16 agosto, 2007

Animación en zozobra

En España, la animación tiene otro elemento controvertido: el doblaje. Hace unos años, un nutrido grupo de dobladores profesionales se manifestó en contra de la elección de famosos para doblar las películas, pero la protesta dio pobres resultados.


El estreno de Locos por el surf, una original y creativa película de animación que dista mucho de la ya demasiado convencional pauta de la compañía Pixar (Ratatouille es quizás uno de los productos menos solventes de su director, Brad Bird) nos devuelve un cine de animación que tiene en la forma y el fondo suficientes atractivos como para recomendarse. No obstante, la tendencia en la taquilla norteamericana hace temer que la gallina de los huevos de oro comienza a dar muestras de titubeo. O lo que es lo mismo, que ha sido tal la profusión de productos cortados por el mismo patrón, con la incorporación de nuevas divisiones de animación (Sony, Fox) unidas a las ya consolidadas Dreamworks y Pixar, que ha acabado por saturar el mercado, y el público comienza a cansarse de ver muñequitos (pixelados o no) en las pantallas de los cines.

Si a eso unimos que la originalidad da muestras de agotamiento allá donde antes destacaba el talento (con las demasiado convencionales Ratatouille y Shrek tercero), el descalabro puede ser mayúsculo para las producciones que están por llegar. Demasiado exprimir para resultados tan escasos.

En España, la animación tiene otro elemento controvertido: el doblaje. Imitando las versiones originales, se buscan voces de famosos (muchos de ellos televisivos) para interpretar los principales personajes, ninguneando el talento de los dobladores profesionales, y sometiendo a veces a las películas a errores de modulación, vocalización e interpretación. No en vano actores como Antonio Banderas o Penélope Cruz se han dado cuenta de que son incapaces de imitarse a sí mismos (aunque Banderas sigue doblando al gato con botas de la serie Shrek, que él mismo dobla en el original).

Si bien es cierto que anunciar las voces de Cruz y Raya, Paco León, Fernando Tejero, Carmen Machi o Florentino Fernández en los carteles de las películas puede atraer público (tampoco está demostrado), lo que también está claro es que su calidad como actores no les hacen acreedores de su calidad como dobladores y en algunos casos su trabajo espanta a cualquiera. Más si hablamos de profesionales que no son ni siquiera actores como Mercedes Milá, Ana Rosa Quintana o Daniel Martín. Hace unos años, un nutrido grupo de dobladores profesionales se manifestó en contra de esta práctica, pero la protesta dio pobres resultados.

En todo caso, lo que se les debería pedir a las multinacionales es que escojan en base no solo a la popularidad, sino a la calidad. Por ejemplo, José Luis Gil (conocido por las series Aquí no hay quien viva y La que se avecina) es un excelente doblador, y hasta Alexis Valdés (a pesar de sus detractores) tiene soltura, aunque ya está uno un poco harto de que los personajes graciosos de las películas de animación sean todos cubanos en nuestro país. Son dos actores presentes en el doblaje de Locos por el surf, acompañados por Carmen Machi (mejor actriz que dobladora) y Manolo Lama (que como intervención episódica es aceptable).

Afortunadamente, los personajes principales de esta película se han dejado a dobladores profesionales, aunque es difícil conseguir superar esa química especial que hay en la versión original entre Jeff Bridges y el chico de moda, Shia LaBeouf, ambos fantásticos. La Disney casi ha abandonado esta práctica y en las recientes producciones Pixar (Cars y Ratatouille) la aparición de famosos es episódica. Esperemos que la cordura siga dando sus frutos.