándoles arsénico, y a la que le apodaron "Flor de trueno", considerándose como la peor asesina francesa del siglo XIX. La película ha tenido críticas contrapuestas, pero el trabajo musical de Matthieu Gonet junto a Sylvain Goldberg es destacable por la sobriedad con la que describe una historia planteada como thriller que acompaña a esta sirvienta de compleja personalidad a la que interpreta Déborah Françoise. Apoyándose principalmente en los instrumentos de cuerda, especialmente violín y violonchelo, con la interpretación en la viola solista de Lise Orivel, componente del cuarteto de cuerda The Free Bows, la banda sonora consigue crear una atmósfera desasosegante, pero al mismo tiempo compuesta por hermosos pasajes de tono romántico. El uso de la viola es poco habitual en la música de cine como protagonista de una banda sonora, y en este sentido los recuerda al trabajo que desarrolló Ennio Morricone para Hamlet (Mel Gibson, 1990), con esa cadencia de aires austeros pero tremenda efectividad emocional.   

Daniel Pemberton - Gold
BMG   27 / 1 / 2017


El británico Daniel Pemberton nos viene ofreciendo en los últimos años un buen ramillete de trabajos interesantes. Entre los más destacados se encuentra esta banda sonora para ese thriller rodado con buen pulso Gold (Stephen Gaghan, 2016) que da la oportunidad al compositor de volver a mostrar su lado más ecléctico en un trabajo de gran variedad sonora. Quizás nos interesan menos, por reiterativas con otros recientes trabajos como Operación U.N.C.L.E. (Guy Ritchie, 2015) esas sonoridades ochenteras a lo Isaac Hayes que, todo sea dicho, controla con pericia el compositor en las instrumentaciones, logrando en general buenos resultados para subrayar las escenas más dinámicas de esta rocambolesca historia, especialmente en temas como "At the sound of the bell". Y nos gustan más sus acercamientos a los instrumentos asiáticos que maneja también en temas de cierto suspense, como "Minecraft", sin que se trate solo de una utilización para situarnos en el escenario donde se desarrolla parte de la historia, sino elementos adicionales a la propia estructura musical. Pero sobre todo Daniel Pemberton acierta en aquellos momentos que nos muestran esa desolación que a veces rodea al protagonista y que vuelve a demostrar la gran capacidad melódica que Daniel Pemberton nos ha ofrecido en otras ocasiones, con temas como "The disappearance of Michael Acosta", un excelente ejemplo de descripción psicológica que nos recuerda a los mejores trabajos de Richard Robbins en su envoltura minimalista. 


RADWIMPS - Your name. 
EMI Records   27 / 1 / 2017

Aunque se trata de una película estrenada durante 2016, con un éxito sin precedentes en Japón, donde logró ser la cuarta película más taquillera de la historia, y premiada en el Festival de Sitges como la Mejor Película de Animación, destacamos la banda sonora de Your name. (Makoto Shinkai, 2016) porque este precioso filme llega a las pantallas occidentales durante este año, y se ha editado una versión Deluxe con dos discos y adaptaciones al inglés de las canciones escritas e interpretadas por el grupo japonés RADWIMPS. Esta historia de fantasía en la que dos adolescentes, un estudiante en Tokio y una joven que vive en un pequeño pueblo de las montañas descubren que cada día intercambian sus cuerpos, es sin duda la mejor película de su director, que ya logró buenas críticas con El jardín de las palabras (Makoto Shinkai, 2013). Sobre todo gracias a una historia que atrapa desde el principio, con esa mezcla de romanticismo adolescente y humor, que está bien acompañada por los sonidos pop del grupo RADWIMPS, que trabajó con el director desde la propia elaboración del guión. Los temas instrumentales, de cadencia juvenil excepto en los momentos más sentimentales, en los que hacen acto de presencia las cuerdas, se apoyan también en un ramillete de buenas canciones que actúan como  perfectos contrapuntos a determinadas secuencias en las que el director se apoya en la música para establecer elipsis temporales. Es por tanto, una perfecta simbiosis entre la banda sonora y las imágenes de una películas con escenas especialmente emotivas. 

Benjamin Wallfisch - Bitter harvest
Varèse Sarabande   20 / 2 / 2017 

Este año el compositor Benjamin Wallfisch puede destacar como uno de los compositores más relevantes gracias a algunos de sus trabajos en solitario, como La cura del bienestar (Gore Verbinski, 2017). Colaborador habitual de Hans Zimmer en los últimos años y orquestador de Dario Marianelli, el músico londinense ha participado recientemente en películas como Figuras ocultas (Ted Melfi, 2016) o Nunca apagues la luz (David F. Sandberg, 2016). Pero destacamos especialmente este drama bélico en torno a la masacre de ucranianos que perpetró Stalin en los años 30 y que ahora traslada la pantalla, con poco acierto, el director George Mendeluk. Sin embargo, las malas críticas que tiene la película no deben empañar el excelente trabajo del compositor inglés, que se revela más en el lado romántico que en las escenas de acción, que cae en lugares comunes. El carácter épico que le ofrece esta historia sobre una de las mayores tragedias bélicas de Europa permite a Wallfisch desplegar un amplio abanico de sonoridades grandilocuentes, apoyadas a veces en una base coral y en otras en instrumentaciones del folclore musical ucraniano que nos sitúan en el escenario bélico. Podemos decir que estamos ante una de las grandes bandas sonoras del año, con cierto aire en ocasiones a James Horner (en la sonoridad de viento de "Letter from Home", por ejemplo) pero que se despliega especialmente certera en ese magnífico leitmotiv principal desarrollado en "Rusalka", con algún homenaje al magnífico trabajo de Maurice Jarre para Doctor Zhivago (David Lean, 1965) o en los temas más folclóricos, en los que ha colaborado el cuarteto ucraniano DakhaBrakha, especialmente el hermoso "Elegy for Ukraine".  

Michael Abels - Get out
Back Lot Music   24 / 2 / 2017

Déjame salir (Jordan Peel, 2017) es una película de terror con trasfondo racial que ha tenido un buen recibimiento por parte de la crítica. Con cierto aire de representación de la era post-Obama, la cinta se adentra en el mundo de los espíritus a través de una mirada hacia el pasado esclavista y el resurgir de la lucha por los derechos raciales. En este sentido, la elección del compositor Michael Abels no puede ser más acertada. El músico ha desarrollado su labor principalmente en el género operístico y la música autónoma, introduciendo habitualmente voces corales de reminiscencias africanas, lo que en este caso aporta un elemento diferente a la creación de esta banda sonora para el género de terror. Tal como esperaba el director, Michael Abels utiliza este recurso coral en su primera incursión en el cine, y son estas incorporaciones de voces solistas que cantan en swahili las que nos remiten al mundo de los espíritus que rodea al protagonista, conectado con la esclavitud y el racismo. Es en este terreno en el que mejor funciona la banda sonora, y lo hace con mayor originalidad, aunque en el campo de la pura tensión terrorífica, que incluye temas adicionales del compositor Timothy Williams, no pueda evitar caer en ciertas obviedades. Michael Abels construye una composición para una pequeña formación de cuerda en la que predomina el uso del arpa, que funciona especialmente bien en temas como "Hypnosis", más desarrollado que la mayor parte de los que forman parte de la grabación editada.  

Tom Holkenborg - Brimstone
Milan records   10 / 3 / 2017

El compositor holandés Tom Holkenborg, que en ocasiones firma como Junkie XL, firma una de sus mejores banda sonoras para el oscuro western Brimstone (Martin Koolhoven, 2016), que protagonizan Dakota Fanning y Guy Pearce. Se trata de una producción holandesa rodada en inglés que está subrayada por un importante componente religioso, presente en la banda sonora no solo en el uso de ciertas sonoridades corales sino en su propia entidad majestuosa. A Junkie XL le conocemos por sus contundentes trabajos para películas como Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015) o más recientemente el documental Distance between dreams (Rob Bruce, 2016), pero en esta ocasión nos propone una composición mucho más solemne, que se distancia de las habituales bandas sonoras para el género western. Sobre todo porque la propia película tiene más componentes de thriller (algo histriónico en ocasiones) que de género western. Podríamos decir que la banda sonora de Brimstone es casi eclesiástica, apoyándose principalmente en las cuerdas, y está construida con aires de thriller moderno (nos recuerda a ciertas sonoridades de Howard Shore en temas como "Revelation"), y en algunos pasajes orilla el cine de terror. Pero se trata de un espléndido trabajo minimalista, de trasfondo sórdido, que se mueve por temáticas religiosas y "mozartianas" (ese magnífico "Exodus"), que nos van introduciendo en esa persecución obsesiva que inicia el reverendo interpretado por Guy Pearce. 

Jim Williams - Raw
Back Lot Music   10 / 3 / 2017

El debut de la directora francesa Julia Ducournau es uno de los más singulares que se han producido a lo largo de lo que llevamos de año. Entre el género de terror y el perfil psicológico de una adolescente, Crudo (Julia Ducournau, 2016) ganó el Premio FIPRESCI en el pasado Festival de Cannes, y nos propone una historia bizarra que nos acerca a un viaje interior que nos enfrenta al canibalismo.  Para su banda sonora, el compositor Jim Williams ha creado una peculiar ambientación sonora que discurre también en dos planos diferentes: por un lado, cierto acercamiento sosegado al ambiente juvenil, en el que predomina el uso de la guitarra; y por otro, y este es el más interesante, una incursión en la música de órgano con reminiscencias de Bach que se convierte en el leitmotiv principal del deseo carnívoro de la protagonista, desarrollado magníficamente en temas como "Lust". El compositor ahora de esta forma en ese barroquismo que nos propone la directora, que en algunos momentos se nos antoja que propone ciertas referencias al giallo italiano. La banda sonora se va haciendo, como la propia película, cada vez más oscura, adentrándose en sonidos electrónicos puramente terroríficos y ambientales que nos introduce cada vez más en mundos oscuros, y en esta vertiente también acierta Jim Williams, arriesgando en las sonoridades, como en ese únicamente percusivo "Fight or flight".  

Roque Baños - Zona hostil
Meliam Music   10/ 3 /2017

El compositor Roque Baños se adentra en el género bélico con esta producción que se desarrolla en Afganistán y protagoniza un pelotón de soldados españoles embarcados en una misión de rescate. Basada en una historia real, la película permite a Roque Baños desplegar todos sus recursos orquestales para el cine de acción, con elementos que viene dominando con talento desde hace tiempo. En este sentido, es quizás el mejor compositor español para una producción de estas características y en esta banda sonora nos ofrece una de sus más inspiradas composiciones, que va desde los temas más intimistas y emotivos como ese homenaje a los soldados españoles caídos en combate que nos propone en "Oración a los que no vuelven" (un recurso inspirado en otras producciones norteamericanas de exaltación del patriotismo) hasta los subrayados contundentes de las escenas de acción, resueltos con especial eficacia gracias a una sabia mezcla de sonidos electrónicos y orquestales, como en el tema "Nos traemos el MEDEVAC". También juega a favor de la heterogeneidad de la banda sonora el uso que hace Roque Baños de instrumentos étnicos, que le permiten ofrecer una variedad musical notable, gracias especialmente a las sonoridades percusivas de temas como "Todos son pastores". No faltan en esta banda sonora esas incursiones que suele hacer Roque Baños en la épica orquestal, presente por ejemplo en el tema final "Misión cumplida", que se mezcla con el rap "Ácido sobre plomo", interpretado por el rapero Fenyx, y que demuestra una vez más su capacidad para construir magníficas piezas de gran carga emocional. 

John Williams and Steven Spielberg: The Ultimate Collection
Sony Music   17 / 3 / 2017

No puede faltar en esta primera lista de las mejores banda sonoras del año el que sin duda será uno de los recopilatorio más destacados de 2017. Esta colección de 3 CD y 1 DVD que incluye las colaboraciones hasta la fecha de uno de los binomios músico-director más relevantes de la historia del cine cierto es que no aporta nada especialmente novedoso, excepto la música del cortometraje documental The unfinished Journey (Steven Spielberg, 1999) y un DVD que incluye el documental, John Williams and Steven Spielberg: The adventure continues (Laurent Bouzereau, 2016), que se rodó precisamente durante las nuevas sesiones de grabación y repasan algunos de los momentos mas destacados de estos más de cuarenta años de trabajo. Pero esta recopilación tiene cierto aire de despedida, aunque John Williams tiene previsto participar en The kidnapping of Edgardo Mortara (Steven Spielberg, 2017) y Real Player One (Steven Spielberg,  2018). En realidad, dos de los discos son los mismos que ya se editaron como recopilatorios en 1991 y 1995, por lo que saben a poco las actualizaciones que Sony nos ofrece en esta nueva celebración de su colaboración. Únicamente encontramos novedades en el tercer CD,  que incluye la grabación junto a la Recording Arts Orchestra de Los Angeles, bajo la dirección de John Williams, de sus últimas colaboraciones juntos, con aportaciones interesantes como una suite en tres movimientos para concierto de de la película Atrápame si puedes (Steven Spielberg, 2002) y algún tema inédito de escasa trascendencia, aunque incluso en esta "actualización" faltan algunos trabajos importantes como Minority Report (Steven Spielberg, 2002) o La guerra de los mundos (Seven Spielberg, 2005). Pero siempre resulta gratificante volver a encontrarse con esos hallazgos musicales que forman parte de nuestros recuerdos cinéfilos. 



Frágil equilibrio se ha editado en DVD el 8 de marzo
Your name. se estrena el 7 de abril 
Déjame salir se estrena el 19 de mayo


17 marzo, 2017

Cine gay: Reflejos de lucha

Puede parecer que la temática LGBT ya está agotada por cierta repetición de los estereotipos que se vienen mostrando en la televisión y el cine en torno a ella. Pero en los últimos meses hemos asistido a un resurgir del que es un género en sí mismo gracias a películas y series que nos presentan realidades, si no diferentes a lo que ya conocíamos, sí al menos cada vez más presentes  en una sociedad que, lejos de acometer sus errores pasados, parece vivir una regresión motivada en parte por el aumento de la presencia de sectores radicales en los órganos de decisión. 2016 tuvo una cifra récord de denuncias por agresiones homófobas en España, 213 frente a las 32 de 2015, debidas en parte a la mayor visibilidad de la realidad homosexual. Pero lo peor es que 8 de cada 10 víctimas de agresiones homófonas no denuncian, según datos que publicaba la Asociación madrileña Arcópoli el año pasado, por lo que las cifras de denuncias no reflejan la verdadera entidad de las agresiones contra gays , lesbianas y transexuales. La reciente polémica en torno a los autobuses tránsfobos que se han fletado impunemente por las calles de Madrid es una muestra de que el recorrido hacia la normalización aún tiene mucho camino por delante. 

El mapa de la homofobia a nivel internacional también es un ejemplo de que, aunque en muchos países, incluidos los reticentes Estados Unidos, se han logrado avances importantes en la normalización del matrimonio homosexual, la realidad LGBT en muchos países sigue siendo de persecución, ilegalidad y pena de muerte. 


Los últimos estrenos cinematográficos y televisivos se centran precisamente en la intolerancia y la reivindicación de la lucha por los derechos LGBT. La repercusión de películas como Moonlight (Barry Jones, 2016), que ponen de manifiesto la dificultad de salir de ese ostracismo personal hacia el que deriva la vida de muchos jóvenes homosexuales, y el estreno reciente de la serie de televisión When we rise (ABC, 2016) invitan a un repaso por algunas de las producciones destacables en esta visión de la homosexualidad. 

Gaycation (2015-)
Ian Daniel y Elaine Page para Viceland

Ya hemos hablado en alguna otra ocasión de este serie documental en la que la actriz Elaine Page y el artista Ian Daniel recorren diversos países del mundo para mostrar la realidad homosexual que vive el colectivo en cada uno de ellos. En las dos temporadas estrenadas han pasado por países como Japón, Brasil, Jamaica, India, Ucrania, Francia y en varios episodios por diferentes zonas de los Estados Unidos para demostrarnos que la dureza de la vida como homosexual no solo es contundente en aquellos lugares en los que no se acepta la condición gay por sí misma, sino también en aquellos en los que aparentemente ha habido avances en la desaparición de la intolerancia, como los propios Estados Unidos, donde el resurgir de las actitudes de intolerancia frente al colectivo resulta más que preocupante. La serie documental, aunque profundiza menos de lo que sería deseable, en parte debido a la escasa duración de sus capítulos, sí resulta por lo menos significativa en cuanto a la representación de la invisibilidad del colectivo LGBT en determinados países, y aunque en los últimos episodios de la segunda temporada se nota la ausencia de la actriz Elaine Page, que muestra siempre una actitud muy personal frente a lo que nos está presentando, se trata de una propuesta interesante como acercamiento a ciertas realidades que a veces se nos podrían pasar por alto. 

When we rise (2017)
Dustin Lance Black para ABC

El proyecto más ambicioso del guionista Dustin Lance Black, ganador del Oscar por el guión de Milk (Gus Van Sant, 2008) y el productor Gus Van Sant trata de acercarnos a lo largo de ocho episodios que finalmente fueron presentados por la cadena ABC en cuatro días, buena parte de la lucha por los derechos del colectivo LGBT a lo largo de las últimas décadas. Se trata de un fresco ambicioso en torno a las diferentes etapas que ha venido viviendo el activismo de gays y lesbianas, desde la reivindicación de la libertad sexual en los años 70, la irrupción del sida en los 80 y 90 y la lucha por la igualdad en el matrimonio homosexual a lo largo del 2000. En ese sentido, es una serie que, en estos momentos, resulta necesaria. Otra cosa es que narrativa y visualmente sea una producción interesante, porque el dibujo de los personajes acaba siendo estereotipado y demasiado complaciente, con varias historias cruzadas que funcionan de forma irregular, desde el interés hasta la más absoluta inanición. Lamentablemente es, como muchos otros intentos de llevar a la pantalla la lucha por la identidad sexual, un acercamiento irregular que parece más una serie de los noventa que una producción actual. En este sentido, en cuanto a la visión política del estigma del sida, aún sigue resultando mucho más contundente la espléndida serie Angels in America (HBO, 2003).

Deep water (2016-)
Miranda Dear y Darren Dale para SBS

Australia se ha visto enfrentada en los últimos meses al resurgir de unos hechos que todavía hoy en día aparecen como una muestra radical de la intolerancia contra el colectivo homosexual. En 2016 la policía de Sidney decidió reabrir la investigación en torno a 88 desapariciones y muertes producidas en los años ochenta en zonas de cruising gay para esclarecer si se trataron de crímenes homófobos. Todo ello después de varios intentos por parte de los familiares de muchos de los fallecidos para que se volvieran a investigar casos que en la mayor parte de las ocasiones fueron clasificados por la policía como suicidios, sin llegar a realizar ningún tipo de investigación. 

Deep water: The real story (2016)
Amanda Blue

Este es el tema principal que se presenta en dos producciones de la cadena pública australiana SBS: por un lado una serie policíaca planteada como una investigación que lleva a dos detectives a desenterrar las muertes de varios homosexuales décadas atrás, y por otro lado un documental que nos acerca, de forma precisa y emocional, a los familiares de algunas de esas víctimas que la propia homofobia del departamento policial acabó sepultando sin el derecho a una investigación sobre los hechos. Aunque algunos de los atacantes, la mayoría adolescentes que tenían como hobbie dar palizas a homosexuales, fueron encarcelados después de muchos intentos, muchos casos quedaron sin resolverse, y solo una carta de arrepentimiento de uno de los condenados, publicada en marzo de 2016, consiguió volver a abrir las heridas. La serie es una espléndida muestra de policíaco que funciona gracias a unos personajes complejos, pero sobre todo resulta interesante el documental Deep water: The real story (Amanda Blue, 2016) que, al contrario de otros documentales producidos por las televisiones para complementar sus series, funciona por sí mismo como un trabajo contundente y realmente emotivo. 

Spa night (2016)
Andrew Ahn

Como se puede apreciar en el mapa de la homofobia que reproducimos arriba, la intolerancia hacia el colectivo LGBT está aún presente en muchos países, algunos de los cuales directamente persiguen y condenan a muerte a quienes muestren de forma pública su homosexualidad. Esto conlleva también la  autorepresión de jóvenes que, aunque viven en una realidad social diferente, viven confundidos frente a su propia personalidad. El debutante Andrew Ahn lo muestra con talento en una de las películas más destacadas del panorama independiente de los últimos meses. En Spa night (Andrew Ahn, 2016) el protagonista, un joven coreano que vive en Estados Unidos con su familia, descubre la sensualidad prohibida que desprenden las saunas masculinas, mientras trata de enfrentarse a sus propios sentimientos homosexuales. La película nos presenta la realidad de un adolescente confundido entre dos culturas diferentes que enfocan la homosexualidad de forma contradictoria. Y el director lo hace con una elegancia que le sitúa a la altura de otros realizadores como Ang Lee o Wong Kar-Wai en Happy together (1997), apostando por la sensualidad más que por las imágenes explícitas. Esta descripción de la autorepresión es una inteligente muestra de la dificultad de encontrar un camino seguro para muchos adolescentes que todavía viven la homosexualidad como una condena. 

I am Michael (2015)
Justin Kelly

Esta película con un reparto destacado encabezado por James Franco y Zachary Quinto ha tenido una trayectoria comercial difícil, y a pesar de haberse estrenado en los festivales de Sundance y Berlín en 2015, hasta finales del pasado mes de enero no se estrenó en los Estados Unidos. Producida por Gus Van Sant, está basada en un artículo periodístico que contaba la historia de un activista gay que finalmente acabó abrazando la religión y fundó una congregación que ahora trata de demostrar la perversión de la homosexualidad. A pesar de la interesante propuesta, la película no termina de establecer una coherente narrativa que nos ayude a entender el cambio vital que tiene el protagonista, y tampoco ayuda ese cierto aire de tvmovie que tiene el filme. En este sentido, la posición del director y guionista, Justin Kelly, que intenta no mostrar juicios de valor en torno a la actitud del protagonista (el propio Michael Gletzer dio su visto bueno a la película y asistió a su proyección en el Festival de Sundance), parece contribuir a esa cierta indefinición que encontramos en la historia, y que no juega a favor de la misma. Tanto en When we rise (ABC, 2017) como en esta película sobrevuela uno de los momentos de inflexión de la lucha contra los crímenes de odio: el asesinato de Matthew Shepard, un joven de 21 años torturado y asesinado en 1998 en la localidad de Laramie, cuya muerte impactó de tal forma que removió las conciencias de miles de norteamericanos.

Jonathan (2016)
Piotr J. Lewandowski

Esa no-aceptación también está presente en el debut del joven director polaco Piotr J. Lewandowski, que presentó en la sección Panorama del Festival de Berlín un acercamiento singular a la homosexualidad. Porque, al margen de los movimientos reivindicativos presentes en las otras referencias que traemos, existe una realidad que se hace presente desde la clandestinidad que supone ocultar los verdaderos sentimientos. Aquí se trata de un joven que descubre la relación homosexual que ha mantenido su padre durante muchos años, y que fue la razón de su separación. Esa no-aceptación es en Jonathan (Piotr J. Lewandowski, 2016) la del hijo por ese padre que, enfrentado a una grave enfermedad, prefiere pasar sus últimos días junto al hombre con el que compartió parte de su vida, y que acaba convirtiendo ese remanso de paz que supone para el hijo la granja en la que ha vivido siempre, en una especie de cárcel vital de la que no puede escapar. Cárcel en el sentido de espacio cerrado imbuido por ese sentimiento de rechazo hacia el desconocido que visita a su padre, y que el director describe con una tonalidad más oscura que los hermosos destellos luminosos con los que vemos al protagonista al principio de la historia. Si el guión tiene algunas lagunas narrativas, el trabajo de dirección es notable por su capacidad para mostrarnos el interior de los personajes, sin obviar cierto homoerotismo presente a lo largo de una película que resulta un juego sensual entre la vida y la muerte. 

Verfehlung (2015)
Gerd Schneider

Uno de los esfuerzos más importantes del activismo LGBT radica en eliminar la estigmatización de la homosexualidad. En este sentido, la denuncia de los abusos sexuales en el sector eclesiástico, amparada por la complicidad del Vaticano, es fundamental. Una de las últimas películas en abordar el tema es Verfehlung (Gerd Schneider, 2015), también conocida con el título internacional de The culpable. La propuesta tiene como elemento de interés el hecho de estar contada, no desde el punto de vista de las víctimas, como suele ser habitual, sino desde dentro de la propia comunidad eclesiástica, cuando un sacerdote es acusado de abusar sexualmente de un joven y uno de sus mejores amigos, también cura, decide investigar si se trata de una acusación falsa o no, descubriendo secretos que nunca hubiera imaginado. La principal virtud de la película radica en el dibujo de unos personajes complejos, especialmente el protagonista, enfrentado a realidades inimaginables en torno a dos de sus mejores amigos, uno acusado de abusos y el otro más interesado en salvaguardar el secretismo de la acusación que en averiguar la verdad de los hechos. En este sentido, el director y guionista consigue trazar una historia de perfiles psicológicos que resulta impactante y nos propone un acercamiento especialmente interesante gracias a un buen discurso narrativo. 

Te prometo anarquía (2016)
Julio Hernández Cordón

El año pasado el presidente mexicano Peña Nieto propuso una iniciativa a nivel nacional de "matrimonio sin discriminación", que permitiría el matrimonio homosexual en todos los Estados, frente a las diferentes posiciones que cada uno de ellos adopta en este sentido. La propuesta finalmente no fue aprobada por la comisión parlamentaria, que votó en contra. Esta realidad nos permite fijarnos en una de las películas más interesantes del panorama cinematográfico latinoamericano del pasado año. Te prometo anarquía (Julio Hernández Cordón, 2016), que se pudo ver en los festivales de Locarno, San Sebastián y Toronto, nos acerca a dos jóvenes de la calle que mantienen una relación homosexual oculta, mientras tratan de sobrevivir vendiendo su sangre a las mafias. El trabajo de dirección del guatemalteco Julio Hernández Cordón es soberbio, con su habitual gusto por los largos planos secuencia que en algunos momentos adquieren grado de maestría. Utilizando actores amateurs que seleccionó a través de las redes sociales, el director nos propone en su quinta película una historia centrada sobre todo en la relación de los dos protagonistas, compleja y llena de altibajos, y al mismo tiempo ofrece un retrato duro e incisivo en torno a la realidad mexicana, no solo en cuanto a su actitud frente a la homosexualidad (de tolerancia basada en la negación) sino también en cuanto al control de las mafias y el tráfico de sangre. 



When we rise se puede ver en HBO España



10 marzo, 2017

Miradas modernistas y contemporáneas en CaixaForum Sevilla

La inauguración del CaixaForum de Sevilla, en un espacio que actualmente aparece como algo desolador, entre obras para la construcción del centro comercial y una Torre Pelli que también se encuentra actualmente en proceso de ocupación, ofrece una propuesta cultural que, al menos en sus primeros meses, parece más un borrador de lo que puede ser, pero no termina de conformarse como una oferta atractiva y novedosa, como se promociona. En el campo cinematográfico, por ejemplo, mientras en centros ya veteranos como Madrid y Barcelona se realizan interesantes ciclos de cine mudo y estrenos de comensales artísticos, amén de la exposición "Arte y cine. 120 años de intercambios", que se puede visitar hasta el 26 de marzo en Madrid, en Sevilla se nos propone una serie de proyecciones dedicadas a los Estudios Aardman que parece más destinada al público escolar que a lo aficionados al cine. 

Las actividades de CaixaForum Sevilla (incluidas las conferencias que se celebrarán en las próximas semanas) se desarrollan principalmente en torno a dos exposiciones que ya se pueden visitar: Anglada-Camarasa (1871-1959) y ¡Mírame! Retratos y otras ficciones en la colección "La Caixa" de arte contemporáneo.

Cuatro apuntes de París. 1900
La primera nos propone un recorrido por la obra del pintor catalán Hermenegildo Anglada-Camarasa, representante del postimpresionismo, al que La Caixa suele recurrir habitualmente, bien con exposiciones temáticas o, como en el caso de Sevilla, a retrospectivas más o menos completas de su obra. En este caso se trata de una exposición de 94 obras que nos permiten asistir a una amplia variedad de sus obras, desde sus inicios en Barcelona hasta su crucial etapa parisina, que conformó las mejores obras del artista. Sin ir más lejos, su obra Casino de París, pintada en 1900, se vendió en Christie's a un coleccionista particular por 2,94 millones de euros en el año 2006. La obra de Anglada-Camarasa, que algunos consideran como uno de los pintores catalanes con mayor proyección internacional junto a Joan Miró y Salvador Dalí, se desarrolló en tres etapas diferentes: una primera época en París, donde desarrolló principalmente su gusto por la representación de la vida artística y nocturna de la ciudad, y su acercamiento al desnudo femenino; una segunda época en Mallorca, donde se instaló huyendo de la 1ª Guerra Mundial y desarrolló principalmente el gusto por el paisajismo y el folclore; y una última etapa de vuelta a su ciudad natal, Barcelona, y posteriormente de nuevo a Francia, donde esboza su gusto por el decorativismo. 

En la exposición de CaixaForum Sevilla hay más representación de la etapa parisina, pero también se dedica buena parte a la etapa paisajística que desarrolló principalmente en Mallorca, y se incluye una destacada selección de sus trabajos litográficos, técnica que desarrolló principalmente en su estancia en París, que forma parte del fondo descubierto hace unos años en Brighton (Inglaterra), proveniente de los herederos del litógrafo galés Albert de Belleroche. La exposición que, como decimos, es un tema recurrente de La Caixa porque ésta posee buena parte d ella obra de Anglada-Camarasa, nos permite descubrir el trabajo de un artista que representa bien el modernismo previo a la llegada de propuestas más arriesgadas como el cubismo y que, a pesar de su creciente proyección internacional es algo desconocido. 
Els lledoners de Bóquer. 1918

En un ámbito diferente se mueve la otra propuesta expositiva de esta inauguración de CaixaForum Sevilla que, con el nombre de "¡Mírame! Retratos y otras ficciones en la colección "La Caixa" de arte contemporáneo", nos propone un recorrido por el retrato como representación del ser humano, pero funciona también como una especie de recopilación de parte de los fondos de la Fundación CaixaForum. "¡Mírame!" se plantea como una reflexión sobre la forma en que cada uno de los artistas se ha representado a sí mismo o a los demás, pero por extensión también nos ofrece un reflejo de nuestra propia forma de presentarnos ante la sociedad. Lo interesante de esta exposición es que plantea, desde una mirada en primer plano, cuestiones más universales, como esa especie de representación de la distorsión humana que plantea la británica Sue Williams en Isolated and elongated on green (Sue Williams, 1996), en la que plasma sobre un fondo amarillo-verdoso una serie de caricaturas principalmente femeninas que nos hacen reflexionar sobre cómo la sexualidad de la mujer es representada en nuestra sociedad.

Isolated and elongated on green. Sue Williams, 1996
No cabe duda que la representación más clara de la sociedad está en el cine, y sobre ello también nos invita a la reflexión la artista bangladesí Runa Islam, cuya obra está muy influido por la Nouvelle Vague y especialmente por Jean-Luc Godard. En Assault (Runa Islam, 2008), la creadora propone un retrato visual, en el que también vemos el proyector como un elemento de la materialidad del cine, que juega con los colores en torno a un rostro que solo en determinados momentos muestra algún tipo de expresión.


Un ejercicio parecido, pero opuesto en su planteamiento, es el que desarrolla la donostiarra Esther Ferrer en las dos obras que expone, siempre en torno al autorretrato, una de sus representaciones preferidas. En Extrañeza, desprecio, dolor y un largo etc. (Esther Ferrer, 2013), la artista presenta una de sus performance art en la que ella misma expresa todo tipo de emociones, con ese aire humorístico que desprende toda su obra. Afincada en París, Esther Ferrer recibió en 2014 el Premio Velázquez de Artes Plásticas y en aquella ocasión expresaba su extrañeza por el premio: "No he hecho nada para recibir este premio, no entiendo por qué me lo dan". Algo parecido plantea la  neoyorquina Roni Horn en su serie de fotografías "dibujadas" Cabinet of (Roni Horn, 2001-2002), cuyo título hace evidente referencia a la película El gabinete del Dr. Caligari (Robert Wiene, 1920). Entre sus múltiples técnicas, esta artistas que ha retratado a actrices como Isabelle Huppert en la serie Untitled (Roni Horn, 2005), aquí nos propone un conjunto de 36 imágenes difuminadas, entre el dibujo y la fotografía, que muestran diferentes bestialidades, pero que solo apreciamos en algunos casos.
El video montaje de Esther Ferrer se refleja en la serie fotográfica de Roni Horn
La canadiense Geneviève Cadieux utiliza el retrato para hablar también de las emociones en su tríptico Hear me with your eyes (Geneviève Cadieux, 1989), que toma como base una fotografía en blanco y negro de su hermana, la actriz Anne-Marie Cadieux, para construir posteriormente otros dos cuadros fotográficos que envuelven al espectador como si fuera un grito de dolor silencioso, como expresa el propio título de la obra Escúchame con tus ojos. La disposición de estas fotografías de gran tamaño no es casual, y se establecen de forma que el espectador se posiciona en medio de estos tres rostros que invitan a descubrirlos con la mente abierta a todo tipo de representación.

Hear me with your eyes. Geneviève Cadieux, 1989
Uno de los grandes artistas de los años ochenta, Jean-Michel Basquiat, también se interesó por la forma en que se presentaban a la sociedad determinados iconos raciales. En Beast (Jean-Michel Basquiat, 1983), encontramos una imagen aparentemente sencilla, sobre un fondo gris plano, como de una máscara que remite a sus orígenes caribeños, pero especialmente vemos el rostro de un hombre negro que en cierto modo nos remitir a la forma en que se mostraba en los años ochenta la imagen de una figura racial que en esta obra aparece con trazos uniformes, pero también como una especie de collage que nos muestra dos caras de un mismo rostro.

Beast. Jean-Michel Basquiat, 1983
Esta visión del hombre negro como una figura distorsionada también está presente en la escultura del alemán Martin Kippenberger Love me and leave me and let me be lonely (Martin Kippenberger, 1989), que nos presenta una estructura de madera sobre el que vemos un ciervo cristalizado, que se sostiene sobre dibujos de un hombre blanco dormido y un hombre negro ahorcado, que se repiten incesantemente a lo largo y ancho de toda la estructura. La obra toma su título de un pasaje de la canción "Love me or leave me", escrita por Ruth Etting para el musical Whoopee! (1928) que Nina Simone popularizó en los años cincuenta. El trabajo en cerámica que realiza el sevillano Pedro Mora en su obra Amber Smoot (Pedro Mora, 1998) también nos acerca precisamente a esta representación racial como ejemplo de la complejidad de nuestra sociedad. Amber Smoot era una adolescente neoyorquina de origen afro-japonés que, en su formación compuesta por pequeños fragmentos de cerámica, funciona como un mapa heterogéneo de la sociedad actual.

Love me and leave me and let me be lonely. Martin Kippenberger, 1989 
Amber Smoot. Pedro Mora, 1998
Como en muchas de las obras que forman parte de esta exposición, aquí encontramos una reflexión sobre la sociedad a partir de una imagen precisa y simbólica, muchas veces envuelta en una máscara que la aísla de la realidad para, sin embargo, representarla en toda su extensión. Igual que hace la británica Gillian Wearing en su serie de retratos Album (Gillian Wearing, 2003-2006) en los que ella misma se fotografía caracterizada como distintos miembros de su familia: Self portrait as my uncle Bryan Gregory (Gillian Wearing, 2003), Self portrait as my grandmother Nancy Gregory (Gillian Wearing, 2006)... para presentarnos una interesante búsqueda de la identidad.

Self portrait as my mother Jean Gregory. 2003
Self portrait as my grandmother Nancy Gregory. 2006


¡Mírame! es una variopinta exposición, que ya ha tenido un largo recorrido en otras ciudades españolas, que funciona mejor como selección de obras contemporáneas que La Caixa ha ido adquiriendo en los últimos años que por su propuesta temática, pero que en ocasiones consigue su propósito de llamar la atención del espectador sobre determinados aspectos de la "representación". Dividida en cuatro grandes bloques: "La emoción, a escena", "Las convenciones de la identidad", "La memoria del rostro" y "Máscaras y otras ficciones", el conjunto es irregular pero algunas obras en particular despiertan emociones y memorias que resultan absorbentes, sobre todo, curiosamente, aquellas que disfrazan la realidad para, no obstante, enfrentarnos de lleno con ella.



Anglada-Camarasa (1871-1959) se puede ver del 4 de marzo al 20 de agosto.

¡Mírame! Retratos y otras ficciones de la colección "La Caixa" de arte contemporáneo se puede ver del 4 de marzo al 4 de junio.






03 marzo, 2017

El otro cine

Una de las grandes virtudes del cine que se produce en Estados Unidos es su capacidad para mezclar la fastuosidad de los Oscar con otras propuestas menos encorsetadas; el dispendio presupuestario de las grandes producciones con trabajos realizados con recursos limitados pero resultados de gran calidad. El mérito de una película como Moonlight (Barry Jenkins, 2016) no está solo en su condición de gran película con inolvidables momentos, sino en el hecho de ser un filme producido con poco más de 1.5$ millones de presupuesto, rodado en 25 días con una sola cámara y que solo ha recaudado en taquilla 22$ millones frente a los más de 350$ millones que lleva recaudados La La Land (Damien Chazelle, 2016), por ejemplo. En una semana no especialmente fácil para la Academia de Hollywood, aún colean las consecuencias de uno de los momentos más surrealistas que se han vivido en los Oscar, con ese intercambio de sobres que acabará pasando a la historia como una anécdota, pero que le quitó brillantez al triunfo de una película minúscula que logró llegar a los Oscar por méritos propios.   

Las razones por las que Moonlight se acabó convirtiendo en la gran sorpresa de la noche pueden ser variadas, y quizás se esté en lo cierto cuando se habla de cierta "politización" de las votaciones (el Oscar para El viajante (Asghar Farhadi, 2016) frente a la favorita Toni Erdmann (Maren Ade, 2016) sin duda lo fue). Pero también es cierto que esa etiqueta que se le sigue adjudicando a la Academia como institución conservadora ya es quizás una costumbre más que una realidad. Solo hay que recordar los últimos Oscar a Mejor Película: Spotlight (Tom McCarthy, 2015), Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014), 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2013) o Argo (Ben Affleck, 2012). Quizás algo está cambiando en la Academia de Hollywood, o un sistema de votaciones algo complejo pero que trata de ser equitativo está consiguiendo su propósito. 

Esta pequeña, emocionante, profunda y talentosa película que es Moonlight jugó, la noche anterior a los Oscar, el papel de favorita en los Film Independent Spirit Awards (consiguió seis de ellos), premios que pretenden reconocer el valor de esas producciones realizadas con un presupuesto inferior a los 1.5$ millones, aunque en los últimos años se le ha criticado estar demasiado pendiente de las películas que optan a los Oscar. Otros galardones como los Gotham Awards o los recién nacidos American Independent Film Awards, que se centra en producciones de menos de 1$ millón de presupuesto, también tienen su mirada puesta en ese "otro cine" que nace del talento para construir grandes películas con escasos recursos. Y el protagonismo que ha tenido David frente a Goliath nos hace cambiar la mirada hacia esas otras producciones que se realizan al margen de los grandes estudios de cine. 

En los American Independent Film Awards la principal ganadora fue Krisha (Trey Edward Schultz, 2015), uno de esos ejemplos de cómo una buena película se sostiene en la capacidad para elaborar una buena historia con perspicacia. Krisha se centra en un encuentro familiar de acción de gracias al que acude la protagonista, una mujer que abandonó a su hijo y que ahora regresa a un entorno aparentemente amable pero que esconde muchos reproches. El director rodó la película durante nueve días con su familia (casi todos los personajes están interpretados por familiares que nunca se habían puesto delante de una cámara, incluido el propio Trey Edward Schultz, que interpreta al hijo de la protagonista). Y especialmente notable es el trabajo de Krisha Fairchild, tía del director, que sí es actriz profesional y que encarnó el mismo personaje en el corto del mismo título en el que está basada la película, Krisha (Trey Edward Schultz, 2014). La principal virtud del guión es su asombrosa capacidad para ir desgranando poco a poco las verdades ocultas de los personajes hasta el clímax final que, sin embargo, no resulta histriónico, sino que se nos muestra con acertada contención.

Esa capacidad de contención también está presente en otros títulos destacables este año en el circuito independiente, como The fits (Anna Rose Holmer, 2015), una historia aparentemente sencilla pero profundamente compleja que habla de la necesidad de "encajar" en la sociedad. Y mientras se centra en el cuerpo de la joven protagonista, que se debate entre seguir entrenando junto a su hermano en una cancha de boxeo o participar en las sesiones de baile a las que acuden la mayor parte de sus compañeras de clase, tiene que hacer frente también a la llegada de una rara enfermedad que la directora utiliza como una especie de McGuffin para poner sobre la mesa temas como el racismo y la incompresión hacia quienes no ocupan el espacio que supuestamente les corresponde. En cierto modo, The fits contiene muchos de los elementos temáticos que tiene Moonlight, en la necesidad que tiene su joven protagonista de evitar el rechazo, en la situación de "apartheid" en la que le colocan sus propios compañeros y en la reivindicación de la fuerza interior frente al racismo. Anna Rose Holmer logró el Kiehl's Someone to Watch Award en los Film Independent Spirit Awards que se concedieron el pasado fin de semana.


Lo mismo se puede decir de Other people (Chris Kelly, 2016), un título que ha acaparado buena parte de la atención del último cine independiente, especialmente gracias al espléndido trabajo de su protagonista, Molly Shannon, reconocido tanto en los American Independent Film Awards como en los Film Independent Spirit Awards. Y, sinceramente, es una de esas interpretaciones que debería haber conseguido una nominación al Oscar. Protagonizada por un no menos espléndido Jesse Plemons, del que recordamos su trabajo en la segunda temporada de Fargo (FX, 2015-), la historia se acerca a la relación entre un joven aspirante a guionista cómico y su madre, enferma de cáncer terminal. Pero lejos de mostrarnos un drama lacrimógeno, el director nos presenta una historia con sentido del humor, y sorprende en su debut como realizador (Chris Kelly precisamente es guionista del mítico programa Saturday Night Live (NBC, 1975-) para resolver escenas dramáticas con un giro humorístico. El personaje que interpreta Molly Shannon, que sustituyó a Sissy Spacek cuando ésta no pudo interpretarlo por sus compromisos con la serie Bloodline (Netflix, 2015-), destila  una mirada positiva frente a la enfermedad, y por lo que vimos en la entrega de los Film Independent Spirit Awards es una característica que comparte la propia actriz, pero la película también acierta en su descripción de ese rechazo silencioso (pero más doloroso si cabe) del padre hacia la homosexualidad de su hijo.

Chronic (Michel Franco, 2015) es otra película que habla de enfermedades terminales, pero esta vez desde el punto de vista de un enfermero de cuidados paliativos que interpreta magistralmente Tim Roth, actor recuperado últimamente en trabajos destacables. La película, producida por Gabriel Ripstein, hijo del director Arturo Ripstein, ganó el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes de 2015, y ha sido nominada a dos premios en los Film Independent Spirit Awards. La cámara del director mexicano Michel Franco, responsable de otros títulos interesantes como Después de Lucía (2012) y A los ojos (2014), es concisa, estática, precisa en la descripción de escenas de apariencia cotidiana pero que esconden trasfondos más complejos. Como el personaje al que interpreta Tim Roth, y ese es uno de los aciertos del guión, descrito a través de una mirada distante pero que, en esas pequeñas mentiras que cuenta a su alrededor, parece esconder una personalidad más oscura.

Sobre esa deconstrucción psicológica de la realidad también nos habla Christine (Antonio Campos, 2016), basada en la historia real de una periodista cuya depresión provocada por un entorno especialmente hostil a su desarrollo profesional la llevó a protagonizar una de las escenas más terroríficas que se vieron en la televisión de los años setenta. Precisamente, el documental Kate plays Christine (Robert Greene, 2016) se centra en el trabajo de investigación y preparación de la actriz Kate Lyn Sheil para encarnar al personaje de Christine Chubbuck en otra supuesta película. El documental ganó los premios American Film Independent Awards al Mejor Guión Improvisado y Mejor Montaje. Pero centrándonos en Christine, el film de Antonio Campos tiene entre sus principales aciertos una precisa encarnación del derrumbe psicológico que sufre la protagonista, bien interpretada por la actriz Rebecca Hall, y aunque la película (que en su compleja visión del trabajo periodístico de los años setenta nos recuerda a Spotlight (Tom McCarthy, 2015)), no termina de encontrar el equilibrio adecuado entre la crónica social y el drama psiquiátrico, logra en los minutos finales transmitir con destreza el difícil proceso de autodestrucción de la protagonista.


Antonio Campos es también el productor de una de las películas más inquietantes que hemos visto este año, con el permiso de La bruja (Robert Eggers, 2015), premiada en los Film Independent Spirit Awards. The eyes of my mother (Nicholas Pesce, 2016) es, como aquella, una revisión en torno a la maldad rodada en blanco y negro (ha estado nominada a los Film Independent Spirit Awards a Mejor Fotografía), y tiene como protagonista a una joven educada en un entorno de venganza y violencia provocada por un asalto a su casa. Nos describe, en las diferentes etapas de su vida, cómo va desarrollando un perfil de psicopatía que la conducen a crueles formas de asesinato y tortura. Ganadora del American Film Independent Award a Mejor Diseño de Producción, estamos ante una muestra del género de terror descrito con una mirada minimalista, que nos conduce a una progresiva catarsis violenta con inteligentes retazos de información en torno a la protagonista. Y se engloba dentro de esa interesante nueva mirada hacia el género de terror que vienen desarrollando desde hace años algunos directores jóvenes.

La realizadora Kelly Reichardt se está convirtiendo en una de las cronistas más certeras en torno a esa América pegada a la tierra, de personajes realistas y nada complacientes, que ya ha mostrado en espléndidas crónicas de la soledad como Wendy and Lucy (2008) o Night moves (2013). Este año nos ha ofrecido Certain Women (Kelly Reichardt, 2016), una película formada por tres historias protagonizadas por Laura Dean, Michelle Williams, Kirsten Stewart y Lily Gladstone, espléndida en ese personaje de apariencia dura pero profunda sensibilidad, que se tiene que enfrentar a sus sentimientos. Producida por Todd Haynes, se trata de una crónica en torno a mujeres de gran fuerza en un mundo de hombres débiles que construyen en su entorno una especie de matriarcado del sentimiento que las hace todavía aún más enérgicas. Pero la mirada de Kelly Reichardt es también concisa (ese primer plano de Lily Gladstone en la furgoneta cuando se da cuenta de que sus expectativas han sido frustradas), y logra un drama a cuatro voces de milimétrica intensidad que hubiera merecido mayor presencia en los circuitos no estrictamente independientes.

El último Festival de Sundance entregó el Gran Premio del Jurado a una histriónica crónica de la gilipollez, la irregular Ya no me siento a gusto en este mundo (Macon Blair, 2017) cuyos derechos adquirió Netflix. Protagonizada por Melanie Lynskey y un Elijah Wood que parece sentirse a gusto en personajes singulares, se trata de una película inclasificable que mezcla momentos sorprendentemente talentosos con secuencias imposibles, y que tiene en su sentido del humor algo surrealista una de sus principales bazas. Precisamente Elijah Wood es el productor de otra de las películas más bizarras que se han estrenado recientemente: la inconcebible The greasy strangler (Jim Hosking, 2016), una locura de bajo presupuesto que sigue a un asesino en serie (el estrangulador grasiento del título) en medio de un festival de pollas gigantescas y sexo sucio. Ordinaria, escatológica y cutre, hay que verla con predisposición para pasar el rato sin pedirle nada más, y mereció el Premio Discovery en los British Independent Film Awards y los premios American Film Independent Awards a Mejor Diseño de Vestuario y Mejor Maquillaje y peluquería, merecidos sin duda por su condición de aportación desatada al histrionismo de la película.    

El debut en el largometraje del reconocido actor y director Benjamin Dickinson, Creative Control (Benjamin Dickinson, 2015), que también protagoniza, es uno de los títulos más destacados dentro del cine independiente estrenado en 2016. Esta fábula futurista realizada con menos de 1$ millón de presupuesto contiene algunas de las reflexiones más acertadas en torno a la condición humana que hemos visto en los últimos años. Quizás puede parecer algo pretencioso en ese tono contemplativo, ese uso de la música clásica como elemento sonoro, y esa cierta mirada a lo Michelangelo Antonioni hacia personajes de aparentemente estatismo pero complejo entramado interior. Sin embargo, es una película que consigue, gracias a un lenguaje de cierta ironía, conectar ese mundo futurista con reflexiones sobre las relaciones humanas básicas.

También en el futuro se desarrolla la historia de Embers (Claire Carré, 2015), una coproducción entre Polonia y Estados Unidos, que plantea un escenario posterior a una epidemia neurológica global, que borra la memoria a corto plazo de las personas, provocando seres humanos aquejados de una especie de Alzheimer que viven en un continuo círculo vicioso de preguntas sin respuestas. Así, la directora nos propone acercarnos a diversos personajes que se enfrentan a este mundo sin memoria, desde la relación amorosa de una pareja que se vuelve a enamorar cada día hasta el impulso violento de un joven que no encuentra nunca la razón de tal violencia, o la niña que se encuentra en constante aprendizaje. Lástima que la directora y guionista, una vez establecido el interesante planteamiento inicial, no termine de encontrar el camino a través del cual desarrollar adecuadamente una historia que acaba dando vueltas sobre sí misma. Pero propone, como Creative control, una absorbente reflexión sobre las relaciones humanas, especialmente atractiva cuando se centra en ese búnker en el que un padre y una hija (los españoles Roberto Cots y Greta Fernández) mantienen sus recuerdos a través de ejercicios mentales.   

Al ganar el Oscar a Mejor Película, Moonlight (Barry Jenkins, 2016), ha conseguido mucha mayor relevancia histórica que la que parece. es la primera película de temática homosexual que gana el mayor galardón de la Academia de Hollywood, y el filme ganador que menos recaudación ha conseguido en taquilla. En este sentido, es una película que da relevancia al cine que habla de sentimientos universales, y que también tiene cierto parecido temático con Spa night (Andrew Ahn, 2016), otro de los títulos más destacados dentro del género homosexual que se han producido recientemente. Ganadora del Premio John Cassavetes (que reconoce a películas con menos de 1$ millón de presupuesto) en los Film Independent Spirit Awards, este debut de Andrew Ahn nos presenta una historia de descubrimiento sexual dentro de la comunidad coreana que vive en Los Angeles, a través de los encuentros sexuales que se producen en las saunas masculinas de la ciudad. En cierto modo nos recuerda también a El desconocido del lago (Alain Guiraudie, 2013), en su descripción minuciosa de una zona de cruising gay, pero ésta resulta mucho menos explícita y mucho más delicada en el tratamiento del descubrimiento paulatino que hace el joven protagonista del deseo y la pulsión sexual. Se trata, sin duda, de uno de los debuts más interesantes del cine independiente en este último año. 





Ya no me siento a gusto en este mundo se puede ver en Netflix España
Creative control se estrena el 7 de abril